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viernes, 14 de agosto de 2020

CHANKILLO: EL 1ER OBSERVATORIO SOLAR DE AMERICA


CHANKILLO: EL 1ER OBSERVATORIO SOLAR DE AMERICA

El Complejo de Chankillo, construido hace más de 2.000 años (400-200 AEC), es el observatorio solar más antiguo de América. El complejo, ubicado sobre la cima del monte Chankillo, en Casma, Áncash, a unos 365 kilómetros al norte de Lima, en la costa peruana, servía para señalar con gran exactitud una serie de fechas a lo largo del año, a partir de la posición del Sol.


Según un estudio publicado por la revista Science en 2007, una línea de trece torres de piedra señalaban, con gran exactitud, los solsticios y equinoccios, además de seguir el movimiento cíclico del Sol a través del año, visualizado desde dos puestos de observación cuidadosamente ubicados al este y al oeste de las torres.


Las 13 torres marcan el recorrido del Sol durante todo el año. Imagen: IVÁN GHEZZI

Los expertos Iván Ghezzi, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Clive Ruggles, de la Universidad de Leicester, Reino Unido, explican que su construcción demuestra el avanzado nivel de conocimiento astronómico, con fines prácticos y rituales, existente en la región en una cronología pre-Incaica. 

El complejo

Chankillo contiene múltiples edificios, plazas y patios construidos de piedra canteada y mortero de barro sobre casi 4 kilómetros cuadrados de un terreno muy variado, compuesto por pampas de arena, afloramientos rocosos, dunas y bosques de algarrobo.

El sector más conocido es la Fortaleza, una imponente estructura de 300 metros de largo ubicada de forma estratégica sobre una colina y fuertemente defendida por tres murallas concéntricas y accesos restringidos. 


Vista aérea de la Fortaleza de Chankillo. Foto: Servicio Aerofotográfico Nacional

A exactamente 1 km de la fortaleza se encuentran las trece torres de piedra levantadas en línea recta y en dirección Norte-Sur, que miden entre dos y seis metros de altura. A cada lado de las torres se encuentran dos plataformas de observación, una al Oeste y otra al Este. 

Al sureste del punto de observación Este hay otro complejo de edificios que al parecer fue utilizado para el almacenamiento de alimentos. 


Vista por Geoeye

El 21 de diciembre, cuando en el hemisferio sur es el solsticio de verano, el Sol sale por la derecha de la primera torre del extremo derecho. A medida que avanza el año, se va moviendo entre las torres hacia la izquierda. Se puede saber en qué fecha estamos al ver qué torre que coincide con la trayectoria del Sol al amanecer.

El 21 de junio, o el solsticio de invierno en el sur, el Sol sale por la izquierda de la última torre del extremo izquierdo. Luego, el Sol se va moviendo hacia la derecha, para volver otra vez en diciembre a salir por la torre del extremo derecho.


El observatorio sigue funcional en la actualidad. Imagen: FONDO MUNDIAL DE MONUMENTOS / NORMA BARBACCI

Según las palabras de Ghezzi, “El Sol se mueve de Norte a Sur durante el año —siempre en el espacio definido por las torres— por lo tanto los espacios intermedios son unidades de tiempo en los que se dividió el año”.

El conocimiento del calendario pudo haberse aplicado en la agricultura, pero se piensa que el propósito fundamental fue la “organización de un calendario ceremonial”, como le afirma Ghezzi.


Las Trece Torres vistas desde el punto de observación oeste, con la indicación de la posición de salida del Sol en los solsticios, equinoccios y fechas de pasaje del cenit y anticenit en el año 300 AEC. Elaboración del gráfico: Clive Ruggles

Otras voces

En un artículo de análisis publicado por Science, el arqueólogo Charles Mann recoge las opiniones de otros científicos que respaldan la idea de que Chankillo fue solamente un observatorio solar y no una fortaleza militar de la época. Según Luis Jaime Castillo, arqueólogo de la Universidad Pontificia peruana, se trata de un claro ejemplo de un “calendario monumental”.

“Es difícil pensar para qué otra cosa pudieron haber servido las torres de observación”, y su presencia revela que existían técnicas de medición muy avanzadas, 600 años antes de la cultura Moche. “Esto nos dice que es posible que hubiesen ocurrido otras cosas que no sabíamos”, añade.


Las 13 torres tenían escaleras para subir a la cima de estas estructuras. Imagen: CÉSAR ABAD Y DANIEL MARTÍNEZ

Pero, por otra parte, para Daniel Sandweiss es evidente la necesidad práctica para los pobladores de esa región de contar con el observatorio solar de Chankillo. Según el científico, la agricultura era crucial en la época y en esa zona dependía de la irrigación proporcionada por los ríos. “La observación solar era necesaria para saber cuándo se debía plantar”, según manifiesta.

Por otra parte, las excavaciones arqueológicas revelaron que en la construcción se hacían ofrendas de figurines de guerreros de cerámica con adornos que parecerían ser signos de distinción, lo que sugiere prácticas rituales así como la existencia de clases sociales. “La adoración del Sol y las costumbres cosmológicas de Chankillo tal vez hayan ayudado a legitimar la autoridad de una clase de élite, como ocurrió con el imperio inca dos milenios después”, según los científicos.


Unos pasajes llevaban a la plataforma de observación de las 13 torres. Imagen: FONDO MUNDIAL DE MONUMENTOS / NORMA BARBACCI

Interpretación

Desde su descubrimiento en el siglo XIX se creía que las ruinas de Chankillo se trataban de un antiguo templo, una fortaleza o un reducto. Pero el diseño elegante de las tres murallas concéntricas (de doce metros de altura), la cantidad de puertas (doce) y la falta de sistema de provisión de agua siempre generó dudas sobre el uso que sus constructores (no identificados) realmente le dieron al lugar.

No fue sino hasta la investigación arqueoastronómica de Ghezzi y Ruggles en 2007 que se llegó a la conclusión de que Chankillo se trató eminentemente de un gran observatorio astronómico. Chankillo “es una estructura muy anterior en la costa peruana que parece haber sido construida para facilitar las observaciones del ocaso y del amanecer”, señala el informe.


El diseño de Chankillo es armonioso en el paisaje del desierto. Imagen: CÉSAR ABAD Y DANIEL MARTÍNEZ

¿Quién construyó Chankillo?

Chankillo fue edificado por una civilización “lo suficientemente organizada para construir este gran monumento en un periodo relativamente corto, quizá sólo 25 años”, dice Ghezzi. Pero todavía no se sabe qué civilización fue.

“Pertenece a una cultura aún desconocida de aproximadamente el año 200 AEC, que no está relacionada con las culturas (preincaicas) ya conocidas para esa época”, explica Ghezzi.

Si bien no se sabe qué cultura fue, sí se sabe cómo terminó. “El sitio fue atacado por cultos rivales al de Chankillo, su templo principal fue destruido y enterrado, y todo el lugar fue abandonado abruptamente”, cuenta Ghezzi.

Para identificar o darle un nombre, Ghezzi cree que todavía “hace falta saber mucho más sobre su modo de vida, religión, idioma, etc.”. “Por ahora tenemos solo información sobre un culto al Sol”, comenta.


Todo el complejo estaba dedicado al culto al Sol. Imagen: CÉSAR ABAD Y DANIEL MARTÍNEZ

Resumen

Hasta el momento de esta investigación, se creía que los primeros observatorios solares habían sido construidos por la cultura Moche (600 años posterior a Chankillo). De esta manera, las Trece Torres proporcionan evidencias de la práctica de observaciones solares y un sofisticado culto solar que preceden, por casi dos milenios, a los «pilares del Sol» en la región de Coricancha del Cusco inca.

Un total de 17 fechados carbónicos, procedentes de excavaciones recientes, dan como resultado un rango de 2350-2000 AP (antes del presente), e indican la ocupación del sitio entre 400 y 0 AEC. Esto convierte a Chankillo en el observatorio más antiguo de América.

“A diferencia de otros “observatorios” del mundo, que marcan inequívocamente sólo una o dos fechas, las observaciones en Chankillo cubren todo el ciclo anual del Sol”, dice Ghezzi. Y añade “el observatorio astronómico de Chankillo es único y excepcional, no sólo en la región andina o en las Américas, sino en todo el mundo”.

