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viernes, 23 de junio de 2017

EL REY SALOMÓN

EL REY SALOMÓN
Alquimista, Mago E Iniciado

En su artículo La geometría secreta del Templo de Salomón, Manuel Figueroa nos dice acerca del rey que mando erigir el colosal Templo de Jerusalén: "El interés por el conocimiento de la forma o la estructura del templo es, en realidad, el interés por el conocimiento hermético de Salomón que personifica la sabiduría de la Tradición de todas las edades. De acuerdo con el Talmud -recopilación de la tradición oral judía y base de la religión judía ortodoxa-, Salomón era experto en Cábala. 

También tenía profundos conocimientos de Alquimia y Necromancia y era capaz de controlar demonios elementales, obteniendo de ellos buena parte de su sabiduría. En su Clavículas Salomonis o Claves del Rey Salomón trabajo en el que presumiblemente se exponen los secretos mágicos obtenidos por Salomón y empleados por él en la conjuración de espíritus- se arroja luz sobre los rituales iniciáticos masónicos.

McGregor-Mathers, fundador de la Golden Dawn, reconoce la posibilidad de que se tratara de un mago en el más amplio sentido de la palabra. Hipótesis que basa en las afirmaciones del historiador judío Flavio Josefo, quien hizo especial mención a los trabajos mágicos y dotes sobrenaturales de este rey.

Todo lo cual se encuentra asimismo reflejado en muchas tradiciones orientales que subrayan, entre otras muchas, las facultades mágicas de Salomón, como se indica frecuentemente, por ejemplo, en Las mil y una noches. Pero este misterio monarca encierra aún más sorpresas. Así por ejemplo, los alquimistas medievales estaban convencidos de que conocía los procesos secretos de Hermes Trismegisto y que, gracias a ellos, llegó no sólo a multiplicar los metales, sino también a fabricar la piedra filosofal. 

Y se dice también que Salomón sabía cómo controlar la "esencia incorpórea del espíritu universal", conocimiento que lo habría asistido en la construcción del Templo. Por otro lado, y de acuerdo con los antiguos rabinos, Salomón habría sido, paralelamente, un iniciado de las escuelas mistéricas, siendo su templo un lugar de iniciación que. 

Tanto las gradas como los pilares situados a ambos lados del pórtico, los querubines babilónicos y todo el arreglo de las alcobas indican, de hecho, que el templo habría sido erigido de acuerdo a patrones tomados de Egipto. Michel Lamy nos recuerda en La otra historia de los templarios que Salomón hizo también erigir unos santuarios para unas "divinidades extranjeras". Consagró en particular unos templos a Astarté, "la abominación de los sidonios" y a Milkom, "el horror de los amonitas".

Según el canon místico, siempre han existido sobre la Tierra una serie de hombres santos que han accedido al trato íntimo con la deidad. De ellos, el que alcanza la posición más alta entre sus contemporáneos es el "polo" de su época, siendo los demás intermediarios. El "polo" es un individuo misterioso que, desconocido y nada conspicuo, se mezcla con la humanidad. Como un atractor extraño alrededor del cual todo converge, en él se encarna el significado y el espíritu de una época. ¿Pudo ser Salomón el "polo" del judaísmo?

El templo de Salomón y su enigmático arquitecto

En el seno de la primera monarquía terrestre se elevó el primer templo a Dios. La Biblia recoge claramente las tradiciones según las cuales fue el propio Yahvé -al que identificaban como Dios- quien, en última instancia, ordenaba cuándo, quién y cómo se había de construir el Templo. Así, en el Libro Primero de las Crónicas, el rey David declaraba: "Oídme, hermanos míos y pueblo mío: había decidido en mi corazón edificar una casa donde descansase el Arca de la Alianza de Yahvé y sirviese de escabel de los pies de nuestro Dios. 

Ya había hecho yo preparativos para la construcción, pero Dios me dijo: "No edificarás tú la Casa a mi nombre, pues eres hombre de guerra y has derramado sangre".Para esta misión, de entre todos los hijos de David Dios elegiría a Salomón: "Y Él me dijo: "Tu hijo Salomón edificará mi Casa y mis atrios, porque le he escogido a él por hijo mío y yo seré para él padre".

Y así fue. Cuando Salomón quiso alzar el templo, pidió ayuda al rey de Tiro, Hiram, ya que tal edificación requería un arquitecto experimentado en las técnicas y conocedor de la doctrina secreta de los números y de las formas. De ahí que el monarca enviara a Hiram-Abiff el fundidor, para que se hiciera cargo de la sagrada obra. Pero como en todos los hechos acaecidos en épocas remotas, en los que no se sabe muy bien donde termina la historia y donde comienza la leyenda, las circunstancias iniciales no están nada claras. 

Michel Lamy, en su obra La otra historia de los templarios nos dice que "fue sin duda edificado hacia el año 960 a.C., al menos en su forma primitiva. Salomón, que deseaba construir un templo para mayor gloria de Dios, había establecido unos acuerdos con el rey fenicio, que se había comprometido a proporcionarle madera (de cedro y de ciprés). Éste le enviaría también trabajadores especializados: canteros y carpinteros reclutados en Guebal, donde los propios egipcios tenían por costumbre reclutar a su mano de obra cualificada. El templo se elevó en el monte Moriah y su construcción tardó siete años. Fue uno de los edificios más sagrados que jamás hayan existido en la Tierra. 

La geometría secreta con la que fue erigido por Hiram había sido heredada por el propio arquitecto, cuyo probable origen es develado por Heckethorne en su libro Las sociedades secretas de todos los tiempos y países. Según Heckethorne, Hiram habría sido descendiente directo de la línea de Caín, lo cual podría explicar la creencia de que el templo había sido realizado por demonios -o elementales- sobre los que tanto Hiram como el propio Salomón ejercían cierto control. Pero ocurrió que la esposa del rey Salomón se enamoró de Hiram, el arquitecto del templo, éste cayó en desgracia ante los ojos del rey y, finalmente, murió asesinado. 

Esto no quiere decir que el rey tenga algo que ver con tal asesinato. Sin embargo, antes de morir dijo Hiram que tendría muchos descendientes que completarían su trabajo, es decir, que construirían otros templos. Y, en este sentido, son muchos los estudiosos que están convencidos de que esos descendientes fueron los templarios, ya que ellos mismos se consideraban los arquitectos y custodios de la "fórmula secreta". De cualquier forma es esta una cuestión muy confusa también, pues dice Michel Lamy al respecto: "El arquitecto Hiram, según la leyenda, murió a manos de unos compañeros celosos a quienes había negado la divulgación de determinados secretos. 

Como consecuencia de la desaparición de Hiram, Salomón envió a nueve maestros en su busca. Nueve maestros, como los nueve primeros templarios, en busca del arquitecto de los secretos". En aquella época se creía que el Templo de Jerusalén unía el Cielo y la Tierra y que los ritos que allí se desarrollaban reforzaban está asociación; por tanto, cualquier desviación en el servicio del templo podía tener consecuencias catastróficas. 

El Templo de Salomón, construido en el siglo X a.C., se convirtió así en algo esencial no sólo para la imaginería religiosa judía, sino también para el simbolismo cristiano en siglos venideros. En el 587-586 a.C. fue arrasado hasta los cimientos por Nabucodonosor. Restaurado alrededor del 500 a.C. por Zorobabel, fue nuevamente destruido, para ser reconstruido una vez más por Herodes "El Grande", no mucho antes del nacimiento de Jesús. El tercer templo fue abatido finalmente por los romanos en el año 70 d.C., ocupando en la actualidad su antiguo lugar la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada del Templo.

Dice Michel Lamy sobre las reliquias que se custodiaban en el Templo: "Si bien la mayor parte de los objetos sagrados habían desaparecido en el momento de las diversas destrucciones, y principalmente durante el saqueo de Jerusalén por Tito, hubo uno que, aún habiéndose volatilizado, no parecía haber sido sacado de allí. 

Ahora bien, había sido para albergar dicho objeto por lo que Salomón hizo construir el Templo: el Arca de la Alianza que guardaba las Tablas de la Ley. Una tradición rabínica citada por Rabbí Mannaseh ben Israel (1604-1657) explica que Salomón habría hecho construir un escondrijo debajo del propio Templo, a fin de poner a buen recaudo el Arca en caso de peligro"... Y continúa explicando: "No parece que el Arca hubiera sido robada con ocasión de alguno de los diferentes saqueos o por lo menos, de ser cierto, fue recuperada, según los textos. 

