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domingo, 12 de junio de 2016

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 3 de 3

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 3 de 3

Inanna como Gran Madre

Inanna es una diosa lunar que da la vida como luna creciente para luego arrebatarla como luna menguante, igual que Isis y Cibeles. Es una Gran Madre reina del cielo y tierra. Además de la Luna, se encarna también en Venus y en Sirio. Aparece tocada con cuernos y el bastón de serpientes, tiene un hijo-amante muerto y resucitado, que desciende anualmente al inframundo y vuelve a ascender (mito lunar). Encarna el principio de la justicia derivado de la idea del dualismo de la fuerza lunar: el poder de dar y quitar la vida. Encarna el aspecto cíclico del tiempo. Su mitología gira alrededor de la conexión trazada entre las fases luminosas y oscuras de la luna y la alternancia rítmica de fertilidad y esterilidad de la tierra. Su carácter triple de diosa como madre, esposa y hermana del joven dios refleja la trinidad de las fases lunares luminosas. La cuarta fase, la oscura, está personificada por su hermana Ereshkigal, reina del inframundo, papel que heredará la hebrea Lilith y la Hécate griega, la reina de la noche.

La virginidad pertenece a la gran madre, porque la diosa es la vida misma y la vida, como los ciclos de la luna, nace de sí misma sin necesidad de unión con algo externo.

Sello que muestra el rostro de Inanna, su flor o imagen estelar en forma de roseta de ocho puntas (Venus), y los postes de las puertas de su templo (c. 3000 a.C. Tell Agrab)

Los símbolos majestuosos del poder de Inanna son el caduceo y el hacha de doble filo, que representan el poder de otorgar y arrebatar la vida. Encarna sentimientos tanto amables como llenos de odio, tanto el amor con la cólera. Siempre cambiante, es a la vez siempre la misma.

Inanna con el caduceo de serpientes entrelazadas en su mano.


El origen de la serpiente enroscada en el árbol (Biblia) procede de Sumeria


Diosa de las amapolas de la antigua Creta, sentada bajo un árbol frutal y rodeada de devotos que ofrecen azafranes. Dos serpientes flotan más allá del sol, a su derecha la Luna y a su lado de una "diosa escudo". Un hacha de doble toma posición central, y en el suelo una pequeña figura femenina con un azafrán que parece estar de pie en el símbolo de la montaña.

En el mito acadio posterior Ishtar desciende al inframundo para despertar a su hijo-amante Tamuz. Cuando está en el inframundo, la fuerza que impulsa la fertilidad desaparece: “El toro no monta a la vaca, el burro no se inclina sobre la burra…, el hombre duerme en su cuarto, la mujer duerme sola” (El mito de la Diosa, pág. 230).

Los templos de la diosa estaban adornados con grandes cuernos en forma de luna creciente, imagen de la capacidad de la luna para fertilizar la tierra y, como la vaca, para nutrir a su progenie.

Es una tierra donde los rayos abrasadores del sol ocasionaban la muerte de la vegetación, la gente agradecía la aparición de la luna y los frescos rayos lunares que proporcionaban el refrescante –así lo creían los sumerios- y fertilizante rocío. Ishtar era llamada “llena de rocío”. La leche, el agua, el semen, la lluvia y el rocío estaban relacionados con la luna como fuente de vida. La iconografía sumeria, derivada de la Neolítica, veía el cielo como la diosa y las nubes cargadas de agua como sus pechos, semejantes a las ubres de una vaca.

'El Libro de la Vaca Divina' o 'Libro de la Vaca Celeste' se encuentra representado en el primer féretro de Tutankamón y en los muros de las tumbas de Sethy I, Ramses II, Ramses III y Ramses VI.

Representación de la vaca celeste del primer féretro en la tumba de Tutankamón, según Erik Hornung, Der Ägyptische Mythos von der Himmelskuh. Imagen actual del féretro. Museo de El Cairo. Fotografía del Francisco Lopez

Tumba de Sethy I. Dibujo realizado por Robert Hay. Fotografía actual de la pared

La diosa Nut (la Rea griega). Nut con el cuerpo arqueado a modo de bóveda celeste, bordeando la estela de la Revelación, una tableta funeraria de Ankh-af-na-Khonsu, de la dinastia XXVI (apx. 725 aC) 

Audhumla, la vaca alimentadora

En la mitología nórdica el gigante Ymir u Olgelmir, la personificación del océano congelado, el Gigante de Hielo, andaba a tientas en la oscuridad en busca de alimento, y se encontró con una vaca gigantesca llamada Audhumla (la alimentadora). Ymir observó con placer que de sus ubres fluían cuatro grandes arroyos de leche, que le proporcionarían alimento más que suficiente.

Inanna es diosa de la fertilidad, guardiana de los animales domesticados y diosa de los animales salvajes, como lo demuestra su carro tirado por leones. La entrada al establo o aprisco de Inanna era la entrada al útero del que procedía todo ser vivo; la diosa regía este lugar como pastora. La entrada estaba enmarcada por una puerta especial, simbólicamente la vulva de la diosa.