Fuente:

domingo, 31 de mayo de 2020

EN EL ANTIGUO PERÚ EXISTÍAN MUNDO MUY BIEN DIFERENCIADOS.

EN EL ANTIGUO PERÚ EXISTÍAN MUNDO MUY BIEN DIFERENCIADOS.

Mochica

El mundo de “arriba”, el mundo de “abajo”, y el mundo terrenal. Esa concepción del cosmos condicionará muchos aspectos de su vida y dará explicación mediante leyendas y mitos a aquellos sucesos que no se comprenden.

El mundo de “arriba” lo dominan fuerzas poderosas, como los astros, las lluvias, las tormentas o fuerzas extraordinarias sobre las que los seres vivos no tienen control alguno. Ese mundo fue representado en multitud de ocasiones por figuras de seres que tenían la capacidad de volar (las aves).

En cambio, el mundo de “abajo”, subterráneo, interior, oscuro y húmedo como un útero, es capaz de engendrar vida, es ese espacio donde se siembran y germinan las semillas. Es un mundo también de agua, de manantiales, lagunas y ríos. A ese mundo pasan los seres que mueren, representando así el ciclo de la vida. En esta ocasión los Mochicas eligieron a la serpiente como el animal que mejor representaba ese mundo simbólico de “abajo”.

El mundo de “arriba” y “abajo” se conectan en el “aquí y ahora”, en el mundo terrenal. Este era un espacio de conexión entre las fuerzas opuestas. El poder de este mundo fue representado por grandes animales felinos, como el jaguar y el puma (a su vez, grandes cazadores).

Esos mundos y sus representaciones fueron plasmados en multitud de objetos y gracias a su conservación a lo largo de estos siglos y al rescate de los mismos por parte de los arqueólogos hoy podemos acercarnos y comprender mejor la cultura mochica, su época, su concepción del mundo que les rodeaba y de su visión cosmológica. El tránsito, la interacción y la dinámica existente entre esos mundos fueron representados mediante espirales, motivos escalonados y volutas.

EL CONTACTO E INTERACCIÓN DE ESOS TRES MUNDOS SE LOGRABA GRACIAS A LA PRÁCTICA DE UNA SERIE DE RITUALES.

Esas ceremonias permitían el contacto de los “dioses de arriba” con los “difuntos de abajo”. Mediante estas prácticas los habitantes del mundo terrenal podían propiciar la continuidad de los ciclos vitales de la naturaleza y asegurar ciclos regulares de la madre tierra, la Pachamama.

En los rituales los Mochicas depositaban sus ofrendas a los muertos y ofrecían sacrificios a los dioses. En muchas piezas de arte representaron esas escenas donde dioses, muertos y humanos interactúan durante la ejecución del rito. Gracias al arte Mochica se ha podido estudiar algunas de esas ceremonias, como aquella que se inicia con un combate y que finaliza con el sacrificio de los vencidos.

Otra de los ritos destacados era el “Brindis ceremonial”, donde los hombres y mujeres brindaban en comunidad con la chicha obtenida de la fermentación del maíz. En ocasiones, en épocas de sequías o malas cosechas los mochicas ofrecían a sus dioses sangre humana o de animales, todo para lograr la fertilidad de la tierra o la llegada de lluvias que irrigasen los campos. Esos sacrificios se solían realizar con copas de materiales excepcionales, como el oro o la plata y sólo podían ser manipuladas por el sacerdote o chamán.

Dentro de los rituales, destaca la importancia de venerar a los antepasados, a los muertos. En la cosmovisión Mochica, los muertos no fallecen, más bien dejan el mundo terrenal para adentrarse en otro mundo. La muerte, por lo tanto, representaban el tránsito de un mundo a otro. Ese proceso iba acompañado de una ceremonia y una representación que debía hacerse con sumo cuidado para que el fallecido lograse alcanzar su destino.

Todas las culturas tratan de explicar el origen y funcionamiento del universo de muy diversas formas, aunque todas ellas tienen conexiones simbólicas, a pesar de no haber convivido ni en el espacio ni en el tiempo. El objetivo de esas explicaciones es mantener un orden universal para contrarrestar las amenazas y fuerzas que generan el caos. De ahí su necesidad de crear una fuerza que contrarreste esas fuerzas y devuelva la serenidad y el orden, que asegure el equilibrio natural del cosmos.

En la cultura Mochica ése héroe era Ai Apaec, que bien se pudiera comparar con el Odiseo griego o el Hércules romano. Las narraciones del héroe empezaron a relatarse hace 1800 años, y sus hazañas se plasmaron en numerosas vasijas y utensilios cerámicos. Este héroe era representado con un tocado en la cabeza de un felino salvaje, quizá un jaguar, del que adquiere su fuerza felina y que se evidencia en su rostro en sus dos colmillos que sobresalen en su boca. Su cabeza también está coronada por una pluma de cóndor y en su cintura encontramos una serpiente que la bordea, teniendo de esta forma los tres elementos esenciales que representan esos tres mundos de la cultura Mochica. Él, Ai Apaec, representaba a los humanos y los conectaba tanto con las fuerzas sobrenaturales y divinas del mundo de “arriba” como con los muertos y ancestros del mundo de “abajo”

viernes, 29 de mayo de 2020

El Sol, la deidad más antigua de la humanidad

El Sol, la deidad más antigua de la humanidad 
Jym Qhapaq Amaru.

¿Es producto de la casualidad la similitud mostrada por las deidades o “enviados” de las culturas antiguas? ¿Qué hay detrás de la fecha que siempre se repite, el 21 al 25 de diciembre? ¿Por qué los “Dioses o Hijos de Dios” de estas culturas tienen su nacimiento en torno a esta fecha? Vamos a explicarlo a continuación. 

“Sirius” también llamada estrella de la mañana, seguida por tres estrellas menores llamadas “los tres reyes” que acompañan a la estrella mayor, estas se alinean hacia el Sol todos los 25 de diciembre, para señalar “el nacimiento del sol” la salida del sol. (5) 

Desde la perspectiva terrestre, o desde cualquier punto en la tierra, se tiene la percepción de que el sol gira alrededor de la tierra, aunque en realidad sea lo contrario. A este “trayecto” o recorrido del Sol sobre la tierra llamamos eclíptica, en base a este recorrido del sol se configuraron todos los calendarios antiguos y modernos del mundo. 

La eclíptica solar tiene cuatro fechas clave, que son el 21-22 de marzo, 21- 22 de junio, 21-22 de septiembre, y el 21-22 de diciembre y están relacionadas a los solsticios – equinoccios de esta eclíptica o “recorrido del sol”, en esas fases se producen los cambios de estaciones, verano, otoño, invierno y primavera. 

En el hemisferio norte que es donde han estado ubicadas la mayor parte de estas culturas, el 22 de diciembre es el solsticio de invierno, mientras que en el hemisferio sur donde estaba ubicada la cultura andina es el solsticio de verano, llamado “Inti Qhapaq Raymi” o “Gran Fiesta del Sol” es el día más largo del año, mientras que en el hemisferio norte es el día más corto del año en pleno invierno, hacia el 22 de diciembre en el hemisferio norte terrestre el día se acorta totalmente y permanece inmóvil del 22 al 25 de diciembre (tres días donde el Sol permanece quieto o muerto) para después “resucitar” el 25 de diciembre, y continuar su recorrido o “eclíptica” solar. 