Su desaparición por medio de un robo habría dejado numerosos rastros, tanto en los textos como en la tradición oral. Louis Charpentier nos recuerda a este respecto: "Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén, no se hace ninguna mención al Arca entre el botín. Hizo quemar el Templo en 587 a.C.". A Charpentier no le cabe ninguna duda acerca de ello: el Arca permaneció en su sitio, oculta bajo el Templo, y los templarios la descubrieron. Esta es una cuestión en la que entraremos en profundidad cuando tratemos los pormenores de la creación de la Orden del Templo.

El código secreto indescifrable

Según ha escrito Jonathan Smith, recordando antiguas creencias, "la Piedra de la Fundación, como en las construcciones mesopotámicas, es el centro exacto del Cosmos, el eje o polo, y fue sobre esta Piedra donde estuvo Yahvé cuando creó el mundo; de esta Piedra surgió por primera vez la Luz (se entiende que esta luz iluminaba el templo, que fue construido sobre la Piedra y cuyas ventanas estaban diseñadas para dejar salir la luz y no para permitir su entrada); de la superficie de esta Piedra se obtuvo, rascando, polvo para crear a Adán; bajo esta Piedra está enterrado Adán; en esta Piedra ofreció Adán el primer sacrificio; sobre esta Piedra Caín y Abel ofrecieron su fatal sacrificio; de esta Piedra vinieron las aguas del diluvio y bajo esta Piedra recedieron". Se creía, en efecto, que bajo la roca fluían las aguas subterráneas, fuerzas del caos que no cesaban de amenazar con engullir el mundo ordenado. La función del Templo era, supuestamente, mantener a raya a aquellas fuerzas. Han sido muchos los exegetas que han tratado de reconstruir teóricamente la estructura del Templo. 

Es el caso del franciscano normando Nicolás de Lyre o el filósofo François Vatable. Incluso el mismo Isaac Newton, subyugado por la magia de la visión de Ezequiel donde se apuntaban las medidas del Templo de Jerusalén, hizo alarde de erudición como teólogo, filósofo, físico y matemático exponiendo sus resultados en Solomon´s Temple. Su intención, dado el carácter simbólico del templo, era conocer su forma para averiguar su significado. Pero ni siquiera un gigante del pensamiento como él, artífice de la Física clásica y de la mecánica celeste, pudo descifrar el mensaje mistérico subyacente en esa misteriosa forma arquitectónica.

Y es que la sabiduría que el rey Salomón plasmó en la construcción del Templo parece estar más allá de las mediciones y los cálculos matemáticos. Los que más se han acercado a esa fuente que inspiró a Salomón son los masones, cuyos rituales dejan entrever un conocimiento esotérico milenario comparable al que configuró el Templo. Como ilustración de esta herencia espiritual, tenemos los pilares de la masonería, las columnas J y B; columnas de sabiduría y rigor del cabalístico Árbol de la Vida-, que corresponden a los pilares del mismo nombre que sostenían al pórtico del Templo de Salomón y que Hiram-Abiff había hecho forjar en bronce.

Simbología de un edificio mistérico

En su tiempo, Salomón fue la personificación de la sabiduría universal, siendo su Templo la "Casa de la Luz Eterna", nombre que algunos exegetas han querido ver en el propio rey: "Sol-om-on". De acuerdo con las enseñanzas mistéricas, hay tres templos de Salomón. El primero es la "Gran Casa del Universo", en medio de la cual se asienta el Sol, rodeado de sus compañeros artesanos: los doce signos del Zodíaco. Tres luces -la estelar, la solar y la lunar- iluminan este templo cósmico. Acompañado de sus planetas, lunas o asteroides, este Rey Divino se pasea con pompa por las avenidas del espacio.

Según esta interpretación, Hiram representaría la luz física activa del Sol, mientras que Salomón simbolizaría su refulgencia intelectual y espiritual, invisible pero todopoderosa. El segundo templo simbólico es la "Mansión" o "Catedral del Alma", una estructura invisible cuya comprensión corresponde única y exclusivamente a un arcano masónico supremo. El misterio de este edificio intangible está encerrado tras la alegoría del "Soma Psychon" o "traje de boda", como lo describió San Pablo, las "Vestiduras de Gloria" del gran sacerdote de Israel o la "Túnica Amarilla" de los monjes budistas. 

Según esta última interpretación, el alma, creada a partir de una sustancia ígnea invisible, un metal áureo llameante, habría sido introducida por el maestro masón Hiram-Abiff en el molde de barro (el cuerpo físico), conformando el denominado "Mar Fundido". Así, el Templo del alma humana habría sido construido por tres maestros masones que personifican la sabiduría, el amor y el servicio, y sólo cuando esta operación se realiza de acuerdo con la Ley de la Vida, el espíritu de Dios mora en este lugar sagrado. El templo del alma así concebido es la verdadera "Casa Eterna" y sólo quien es capaz de erigirlo de esta manera está considerado como un verdadero maestro masón.Estas características las reunía en su persona el rey Salomón.

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jueves, 22 de junio de 2017

LA HISTORIA OCULTA DE LA MASONERÍA

LA HISTORIA OCULTA DE LA MASONERÍA
Francisco Montejo

Para los historiadores, la masonería nació en 1717 gracias a los pastores protestantes ingleses James Anderson y J. T. Desaguliers, pero es lógico que sus ritos y creencias estuvieran inspiradas en creencias muy anteriores cuyos orígenes siguen en disputa ¿Proceden acaso de los Antiguos Misterios Paganos, del templo del Rey Salomón, de los Templarios o de los Masones Operativos de la Edad Media?

En el Museo Británico se conservan dos de los documentos masónicos más antiguos que se conocen. Parecen remontarse a 1390 y 1450 respectivamente. El primero recibe el nombre de Manuscrito Regius, y el segundo es llamado Manuscrito Matthew Cooke. Tiene dos partes, conocidas como «la Historia» y «los Cargos Antiguos», que formaban parte de las Regulaciones generales masónicas compiladas en 1720, y que James Anderson utilizó también como material de referencia en sus Constituciones tres años antes. En el mejor de los casos, entonces, las primeras menciones masónicas datan del siglo XIV. ¿Es esa la antigüedad de la poderosa sociedad o existe un origen anterior, mítico y misterioso? 

El ocultista pionero Eliphas Levi nos recuerda una leyenda masónica que relaciona los orígenes de esta institución con un manuscrito del siglo VIII sobre la construcción del templo de Salomón y su arquitecto Hiram Abiff. 

El mítico templo era un auténtico tratado de geometría que reproducía en sus estructuras simbólicas los diferentes planos o niveles del cosmos. Su verdadera importancia es más bien alegórica. Así, esta construcción no sería más que una reproducción de la bóveda celeste donde el Sol es el rey y el altar apuntaría a la constelación de Aries. Algo que queda patente en la Epístola a los hebreos (9,24) cuando dice que «no entró Cristo en un santuario hecho por la mano del hombre, imagen del verdadero, sino en el cielo mismo».

Aún hoy, la decoración de las logias masónicas representa en su techo la bóveda celeste y, a su alrededor están los signos del zodiaco. La Biblia dice que para la construcción del templo de Jerusalén fueron necesarios 153.300 trabajadores, divididos jerárquicamente en tres grados: 70.000 aprendices, 80.000 oficiales o compañeros y 3.300 maestros. Asegura la leyenda que se reconocían entre sí por medio de palabras secretas, señales y toques, diferentes para cada categoría. Según la tradición masónica, Hiram completó la construcción del templo en siete años y, después, fue asesinado a golpes. «Cuando la construcción del templo de Salomón llegaba a su fin –explica a AÑO/CERO el erudito masónico Mario Pérez Ruiz–, tres compañeros desearon conocer los secretos de los maestros y así disfrutar de ese grado y al no conocer la palabra secreta asesinaron a golpes a Hiram Abiff». 

Los asesinos enterraron el cadáver lejos de Jerusalén y Salomón ordenó que nueve maestros lo buscaran… Y lo hallaron. Para reconocer el lugar donde fue sepultado plantaron allí una rama de acacia. 