Puerta del inframundo de la Diosa Inanna

Como reina de la tierra Inanna era la diosa de los cereales y vegetales cultivados, así como de los árboles frutales y silvestres. Una de sus epifanías era el manzano. Uno de estos árboles siempre se plantaba en su templo como símbolo de su capacidad para dar la vida. Sus principales imágenes animales eran el león y la vaca, pero también la paloma y la golondrina (diosa pájaro); la víbora y el escorpión, la serpiente y el dragón, como diosa del inframundo.

Todos los alimentos y bebidas se asimilaban al cuerpo de la diosa y se celebraban rituales que honraban esta procedencia. Ver el jarro de Uruk en el que se ve a un hombre que ofrece una cesta de productos de cosecha a la Diosa.



Jarro de Uruk o vaso de Warka en el que se ve a unos hombres realizando ofrendas a la Diosa. 

http://pladelafont.blogspot.pe/2012/11/inanna-ishtar-la-diosa-mesopotamica.html

sábado, 11 de junio de 2016

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 2 de 3

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 2 de 3

Inanna es la diosa del cielo y de la tierra. Sus joyas de lapislázuli reflejan el azul del cielo y el azul de las aguas insondables del espacio que los sumerios llaman las “profundidades”. Lleva en la cabeza los cuernos de la luna. Se le conoce como la “verde” por el ondulado mar de verde cereal que la tierra luce como un manto en primavera. Otra de sus epifanías es como conductora de un carro tirado por leones. 


Los himnos sumerios de la Diosa anunciaban los que hoy todavía se ofrecen a María, reina virgen del cielo. Los atributos de la diosa eran, al igual que los de María, la luna creciente y la estrella matutina y vespertina (Venus). El consorte de Inanna (Dumuzi, semidiós y héroe de Uruk) moría, y descendía al inframundo cada año, fulminado por los rayos abrasadores del sol de julio que resecaban y achicharraban la tierra. Ascendía de nuevo bajo la forma de los primeros brotes de cereal que anunciaba la renovación de la fertilidad de la tierra. María tiene un hijo que sufre una muerte sacrificio, desciende al inframundo y resucita de entre los muertos. La diosa doliente y el dios agonizante que aparecen juntos en el mito lunar, ha sido conservado en los rituales de la Iglesia que saludan el nacimiento del hijo de una madre en Navidad, llora su muerte en Viernes Santo y celebra su resurrección el Domingo de Pascua.

Relieve Burney o de La Reina de la Noche. Representación de Ishtar/Ianna (a veces Lilith o Ereshkigal) en el Museo Británico. Siglo XIX o XVIII a.C.

Se han conservado cinco sellos del periodo acádico (2334-2154 a.C.) que representan a una diosa y su hijo: uno muestra a la diosa alzando al niño sobre su regazo. La presencia de la estrella de ocho puntas y la luna indican que se trata de la Diosa. Las dos figuras que se aproximan a la madre y al hijo, junto con la estrella, anticipan la imagen del Belén y la adoración de los Reyes Magos.



Sumeria.

Como hemos dicho la diosa sumeria Inanna tiene su equivalente semítico en Babilonia: Ishtar. La cultura sumeria, conocida desde hace 150 años, es importante porque el Antiguo y Nuevo Testamento están plagados de imágenes procedentes de Sumer a través de las culturas babilónicas, asiria y cananea. La mitología de griegos y romanos es testigo del legado de las imágenes sumerias.

Reconstrucción de la civilización sumeria al lado del río Tigris

Smith descubrió en Nippur las tablillas que contienen el relato del Diluvio; Layard excavó Nínive yWoolley descubrió los enterramientos de Ur. Los orígenes de los sumerios y de su lengua, que no es semítica ni indoeuropea, son todavía un misterio. Llegaron al sur de Mesopotamia absorbiendo las habilidades técnicas de los pueblos indígenas que allí estaban asentados. El área en torno a Basora, en la frontera de Irán-Irak fue testigo del nacimiento de esta civilización. Woolley resalta la intensidad del influjo sumerio en el IV milenio sobre Egipto. Uruk, la ciudad de Inanna, surgió en el 5000 a.C. El norte (Nippur, Acad, Babilonia…) tenía una población semita ya asentada en la zona cuando llegaron los sumerios, aceptando su dominio. Pero terminaron rebelándose y hacia 1750 a.C., con Hammurabi, el sur sumerio fue eclipsado. Los babilónicos (Hammurabi) conservaron la cultura sumeria, traducida a su lengua, el acadio. Así fue como Ishtar heredó la iconografía y los dramas rituales de Inanna. En principio, el Diluvio era una historia asiria, hasta que se encontró su origen babilónico y, finalmente, sumerio.