Para ubicar esta eclíptica solar en los cielos nocturnos, los antiguos sacerdotes de estas culturas inventaron las constelaciones, que son agrupaciones imaginarias de estrellas por donde hipotéticamente el Sol hace su recorrido, cada constelación está representada por una figura en base a trazos imaginarios creando así siluetas virtuales sobre el cielo, como vimos en el anterior capítulo, los incas tenían sus propias constelaciones, en este caso estamos tratando las constelaciones del mundo occidental y Asia menor, siendo para ellos en total 

12 constelaciones, que juntas son llamadas “Zodiaco” Las constelaciones están en el siguiente orden Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Hipotéticamente estas constelaciones son “los doce discípulos del Sol, puesto que el Sol “viaja” por estas doce constelaciones o discípulos, divididos en cuatro estaciones, dos solsticios, dos equinoccios, en base a estas se construye el calendario solar, conocido como “Cruz del Zodiaco” también conocida como “Cruz solar” 

En estos tres días en que el sol permanece en su punto más alejado, se ubica cerca a la constelación llamada “Cruz del Sur” a la cual los incas llamaban “Chakana”, esta constelación está formada por cuatro estrellas brillantes que alineadas forman una cruz como podemos ver en imagen de la derecha, por ello la metáfora es que el Sol “muere en una cruz” “permanece muerta tres días” y resucita el 25 de diciembre, anunciada por la gran estrella “Sirius” y las tres estrellas “reyes” y la constelación Virgo, llamada M, “la constelación de la virgen” iniciándose así la “resurrección del Sol” “el nuevo nacimiento del Sol” que traerá la esperanza de días más cálidos, mejores cosechas, y la pronta espera a la llegada de la primavera, “la señal de la salvación” pues el invierno tuvo efectos dramáticos en las culturas ancestrales, impedía la agricultura, único sustento de los pueblos que no tenían las comodidades que existen hoy, y sobrevivir al duro invierno helado era toda una hazaña en aquellas épocas... 

Sin embargo la fecha en que el Sol vencía definitivamente al invierno era durante el equinoccio de primavera, 21- 22 de marzo, llegada de la primavera donde el día se hacía más largo que la noche y los días más soleados, los campos reverdecían y se podía practicar la agricultura, estas eran las fiestas pascuas o “la semana santa”. 

En el hemisferio sur los Incas la celebraran alrededor del 21-22 de septiembre, por ser estas fechas el inicio de la primavera en el hemisferio sur, llamado el Quya Raymi Killa, o pascua del agua, ceremonias pidiendo el líquido fecundante de la tierra y la preparación de la naturaleza floreciente. 

Hasta aquí debe quedar claro como los antiguos sacerdotes de las culturas antiguas dieron características antropomorfas a eventos cósmicos que tenían lugar en el cielo, por lo cual sus Dioses y sus leyendas tenían como trasfondo actividades cósmicas relacionadas a los solsticios y equinoccios, los eclipses y los años solares o terrestres. Y aunque a lo largo de milenios para sus seguidores estos dioses hayan tenido una existencia real lo cierto es que representaban en realidad al Dios Solar, es decir, al Sol, primera deidad que conoció la humanidad, pues veían todas las mañanas nacer al Sol desde el oriente, llegar a su máximo esplendor al medio día y morir hacia el poniente, trayendo tras su muerte “la oscuridad” que asociaron con el mal, el maligno, lo malvado. 

De esta dualidad “día/noche” “claridad/ oscuridad” nace la concepción del “bien y el mal” donde el “Dios bueno” está asociado al Sol, “La luz” el día, la claridad, la verdad, el cielo mientras que el “Dios malo” conocido como Satanás, Diablo, Set, está asociado a la oscuridad, la noche, la mentira, lo malo, el infierno, ambos Dioses se enfrascaban en grandes luchas, la eterna lucha “del bien contra el mal”… 

Esta dualidad “bueno/malo” “cielo/infierno” o la concepción de una lucha dual entre dos Dioses antagónicos, no existía en las culturas andinas, como lo demostraré en los siguientes capítulos, así mismo el autor de este escrito es sumamente respetuoso de todas las confesiones religiosas existentes, nuestro estudio es desde el punto de vista antropológico, no religioso.

INKA PACHAQAWAY – Cosmovisión andina. 
Jym Qhapaq Amaru.
Primera edición 2012

miércoles, 27 de mayo de 2020

EL MUNAY DE LOS ANDES (amor absoluto o incondicional)

EL MUNAY DE LOS ANDES (amor absoluto o incondicional) 
Por Arnaldo Quispe


Hay un modo de expresar el amor en el mundo andino y quizás la esencia del munay es la vibración sonora quechua que más se aproxima al amor en su lenguaje más simple o sencillo. La esencia del munay es el amor que fluye de manera libre y cuyo propósito implica vivir la vida lejos solo de observarla. El munay energéticamente hablando es caracterizado de una importante dosis de sami, de modo que esta cualidad de energía refinada es la función sanadora de la medicina en el mundo andino. El munay cura, pues el poder curativo del amor es infinito. Los chamanes andinos hablan de actos simples para potenciar esta fuerte vibración de energía curativa, actos que entre los humanos puede propiciarse a través del perdón curativo (pampachanakuy), el abrazo, el saludo, los decretos, la palabra, la escucha, la ternura, el afecto, etc.

El munay es un principio andino que debe entenderse no solo como amor absoluto o incondicional, pues el amor aún en su esencia pura presenta su propio ordenador o conciencia, que hace que tenga propósito, pues es como la vida misma con su propia inteligencia. El amor recíproco con propósito es la verdadera esencia del munay andino, que es algo tan sencillo como caminar juntos en la misma dirección aún si somos diferentes en cuerpo y mente. Desde este punto de vista la primera función del munay es el amor hacia uno mismo, lo cual implica respetar el propio cuerpo como un templo sagrado e intentar conducirlo responsablemente por la vía de la evolución espiritual. La segunda función del munay es el amor al prójimo, una vez que somos capaces de amar nuestra vida y respetarnos a nosostros mismos, se nos concede la posición privilegiada de amar a todo ser viviente, a partir del propio contexto (familia, parientes, amigos, maestros, comunidad, animales domésticos, plantas, etc.). La tercera función del munay se dirige al amor supremo a la pachamama, creadora de vida y de todo ser viviente. Vivir en la pachamama significa aprender a agradecer y respetar la ecología y el hábitat como único hogar. Esta suerte de funciones no presenta una jerarquía inmediata, pero según las tradiciones andinas deben ir de la mano para no dudar de ninguna cualidad en una posterior etapa de madurez o decisión.

Cualidades del munay

Las cualidades del munay son muchas, pero en esencia pueden resumirse en siete, las cuales como caracteriza al pensamiento andino no presentan una jerarquía y pueden ser considerados en todo o parte como medio para mejorar el allin kawsay o calidad de la propia vida:

Amar es vivir, a pesar que poseen palabras distintas: munay y kawsay, muchas veces son términos vistos como sinónimos o congruentes, la vida misma se basa en todos los procesos de amor. Por ello se dice que el propósito de la vida es el amor, que todo se mueve en la vibración del amor, pero debe entenderse que la vida en la pachamama tiene procesos de autoregulación y ello conlleva a la búsqueda de su propio equilibrio, lo cual puede provocar que la propia tierra se remueva para que pueda purificarse, aún así todo fenómeno tiene identidad en el amor absoluto.

Amar es evolución, la vida en el mundo andino es cíclica, casi como decir que es circular, pues esta gira como la madre tierra misma. El munay potencia el tiempo presente como único, ayuda a entender que intensificar el amor en el presente ayuda a realizar una vida más presente, con propósitos y liberarse de todo aquello que impide amar con libertad. El munay apoya la tesis de la evolución personal inka o inka muju, siendo esta una vía con la que cada runa nace y que puede cultivar para autorealizarse y llegar a la iluminación.

Amar es liberación, como se ha mencionado anteriormente el amor solo debe conducir a la liberación del cuerpo y de la mente, esto es potenciar la propias cualidades en las relaciones sociales, que lejos de rechazarlas o ignorarlas se deben respetar y potenciar a fin que el contexto se beneficie de la propia liberación del amor. El munay ayuda a liberar el sentido de ser más presente y amar aquello que viene compartido en la propia vida. Liberarse no significa vulgarmente renunciar a la propia sociedad, contexto familiar o trabajo, más bien puede implicar aprender a potenciar el propio status quo considerando el tejido social o telaraña de vida.

Amar es integración, nuestros ancianos nos enseñan que el munay es regido por el principio del ayni, este principio nos dice que amar es integrar, lejos que romper o desunir, por ello es primordial que se aprenda la naturaleza del perdón, debido a que uno de los puntos críticos resulta ser el cisma o sentimiento de contrariedad existente hasta hoy en ciertos linajes andinos, luego que se produciera la invasión extranjera del Tawantinsuyo, dejar este antiguo karma implica purificar el corazón andino, lo cual puede generar un sentido más amplio de integración de los pueblos.

