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lunes, 16 de noviembre de 2020

PRIMEROS JAPONESES MASONES EN EL PERÚ- PARTE I

Academia de Docencia y Altos Estudios Masónicos
Valle de Lima, Oriente Peruano

PRIMEROS JAPONESES MASONES EN EL PERÚ- PARTE I

Como consecuencia de las profundas reformas emprendidas por el Emperador de Japón, Mutsuhito Meiji (1868-1912) que cambiaron la estructura económica, política y social del Japón, a la que se sumó el alto índice de población desempleada, llevó al gobierno a incentivar la migración con la finalidad de que las remesas dinerarias, se suponía, servirían para mejorar las condiciones de vida de los familiares que se quedaban en el país. Uno de estos primeros barcos que partió de Japón con este fin, fue el “Sakura Maru” - “Flor de Cerezo” con 790 pioneros con rumbo a Perú. Es en uno de estos barcos que una persona llamada Ishitaro Morimoto resalta en este grupo.


El ideal japonés era prosperar en el país que lo acogía. Y en realidad así fue, pues, al concluir sus contratos laborales, la mayoría, se estableció en el país; algunos se quedaron en el campo como yanaconas o abren pequeños negocios comerciales que abastecían a los poblados cercanos y a la misma gran propiedad agrícola. Otros, los más, migran a la capital en busca de un horizonte más próspero para sus familias, trabajando como vendedores ambulantes o al servicio de familias o desarrollando los oficios que conocían, estableciendo pequeñas y modestas peluquerías, talleres de relojería y de fotografía y cualquier otro negocio que requería de un modesto capital y de una inmenso esfuerzo personal, del trabajo que crea riqueza y progreso. 


Volviendo al inmigrante Ishitaro Morimoto, quien ya tenía estudios de Derecho, hasta el cuarto año, en Japón, para luego viajar, en 1895, a los 23 años, primero a San Francisco, EEUU, donde trabaja en el periódico “Nichebei”, regresando al Japón para contraer matrimonio con Yuki Shiotami.

Junto a su esposa arriba al Perú, en noviembre de 1904, contratado por una empresa exportadora.

Se tiene noticias de su apellido después de muchos años, en la sección “Directorio Comercial de Lima” para 1928 -1929 una razón social I. Morimoto & Cía. casa establecida en 1904, dedicada a la importación de géneros y telas, porcelanas, juguetes, perfumería, loza, objetos de fantasía para regalos, muebles de mimbre y artículos japoneses en general, los que comercializa en un amplio local de la calle de Baquíjano N° 748, con teléfono N° 1923 y almacen en la calle Belaochaga N° 550 – Teléfono N° 2650 -, en el cercado de Lima.

El manejo ordenado y eficiente de su negocio le lleva a cierta expectante prosperidad que le permite llegar a ser propietario de importantes extensiones de tierras en distintos lugares del Perú, las que posteriormente dona a diferentes organizaciones sociales. Una de las más importantes que mencionar son las 2,000 hectáreas que donó al Club Juvenil Agrícola, para el fomento de la agricultura, en la ciudad de Tingo María.

Funda, en 1917, la Sociedad Central Japonesa de la cual es su primer presidente, y reelegido varias veces. En Colaboración con esta institución logra inaugurar, el 18 de noviembre de 1920, la primera escuela primaria japonesa en Lima con el auspicio del gobierno del Japón.

Con motivo del Centenario de nuestra independencia, la colonia japonesa, en testimonio a la amistad y simpatía por el país que los acoge, decide obsequiar un monumento conmemorativo. Como presidente de la Sociedad Central Japonesa, asume la Presidencia de la Comisión Pro Monumento.


Es en estos años, que tiene referencias de una institución filantrópica y espiritual y le permite poner en evidencia esa latente perfección; que muchos como él se encuentran, permanentemente, en busca de la Verdad, de la Verdadera Luz .Y decide, de su propia y libre voluntad, presentarse a ella.

Es así que su nombre aparece en la Logia PARTENON N° 4, donde se menciona que se llevó a cabo una ceremonia de iniciación masónica un 30 de enero de 1925. Se convierte así en el primer inmigrante japonés “iniciado en los Misterios y Privilegios de la Antigua Francmasonería.”

Pasa al segundo grado el 19 de junio del mismo año, y un año después, el 2 de julio de 1926, es elevado al grado de maestro masón cuyo diploma tiene el N° 2063 del Rol de la Gran Logia del Perú.

Paralelamente, la Comisión Pro Monumento presidida por él, después de sortear innumerables inconvenientes, logra culminar su proyecto y al ver la imponente estatua, fundida en bronce ,de seis metros de alto de nuestro primer Inca, nuestro hermano, exclamó emocionado: “Por fin lo tenemos”. Dicho monumento se erigió en la avenida Grau, siendo entregado en imponente ceremonia el 14 de abril de 1926 por el Excelentísimo Ministro del Imperio, señor Heichi Yamasaki e inaugurado, descorriendo el velo de la placa conmemorativa, el Presidente de la República el señor y masón Augusto B. Leguía Salcedo.