Ídolo primitivo mesopotámico que nos recuerdo a una diosa-huevo

La mitología sumeria surge de la fusión de cuatro culturas distintas. Se encuentran muestras de la iconografía de la Diosa madre en la cultura de El Obeid, pueblo desconocido asentado en la zona en el VI milenio a.C., con alfareros y artesanos de enorme talento. A parte de ellos está la cultura sumeria, que se llaman así mismos el pueblo “negro” o “de cabeza oscura”. Hasta hace poco en los manuales de historia se afirmaba que llegaron en la segunda mitad del IV milenio de una región no identificada con precisión, sin embargo, entre las numerosas hipótesis sobre su origen, la más aceptada hoy en día es la que argumenta que no hubo una ruptura cultural con el período de Uruk, es decir, que nadie llegó de fuera. En tercer lugar estaban los pueblos semíticos de lengua acadia (al norte) y, finalmente, en el III milenio a.C. se produjo una invasión de tribus indoeuropeas (arias) que introdujeron el carro de guerra tirado por caballos, y los guerreros a caballo. La llegada de tribus que adoraban a dioses celestes explica la triada sumeria de An,Enlil y Enki y el progresivo avance de Enlil (dios del cielo, del aire) hasta alcanzar la supremacía. Su ciudad era Nippur (acadios) y su poder era el de la “palabra” creadora, lo cual nos recuerda al dios bíblicoYahvé.


Hacia 2400 a.C. aumenta el poder semítico acadio, en el norte, y la Diosa pierde poder, igual que las mujeres. Es la época en la que parece haber dos mitologías: la de la Diosa y otra reciente en la que empieza a dominar el Dios. Kramer dice que hacia 2400 a.C. la madre tierra (Ki) dejó de ser adorada como madre del cielo (Enlil). Todavía no está claro como y en qué fecha el dios hijo evolucionó hasta convertirse en dios padre.

Los sumerios en el IV milenio a.C. descubrieron que el firmamento nocturno y las trayectorias de los planetas y las estrellas están sometidos a una regularidad matemática, la cual sería deseable como modelo para regular la vida humana. Se concibió el universo como ser viviente, como gran madre dentro de cuyo vientre existían todos los mundos, tanto el de la vida como el de la muerte. En los primeros poemas sumerios se refleja la alegría humana por el disfrute de la riqueza y el gozo del mundo material.

El templo sumerio como axis mundi.

Los zigurats son torres escalonadas, símbolo del axis mundi, que en la Biblia son caricaturizados en laTorre de Babel. El templo sumerio estaba coronado por los cuernos de la luna creciente y del toro: su interior abarcaba las tres dimensiones del cielo, tierra y el inframundo. A comienzos de la civilización sumeria los mundos visible e invisible se consideraron una unidad. El zigurat servía para conectar la tierra con el cielo, lo visible con lo invisible. En su cúspide estaba el lugar en el que las dos dimensiones se encontraban, donde se celebraba el matrimonio sagrado (Hierosgamos) que las reunía, liberando así los poderes generativos que renovaban la tierra.

Zigurat de Ur-Nammu

Los restos del de la antigua ciudad de Dur - Kurigalzu, en las cercanías de la actual Bagdad, que los viajeros antiguos identificaban con la Torre de Babel.
A la derecha, representación de la Torre de Babel de Abel Grimmer (1570-1619).

El templo evolucionó a partir del establo de vacas y el aprisco de ovejas, imágenes del cuerpo de la Diosa, santuario donde tenían lugar los grandes misterios de la fertilidad. De ahí evolucionó al zigurat, montaña sagrada, como símbolo del cuerpo de la Diosa. El templo simboliza la montaña cósmica primordial que existía antes de la creación del cielo y de la tierra. También en el Neolítico, un montículo o montaña simbolizaba a la Diosa. Robert Graves nos habla del montón de cenizas que mantenía el fuego en su interior, del que deriva el omphalos griego. En la Edad del Bronce las tumbas colmena y el onfalós pertenecen a esta iconografía.

Como la cueva paleolítica y el templo megalítico, el templo sumerio era a la vez útero y tumba. El santuario hueco bajo el templo –la cripta- era el inframundo y simbolizaba el útero de la diosa, donde misteriosamente tenían lugar los procesos de gestación y regeneración, y donde el dios sacrificado descansaba durante su sueño invernal “en la montaña”. De esta manera los animales que invernan, como el oso, la serpiente… pueden ser símbolos del inframundo.

Recreación de la vida sumeria al pie de un templo

La diosa Inanna: Nammu y Ki-Ninhursag.

Antes de narrar la historia de Inanna es necesario mencionar a otras dos diosas. La primera de ellas esNammu, diosa del océano o mar primordial, de la que deriva la diosa madre babilónica Tiamat. Los sumerios creían que el mar primordial era la fuente de la que emergió toda la creación. Nammu se representaba originariamente como diosa serpiente (su jeroglífico era el mar). La segunda en Ninhursag prototipo de la acadia Aruru.