El relato de la muerte de Hiram guarda relación simbólica con Osiris. El arquitecto del templo de los judíos fue asesinado en la puerta occidental del templo, que es donde se pone el Sol. En la mitología egipcia los Salones del Amenti, regidos por el dios de la muerte y la reencarnación, están situados, también, en Occidente. Osiris se levanta de entre los muertos en el norte, que en la mitología egipcia está regida por Leo. Hiram Abiff es levantado de entre los muertos mediante un estrechamiento de manos masónico denominado la presa del león. Y, finalmente, tanto en los misterios masónicos como en los egipcios el «dios» que ha resucitado es enterrado en una colina y señalizado con un árbol. 

La entrada al templo de Salomón estaba flanqueada por dos columnas conocidas con los nombres de Jachim y Boaz, a la guisa de los obeliscos que hacían lo propio en los templos egipcios. Las inscripciones que se hallan, por ejemplo, en el obelisco egipcio situado en el Central Park de Nueva York, mostrarían símbolos masónicos de tiempos de Tutmosis III. Lawrence Gardner asegura que Hiram Abiff retomó la costumbre egipcia de situar pilares a la entrada de los templos cuando situó Jachin y Boaz en el Templo de Salomón. Su interior era hueco y estaba pensado así para salvaguardar los archivos y los textos de las normas de los constructores. 

Para los historiadores masónicos no es coincidencia: «Toda luz viene de Oriente; toda iniciación de Egipto», dejó escrito Cagliostro, fundador del Rito de la masonería egipcia. Hoy, el recuerdo de la luz de Egipto sigue fascinando a muchos masones, que no dejan de soñar con el esplendor y la perfección de las pirámides o los templos de la civilización faraónica.

SUFÍES, SABEOS Y TEMPLARIOS

No obstante –nos recuerda Gérard Galtier– para la mayoría de francmasones, la Tierra Santa es la de Jerusalén y lo que convendría reconstruir es el templo de esa ciudad. Y es que, en efecto, Salomón guarda la llave que permite abrir los secretos de la moderna francmasonería. Ya desde el siglo XVIII, varios autores sugirieron que el origen de la masonería había que buscarlo en los templarios. Según las teorías de estos estudiosos, esta fraternidad de monjes-guerreros fundada en 1118 habría permanecido encerrada nueve años en el templo de los judíos y tras una rápida expansión por Europa habría sido responsable de la financiación de buena parte de las catedrales góticas. ¿Acaso el movimiento masónico tomó su iniciativa de los templarios? 

El célebre escritor Robert Graves deduce que la masonería fue introducida en Europa, y concretamente en Escocia, bajo la apariencia de un gremio de artesanos gracias a los templarios. Esta Orden habría recuperado en Tierra Santa abundante documentación islámica y judía, de ahí que algunos especialistas perciban en las enseñanzas masónicas cierta influencia sufí. 

El traductor de las Mil y una noches, Sir Richard Burton, definió al sufismo como el pariente oriental de la masonería. Más lejos llega Idries Shah al concluir que «Boaz» y Salomón no fueron israelitas sino arquitectos sufíes. De hecho, Salomón es venerado por el Islam como un profeta. Pero Jorge Blaschke y Santiago Río aclaran que los sufíes no son su origen primigenio. Las raíces de sus enseñanzas radicarían en los sabeos, una secta de artesanos y comerciantes que profesaban una doctrina helenística atribuida a Hermes y que se concentraron en la Alta Mesopotamia y al noroeste de Alepo entre los siglos IX y XI. Practicaban un comunismo iniciático que propagaba un ritual de compañerismo, un entendimiento entre cuerpos de un mismo oficio. En su opinión, la reforma de la masonería en Londres, a principios del siglo XVIII, cometió un grave error, ya que confundió con hebreos los términos sarracenos, desvirtuando la antigua tradición sufí. 

CONSTRUCTORES DE CATEDRALES

Pero la mayoría de historiadores coincide en que los inicios de la masonería radican en las corporaciones de oficios y constructores medievales. 

«Hablamos de hombres que interpretaban en un sentido muy sutil esa pedagogía de masas que la Iglesia pone en marcha en función de la piedra, ese arte ilustrativo que trataba de transmitirle al pueblo lo que no podía leer porque no sabía», explica Eduardo R. Callaey. «Cuando ves un pórtico románico es un libro que trata de transmitir cosas. A lo largo de la historia de la humanidad construir siempre ha tenido una connotación sagrada porque lo que se erigían eran templos. Lo demás no ha perdurado. Lo que ha llegado hasta nosotros es la piedra de los zigurats, las pirámides, los grandes templos de Oriente. Por lo tanto, siempre hubo una connotación sagrada en el oficio de construir». En su opinión, esa responsabilidad recayó durante el Medievo en las órdenes monásticas y, en especial, en la benedictina (ver entrevista). En efecto, bajo la dirección de los grandes abades aparecerán las primeras expresiones de una arquitectura renovada que mostrará sus posibilidades en el arte románico y estallará con toda su potencia en el gótico. Bajo su protección encontraremos también las primeras evidencias de una masonería primitiva, fruto de la renovación del conocimiento y las técnicas de la construcción.

Los benedictinos primero y más tarde los cistercienses, dominarán la construcción. Cada convento es una colonia donde, además de dedicarse a la práctica de la piedad, se estudian las lenguas, la teología y la filosofía, se ocupan activamente de la agricultura y se ejercitan y enseñan todos los oficios… Los abades trazan los planos y dirigen su construcción, estableciendo de este modo una corriente de inteligencia entre los conventos. 

Si Callaey está en lo cierto, la espiritualidad de Occidente subyace en las raíces del esoterismo judeocristiano y el trabajo iniciático de refinar la «piedra bruta» –símbolo central de la doctrina masónica– encuentra un antecedente directo en la acción de «cuadrar la piedra», planteada por los grandes maestros benedictinos como alegoría de la construcción del «hombre espiritual», apto para la tarea de erigir sobre la Tierra el reflejo de la Ciudad Sagrada, la mítica Jerusalén Celeste. Esto no deja de ser una tremenda ironía a la luz de la actitud combativa que siempre ha demostrado la Iglesia frente a la masonería.

Para demostrarlo, el historiador argentino esgrime fuentes de época y escritos históricos, como un manuscrito de Wilhelm de Hirsau, uno de los más grandes abades constructores de la Orden Benedictina en el siglo XI, en el que se hace referencia al mandil y a su profunda significación. 

Xavier Casinos asegura que los masones gozaban además de privilegios que no tenían otros artesanos, como la libertad o franquicia de trasladarse de un lugar a otro para realizar su trabajo. Por eso se les llamaba también francmasones o freemasons (albañiles libres). Esa movilidad, en cualquier caso, dio lugar a los signos secretos, con objeto de reconocerse entre sí cuando acudían a una nueva construcción. 

Durante el siglo XVII tuvo lugar el proceso de transición que llevó a los gremios de constructores a convertirse en la masonería tal y como la conocemos en la actualidad. Es decir, abandonó su operatividad para transformarse en una sociedad filosófica que mantenía buena parte de la simbología medieval, como el compás, la escuadra, el mandil y la plomada. Con el nacimiento de esta masonería especulativa sus miembros ya no deberán construir una catedral, sino una humanidad mejor a partir del templo interior de cada masón. 

El caballero Ramsay introdujo la «hipótesis templaria», más adecuada para la nobleza del siglo XVIII que el carácter burgués de las Corporaciones de Oficio, y dio nacimiento al sistema conocido hoy como Rito Escocés Antiguo y Aceptado. A partir de entonces, se introdujo un nuevo elemento de controversia entre quienes abrazaron el origen templario de la institución como fundamento histórico de la Orden y quienes intentaron sostener su origen en los constructores de catedrales. 

ROSSLYN Y EL SECRETO DE LOS MASONES ESCOCESES

Esta discusión, que ya lleva más de dos siglos, se ha visto incentivada en los últimos años con la aparición de numerosos libros, tanto históricos como debidos a los defensores de este origen templario de la Masonería. Muchos creen haber encontrado en la capilla de Rosslyn el nexo definitivo que uniría el destino de la Orden del Temple y los maestros canteros. 

Según los escritores británicos Christopher Knight y Robert Lomas, el punto de partida de la francmasonería hay que buscarlo aquí, porque los miembros de la familia Saint Clair de Rosslyn se convirtieron en los Grandes Maestres hereditarios de las Artes, Gremios y órdenes de Escocia y ostentaron el cargo de Maestre de los Masones de escocia hasta finales del siglo XVIII. 