Amar es perdonar, en el mundo andino el perdón va unido al sentido del munay, una de las primeras cosas que se aprenden para potenciar la cualidad del munay es el aprendizaje del pampachanakuy, una antigua ceremonia que propicia las pases con la propia historia personal y familiar.

Amar es intensidad, uno de los artes en el amor implica la mejora de la calidad de las relaciones de pareja, familiares y de las propias redes sociales, esto conlleva un efecto de vitalidad, de vida agradable en comunidad. Por una parte las relaciones de pareja pueden potenciarse para desarrollar la sexualidad sagrada evolutiva por ejemplo, por otra parte cuando la persona evoluciona, ello conlleva evolución para su propia red social, que supone coherencia.

Amar es iluminación, en el mundo andino la única luz que puede iluminar la propia vida es la luz interior, esta debe ser cultivada a fin que llegado el momento el runa (la persona) encuentre un estado de entendimiento y paz suprema que le permitirá vivir en desapego y silencio hasta la llegada de su transición en el reino de una luz mayor, el hanak pacha o la memoria del apu o ukhu pacha.

Munay Ki y los ritos iniciáticos andinos

Desde hace poco más de una década el Dr. Alberto Villoldo investigador y hombre de ciencia occidental conocedor de las tradiciones andinas ha propuesto el sistema de ritos “munay ki” para referirse a un grupo de ritos iniciáticos que los chamanes andinos practican dentro de sus tradiciones karpay. Munay ki literalmente significa expresar el propio sentimiento con un “te quiero”. Los ritos coinciden con las iniciaciones originarias Karpay que se transmiten de padre a hijo o de maestro a discípulo. El mayor de los Karpay adquiere el nombre de Hatun Karpay (gran iniciación) y este representa la más importante transmisión espiritual de ritos iniciáticos andinos.

Gracias a Villoldo numerosas personas reciben los ritos del Munay Ki en el mundo y echan una mirada al mundo espiritual andino, permitiendo que este primer paso -es decir su método- sirva de portal a fin que los nuevos iniciados emprendan su viaje personal a las entrañas de las montañas andinas, para interiorizar la esencia de la cosmovisión andina de modo directo, rodeado de apus, wamanis, achachilas y de guardianes del conocimiento ancestral de la propia madre tierra andina.

Acerca de los guardianes de la madre tierra

Desde hace algunas décadas las propias comunidades altoandinas y en especial la comunidad Q’eros de la provincia cuzqueña de Paucartambo vienen difundiendo por cuenta propia los conocimientos ancestrales en las cuatro direcciones de la chakana andina. La nación Q’eros reune en el presente el mayor linaje de maestros paqos de la tradición espiritual andina y han desterrado abiertamente la creencia de la autoextinción del chamanismo andino, pues este se encuentra más vigente que nunca. Sin embargo el pueblo Q’eros no propone únicamente chamanismo o turismo místico, pues este aspecto solo es parte de las expresiones culturales que también incluyen música, canto, agricultura, tradiciones orales y folklore.

Los guardianes chamanes paqos de la madre tierra, proponen el principio del munay fundamentalmente con el cuidado recíproco de la madre tierra como principal fuente de vida y hábitat humano. Toda ciencia, medicina, arte o expresión de un pueblo según el munay debe respetar a la madre tierra como ser viviente y este nivel de respeto implica cuidado, protección y agradecimiento. Los guardianes de la tierra restablecen las pases con la madre tierra, que en el mundo andino está representado por la pachamama, los rituales karpay son los medios por los cuales se reequilibran las fuerzas y las voluntades humanas reciben la bendición de la madre tierra, de la cual forman parte. A este nivel se dice que el runa (la gente) camina con propósito en su propio kawsay pacha, es decir en su propio cosmos de energía viviente.

miércoles, 5 de abril de 2017

SACSAYHUAMAN, EL MISTERIO MÁS GRANDE DE AMÉRICA

SACSAYHUAMAN, EL MISTERIO MÁS GRANDE DE AMÉRICA
YURI LEVERATTO


Durante mi primer viaje a Cusco, ciudad símbolo de la cultura andina (junto a Puno y La Paz), visité la imponente estructura de piedra llamada Sacsayhuamán, situada a unos 3555 metros de altura sobre el nivel del mar.

En mi opinión, Sacsayhuamán (del aimara saqsaw waman, lugar donde se sacia el halcón) es el lugar más misterioso de todo el continente americano.

En efecto, cuando los conquistadores pertenecientes al ejército de Pizarro llegaron a Cusco en 1533, quedaron atónitos frente a tan inmenso monumento megalítico de muros ciclópeos de enorme peso.


Los españoles se preguntaron cómo había sido posible que los indígenas Incas, quienes desconocían el uso de poleas y la existencia del hierro, y que utilizaban troncos de árboles en vez de ruedas, transportaran rocas de hasta 200 toneladas de peso, les dieran forma para que encajaran perfectamente entre sí y las levantaran para colocarlas unas encima de las otras.

Los españoles se preguntaron también cuál misterioso motivo habrían tenido los indígenas, quienes a sus ojos eran “arcaicos”, para construir tal monumento, tomándose tanto tiempo y gastando tanta energía.


Estas preguntas, de unos 477 años de antigüedad, conservan su actualidad.

Ningún estudioso ha presentado pruebas suficientes y exhaustivas de cómo fue construido Sacsayhuamán y, sobre todo, de cuál fue su función.

Nadie sabe tampoco cuándo fue edificado en realidad, aunque recientemente la arqueología oficial sugirió que los indígenas de la cultura Killke erigieron la imponente estructura en el 1100 d.C.

En los últimos años tuve la oportunidad de entrevistar a varios arqueólogos, tanto peruanos como brasileros, y me dio la impresión de que ninguno quiere realmente afrontar el tema de Sacsayhuamán. ¿Por qué?


El tan reconocido método de datación llamado carbono 14 funciona sólo cuando hay material orgánico, pero no es capaz de datar el período en el cual se construyó un monumento.

Por ejemplo, el dato sobre la cultura Killke, ofrecido por un equipo de arqueólogos en el 2008, contrasta con la información clásica etno-histórica que reconocía a los Incas como los constructores de Sacsayhuamán a partir de 1438 d.C., durante el reino dePachacutec.

En mi opinión, el hecho es que no se puede datar un monumento de piedra sólo porque se encuentren restos de cerámica en sus fundamentos. Según esta lógica, tal vez en 10 años se halle otra cerámica en un estrato de terreno más profundo, perteneciente a una proto-cultura Killke remontable quizá al 900 d.C. Y así, se formulará una datación de la construcción de la estructura de piedra anterior al 900 d.C.


El monumento, que para algunos es la representación de la cabeza de un puma, para otros una fortaleza para defender a Cusco y para otros un centro ceremonial, está compuesto por tres muros de aproximadamente 400 metros de largo y 6 de alto. Se calculó que algunas piedras pesan hasta 200 toneladas, mientras que el volumen total de los tres muros es de unos 6000 metros cúbicos.

En la zona al sur de los muros están las bases de lo que fueron probablemente tres grandes torres: Muyucmarca, Sallacmarca y Paucarmarca. Mientras que la primera tiene base circular, las últimas dos la tienen rectangular.

La Muyucmarca tenía unos 12 metros de altura y una base con un diámetro de 22 metros. En sus Comentarios Reales, el Inca Garcilaso de la Vega describe a Muyucmarca como una torre que servía como depósito de agua y que estaba conectada a las otras dos por túneles subterráneos.

Se narra que en la batalla de Sacsayhuamán, acaecida en 1536, el Inca 

Cahuide se lanzó al vacío desde la Muyucmarca, con el fin de no entregarse a los españoles.
Sobre el origen de Sacsayhuamán fueron escritas decenas de libros y se propusieron las teorías más extrañas para explicar cómo se llevó a cabo su construcción, hecho que hasta ahora está envuelto en el misterio.


Al caminar por las calles de Cusco se ven varios libros de presuntos místicos, cada uno de los cuales dice conocer la clave sobre cómo fue erigido el más misterioso sitio arqueológico de América.