En un pasaje de su alocución de inauguración y al hacer un paralelo entre el Emperador Inca levantado en bronce y la figura del entonces Emperador del Japón y el progreso de sus pueblos, el hermano Leguía expresa:

“Evocando la gloriosa figura del creador de Cuzco, asociando, íntimamente, la labor realizada de Manco Cápac y Mutusuhito se ha demostrado que cuando se conduce con liderazgo y gran habilidad a un pueblo, más tarde ellos se convierten en imperios, tal como el del Tahuantinsuyo o con lo sucedido, contemporáneamente, con el poderoso imperio del Japón, un milagro desconcertante de la historia”.

Actualmente el monumento se encuentra en el Distrito de La Victoria, en la Plaza que lleva su nombre.


Mientras tanto, las consecuencias de la primera guerra mundial incubaba la tragedia de una segunda gran guerra con la formación de regímenes fascistas. El 1º de setiembre de 1939, Alemania invade Polonia y dos días después Inglaterra y Francia le declaran la guerra iniciándose una brutal e irracional matanza agravada cuando, el 17 de setiembre del mismo año, la Unión Soviética, desde su frontera, la invade, también. Se había establecido el horror.

América Latina se alinea con los Principios Democráticos y al entrar a la guerra los Estados Unidos como consecuencia del ataque de Japón, el 7 de diciembre de 1941, a Pearl Harbor, el gobierno peruano toma medidas concretas contra los ciudadanos del Eje, sus propiedades e instituciones.

Se procede a inmovilizar cuentas bancarias, confiscar propiedades, la clausura de centros educativos y sociales, el cierre de diarios y la prohibición de reuniones y viajes. Como consecuencia del pedido americano de ubicar “elementos peligrosos” se comienzan a confeccionar las llamadas “listas Negras” elaboradas abusiva, irreflexiva e irregularmente, y en las referidas a los ciudadanos japoneses se incluían no sólo a hombres de negocios y dirigentes de la comunidad sino, también, a personas de escasos recursos económicos y familias enteras, incluidos recién nacidos para ser deportados a los campos de concentración en los Estados Unidos.

De esta manera, 1771 ciudadanos, entre japoneses y nikkei, fueron deportados; otros, al empezar el conflicto, se fueron del país, algunos se escondieron al interior, en pueblos alejados; muchos vendieron o traspasaron sus negocios para “invisibilizarse”, y cada cual, estoicamente, soportó estos amargos momentos con el miedo que construye valor para superarlo.

En una de esas infames listas aparecía el nombre de Ishitaro Morimoto y fue deportado.

Al finalizar la guerra algunos se quedaron en los Estados Unidos, otros regresaron al Japón o emigraron a otros países mientras que otros tantos emprendieron el retorno a Perú para reencontrarse con su quebrado pasado y con el suelo que con trabajo creador habían aprendido a querer.

Esta última fue la decisión de Ishitaro y aquí fue reuniendo y reconstruyendo su entorno con el talento y la energía que le eran inherentes, y sobre él levantar, edificar, una vez más, sus esperanzas e ilusiones.

La fraternidad que interpretó y cultivó con admirable generosidad le lleva otra vez más a impulsar la creación de una entidad en la que se cultiven los tradicionales lazos de amistad entre sus coterráneos a través del deporte, es así que el 6 de agosto de 1952 se crea la Comisión Pro Estadio La Unión, la cual efectuó las debidas gestiones para que se constituya en la Asociación Estadio La Unión S. A., en 1953, cuya primera directiva la preside.

Su elevado sentimiento y espíritu de solidaridad, le permite, espontánea y naturalmente, ejercer su carácter generoso donando, en 1954, a la Asociación de Repartidores de Diarios “Canillitas” un terreno en el distrito del Agustino, con la finalidad de que allí se construya una escuela vocacional. Acto fraterno que no puede ser sino una manifestación del amor que se siente y se realiza interiormente.

En 1955 al inaugurase la cancha reglamentaria de Fútbol expresó: “El campo deportivo la Unión (…) ha de servir no sólo de escenario de superación del atleta y del deportista sino que ha de constituir un templo cívico en que se hará realidad el lema mente sana en cuerpo sano”.

Habiendo impreso de manera indeleble en su corazón los preceptos sagrados de la Verdad, del Honor y de la Virtud, fallece en Lima un día de 1959. En la actualidad es considerado el primer "nikkei" iniciado en tierras peruanas, pues no hay evidencias que afirmen otra cosa.

No trabajó en vano. Con las herramientas que recibió construyó su perfeccionamiento individual y a través de este levantó una obra social compuesta de solidaridad, aquella en la que la acción de uno depende de la de otro, estableciendo una relación que los une. Unidad que es reflejo de la que existen en nuestros Talleres cuyo Templo, en el que nos reunimos, es símbolo de fortaleza, perpetuidad y perfección.

Artículo basado en el Boletín "Maestros" escrito por Respetable Hermano Francisco Sialer García, Director del Instituto Histórico "Jorge Basadre" de la Gran Logia del Perú.

Boletín original solicitarlo AQUÍ (Asunto: NIKKEI)

Tomado de:
https://www.adaem.edu.pe/single-post/2018/03/28/primeros-japoneses-masones-en-el-per%C3%BA-parte-i