La capilla de Rosslyn se halla a 16 Km de Edimburgo. Fue erigida entre 1440 y 1490 por William Saint Clair y sus paredes y columnas parecen esconder un conocimiento ancestral transmitido a través de generaciones. La relación entre los templarios y Rosslyn se remontaría a los tiempos de la primera cruzada. Henry Saint Clair participó en ella junto al fundador del Temple Hugues de Payns, casado con su sobrina Catherine. A su regreso recibirá el título de barón. Aunque su nombre no figura entre los nueve fundadores de la Orden del Temple, es evidente que ambos mantenían estrechos vínculos. 

La hipótesis de Knight y Lomas plantea que William Saint Clair, conocedor de que los manuscritos supuestamente recuperados por los templarios en el Templo de Salomón habían sido guardados en Escocia, construyó Rosslyn para custodiarlos y establecer una Nueva Jerusalén. Esto, naturalmente, supone admitir que los templarios no viajaron a Tierra Santa para defender a los peregrinos sino con un propósito más bien arqueológico. Por esa razón, nueve hombres (como los que hallaron el cuerpo de Hiram) permanecieron nueve años encerrados entre sus muros. Muchos expertos han reparado en la persistencia de esta clave numérica: el 9. Resulta que la novena letra del alfabeto hebreo es la Tav (la Tau griega). Esta letra, representada por el noveno sefiroth cabalístico (Yesod o Fundación) se relaciona con la serpiente y el secreto de la sabiduría. Pero es que, además, la marca de la tau era la que los cainitas llevaban sobre la frente cuando Moisés se encontró con ellos. En la capilla de Rosslyn, curiosamente, los catorce pilares han sido dispuestos de tal manera que los ocho del lado este trazan la forma de una triple Tau. Sospecho que Hugues de Payns y sus ocho freires fundadores ignoraban los códigos y el significado de lo hallado en el Templo y, por ello, tuvieron que recurrir a la ayuda de cabalistas judíos y sabios islámicos, a través de su protector san Bernardo de Claraval, el reformador del Císter.

Dos siglos después la simbología había sido desvelada y puesto a salvo en la capilla de Rosslyn. Este santuario sería por tanto una evocación del templo de Salomón, con torres y un enorme techo central de forma curva sostenido por arcos. Una reconstrucción del templo que estaría adornada con simbolismo nazareo (secta religiosa contemporánea a Jesús cuya etimología viene de Custodio o Conservador) y templario encaminado a dar cobijo al «secreto». 

Cuando las logias escocesas decidieron elegir una Gran Logia para su administración, convinieron que sir William Sinclair (descendiente directo por línea paterna del constructor de la capilla) ocupara el cargo vitalicio de gran maestre. 

EL RETORNO DE LA ANTIGUA ALIANZA

En seguida surgieron desacuerdos en el seno de la masonería inglesa. Tras el establecimiento de la Gran Logia de Londres se formaron dos grupos: los «antiguos» y los «modernos». A estos últimos les preocupaba que los antiguos hubieran decidido preservar el patrimonio jacobita (Partidario del derecho divino de los monarcas. Ver próximo artículo) y la amenaza que ello suponía para la casa Hannover, de corte protestante. 

Los jacobitas veían en la leyenda de Hiram, en el tercer grado de su rito, una alegoría sobre el asesinato de Carlos I Estuardo, como si los símbolos hubieran sido tomados de la conjura que tramaron los partidarios de este rey para vengar su muerte y colocar en el trono a su hijo. Aunque, según refiere Gerard de Nerval, una versión muy similar de la leyenda de la muerte de Hiram se escuchaba en los cafés de Estambul en forma de cuentos.

Esto abre un serio interrogante acerca del origen de la ceremonia más importante de la francmasonería, aunque tal vez la fuente original del grado de maestro resida en las abadías pues, como nos aclaró Callaey, existe una llamativa semejanza entre esta ceremonia de exaltación y los votos del monje benedictino en su última etapa de ordenación. Esto significaría un retorno a la Antigua Alianza con los católicos jacobitas, quienes introdujeron muchos elementos centrales de los rituales con base templaria y explicaría la abundante presencia de eclesiásticos en la francmasonería del siglo XVIII. .

miércoles, 21 de junio de 2017

ADOPCIÓN DE LUVETONES

ADOPCIÓN DE LUVETONES
BLASCO IBAÑES (DANTÓN)

LA MUJER Y EL NIÑO
TENIDA DE ADOPCION DE LUVETONES

El niño y la mujer, esos dos tiernos seres débiles y susceptibles cual ninguno a los afectos y al cariño, vienen a nosotros aquí, a este sagrado recinto santuario respetable, que encierra las conciencias de muchos seres honrados y en donde los hombres libres, puestos sus ojos en el G A D U trabajan llevados por su firme voluntad por la regeneración de todos los humanos, Este acto causa una emoción extraordinaria por su inmensa trascendencia. No son esos dos niños, dos pequeños seres que vienen aquí únicamente en busca de la adopción Masónica; no son estas señoras, mujeres que por curiosidad o por los afectos del parentesco solamente vienen a presenciar este acto; no significa esto una simple adopción, significa algo más, pues demuestra una cosa que debe de llenar de alegría los corazones de todos los amigos del progreso; ó sea, que la mujer y el niño se han emancipado de las rancias y necias preocupaciones de otros tiempos y van en busca de la verdad, del mismo modo que los hombres.

La Mujer y el niño! ¡A qué graves consideraciones, a qué encadenamiento de pensamientos se prestan estos dos nombres, siempre que se reflexiona en el gran papel que juegan en la defensa y consolidación de una idea!

Preguntádselo al jesuita, al sacerdote, al fraile y en un momento de franca expansión en que se les escape la verdad entre los labios, os dirán que en ellos han encontrado la más firme base de su poder y que ellos han sido las armas que esgrimidas con arte, mas efecto han causado en sus adversarios.

Las ideas mas transcendentales, las doctrinas que comúnmente conmueven más a la humanidad, encuentran su mas fiel propagandista en la mujer, y por esto mismo el oscurantismo procura conquistarla para hacerla instrumento de sus planes.

Abrid el libro de la historia y por todas partes veréis latente y poderosa la influencia de la mujer. Ella coadyuva a la consolidación y el triunfo del primitivo cristianismo enseñando las máximas del filósofo judío a sus pequeños hijos, al mismo tiempo que se recata del padre que todavía rinde adoración a los viejos dioses clásicos; ella enardece a los hombres en los momentos en que la patria peligra y les obliga a salir en su defensa, y ella, en fin, es la principal causa de ese glorioso periodo del cual parte la verdadera historia de la Libertad de ese hecho luminoso y esplendente que conocemos con el nombre de Revolución francesa, pues la mayoría de los hombres que en ella tomaron parte , debieron su gloria a las ideas que desde la mas tierna edad les habían inculcado sus madres enseñándoles a leer en las vidas de Plutarco y en la radiante Enciclopedia.

Por todas partes, en todos los periodos y bajo todas las épocas, se nota la influencia de la mujer, y feliz aquella idea que ha conseguido su apoyo, porque su triunfo ha sido inmediato. Tanta trascendencia o más tiene también el niño. El porvenir de la humanidad, la suerte del progreso, esa finalidad sublime que hace tantos años viene persiguiendo el hombre , está en manos de esos seres débiles y graciosos, cada uno de los cuales es un enigma, pues lleva encerrado en sí el mañana indefinible. De aquí aquella frase de Rouseau de que el primer funcionario del Estado es el maestro de escuela.

Los pueblos que sean verdaderamente amantes del progreso deben pensar en el mañana más que en el presente y ocuparse tanto del gobierno actual de los hombres como de preparar a la generación naciente para que en lo futuro continue la obra de la regeneración humana.

¡Ved, pues, si tienen importancia la mujer y el niño, ved la gran misión que tienen que cumplir esos dos seres; la primera influir dentro de la familia y hacerla seguir los derroteros que ella mejor crea, ejercer presión sobre el cerebro de su esposo continuadamente para hacerle desechar unas ideas y adoptar otras; y, el segundo, formará la sociedad de mañana bajo el pie que más le plazca y lo mismo podrá proclamar la más completa libertad como influirá para que todo un pueblo vaya a inclinar su cabeza ante el solio del diocesillo de Roma.