Hay quienes opinan que Sacsayhuamán, que era originalmente mucho más grande, puesto que los españoles utilizaron muchas rocas para construir sus casas e iglesias en Cusco, era una ciudad megalítica que reproducía exactamente a la capital del antiguo reino de Atlántida, desaparecido a causa de terribles terremotos e inundaciones.

En efecto, es extraño que las piedras encajen a la perfección entre sí, de manera tal que ni el filo de un cuchillo pueda pasar entre ellas. ¿Cómo fue posible edificar una cosa tan perfecta sin instrumentos modernos de construcción y corte, ni la fuerza motriz, que no apareció hasta el siglo XIX?


Antes que nada, hay que analizar el problema del transporte de rocas tan grandes. Según algunos investigadores, las piedras más pesadas (de andesita) se encontraban ya en el sitio de Sacsayhuamán, pero, si así fue, debe explicarse de todos modos cómo las levantaron para ubicarlas y encajarlas entre sí.
En caso de que hubieran estado en minas lejos de Sacsayhuamán, ¿cómo fueron transportadas? Al no disponer de carros ni de animales de carga como bueyes o caballos, se piensa que los pedruscos más pesados fueron deslizados sobre troncos de árboles sosteniéndolos con gruesas cuerdas, como se ve en la última foto, que muestra el desplazamiento de un megalito en la isla de Nías, en Indonesia, en 1915.


Una vez agrupadas las rocas en el lugar donde se construiría la estructura, se procedió a pulirlas, con el objetivo de que encajaran las unas con las otras. Tenemos que pensar que los antiguos concebían el tiempo de manera diferente a nosotros ahora. Trabajar una roca durante meses o años era una cosa normal, el tiempo era visto no como un límite, sino como una oportunidad.

Para hacer que un pedrusco encajara perfectamente con otro, los antiguos constructores debieron haber utilizado mazas de piedra más dura que la andesita para poder pulir los vértices de cada uno y unirlo bien con otro.


Existe también la teoría de la existencia de una planta que, mezclada con otras sustancias naturales, volvería la piedra fácilmente maleable, como si fuera plastilina, usada por los niños para jugar.


Según algunos investigadores, los antiguos habitantes del altiplano dominaban algunas técnicas de alquimia que permitían justamente modelar la roca a gusto para volverla luego otra vez durísima. Según una leyenda difundida en Cusco, el Padre Jorge Lira demostró en los últimos años del siglo XX que la técnica para volver las piedras maleables era cierta y que se basaba en la utilización de una planta llamada jotcha. No obstante, parece que el sacerdote no logró endurecer de nuevo la roca. En todo caso, sus experimentos no se apoyaron nunca en pruebas científicas y toda la historia permaneció siempre tras un halo de misterio.

Aunque se admita que los antiguos constructores de Sacsayhuamán lograron labrar los pedruscos de manera que encajaran entre sí, queda aún el enigma de cómo pudieron levantar piedras de decenas de toneladas de peso para ponerlas unas encima de otras.

Según la teoría oficial, se ponía una base de madera oblicua entre el suelo y la roca utilizada como fundamento. Luego, troncos perpendiculares en los cuales colocar una base de madera en la cual había otros troncos perpendiculares. Sólo sobre estos últimos se transportaba el pedrusco que iba a ubicarse sobre el que estaba abajo. La operación se efectuaba tanto arrastrando como empujando, para asegurar que la roca no se fuese para atrás, y se ponían palos entre los troncos perpendiculares, con el fin de bloquear el posicionamiento. Las cavidades que se descubrieron en algunas rocas servían, según algunos investigadores, para meter troncos, con el fin de sostener la roca antes de ponerla definitivamente sobre otra.


Según mi amigo peruano Paul Mazzei, podría existir otra posibilidad: una vez puestas las rocas más grandes en fila, los fundamentos de la estructura, se procedía a excavar debajo de ellas con el fin de hacerlas hundirse a una profundidad más o menos igual a su altura. Luego, simplemente se ponían otras rocas relativamente más ligeras sobre las primeras, más pesadas. A continuación, se procedía a reducir y aplanar el nivel de suelo de toda el área, con el fin de ocultar la “trinchera” excavada inicialmente.


Si bien algún día se logrará explicar exhaustivamente cómo se construyó Sacsayhuamán, permanecerá siempre la duda de por qué y cómo fue erigido. Como ya se había mencionado, hay quienes piensan que fue una fortaleza, mientras que otros lo consideran un centro ceremonial.



De hecho, para nosotros es difícil comprender los motivos de una construcción tan compleja que requirió ciertamente de muchos años para ser completada. Sin embargo, hay que recordar que en el mundo hay cientos de construcciones megalíticas y que la lógica de los antiguos es para nosotros complicada, pues estaba relacionada con ritos y ceremonias que hoy resultan incomprensibles.

Después de haber comparado entre sí a muchos lugares arqueológicos de Suramérica, llegué a la conclusión de que Sacsayhuamán fue construido mucho antes que Cusco. En mi opinión, la estructura megalítica era el centro de una ciudadela que se extendía más allá de los límites del actual parque arqueológico.

Opino que los autores de Sacsayhuamán pertenecían a la llamada civilización megalítica americana que se desarrolló en Suramérica poco después del diluvio universal, a partir del noveno milenio antes de Cristo.


Sólo con ulteriores trabajos de excavación, con el estudio comparado de otros sitios megalíticos del altiplano andino (Tiwanaku y Pukara) y con la exploración exhaustiva de las enigmáticas galerías subterráneas que de Sacsayhuamán llevan a Cusco o hacia lugares desconocidos, se podrá intentar revelar, en el futuro, el misterio de este fascinante lugar que me llegó al corazón, y al cual considero como el mismísimo símbolo de la antigua civilización megalítica americana.

http://origenhumano.blogspot.pe/2012/12/sacsayhuaman-el-misterio-mas-grande-de.html

miércoles, 31 de agosto de 2016

EL ATARDECER EN QUE PACHACAMAC, EL SANTUARIO MÁS FAMOSO DE LA CIVILIZACIÓN ANDINA, INGRESÓ A LA HISTORIA UNIVERSAL 3 de 3

EL ATARDECER EN QUE PACHACAMAC, EL SANTUARIO MÁS FAMOSO DE LA CIVILIZACIÓN ANDINA, INGRESÓ A LA HISTORIA UNIVERSAL 3 de 3
Guido Mendoza Fantinato

El duro golpe a la cosmovisión andina: los acontecimientos que sucedieron en el Templo Pintado.

El Curaca de Pachacamac nombrado por la administración del Tawantinsuyo, Tauri Chumbi, salió a recibirlos de manera pacífica, mostrando buena voluntad en su trato inicial con Hernando Pizarro y su comitiva[1]. Sin embargo, los generales de Atahualpa le exigieron sumisión absoluta ante las pretensiones de los foráneos de proceder a desmantelar las riquezas de oro y plata con que contaba el santuario. La tropa española procedió a alojarse en el palacio de Tauri Chumbi y así pasó a convertirse en la primera autoridad costeña desplazada por los nuevos acontecimientos.

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Mientras se aseguraba la recolección de los tesoros de oro y plata que guardaban los depósitos del santuario[2], Hernando Pizarro quiso dar un golpe efectivo y contundente contra Pachacamac y toda la milenaria tradición que él representaba. Para ello decidió ir a ver en persona lo que suponía era la fabulosa cámara recubierta de oro donde se encontraba depositado el ídolo, apoderarse de todas sus riquezas y proceder a destruirlo en el acto.

Sin embargo, los sacerdotes y guardianes del oráculo trataron de impedir el avance de Hernando Pizarro en su intento de ingresar al Templo, ya que nadie había osado durante siglos acceder a este lugar sagrado sin haber cumplido previamente un rígido tiempo de ayuno y preparación. Pizarro logró imponerse frente a tales prohibiciones y junto con algunos de sus soldados pudo finalmente subir hasta lo alto del templo, sorteando una serie de antesalas y patios, hasta llegar a la puerta principal decorada de tejidos y con adornos de corales y turquesas tras la cual se tenía acceso al recinto sagrado donde estaba el ídolo. Grande fue su decepción al no encontrar una cámara llena de refulgente oro y metales preciosos, sino más bien un ídolo hecho de madera mal tallada y mal formada, con la figura de un hombre en su parte superior, colocado en medio de una estrecha y oscura sala con pobres decoraciones y con algunas ofrendas pequeñas hechas en oro y plata esparcidas en el piso[3].