Nammu puede compararse con la imagen hindú de Ananta, la “interminable”, la gran serpiente del abismo cósmico, sobre cuyos anillos “descansaba” el dios Visnú entre avatar y avatar. La imagen de la Diosa como gran serpiente reaparece en el Budismo Mahayana (la salvación por la fe y la devoción), donde la serpiente Mucalinda sirve de trono a Buda, protegiéndolo de las fuerzas destructivas del universo. Esta imagen es la que subyace en la diosa sumeria Nammu como la gran diosa serpiente del abismo y su hijo Enki, que se convirtió en uno de los tres dioses principales: el dios de la sabiduría.

Visnú durmiendo sobre la serpiente Ananta (“Infinito”). Relieve del 425 d.C.

Visnú durmiendo sobre la serpiente Ananta

Diosa con cabeza de serpiente y su hijo en brazos (c. 4000-3000 a.C. Ur). La serpiente Mucalinda sirve de trono a Buda, protegiéndolo de las fuerzas destructivas del universo

En Khafaje (Irak) se encontró un cuenco de esteatita labrado que muestra a la diosa de las serpientes y a la diosa de la regeneración (c.2700-2500 a.C.) La primera sujeta dos serpientes entre sus manos, como las diosas cretenses, y la segunda sujeta arroyos de aguas en cada mano (la serpiente simboliza el agua). También aparecen leopardos y leones, como en Çatal Hüyük.


Cuenco de esteatita labrado que muestra a la diosa de las serpientes y a la diosa de la regeneración (c. 1700-2500 a.C., Khafaje, Irak)

La otra diosa es Kininhursag, hija de Nammu, o Ninhursag como se la conocerá posteriormente, era la diosa de la vida y la fertilidad. En Acad era llamada Aruru. En su origen fue la gran madre de un pueblo agrícola diestro en la artesanía, que había sido adorada como creadora antes que los dioses. En el 3000 a.C. en El Obeid tiene un templo dedicado. Dos leones de bronce custodiaban su entrada. En los frisos decorativos aparece como un águila con cabeza de león, entre dos ciervos, epifanía de la diosa como descendiente de la diosa de los animales y la diosa pájaro neolíticas.
Ninhursag, en Tell al Ubaid, c. 2400 a.C.

Ki-Ninhursag es la madre de todo ser viviente, además la del propio planeta, de la tierra y del suelo rocoso. Regía el nacimiento de todo, por lo que su emblema o ideograma es la ∩ (la u invertida o herradura) que simboliza el útero, el aprisco o el establo. La comadrona divina de dioses, reyes, mortales y animales. Se ha sugerido que el lugar donde las mujeres se recostaban para dar a luz estaba asociado con el templo. Era la propietaria de todos los alimentos que se administraban y repartían desde el templo. Como dadora de leche se le representaba como la gran vaca, igual que en Egipto, que ofrecía su leche a todo el pueblo.

Diosa madre con su hijo (sellos cilíndricos c. 2300-2000 a.C. que pueden estar representando a Ki-Ninhursag en su papel de gran madre de todo ser viviente.

Friso del templo de El Obeid que muestra los sacerdotes y el ganado de la diosa Inanna junto a la puerta de su templo (c. 3000 a.C.)

El útero de la diosa también era el mundo subterráneo o morada de los muertos, pues no olvidemos que era la gran madre de la vida y la muerte.

http://pladelafont.blogspot.pe/2012/11/inanna-ishtar-la-diosa-mesopotamica.html

viernes, 10 de junio de 2016

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 1 de 3

Inanna-Ishtar: la Diosa mesopotámica 1 de 3

Su corona astada albergaba en el centro un cono que representaba la montaña sagrada, símbolo de las divinidades sumerias, así como el vestido de flecos y franjas. La estrella de ocho puntas del cilindro superior es el planeta Venus, considerado “hija” de la luna. La diosa apoya un pie sobre un león. Lleva un bastón con serpientes entrelazadas, junto con sus alas, símbolos que demuestran que desciende de la Diosa pájaro y de la Diosa serpiente neolíticas.

Inanna como reina del cielo y de la tierra (sello cilíndrico período acadio, c. 2333-2154 a.C.)


Cilindro mesopotámico con la imagen, en el centro de la diosa Inanna-Istar

An-Ki, la “montaña cósmica”, el templo sagrado

Inanna o Istar (llamada así en el norte de Sumeria) es una de las tres grandes diosas de la Edad del Bronce, junto con Isis de Egipto y Cibeles de Anatolia. Inanna es el eslabón que conecta a la Gran Madre del Neolítico con la Eva bíblica (su nombre recuerda al de Ana, la madre de la Virgen), con Sofía y conMaría. Su iconografía conforma las raíces de Sofía -la Hokmá o “Sabiduría” hebrea-, la Gran Madre de los gnósticos e, incluso, de la Sekiná medieval de la cábala judía. Veamos un himno sumerio dedicado a la diosa y veremos como nos recuerda a los himnos de la virgen María:

“¡Digo ‘¡salve!’ a la sagrada que aparece en los cielos!
¡Digo ‘¡salve!’ a la sagrada sacerdotisa del cielo!
¡Digo ‘¡salve!’ a Inanna, gran señora del cielo!”