Ahora bien; tan valiosos elementos, tan fuertes armas para la conquista de la sociedad, ¿en manos de quién están? ¿en las nuestras? ¡Oh!, no por desgracia. Los hijos de la luz trabajamos completamente solos y la mujer, ese ser cuyas cadenas hemos roto y a la cual elevaremos a la categoría que le corresponde nos maldice llena de horror, y el niño, cuyo cerebro pretendemos envolver en los fulgores de la luminosa antorcha de la ciencia, nos contempla lleno de miedo como si fuéramos seres malvados y sobrenaturales.

¿En que consiste esto? en que la mujer y el niño están aún en poder del cura y del jesuita, en que todavía se acogen a la fría sombra de la Iglesia católica y se santiguan con horror a cada progreso que verifica la humanidad.

El bárbaro ultramontanismo tiene entre sus garras a esos dos tiernos seres y no se escapan las generaciones al sucederse, de esta presión asfixiante.

Para ello disponen de dos medios: el confesionario y el colegio. La mujer pega su rostro a aquella rejilla mugrienta por las caricias de tantas respiraciones y llena de ingenuidad, relata su pasado y presente a alguien a quien no ve, y nada deja por decir; todo se relata allí, hasta los mayores secretos de familia, hasta aquello en que se basa la honra de su esposo.

Algo sale de allí dentro que conmueve a la mujer, es una voz meliflua que murmura no sé qué consejos mezclados con implicaciones practicas, una voz que causa honda huella en la imaginación femenil, por lo mismo que habla de cielos, de ángeles y de cosas sobrenaturales. Desde aquel instante ella queda subyugada al confesor y este es el verdadero dueño de la familia, pues está perfectamente enterado de sus secretos y conociendo las flaquezas de cada individuo puede dirigirlo muy fácilmente.

En el colegio pasa todavía algo más grave, algo que produce mayor indignación. Allí ya no se ejerce solamente la coacción con amenazas de las penas del infierno, sino que se perpetra un envenenamiento intelectual que intoxica un cerebro para siempre.

Entra el niño y encuentra al sacerdote de mirada adusta ó al jesuita de eterna y falaz sonrisa, que se encarga de su enseñanza y entonces comienza una horrible mistificación, un sacrilegio científico que indigna al hombre mas pacifico. Aquellos mistificadores de la ciencia lo falsean todo, completamente todo, desde la física hasta la historia, desde la moral hasta el derecho, y enseñan las mil y una ridículas patrañas sobre la formación del mundo, y pasan por alto los sistemas que sobre el mismo tema han producido los hombres mas ilustres; presenta como al mayor filosofo del mundo, como a un portento semidivino a santo Tomas y se olvidan de Kant, Hegel, Krausse y otros; tratan como a un loco a Galileo y ensalzan al padre Petavio; hacen figurar como al mayor moralista al padre Claret; hablan con respeto de los deslices y liviandades de los reyes y del derecho divino de estos; describen minuciosamente y con horror la revolución francesa con sus ejecuciones en la guillotina, y acaban ensalzando a esos grandes tiranos que han sacrificado pueblos y mas pueblos sobre el sangriento campo de batalla y hacen apología de la tiranía y el oscurantismo, así como condenan la libertad la luz y la ciencia.

Los tiernos retoños que respiran el mefítico aire de tales escuelas, quedan contaminados para siempre, y de allí salen el diputado que insulta a las clases menesterosas y proclama el absolutismo; el periodista ultramontano que satiriza el progreso; el infeliz que confiado en el cielo, se muere de hambre y maldice a los que trabajan más y rezan menos; y el fanático, sanguinario y brutal que se lanza a la guerra civil y esgrime las armas contra sus hermanos.

La sociedad ha sido hasta hace poco un instrumento de la reacción a causa del apoyo que ésta encontraba en la mujer y el niño ; pero esto concluye ya, los lazos se rompen, la tierra tiembla y el sacerdote ve como se le escapa de entre las manos aquello en que basaba todo su poder.

Una prueba de esto es la solemnidad de esta noche. Aquí tenemos a la mujer y el niño; que vienen a nosotros, pero no por cortos momentos, sino que vienen para siempre, porque quien pisa los umbrales de este Templo, quien asiste a nuestras fiestas, queda para siempre impregnado de las sublimes y regeneradoras ideas que flotan en esta atmósfera. Vosotras, señoras, que me escucháis, con habernos honrado con vuestra presencia esta noche, os eleváis a gran altura sobre las de vuestro sexo. No sois los seres automáticos obedientes a una voluntad superior, que obran o se mueven sin darse exacta cuenta de sus actos, llevando la noche de la ignorancia en el cerebro, Sino que sois ya mujeres con la conciencia completamente libre y despejada de las tinieblas de abrumadoras preocupaciones, y tenéis la inteligencia despierta para comprender todos vuestros derechos y deberes.

Y en cuanto a esos niños... ¡Oh! Felices ellos que a tan temprana edad llegan donde solo han llegado muchos hombres después de largos años de peregrinación a través del estudio.

Nosotros, los que sin ser consultada nuestra voluntad, ingresamos apenas nacidos en una sociedad religiosa que ahora aborrecemos y combatimos como contraria a la civilización y el progreso, no podemos menos de envidiar a esos dos tiernos seres que tan de repente vienen a conocer la Verdad y la Luz, que al ser buscada por uno, solo se encuentra después de hojear mucho el libro de la vida. Ellos en los albores de su vida entran ya a formar en las filas de los soldados del progreso y se evaden de las pavorosas influencias de los sectarios del pasado.

Que la Luz existe eternamente en sus inteligencias, que amen la sabiduría, practique la virtud y sean siempre dignos de la grandiosa institución que hoy les cobija bajo su manto; y vosotras, señoras, continuad por el camino que habéis emprendido, no olvidéis que la mujer tiene tanta importancia, que es la llave del porvenir y propagad entre vosotras las ideas regeneradora que aquí sustentamos, inculcadlas en vuestros hijos, y de este modo seréis dignas de la libertad y cumpliréis la gran misión que la Historia parece haberos confiado.

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martes, 20 de junio de 2017

RETALES DE MASONERIA N° 72 JUNIO 2017

RETALES DE MASONERIA N° 72
JUNIO 2017

Contenido
El rito masonico templario (1 de 2)
De las pruebas iniciáticas
¿Qué tomó la masonería de los otros ritos iniciáticos?
¿Qué son y que no son los Landmarks?
La Biblia, Hiram y la Serpiente
Oración del Maestro Cantero
O Exodo motejado (3 de 11) (Versión original)
A Corda com Nós precede o Esquadro, Pitágoras e Euclides... (Versión original)
Técnicas úteis para matar a maçonaria (Versión original)

Enlaces para lectura o descarga web




Recuerde que ahora también puede encontrar los últimos números de nuestra publicación en la web de la editorial Masónica.es ( http://www.masonica.es/materia/retales-de-masoneria/ )

¿QUÉ ES EL SOLSTICIO?

¿QUÉ ES EL SOLSTICIO?
Manuel Lino Vallejo 


Solsticio, cualquiera de los dos puntos de la eclíptica en los que el Sol está en el punto más alejado del ecuador celeste. El solsticio en el norte del ecuador celeste se denomina solsticio de verano porque el Sol está en su declinación máxima, hacia el 21 de junio (el principio del verano en el hemisferio norte); el solsticio en el sur del ecuador celeste, llamado solsticio de invierno, tiene lugar hacia el 21 de diciembre. Para los habitantes del hemisferio sur la situación se invierte: el solsticio de verano tiene lugar hacia el 21 de diciembre y el de invierno hacia el 21 de junio. El término solsticio significa 'Sol inmóvil'; en esos momentos el Sol cambia muy poco su declinación de un día a otro y parece permanecer inmóvil en un lugar al norte o al sur del ecuador celeste. Cuando el sol esta en el solsticio de invierno su posición en el firmamento al mediodía es la más baja de todo el año, mientras que en el solsticio de verano es la más alta. 

Desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C. el druidismo fue la principal religión de la población celta que habitaba en gran parte de la Galia y las islas Británicas. Todavía en la actualidad persisten cultos druídicos, como se puede contemplar en esta imagen, en la cual un grupo de druidas celebra la ceremonia del solsticio de verano en Stonehenge. (Inglaterra). Monumento megalítico de la Edad de Bronce, que constituye un verdadero santuario prehistórico. 