Terminando la tarde, los sacerdotes y los cientos de peregrinos que aguardaban impacientes en las pirámides y plazas cercanas vieron con gran horror y espanto cómo de pronto Pizarro apareció en lo alto del Templo Pintado empuñando el madero del ídolo de Pachacamac y acto seguido empezó a dar un discurso extraño en un idioma que ninguno de ellos comprendía[4]. Un silencio frío y sepulcral reinaba en la urbe, a la espera de la reacción de la más implacable de las iras que desataría Pachacamac ante el horrible sacrilegio que se estaba cometiendo. A continuación, con su espada, Pizarro quebró la imagen del ídolo y lanzándola por los aires, ésta terminó rodando hasta la base del Templo, mientras sus soldados procedían a desbaratar la bóveda y la sala principal del recinto sagrado.

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Mientras en el lado del mar y con profusos colores proyectados en el firmamento se apreciaba una espectacular puesta de sol en esa calurosa tarde veraniega, el horror se transformaba progresivamente en llanto e impotencia para los cientos de personas que acababan de presenciar allí el acto vandálico más feroz y sin precedentes cometido alguna vez contra la deidad más poderosa del mundo andino. Los lamentos y sollozos se oían por doquier y la gente empezaba a correr despavorida de un lugar a otro en medio de un tumulto mayúsculo sin poder dar crédito al terrible espectáculo del que habían sido testigos. En los exteriores de la urbe los miles de pobladores de los curacazgos vecinos que se habían apostado en las murallas exteriores de la ciudad sagrada para conocer los acontecimientos de esa tarde comenzarían a difundir la noticia hacia los lugares más distantes del Tawantinsuyo en medio de la confusión y el caos generalizado.

De esta manera, la cosmovisión andina acababa de recibir uno de los golpes más certeros y devastadores en su largo desarrollo milenario. Simbólicamente la espada de Pizarro no sólo había quebrado el ídolo de madera, sino también una de las tradiciones más enraizadas y con mayor devoción en todo el ámbito pan andino. Pero al mismo tiempo, desde el punto de vista político y comercial, aquella tarde significó el inicio de la desarticulación del enorme poderío y prestigio de esta ciudad sagrada produciendo el inevitable colapso del mercado regional más grande del Pacífico suramericano. En el corto y mediano plazo ello implicó la destrucción de los sistemas económicos y de intercambio de producción vigentes para millones de pobladores de la costa y la sierra, desde Guayaquil hasta el Collao, y que habían florecido exitosamente por más de quince siglos bajo el prestigio del culto a Pachacamac.

Con estos dramáticos acontecimientos del 30 de enero de 1533, cuya trascendencia remecería profundamente los históricos cimientos de la civilización andina construidos en más de 4,500 años de desarrollo autóctono y geográficamente desconectada del resto de civilizaciones del planeta, el santuario más famoso de la costa suramericana prehispánica ingresaría al registro de la historia universal.

TOMADO DE:
Secretaría General de la Comunidad Andina
Biblioteca Digital Andina
http://www.comunidadandina.org/BDA/docs/PE-CA-0045.pdf


[1] No olvidar que la principal autoridad religiosa del Santuario, al que Hernando Pizarro llamaba “el obispo” había sido capturado durante los trágicos sucesos de Cajamarca en noviembre de 1532.
[2] Según María Rostworoski, a pesar de la intensa presión española, los sacerdotes de Pachacamac dilataron la entrega del botín. Cuando finalmente cumplieron, Pizarro se mostró disgustado: había esperado mayores tesoros del santuario más famoso del mundo andino. Sin embargo, según cálculo del mismo Hernando Pizarro, el botín arrojó 85,000 castellanos de oro y tres mil marcos de plata. ROSTWOROSKI, María y ZAPATA, Antonio. Ibid.,Guía de Pachacamac, página 53.
[3] La narración de Estete nos dice lo siguiente:"(...) Y así contra su voluntad y de ruin gana nos llevaron, pasando muchas puertas hasta llegar hasta la cumbre de la mezquita, la cual era cercada de tres o cuatro cercas ciegas, a manera de caracol; y así se subía a ella; que cierto, para fortalezas fuertes eran más a propósito que para templos del demonio. En lo alto estaba un patio pequeño delante de la bóveda o cueva del ídolo, hecho de ramadas con unos postes, guarnecidos de hoja de oro y plata, y el techo puestas ciertas tejeduras, a manera de esteras para la defensa del sol porque así son todas las casas de aquella tierra, que como jamás llueve no usan de otra cobija; pasado el patio estaba una puerta cerrada y en ella las guardas acostumbradas, la cual, ninguno de ellos osó abrir. Esta puerta era muy tejida de diversas cosas; de corales y turquesas y cristales y otras cosas. Finalmente que ella se abrió y según la puerta era curiosa, así tuvimos por cierto que había de ser lo de dentro; lo cual fue muy al revés y bien pareció ser aposento del diablo, que siempre se aposenta en lugares sucios. Abierta la puerta y queriendo entrar por ella, apenas cabía un hombre, y había mucha oscuridad y no muy buen olor. Visto esto trajeron candela; y así entramos con ella a una cueva muy pequeña, tosca sin ninguna labor; y en medio de ella estaba un madero, hincado en la tierra, con una figura de hombre hecha en la cabeza de el, mal tallada y mal formada, y al pie, y a la redonda de él muchas cosillas de oro y plata ofrendadas de muchos tiempos, y soterradas por aquella tierra (...)". Para mayor referencia sobre la descripción del santuario y estos sucesos se sugiere revisar el trabajo de Arturo Jiménez Borja y la importancia histórica de Pachacamac. JIMENEZ BORJA, Arturo. Pachacamac Guide. Lima, Instituto Nacional de Cultura, Dirección General del Museo Nacional, 1988. página 16. También se puede visitar el siguiente sitio web: http://www.arqueologiadelperu.com.ar/pch.htm
[4] Según describe Miguel de Estete se trataba de un encendido discurso sobre los errores de la idolatría, en el que Hernando Pizarro recalcaba que aquel madero no era el verdadero dios sino, muy por el contrario, la personificación del mismo demonio. Por su parte, también el historiador norteamericano William Prescott ha resaltado en sus trabajos algunos detalles sobre el momento del ingreso de Hernando Pizarro a la sala principal donde estaba depositado el ídolo de Pachacamac.

martes, 30 de agosto de 2016

EL ATARDECER EN QUE PACHACAMAC, EL SANTUARIO MÁS FAMOSO DE LA CIVILIZACIÓN ANDINA, INGRESÓ A LA HISTORIA UNIVERSAL 2 de 3

EL ATARDECER EN QUE PACHACAMAC, EL SANTUARIO MÁS FAMOSO DE LA CIVILIZACIÓN ANDINA, INGRESÓ A LA HISTORIA UNIVERSAL 2 de 3
Guido Mendoza Fantinato

Las primeras descripciones escritas sobre el mundo andino en el largo trayecto desde Cajamarca hasta el santuario de Pachacamac

Las descripciones de Estete, que luego serían transcritas por Francisco de Jerez en su crónica de 1534, lamentablemente no fueron tan amplias y detalladas como se pudiera desear. Sin embargo, son el testimonio más valioso para reconstruir con detalles generales la ruta que siguió este grupo y las incidencias principales que sortearon hasta llegar al Santuario de Pachacamac[1].

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De Cajamarca el grupo se enrumbó hacia Huamachuco, al que calificó Estete como pueblo grande con “buena vista y aposentos”. Luego pasaron por Antamarca y el Callejón de Huaylas, llegando a Corongo, en la actual parte norte del departamento de Ancash, donde advirtieron gran “…cantidad de ganado con sus pastores que lo guardan y tienen sus casas en las sierras de modo de España”. Resulta muy interesante esta primera descripción del Callejón de Huaylas, donde se puede resaltar que se trataba en aquel entonces de una zona de gran prosperidad, llena de maizales y ganado.