De la misma manera, la cultura sumeria es la fuente de la que surgirán el “jardín del Edén”, el diluvio universal, la tradición sapiental y el Cantar de los Cantares. En Sumeria se cuenta la historia de que al principio existía Nammu -la diosa de las aguas primordiales- sobre las que se formó (en el mar) unamontaña cósmica que procedía de la unión del dios del cielo, llamado An (Anu en acadio) y de la diosa de la tierra, llamada Ki (es decir, que parió a An-Ki: cielo-tierra). An y Ki trajeron al mundo a Enlil (dios del aire o del aliento) y a Enki (señor de la tierra); el primero separó el cielo de la tierra y se llevó a su madre (Ki) para desposarla. De esta manera Enlil ocupa el lugar de la Diosa como creador y su morada es ahora el templo que antes fue el cuerpo de la Diosa, es decir, la “montaña primordial”. La creación no nace de la madre, ahora es obra de la “palabra” (aliento) que otorga a todas las cosas su ser al nombrarlas.

Imagen del dios Enki, portando sus símbolos característicos el ave, la cabra y las corrientes de agua.

J. Brueghel I y P. P. Rubens, ” El paraíso terrenal y la caída de Adán y Eva”, c. 1615

Enlil y Ki crearon los animales y las plantas. Los hombres fueron creados por Enki para servir a los dioses. Enki, conocido como Ea en las mitologías acadia y babilónica, señor de la tierra, es hermano del dios Enlil, e hijo de An. Su misión será la de crear a los hombres (junto con su esposa Ninmah) e impulsar a otras divinidades para que los creen. Ofrece a los humanos las artes, oficios y medios técnicos para la agricultura. Llamado Ea por los acadios, es el guardián de las leyes divinas y del me -el orden sin el caos, el gran atributo de la civilización el poder de los dioses-. Su ciudad era Eridu. Se le representa a menudo como un ser con cuerpo de pez del que surge una cabeza humana y con pies similares a los humanos.

Sello sumerio con Enlil, Ninmah, Enkí y Isimud (el dios mensjero)

Ki creó con la costilla de Enki una diosa, Nin-ti, que significa mujer de la costilla (Eva). Una mala traducción añadió todo lo demás. Enki creó un lugar donde el hombre podía vivir sin miedo a los animales (serpientes, hienas, escorpiones o leones) un lugar sin terror, pero Enki descubrió un comportamiento inadecuado en los humanos y los expulsó del paraíso (Dilmun).

Ninti, conocida como la madre de todos los vivientes, es la Eva del cristianismo

Enlil encargó el verano (dios Eles) y el invierno (Enten), adjudicándole a uno las cosechas y la agricultura y al otro los animales y el ganado, pero terminaron disputando por ello. Lo mismo que sucedió entre Ashnan (diosa del grano) y Lahar (diosa del ganado) quienes se pelearon después de una borrachera y Enlil y Enki tuvieron que mediar entre ellos. Estos personajes nos recuerdan la historia de Caín y Abel. En la mitología sumeria se habla de un Diluvio Universal, una historia que nos cuenta la historia a que durante 7 días y 7 noches llovió sin parar, comenzando a inundarse la tierra, pero Ziusudra, avisado por el dios Utu, creó un barco donde guardó ejemplares de semillas y animales, pudiendo salvarse de la inundación. Cuando dejó de llover, y apareció el sol, Ziusudra hizo el sacrificio de una oveja al dios Utu.

Los cilindros de estampación nos dan información sobre la cultura sumeria

http://pladelafont.blogspot.pe/2012/11/inanna-ishtar-la-diosa-mesopotamica.html

jueves, 9 de junio de 2016

Los sumerios y la astronomía

Los sumerios y la astronomía
Carlos Anaya

La astronomía está considerada como la ciencia más antigua de todas. Los sumerios, a partir de la observación de su entorno, desarrollaron una visión del universo. Pensaban que la tierra flotaba en el centro de un gran mar llamado Nammu. Nammu era el origen de la creación. De él salieron los peces, las fieras, el cielo y la tierra. Un buen día, cielo y tierra se separaron. Por un lado, el cielo se encarnó en el Dios An, y la tierra en la diosa Ki. Ambos fecundaron un hijo llamado Entil, que fue el responsable de la atmósfera, del viento y de la tormenta.

Todo esto tenía lugar dentro de una gran cúpula de latón. En la base se encontraba el gran mar. En el medio, estaba flotando la tierra, plana por supuesto. En el Este y el Oeste había cadenas montañosas, por detrás de las cuales salían y se ponían el Sol y la Luna. Debajo de la tierra había un submundo donde iban a parar las almas de los muertos, algo así como el infierno.