Los dos puntos en los que la eclíptica corta al ecuador celeste se llaman nodos o equinoccios. El Sol está en el equinoccio de primavera o punto vernal en torno al 21 de marzo y en el equinoccio de otoño alrededor del 23 de septiembre. A mitad de camino entre los equinoccios se producen los solsticios de verano e invierno. El Sol alcanza estos puntos en torno al 21 de junio y al 22 de diciembre, respectivamente. Los nombres de los cuatro puntos se corresponden con las estaciones que comienzan en el hemisferio norte por esas fechas.

El Equinoccio del 21 de marzo en Chichén Itzá, Yucatán, México, es el fenómeno astronómico tiene que ver con el descenso de Kukulcán. El Castillo o templo de Kukulcán, versión maya del dios azteca Quetzalcóatl, es la pirámide más alta y monumental de Chichén Itzá, esta ocupa unos 4.000 M2 de superficie, consta de 9 cuerpos y está coronada por un templo de estilo maya. Durante este fenómeno la pirámide se ilumina de arriba hacia abajo presentado al espectador siete triángulos que rematan en la cabeza de una serpiente y en el de otoño la luz del astro rey ilumina de abajo hacia arriba primero la cabeza de la serpiente y al final el último de los triángulos. 

Los estudios sobre Stonehenge y sobre primitivos megalitos similares han indicado claramente que estas construcciones se orientaron a acontecimientos celestes tales como el solsticio de verano. La orientación hacia el cielo de las pirámides de Egipto y de diversos templos y construcciones de Oriente Próximo y Europa se estudiaron por primera vez de forma científica a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Los templos y otras construcciones se utilizaron también para marcar las fases de la Luna y la salida de ciertas estrellas brillantes como Sirio. En el Nuevo Mundo, las grandes figuras de piedra circulares, así como las obras realizadas por los constructores de túmulos, también se orientaron al solsticio de verano. La pirámide del Sol de Teotihuacán, en México, Está orientada al este, por lo que el sol se pone exactamente frente a ella en el solsticio de verano.

Por otra parte Javier Sierra, en su libro “Las puertas templarías” publicado por la editorial Planeta de Agostini, dentro de la colección Misterios y Enigmas de la Historia, hace un relato sobre la construcción de una serie de catedrales en Francia que forman la constelación de Virgo por que explica que se tomaron como referencia las estrellas de dicha constelación y cada una toca una ciudad de este país así se habla de Bayeaux, Evreux, Chartres, Amiens y Reims. Estas puertas dice el autor deben permanecer cerradas para evitar que el Santo Grial caiga en manos extraña. En estas páginas existen algunos datos históricos y otros se remiten a la fantasía, pero esto nos revela una vez más que las construcciones tuvieron mucho que ver con los fenómenos naturales de carácter astronómico. 

Para las logias masónicas esparcidas sobre la faz de la tierra estas festividades son motivo de reflexión, por que nos vienen a dejar de manifiesto que en el universo existen una serie de fenómenos y reglas que norman nuestra existencia y que no podemos sustraernos a ellas, si la naturaleza y el cosmos obedecen reglas especificas de orden y disciplina, nosotros dentro y fuera de los talleres también debemos hacer los mismo buscando en todo momento que las reglas y normas nos permitan alcanzar mejores niveles de vida, por que estamos bien con nosotros mismos, con los demás y con el Gran Arquitecto del Universo.

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lunes, 19 de junio de 2017

El Silencio Masónico

El Silencio Masónico
José Ramón González Chávez

Es la primera palabra que pronuncia el Ven.'. M.'. al momento de abrir los TTrab.'. Con ello, se intenta resaltar la importancia del silencio iniciático como requisito previo para el desarrollo de la labor masónica.

Según el Diccionario Enciclopédico de la Masonería de Lorenzo Frau Abrines, el silencio "es una obligación que debemos observar dentro y fuera de Logia", pero no solo porque así lo disponen nuestros antiguos usos y costumbres. Los escritores masónicos que han abordado el tema, recomiendan el Silencio como necesario al orden y la seriedad del trabajo esotérico, lo que distingue marcadamente las reuniones masónicas de las profanas.

"El Silencio practicado con una actitud iniciática se eleva al rango de Virtud, pues gracias a él es posible aprender a ser prudente, diligente, moderado y discreto, observar constructivamente las faltas y aprovechar los aciertos de los demás para bien propio y colectivo.

Dentro la Masonería Simbólica, el silencio está representado por la Cuchara (trulla, llana) con la cual prudentemente debemos extenderlo a manera de una capa homogénea y consistente sobre los defectos de nuestros semejantes, tal como lo hace un masón operativo en sus construcciones, tratando al mismo tiempo de sacar provecho general de lo realmente importante y constructivo de sus aciertos.

Dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado constituye el signo de Ord.'. de ciertos grados capitulares y el del grado más alto de la Mas de adopción, donde podemos encontrarlo en la divisa "Silencio y Virtud", bordada en oro y azul en la charretera distintiva de la Orden, hecha de satín blanco y colocada en el brazo izquierdo. Esta misma divisa la usan en color verde sujeta al a rodilla izquierda los CCab.'. R C de Kilwinning en el Rito de Misraim.

El Silencio como condicion del trabajo esoterico.

La primera vez que nos enfrentamos al Silencio iniciático dentro de la Orden es al momento de ingresar en la Cám.'. de RRefl.'., cuando a petición del Terr.'. el recipiendario debe observar todo lo que se encuentra al interior, reflexionar sobre la impresión que le provoca cada cosa y el conjunto y finalmente llenar el Triang.'..

Poco después, el Recip vuelve a toparse con él, cuando pasa por las pruebas de los elementos restantes, que deben desarrollarse en también en silencio.

El primero de los tres juramentos, promesas o compromisos -según el rito- de la Cer.'. de Inic.'. está consagrado al Silencio.

De hecho toda la Cer.'. de Inic.'. se lleva a cabo en Silencio hasta que el Recip.'. Recibe la Gran Luz.

Ahora, examinemos el Silencio que se practica en las Tenidas Ordinarias de Prim.'. Cam.'., en el Rito Francés Moderno:

Antes de iniciar los TTrab.'. los HH.'. en PP.'. PP.'. quedan en silencio, tratando de relajarse y dejar a un lado sus asuntos profanos, preparándose de tal suerte para el trabajo esotérico,

Una vez que han sido introducidos al Tem.'. y colocados en su respectivo lugar por el M de CCer, el Ven.'. M.'. solicita al encargado de la Col.'. de la Arm.'. ejecutar una pieza musical propicia para la relajación. El silencio reina en los cuatro puntos cardinales y al fin, el mundo profano desaparece.

Cada H.'. medita, se impregna de esa atmósfera de calma, y así se coloca en condiciones de tallar su piedra.

Momentos después, el Ven.'. M.'. llama al silencio a todos los HH.'., anunciando el inicio de los TTrab.'.; el M.'. de Cer.'. comienza su labor: verifica que todos los presentes estén en sus puestos y con los distintivos de su respectiva calidad masónica y verifica con que el Tem .'.esté a cub.'. de toda indiscreción profana.

Rompe el Silencio el Ven.'. M.'. al encender su estrella en nombre de la Sabiduría; lo sigue el Seg.'. Vig.'. que enciende la suya en apelando a la Fuerza y finalmente el P .'.V .'.quien hace lo propio en honor de la Belleza.

La Fuerza de estos tres principios, o mejor dicho de este principio trinitario, se acentúa gracias al Silencio imperante.

Posteriormente, cada golpe de Mall.'. marca el fin de la preparación mental lograda por el Silencio y la Calma, para dar inicio a los trabajos de la Tenida.

La Palabra y el Silencio como en la música, son usados con Orden, Ritmo y Armonía: En TTrab.'. abiertos, solo un H .'.Comp .'.o M.'. puede hacer uso de la Pal a la vez, previa autorización de su respectivo dignatario, debiendo los demás escuchar en silencio, con atención y actitud receptiva y fraternal, lo que ayuda también y en su caso, a preparar una respuesta ordenada y consciente.

Durante todo ese tiempo, el que usa la Pal.'. deberá estar en Pie y al Ord .'.y Dirigirse al Ven.'. M.'.; evitará el abuso en el tiempo, debiendo marcar el fin de su intervención con la fórmula "He dicho" o "Es cuanto (.tengo que decir), Ven.'.M.'."