Otro punto importante en la descripción es que en Huaraz las tropas reciben abundante comida y gente de apoyo para el resto del viaje de parte del Curaca Puma Capillay. Estete destaca con asombro que “…solamente para dar de comer al capitán (Hernando Pizarro) y a su gente que con él iba, tenían en un corral doscientas cabezas de ganado”.

Siguiendo luego por Pachacoto, el grupo emprendió el viaje de descenso hacia la costa, a la que ingresaron en pleno verano suramericano por la actual zona de Pativilca, descrita por Estete como “abundosa de mantenimientos y frutos”. Es en este punto donde se obtiene la primera descripción escrita de las imponentes construcciones piramidales de Paramonga ubicada en las inmediaciones del río Fortaleza[2]. En aquel entonces Estete la observa como un “pueblo grande…que está junto al mar; tiene una casa fuerte con cinco cercas ciegas, pintadas de muchas labores por de dentro y por de fuera, con sus portadas muy bien labradas a la manera de España, con dos tigres a la puerta principal”[3]. Dado el buen estado en que encontraron esta construcción puede deducirse que estaba en pleno uso en esa época.

A partir de allí la descripción que brinda Estete es muy valiosa para conocer de primera mano el estado del Capac Ñan, o Camino Real, de esta parte de la costa central suramericana en ese tiempo. “En este pueblo (Paramonga) tornó a tomar otro camino más ancho que está hecho a mano por las poblaciones de la costa, tapiado de paredes de una parte y de la otra”[4]. Sin embargo, los españoles no encontrarían en la costa los portentosos puentes que habían utilizado en los caminos de la sierra y tuvieron que cruzar los ríos costeños en canoas, entendiéndose que con gran dificultad debido a que arribaron a esta zona a fines de enero, época de lluvias en la sierra y de enorme crecida de los ríos durante el verano costeño.

Estete describe con alguna precisión las viviendas de adobe o tapial que correspondían a los curacas o líderes de los distintos pueblos costeños que visitaban en el camino, mientras indica que el resto de la población vivía en chozas hechas de caña y barro.

De Paramonga, y siempre siguiendo la línea del camino costero, se dirigieron a Huaura, luego ingresarían a la actual zona de la Reserva de Lachay o Tambo de las Perdices, llegando finalmente Chancay o Suculachumba antes de ingresar a las inmediaciones del actual valle del río Chillón, límite donde principiaba en ese tiempo el Señorío o “provincia” de Pachacamac.

Llegada a los valles de Lima y el primer sismo registrado por Estete.

Durante el tiempo de la anexión de esta zona de la costa central suramericana al dominio del Tawantinsuyo hacia el año 1470, se cambió el nombre original del Señorío de Ischma (que comprendía los actuales valles de Rímac y Lurín y donde estaba asentado el oráculo de Pachacamac) por la “provincia” o Curacazgo de Pachacamac y se sumó a sus dominios también el valle del río Chillón.

Mientras la tropa de Hernando Pizarro estaba en el trayecto de salida de Chancay y hacía su ingreso al valle del río Chillón, Estete describe la ocurrencia de un violento movimiento sísmico, el primero en ser registrado por la palabra escrita en el mundo andino. Muchos de los pobladores que habían sido asignados para acompañar y apoyar esta comitiva huyeron despavoridos, ante el temor que el oráculo de Pachacamac hubiera comenzado a mostrar su ira frente a la intención de los españoles de profanar y saquear su santuario.

Pasado los efectos del susto producido por el temblor y recompuestos los cargadores del temor inicial, la tropa siguió la trayectoria sur ingresando luego al valle del río Rímac, lugar donde dos años después Francisco Pizarro fundaría la ciudad de Lima. Aquí, la tropa encontró un hermoso valle lleno de verdor y extensos campos de cultivo, donde destacaban nítidamente una gran cantidad de imponentes construcciones piramidales y centros administrativos. Por esa razón el valle del Rímac de esa época es denominado también por algunos historiadores y arqueólogos como el “valle de las pirámides”[5].

Se sabe que esta gran “provincia” de Pachacamac, cuya jefatura máxima era ostentada por las autoridades del propio Santuario de Pachacamac, estaba subdividida en tres Hunus o Sayas: Carabayllo, Maranga y Surco-Pachacamac. A su vez, cada Saya tenía una ciudad principal, destacando la ciudad de Maranga con su gran palacio (en el actual distrito limeño del Rímac), el imponente centro urbano de Mateo Salado (en los límites de los actuales distritos limeños de Breña y Pueblo Libre) y la de Armatambo (que comprendía los actuales distritos limeños de Surco y Lurín, con su asiento principal en las laderas del Morro Solar).[6]

Junto a la impresionante arquitectura pública y civil de élite del valle del río Rímac[7], el resto de la población habitaba en construcciones más modestas hechas en quincha con cimientos de piedra.

Luego de todo este recorrido, la tropa se instaló en la ciudadela de Armatambo, en el actual distrito limeño de Chorrillos, antes de emprender la parte final del viaje hacia el santuario. Según el informe dirigido a la Audiencia de Santo Domingo, Hernando Pizarro que por entonces tenía 30 años, declaró haber tardado quince días en las rutas serranas y siete días en las rutas de la costa, aproximándose finalmente a la ciudadela de Pachacamac durante la tarde del 30 de enero de 1533. Es también la primera vez que la historia escrita empezará a describirnos cómo era este famoso santuario.

Mientras tanto, miles de vecinos de los curacazgos aledaños, alertados de la inminente llegada de los españoles y sus intenciones de ingresar al santuario de Pachacamac, se habían apostado en los alrededores de la entrada principal de la ciudadela, desafiando el ardiente sol de ese día de verano, para contemplar de cerca cómo eran los caballos así como las brillantes armaduras de guerra que llevaban puestas los extranjeros. Al mismo tiempo, era una oportunidad excepcional de presenciar cómo Pachacamac haría prevalecer su superioridad y poderío frente a las osadas intenciones de los forasteros de profanar el lugar.

El ingreso a Pachacamac.

En la medida que la tropa cruzaba el desierto costeño y se acercaba a la zona del santuario en el valle del río Lurín, pudieron divisar al fin una extensa y majestuosa ciudad amurallada, con una vista impresionante al Océano Pacífico, cuyo gran poder y esplendor se reflejaba en sus templos imponentes, profusamente decorados y enlucidos, así como los infinitos tesoros acumulados en sus rebosantes depósitos provenientes de los lugares más distantes del mundo andino. Además de ser un lugar de culto y adoración ancestral, también desempeñaba el papel de depósito y de gran mercado regional, favorecido por su ubicación central en la costa y ser sede espiritual de la deidad más venerada y temida en el mundo andino.

No hay que olvidar que el sacerdocio de Pachacamac, que se dedicaba frecuentemente a los negocios mercantiles acaparando grandes tesoros gracias a ello, había alcanzado la más grande influencia a lo largo de toda la vasta geografía andina[8]. Durante siglos había logrado que su idioma, el quechua, así como el conocimiento del dios Pachacamac se extendiera por todo el Tawantinsuyo. Como anotan varios autores, es prácticamente un hecho que la integridad de la costa y sierra, hasta el Collao, estuviese controlada espiritual y económicamente por este hábil sacerdocio[9].

Mientras tanto, al interior de esta imponente ciudadela, con sus 16 enormes edificios piramidales y grandes plazas públicas, aguardaban cientos de sacerdotes, peregrinos y comerciantes de diferentes partes del Tawantinsuyo, a la espera de los formidables acontecimientos que sucederían esa tarde en su interior. Reinaba una tensa calma ante los próximos sucesos que indudablemente desencadenarían la ira implacable de Pachacamac contra los invasores.

Hernando Pizarro y su tropa llegó finalmente a los muros exteriores e ingresó a la ciudadela través de la calle norte – sur (y que conjuntamente con la otra calle esteoeste, dividía la gran urbe sagrada en cuatro segmentos)[10]. Ambas calles estaban formadas por inmensos muros de piedra y adobe debidamente enlucidos que las delimitaban sin ofrecer ninguna entrada a los edificios piramidales construidos a ambos lados, pintados en color mate, mientras que sus principales paredes lucían adornos con frisos de diferentes figuras. Hacia el fondo destacaba el gran Templo del Sol en el promontorio más alto del santuario construido durante la anexión de esas tierras al Tawantinsuyo, así como, un poco más abajo, el llamado Templo Pintado, sede del oráculo de Pachacamac[11].