El estudio del cielo celeste les llevó a pensar que la cúpula de latón no era única. Veían que, al fondo del todo, había una serie de puntitos de luz que no se movían. Pensaron que todas estas estrellas debían estar en una capa muy lejana. En otra más próxima se encontraban una serie de estrellas que se movían con independencia de los elementos ubicados en cúpulas del fondo. Se trataba de los planetas. Los sumerios fueron los primeros en identificar que había “estrellas errantes” que, durante todo el año avanzaban en una dirección pero, durante algún tiempo, deshacían el camino andado y retrocedían (movimiento retrógrado). En cúpulas más cercadas a nosotros estaban el Sol y la Luna.

Un hecho curioso es que, aunque descubrieron cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) no consiguieron identificar que los dos planetas interiores aparecían tanto por la mañana como por la noche. De hecho, pensaron que eran diferentes según el momento en el que apareciesen.
El estudio del movimiento de los cuerpos celestes les ayudó a definir la eclíptica, que es la ruta que sigue el Sol a lo largo del firmamento. Gracias a este movimiento desarrollaron un calendario solar, que se dividía en dos estaciones: verano e invierno. El verano empezaba en el equinoccio de primavera y el invierno en el de otoño. El día de Año Nuevo, uno de los más importantes para esta civilización, tenía lugar en el equinoccio de primavera.


También crearon un calendario lunar. Gracias a él, asignaron 12 meses al año. Y, para ajustar este calendario con el solar, añadían un mes extra cada cuatro años. Prestaron especial atención al estudio de la Luna, llegando incluso a predecir cuándo tendrían lugar los eclipses.

Mucha gente piensa que el origen de las constelaciones a la debemos al pueblo griego. En realidad, fueron los sumerios quienes dividieron la eclíptica en 12 partes, y asignaron un símbolo a cada una de ellas.

Los primeros mapas celestes también corrieron a cargo del pueblo sumerio y bautizaron las estrellas más brillantes del firmamento.

Esta civilización es una de las más antiguas que se conocen y aún así destacaron en aritmética, geometría y álgebra. Desarrollaron tablas de multiplicar, se han descubierto textos en los que se plantean ejercicios geométricos y hasta divisiones. También ellos les debemos la creación del ábaco y las magnitudes. Era tal su dominio de las matemáticas que asignaron 360° a la circunferencia y dividieron el día en 24 horas. Cada hora la dividieron en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos.

Como ves, este pueblo tan avanzado asentó las bases de la cultura clásica. Pueblos como los Babilonios, Egipcios o Griegos tomaron parte de sus conocimientos. Y muchos de ellos han llegado hasta nosotros, 6000 años más tarde.

http://www.astrofacil.com/Historia_Astronomia/Sumerios/Sumerios_2.html

miércoles, 8 de junio de 2016

PRUEBAS PALPABLES DE EXTRATERRESTRES EN LA ANTIGÜEDAD 2 de 2

PRUEBAS PALPABLES DE EXTRATERRESTRES EN LA ANTIGÜEDAD
 2 de 2

Sincelo (Jorge el Monje)

Según transmite Sincelo (Jorge el Monje), Seis dinastías de dioses reinaron durante 11.985 años. De nuevo, Hefesto dios del fuego, Helios o Sol, Agatodemon, Cronos o Saturno, Isis y Osiris y Tifón hermano de Osiris. Los primeros 9 semidioses que cita Sincelo son Horus (hijo de Isis y Osiris), Ares, Anubis, Heracles, Apolo, Amón, Titoes, Sosus, y Zeus, abarcando entre estos 9 semidioses un periodo de unos 2.645 años aproximadamente de reinado en Egipto.

A continuación, siguen sucediéndose dinastías de semidioses, espíritus, o héroes, abarcando entre todos ellos miles de años de reinados en Egipto, en unas cifras similares a las que establece Eusebio. Y todo esto, antes de que empezara a reinar en Egipto el primer faraón según la Historia oficial.
La primera Dinastía Legendaria de Egipto, según Sincelo:



Hay pequeñas diferencias entre las cronologías de Eusebio y Sincelo, pero ambas básicamente son muy similares en la línea y en el concepto esencial. Por ejemplo, Sincelo cataloga a Horus como el primero de los Semidioses, mientras que Eusebio lo nombra como el último de los dioses. Y además hay que tener en cuenta que ambos autores, Eusebio de Cesarea en el siglo IV, y Sincelo en el siglo IX, así como todos los demás, contextualizan siempre en algo los nombres de los Reyes según sus propias épocas, culturas, lenguas, y lugares de procedencia.

Todo el mundo ha concebido por ejemplo a Isis y Osiris como personajes únicamente mitológicos. Sin embargo el historiador Sincelo, por citar a uno cualquiera de ellos, basándose en las informaciones de Manetón, da fé de la existencia de este matrimonio de dioses, y establece que reinaron durante 433 años.