Al finalizar los trabajos de Ord.'., cada Dig anuncia el regreso del Silencio a su respectiva Col.'. y al Or.'. iniciando así la preparación de los HH.'. para regresar al mundo prof.'..

Antes de clausurar los TTrab.'. el Ven.'. M.'. nos recuerda nuestra promesa de silencio sobre lo percibido por nuestros sentidos a lo largo de la Ten.'.. Esto, desde luego no solo debe tomarse en sentido literal, sino también en sentido alegórico y simbolico.

El silencio en la Cadena de Unión crea una atmósfera cálida, de vinculación fraternal, que va fortificando nuestros lazos, a medida que la practicamos juntos y en armonía.

EL SILENCIO DEL APRENDIZ:

Muchas escuelas iniciáticas, tanto en oriente como en occidente, contemplan el silencio de los Recién iniciados.

Zoroastro y Pitágoras, tenían previsto en sus respectivas escuelas un período de tres años de silencio para sus AAp.'.

En la masonería del siglo XVII el lapso de estancia reglamentaria de un H.'. en la Col .'.N .'.era de 7 años. Al no permitirse el testimonio escrito del trabajo masónico y por tanto, no existir bibliografía sobre el tema, la única forma de adquirir conocimiento de la Orden en cuanto a sus principios, fines, organización, simbolismo, filosofía, ceremoniales, etc., era asistiendo con regularidad a las Tenidas. Aquel que quería instruirse debía asistir con regularidad, procurando observar, meditar, intuir y callar.

En la Francmasonería, el Silencio del Ap.'. está lejos de constituir una medida vejatoria o autoritaria, tendiente a frustar o a hacer menos al recién iniciado. Al contrario, es un instrumento educativo, de formación iniciática, que por tanto debe asumirse con plena conciencia de sus beneficios.

Una vez dentro de la Orden, el neófito debe de guardar silencio en trabajos abiertos, aprovechando sus energías y vitalidad para concentrarse y escuchar, a fin de aprehender con sus sentidos todo aquello que le permita su crecimiento positivo interior.

Si por algún motivo excepcional el Ap requiere de hacer oficialmente uso de la palabra en trabajos abiertos, deberá hacerlo por conducto del Seg .'.Vig.'. o un H .'.M .'.M.'.. También podrá hacer uso de ella a invitación expresa del Ven.'. M.'., principalmente para presentar una Plancha o Burilado.

Sin embargo, en pasos perdidos y en la Sala Húmeda, durante el ágape fraternal de costumbre al final de cada Ten.'., los AAp.'. pueden preguntar, comentar, etc. todo lo que deseen sobre los temas tratados en esa ocasión o derivados de alguna lectura o experiencia vividas entre una tenida y otra. En todo caso, los MM.'. M.'. tienen frente a ellos el compromiso de aclarar sus dudas, orientarlos para su avance por el camino de la Iniciación masónica.

Hoy en día millares de libros, el avance de las tele comunicaciones y medios como la Internet, nos brindan una cantidad inagotable de información documental, lo que permite al que se interesa y pone Manos a la Obra, adquirir una visión más amplia y un avance más rápido en el conocimiento de todo aquello que en su conjunto podemos llamar "información masónica".

Sin embargo, cabe señalar que esta información constituye solo una parte -de forma, no de fondo- de lo que podemos llamar en su conjunto "lo masónico" o mejor aún "el Saber Masónico".

Existen muchas cosas en la Masonería que por su propia naturaleza no se pueden enseñar en los libros, los videos, ni en la Internet. La experiencia iniciática, El efecto transformador experimentado al participar en la ejecución de los Rituales, el Amor Fraternal derivado del trabajo esotérico, la Tolerancia y en general el pleno ejercicio de la libertad de conciencia en tanto que integrantes de la ética (modo de ser) masónica, solo pueden aprenderse (aprehenderse) en los Trabajos de Logia.

De ahí la importancia de aprender a hacer uso de esta muda pero primordial herramienta para la construcción de nuestro Templo.

(A MANERA DE CONCLUSIÓN)

EL SILENCIO COMO EMOCION.

Bajo los efectos de la concentración, el silencio permite la apertura de una especie de canales. En efecto, la ausencia de la Palabra permite a nuestro cerebro utilizar su energía a escuchar y observar con profundidad. La percepción de los sentidos puede llegar a ser tal que pueden llegar a captarse sensaciones y emociones que pueden ser imperceptibles en circunstancias profanas habituales.

Solo la unificación de la voluntad y la concentración son capaces de lograr el verdadero silencio constructor, que suprime el miedo, vence la timidez, controla las energías vitales.

Todo trabajo de introspección, dirigido a la búsqueda de sí para conseguir el equilibrio interior, comienza por el manejo del Silencio. De ahí que todas las Ceremonias Masónicas se lleven a cabo en ese Silencio que no solo nos da tranquilidad, cálida comodidad para el desarrollo de nuestro trabajos internos, sino que además es realmente constructor, alimenticio, en fin, iniciático.

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domingo, 18 de junio de 2017

Los Scouts y La Masonerìa

Los Scouts y La Masonerìa


"Dejad al mundo mejor de como lo encontrasteis"

Baden Powell

El Escultismo es un movimiento educativo para los Jóvenes, de carácter voluntario, no político, abierto a todos sin distinción, conforme a los fines, principios y método tal como fueran concebidos por su fundador Lord Badén Powell.

El desarrollo de la escala de valores de un individuo tiene lugar mayormente en la niñez, la adolescencia y la juventud. El Escultismo se ocupa de lograr que cada joven adopte una escala de valores y genere una confianza en sí mismo que le permita no solo defenderla en toda circunstancia sino liderar a sus pares en diversos contextos.

Fines y objetivos del Movimiento Scout
El movimiento Scout tiene por fin contribuir al desarrollo de los jóvenes ayudándoles a realizar plenamente sus posibilidades físicas, intelectuales y espirituales como persona, como ciudadano responsable, y como miembro de comunidad local, nacional e internacional.

El objetivo del Movimiento Scout es proveer oportunidades para desarrollar aquellas cualidades del carácter que convierten a un buen ciudadano en un hombre de Honor, auto disciplinado y relativamente autosuficiente, dispuesto y preparado para servir a la comunidad.

El escultismo complementa la educación escolar y familiar, abarcando áreas no comprendidas en esos ámbitos. El escultismo desarrolla el conocimiento de uno mismo, la necesidad de explorar, de descubrir, el deseo de aprender.

Antecedentes del Movimiento Scout

El Escultismo nació a principios del siglo XX a partir de una idea de Lord Robert Stephenson Smyth Baden Powell, un General Inglés que había luchado en la guerra de los boers en Sudáfrica y en la India. Él había observado cómo los jóvenes eran importantes para las exploraciones de avanzada de sus cuerpos de milicia y decidió redactar sus consejos para estos scouts en una obra que llamó Aids to Scouting (Ayudas para la Exploración), este libro, diseñado originalmente para militares, comenzó a llamar la atención de muchos niños en edad escolar, por lo que resolvió armar una propuesta a la medida de la edad de ellos y publicó, en fascículos quincenales, la primera versión de Scouting for Boys (Escultismo para Muchachos). La obra fue todo un éxito y, en 1908, se realizó el primer campamento scout en la isla de Brownsea.

El escritor francés Roger Peyrefitte declara que: "los boy scouts surgieron de la masonería, porque Baden Powell era masón. Soñó, según lo escribió, con hacer convivir en buena armonía "a hijos de duques e hijos de criados". Por cierto, "la Iglesia, antes de apoderarse del escultismo, se opuso a él encarnizadamente".

En su reciente libro "La masonería" (1998), el investigador argentino Emilio J. Corbière afirma que: "En el siglo XX, los masones alentaron importantes organismos deportivos, pacifistas o enderezados a internacionalizar las regiones y el mundo entero bajo el signo de la paz. No era una globalización disgregadora y destructiva de la persona humana sino a partir de los individuos y de las sociedades detrás de valores éticos y humanistas.

El masón suizo Henry Dunant creó la Cruz Roja Internacional (...) Robert Baden Powell fundó el Movimiento Scout, laico y pionero, en tanto que otro masón, Pierre de Coubertin refundó los Juegos Olímpicos".