Mientras los caballos de la tropa sorteaban las portadas y los pocos pasos estrechos de la amplia calle, los forasteros observaron algunas paredes caídas correspondientes a antiguas pirámides. No hay que olvidar que dichas pirámides pertenecían principalmente a grupos particulares de poblaciones de diversas partes del mundo andino, que allí se reunían antes de pasar a ceremonias en el Templo de Pachacamac. Los peregrinos que llegaban permanentemente desde diversas partes del Tawantinsuyo se agrupaban y alojaban en una u otra de estas estructuras. Eran en realidad grandes aposentos para los que venían en romería. Estas pirámides eran atendidas por personal permanente, que se encargaba de recoger y almacenar tributos recibidos bajo forma de ofrendas[12].
La tropa atravesó decididamente la calle con dirección a la parte central de la ciudadela, constatando que en varios lugares había réplicas de madera del ídolo de Pachacamac, a los que la gente del lugar parecían guardarles especial devoción. Finalmente, bajo el intenso calor de esa tarde veraniega y en medio de gran expectativa, los españoles llegaron hasta la puerta principal del Templo Pintado, en cuya parte más alta estaba ubicado el ídolo de Pachacamac.

El perfil de este Templo resaltaba nítidamente, incluso desde el mismo camino de ingreso a la ciudadela, debido a que estaba enlucido de barro y profusamente decorado con figuras antropomorfas, peces, aves y plantas, todas ellas pintadas con colores rojo y amarillo y delineadas con color negro. Tal despliegue de colorido capturaba poderosamente la atención de cualquiera que llegara hasta la urbe sagrada, acentuando el contraste con el color ocre del desierto circundante así como con el azul del mar en el fondo.


[1] Para abordar esta parte de nuestro trabajo, hemos seguido la descripción general que presenta Luis G. Lumbreras basándose en las crónicas de Miguel de Estete. LUMBRERAS, Luis Guillermo. Una nueva visión del antiguo Perú. Lima, Municipalidad de Lima Metropolitana, Secretaría de Educación y Cultura, Munilibros 11, diciembre de 1986. Hemos complementado las referencias con las descripciones realizadas por otros historiadores, como las de Juan Antonio del Busto, Juan Luis Orrego Penagos, entre otros. Igualmente hemos tomado en cuenta los detalles proporcionados por los trabajos de Arturo Jiménez Borja y sus investigaciones publicadas sobre Pachacamac.
[2] La estructura de esta edificación aún puede ser visitada al lado de la carretera Panamericana Norte, en el distrito de Paramonga, Provincia de Barranca, al norte del actual Departamento de Lima. Las investigaciones realizadas han determinado que su construcción pertenecía a la época del esplendor del Reino del Chimor. Probablemente el máximo esplendor de esta edificación fue durante los años l200 al 1400 d.c.
[3] Según lo señalado por Xerez, 1534:246 y recogido por Luis G. Lumbreras. LUMBRERAS, Luis Guillermo. Ibid. Páginas 24 y siguientes.
[4] Ibid, páginas 24 y siguientes (tomando como base lo señalado por Xerez 1534:246).
[5] ORREGO PENAGOS, Juan Luis. Pachacamac y Lurín: apuntes históricos y visión de futuro. Lima, Blog del autor, http://blog.pucp.edu.pe/item/23646/pachacamac-y-lurin-apuntes-historicos-y-vision-de-futuro, 2008.
[6] Según anota Orrego Penagos, existían varias huacas o centros administrativos menores y palacios curacales en esta zona, tales como Mateo Salado, Limatambo, Mangomarca y Huaycán. También destacaban otros centros tales como Puruchuco, Mayorazgo, Santa Felicia, San Borja, Santa Cruz, Palomino, Panteón Chino, Corpus, Pando, La Luz, Culebras, Huantille, Huantinamarca, Huaca Rosada y otras. ORREGO PENAGOS, Juan Luis. Las Huacas y la Lima Prehipánica. Lima, Blog del autor, http://blog.pucp.edu.pe/item/39804/las-huacas-y-la-lima-prehispanica, 2008. Por ese tiempo, la conocida Huaca Pucllana en el actual distrito limeño de Miraflores ya no estaba en uso desde hacía varios siglos atrás, y se le usaba más bien como un lugar sagrado para ritos, ofrendas y como cementerio.
[7] Como resalta Juan Luis Orrego Penagos, “las pirámides con rampa se caracterizan por tener una plataforma cuadrangular baja con un patio rectangular cercado en su frente Norte, ambas se articulan mediante una rampa central. La plataforma posee en la cúspide una suerte de atrio o audiencia abierto en forma de U, con recintos techados en los laterales. En la parte posterior se solían ubicar espaciosos depósitos y en áreas anexas amplios patios, secaderos y zonas de laboreo. Este tipo de arquitectura se evidencia en Pachacamac, Santa Cruz y Armatambo, entre otros restos”. ORREGO PENAGOS, Juan Luis. Ibid.
[8] Según anota Waldemar Espinoza, “…los sacerdotes extendían sus operaciones desde la percepción de ofrendas hasta el control de tráfico de mercaderías, constituyendo la amenaza, el terror y el castigo del excelso Pachacamac los principales instrumentos de los que echaban mano para vigilar y obligar. En virtud de tal estrategia tenían palacios decorados y santuarios soberbios…Una portentosa ciudad sacrosanta, capital de un Estado territorial defendido por un dios temible que amenazaba con destruir el mundo en caso de desacato. …Entre tanto las inmensas colcas del referido santuario acaparaban las ofrendas que generaciones de devotos entregaban siglo tras siglo, conformando una riqueza extraordinaria, que los sacerdotes se preocupaban por mantener siempre repletas, lo que hacía de ellos un grupo colosalmente pudiente y todopoderoso…El mencionado templo de Pachacamac, al igual que otros de su misma categoría, funcionaba pues como mercado y almacén. En cuanto al contenido de estos últimos se les reputaba bienes sagrados, y quien introducía las manos en ellos cometía sacrilegio. Custodiaban numerosísimos tesoros, fruto de miles de donantes y de la actividad mercantil del clero: idéntico que en Babilonia, Egipto y Grecia antiguas…” ESPINOZA SORIANO, Waldermar. Op. Cit., págs. 49-53.
[9] Tal como anota Waldemar Espinoza Soriano. Ibid, págs. 49-53.
[10] Esta calle aún puede ser recorrida en la actualidad y tiene una extensión de 330 metros de longitud con un ancho promedio de casi 5 metros; sin embargo se va angostando hasta alcanzar los dos metros en los tramos finales. En algunas secciones más bajas lleva gradas y aceras a ambos lados. ROSTWOROSKI, María y ZAPATA, Antonio. Op. Cit., página 60.
[11] Lo primero que escribe Estete de Pachacamac es que “el pueblo de Pachacamac es una gran casa, tiene junto a esta mezquita una casa del sol, puesta en un cerro, bien labrada, con cinco cercas; hay casas con terrados, como en España; el pueblo parece ser antiguo, por los edificios caidos que en él hay; lo más de la cerca está caída”, recogido por Xerez 1534:248. LUMBRERAS, Luis Guillermo. Op. Cit., páginas 24 y siguientes
[12] Como anota María Rostworoski, “Un aspecto importante de las relaciones sociales y económicas en los Andes se manifestaba en las peregrinaciones religiosas. Se trataba de un medio para mantener relaciones de complementariedad entre grupos situados en zonas distintas, en el contexto de una sociedad sin mercado. Las peregrinaciones ayudaban a la circulación e intercambio de los bienes. Todos los peregrinos llevaban ofrendas y seguramente diversos productos para el intercambio. Cuando regresaban a sus aldeas, aquellos que no habían participado del viaje, los esperaban con ansiedad para escuchar noticias y bailaban con regocijo durante cinco días”. ROSTWOROSKI, María y ZAPATA, Antonio. Op. Cit., pág.40).