Si todos estos reyes hubieran sido figuras inventadas, probablemente no se hubieran hecho constar la duración de sus reinados en cifras tan exactas, sino que simplemente se habrían presentado esos períodos como espacios de tiempo indefinido. Llama la atención entonces por qué había tanta precisión en los cómputos de la duración de los reinados, como si hubieran sido acontecimientos completamente reales.

Gigantes e Híbridos

En cuanto al aspecto físico de los seres referidos en las antiguas cronologías, según refieren los escritos, se sabe que los Semidioses, héroes, etc., descendientes de los dioses, eran físicamente mucho más altos, voluminosos y fuertes que los seres humanos. Por eso se les llamaba también a menudo como “Gigantes”. A este respecto se han encontrado multitud de momias y esqueletos de individuos, repartidos por toda la Tierra, que vivieron en la antigüedad, que superaban los 2 metros e incluso los 3 metros de altura. Generalmente solían tener el pelo rubio y ojos claros. Por ejemplo, a través de las distintas fuentes de Manetón se habla del Monarca Sesocris, de quien se dice que su estatura era de 5 codos y 3 palmos (unos 3 metros).

1.- Estatua femenina de diosa con cabeza de reptil, procedente de Ur.
2.- Dios demonio con cabeza de chivo o carnero procedente del Valle de los Reyes. Egipto. (Museo Británico).
3.- Un dios alado con cabeza de águila procedente del Templo de Ninurta.

Seres transformados como híbridos, mitad animales mitad humanos, imágenes representadas constantemente en la antigüedad, consideradas hoy en día como mitología. Pero una mitología que sin embargo para los antiguos era una religión muy real. Los dioses, seres reales que eran ángeles caídos o demonios, aquellos que se rebelaron en el Cielo, y que según la Biblia, descendieron a habitar en la Tierra, podían materializarse y desmaterializarse a voluntad, y adoptar cualquier aspecto físico, por ejemplo, un híbrido de animal con humano….

Otras fuentes

* Por su parte, Julio Africano vuelve a referirse a los dioses, los semidioses, héroes y “espíritus”. Detalla que después del Diluvio, la primera casa real egipcia tuvo 8 reyes, el primero de los cuales fue Menes de Tis, que reinó durante 62 años. Fue arrollado por un hipopótamo (Eusebio precisa que era un dios en forma de hipopótamo) y pereció.

* Otros escritos antiguos recogen fragmentos procedentes de Manetón, como las selecciones latinas de Bárbaro, un autor que se cree que dependió de Julio Africano, y que podría identificarse con el Monje Aniano. Presenta pequeñas diferencias cronológicas habituales, pero igualmente se explaya en desarrollar largas genealogías de dinastías divinas y semidivinas.

Y otro fragmento del sacerdote egipcio de Heliópolis se recoge en la Crónica de Malalas, en torno al 500 d. C., en el que se explica que “el primer Rey de Egipto pertenecía a la tribu de Cam, el hijo de Noé, llamado también Naracó, pero anteriormente a éste, existieron otros antiguos reinos de Egipto, ya señalados por el sapientísimo Manetón”.

* No podemos olvidar tampoco el importante testimonio de Diodoro de Sicilia, un famoso historiador griego del siglo I a. C., que empleó 30 años en escribir una Historia Universal, para lo cual visitó todos los lugares y monumentos que mencionó. En Egipto fue ilustrado por los sacerdotes y eruditos egipcios de aquella época, y no dudó en escribir que los primeros monarcas del país del Nilo reinaban desde hacía 23.000 años. Otra vez asomaban dioses y semidioses en la cronología de Egipto, en un tiempo en el que todavía no reinaban los seres humanos.

* Hay muchos otros testimonios extraordinarios de seres extraterrestres en la Tierra, como por ejemplo las figuras pintadas en Tassili, reproduciendo lo que parecen seres y naves de fuera de la Tierra, raptando a mujeres, y en otras actitudes.

Pero además de estos valiosos escritos, existen otras fuentes, como por ejemplo las que recoge en su libro “En busca de la Edad de Oro” el investigador Javier Sierra, de la mano de Robert Bauval:

“Robert Bauval me remitió a otros documentos egipcios mucho más antiguos que los escritos de Manetón, para ayudarme a centrar el problema. Esos documentos son los ya célebres Textos de las Pirámides, hallados en monumentos de ese tipo de la V y VI dinastías, o en los menos conocidos Textos de la Construcción*, esculpidos a lo largo de los muros de los templos de Edfu y Dendera. En ellos, según Bauval, se encierra la pieza clave para entender quiénes fueron los verdaderos fundadores de Egipto”.

[* Textos de la Construcción: En el Templo de Edfu están grabados los Textos de la Construcción. En éstos se habla de unos constructores conocidos con el nombre de los Siete Sabios, procedentes de una isla arrasada por las aguas. Estos sabios fundaron una hermandad secreta (Shemsu-Hor), con el objetivo de preservar, generación tras generación, algunos de los conocimientos matemáticos y astronómicos más relevantes].

Por último, también tenemos La Biblia o Sagradas Escrituras como documento histórico que habla también de unos dioses que bajaron a la Tierra y de sus descendientes gigantes, llamados también “héroes de renombre”. También la Biblia relata acerca de una longevidad primitiva, sobre todo en la época antediluviana. En su primer libro, Génesis, se revela por ejemplo que Noé vivió 950 años. Enós vivió 905 años. Cainán vivió 910 años. Mahalaleel vivió 895 años, y así un largo etcétera.

¿Años convertidos en Meses?

Algunos autores ortodoxos han intentado explicar por qué los historiadores egipcios y los documentos encontrados hablaban de unos reyes antiguos tan longevos y de la existencia de unos seres considerados como dioses y semidioses. Según esta visión, los años en realidad serían meses, y todo lo referido a los dioses debía considerarse como simple mitología. Esa sería la única manera en la que podría explicarse el enigma de las “Cronologías Imposibles”. Pero este tipo de cómputo por meses no cuadra, porque entonces surgirían varios interrogantes:

1.- Si todos los historiadores y documentos antiguos, (piedras, estelas, papiros, etc…) a partir de la primera dinastía oficial de Menes, y siguiendo con las dinastías del Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo, contabilizan siempre los años como años y nunca como meses, ¿Por qué hay que considerar que los años se convierten en meses desde Menes hacia atrás en el tiempo?

2.- Dado el dominio magistral de las ciencias y los avanzados conocimientos celestes y astronómicos (en la antigüedad astronomía y astrología eran lo mismo) que tenían los egipcios, ¿cómo podrían confundir, o interpretar, un ciclo anual celeste con todas sus características, estaciones del año, paso de las constelaciones, solsticios, etc…, con un ciclo mensual?

Para cualquier astrólogo y astrónomo de hoy en día, esa explicación sería un disparate absolutamente espectacular. Se nos hace del todo imposible imaginar que los eruditos de Egipto pudiesen cometer semejante equivocación, antes al contrario, acusar de tal proceder viene a ser poco menos que un insulto para los conocimientos de los moradores de las riberas del río Nilo. La conclusión, evidente, es que un ciclo astronómico anual para los egipcios siempre fue de 1 año natural y nunca de 1 mes.

El mismo cómputo del tiempo sirvió para medir los reinados de los faraones humanos y el de los Reyes Dioses. Precisamente el movimiento y la vida de la bóveda celeste constituían para los egipcios la base de su religión, a la que confiaban sus almas, y respetar dichos ciclos cronológicos y celestes era algo absolutamente sagrado e imprescindible.

3.- La Historia y Ciencia oficiales han intentado interpretar los años como meses porque no les cuadran las cuentas. Se han inventado un cómputo de tiempo hecho a nuestra medida, a la de los seres humanos en la actualidad. Pero la contabilidad cronológica egipcia o babilónica iba por otro camino. Hemos visto ya, por ejemplo cuando hemos citado el Papiro de Turín, que los reinados de los Reyes se medía minuciosamente en años, meses y hasta en días. Luego entonces no hay justificación ninguna como para poder interpretar o confundir los años con los meses, ni los meses con los días.

¿Quiénes eran Los Akhu?

Algunas de las familias de Semidioses que reinaron en Egipto son denominadas “Akhu” o Espíritus. Akhu deriva de la raíz Akh, que significa luz, fulgor o brillo. Se puede traducir como espíritu transformado, espíritu luminoso, ser desarrollado o evolucionado, ser transfigurado, ser sobrenatural, etc… El Akhu tenía la cualidad de que podía dar a su ser cualquier forma que deseara. Un ser o espíritu se transfiguraba para intervenir en el mundo físico de la Tierra.

El Akhu se representaba como “un pájaro”, pero ante las personas se aparecía como si fuera un fantasma. Eran seres que podían intervenir tanto en el plano físico como en el plano invisible.

Cronologías imposibles en todo el mundo

Pero no sólo fueron los egipcios o babilonios, también los persas, hindúes, griegos, etc…, todos los pueblos antiguos tenían tradiciones de la gran longevidad de los primeros habitantes de la Tierra. ¿Todos los registros del mundo hablaban de dioses porque sí, y tenían los mismos errores de computación del tiempo, referenciando a unos reyes tan longevos? ¿De dónde podrían venir tales tradiciones sino del hecho mismo de que esos dioses existieron realmente, y que los habitantes de aquella época remota antediluviana vivían ciertamente muy largo tiempo?

¿Todo lo presentado aquí es simplemente la fabulación mitológica de los antiguos? Desde luego que no. Porque si por el contrario optamos por aceptar la versión de la ciencia oficial actual, entonces sí que tenemos que prepararnos para encontrar una explicación mucho más fantasiosa y manipulada, a la vez que contradictoria.

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