Si tantos investigadores citan a BP como francmasón, ¿por qué en el Movimiento Scout se oculta o ignora este dato? En este artículo daremos un pantallazo sobre algunas personalidades importantes del mundo scout de principios de siglo, y algunos datos relevantes sobre el escultismo y la masonería.

El duque de Connaught

Dentro de la familia real británica, el duque de Connaught fue quien más influyó en la personalidad del fundador del escultismo. Este príncipe era el tercer hijo de la Reina Victoria (Príncipe Arthur) y conoció a Baden Powell en el año 1883 en la India, donde practicaron juntos la cacería de jabalí con lanza. Pocos años más tarde, BP dedicaría su libro "Pigsticking or hoghunting" al duque, "el primer príncipe de sangre real que haya recibido una primera lanza".

En 1906, el duque de Connaught era Inspector General del Ejército inglés y en este carácter nombró a BP como Inspector General de Caballería en África del Sur. La amistad de ambos fue en aumento y tras la creación del Movimiento Scout, BP nombra en 1913 al duque como Presidente de la Asociación Scout de Gran Bretaña. Es conocida la fotografía de estos dos viejos amigos dando inicio al tercer jamboree mundial, en Arrowe Park (1929).

La devoción de BP al duque fue tal que bautizó a su primer hijo Arthur Robert Peter (por el duque, por su padre y por el personaje "Peter Pan").

Se supone que fue el duque de Connaught quien inició a Baden Powell en los misterios de la Hermandad masónica, ya que él era el Gran Maestro de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Había sido iniciado en 1874 en la Logia "Príncipe de Gales" Nº 259, y en 1886 se convirtió en el Gran Maestro provincial de Sussex.

Es muy significativo que la misma persona haya sido Presidente de los scouts de Inglaterra y al mismo tiempo Gran Maestro de los masones de ese país.

Los Reyes de Inglaterra

Uno de los principales impulsores del escultismo fue el Rey de Inglaterra, Eduardo VII, que nombró a BP "Comendador de la Orden del Baño" en 1909. Por su apoyo incondicional a la causa scout, se dispuso que aquellos muchachos que se distinguieran por su eficiencia serían nombrados "Scouts del Rey".

Eduardo VII había sido iniciado en la Masonería de Estocolmo por el Rey de Suecia, Carlos XV, en 1868. En Inglaterra, actuó como Venerable en la Logia "Príncipe de Gales" Nº 259, donde inició a su hermano, el duque de Connaught.

El Rey Jorge VI, por su parte, fu iniciado masónicamente en diciembre de 1919 en el seno de una logia de oficiales de la marina. A los cuatro años de haber sido iniciado ocupó el cargo de Venerable Maestro. El 25 de abril de 1925 el duque de Connaught lo designa "Gran Primer Vigilante" de la Logia Unida de Inglaterra.

Fruto de la estrecha relación de BP con este monarca, fue la condecoración de BP con la Orden del Mérito en 1937.

Rudyard Kipling

Baden Powell conoció a Rudyard Kipling en África del Sur, en el año 1906. Un par de años más tarde, cuando BP escribió su obra "Escultismo para muchachos" dedicó un buen espacio al personaje de Kipling conocido como "Kim". Kimbal O´Hara era un muchacho huérfano que vivía en la India y que era hijo de un masón inglés, según revela la propia obra de Kipling en su primer capítulo.

En 1914, cuando BP intentaba crear una unidad para los hermanos pequeños de los scouts de tropa, decidió utilizar el libro de Kipling "Jungle Books" para modelar una nueva mística inspirada en Mowgli. Pidió la autorización al autor y dice BP que éste "era un buen amigo del escultismo desde sus días iniciales, autor de la canción oficial de los boy scouts y padre de un scout".

Es interesante el nombre elegido para estos niños: "lobato" o "cub scout", siendo conocido el nombre que los masones dan a los niños "adoptados" por la Hermandad: lobatón o lobezno. En la foto adjunta vemos a un lobatón español con su mandil masónico.

Según Clavel (autor masónico), el nombre lobatón es muy antiguo y revela que en el antiguo Egipto los iniciados en los misterios de Isis se colocaban una máscara con la efigie de un lobo dorado. Los iniciados de Isis recibían el nombre de "chacales" o "lobos".

El chileno José María Caro se quejaba del lobatismo, diciendo con ignorancia que "lo que se quiere es formar lobos de los boy scouts.

Se les agrupa bajo la bandera del lobo; el lobo es su "tótem" (animal reconocido como antepasado de su tribu o venerado como un Dios). Baden Powell ha declarado que sus subordinados han de sujetarse al evangelio del Libro de la Selva y plegarse al método lobetón (...) Los gritos o exclamaciones que se les enseñan son como aullidos de lobos: "ya-hú, ya-hú, yap, yap, ya-hú". (...) Por cierto que no es muy consolador esa preparación del niño como si fuera lobo. No es de extrañar entonces que en los desfiles de boy scouts veamos la figura de animales en el pendón de las diversas compañías, ni tampoco que se lleva el amor de los animales y la misericordia para con ellos hasta preferirlos en la atención y en la limosna a los seres humanos, a quienes muchas veces se deja en olvido".

Si leemos detenidamente "El Libro de las Tierras Vírgenes", no nos será difícil encontrar el paralelismo entre la logia masónica y el consejo de roca, y la denominación "Pueblo Libre" que se da a la manada de lobos, teniendo en cuenta que la acepción "Free-mason" significa "constructor libre" y el primer requerimiento para todo masón es que sea "libre y de buenas costumbres". En un artículo adjunto de un masón chileno se profundizan los simbolismos masónicos de esta obra de Kipling.

El Lobatismo brinda una Promesa, acto que convierte al niño en un miembro de la Hermandad Scout; tal promesa les ayudará a desarrollar un sentido de auto-realización, de espiritualidad, lealtad, obediencia, a no ser egoísta y a servir a los demás. Los Principios expresados en la Promesa y la Ley de la Manada, proporcionan la base sobre la cual cada niño trabaja hacia un logro de metas. Para lograr un progreso, no hay tiempo determinado ni definido. Las palabras en que se expresan la Promesa y la Ley son simples y fáciles de entender, en la medida que el niño crece y madura estas palabras asumirán un significado más profundo, pues de ellas emanan valores éticos y morales, lo que dará a cada niño un futuro mejor. Cuando enseñamos a los niños el "deber al prójimo" estamos desarrollando virtudes de hermandad, fraternidad, respeto, compañerismo.

Masónicamente, Kipling se inició en la logia "Hope and Perseverance" Nº 782 de Lahore, Punjab (India) y a su regreso a Inglaterra trabajó en la "Mother Lodge Nº 3861" de Londres. Su más célebre creación masónica es el poema "Logia Madre" (1896): "Tras la puerta cerrada de la estancia en que se unen el Templo y el Taller todo lo han nivelado la escuadra y la plomada. Rangos y vanidades han de quedarse afuera. ¡A la orden del aprendiz!...Llamemos y adelante... Y entrábamos a la Logia... la Logia donde yo era Segundo Vigilante (...) El Cuadro se reunía en tenida mensual y, a veces, en banquete fraternal cuando alguno partía. Entonces se solía hablar de nuestra patria, de Dios Mas, cada cual, opinaba de Dios según lo comprendía. Hablaban todos pero nadie había que rompiese los lazos fraternales hasta oír que los pájaros, dejando sus nidales, cantaban a la luz del nuevo día que lavaba la escarcha de los cristales. Tornábamos a casa conmovidos y, cuando el sol en el Oriente asoma, nos íbamos quedando adormecidos pensando en Shiva, en Cristo y en Mahoma (...) Recordando a mi Logia tengo ganas de volver a estrechar con fuerza la mano de mis hermanos blancos y de aquel otro hermano de color que llegaba de tierras africanas. Poder entrar de nuevo al Templo pobre de mi Logia materna, a la estancia desnuda de aquella casa vieja, abierta sobre la calle antigua, solitaria y muda. Oir al Guardián del templo adormecido, anunciar mi llegada y mirarme delante de aquel mi Venerable, del que he sido Segundo Vigilante".

Estas tres personas, de notable influencia en BP pertenecían a la Orden Masónica, pero en otros países el impulso fundacional del escultismo estuvo dirigido por masones. En Francia, el barón Pierre de Coubertin fue uno de los principales gestores de los "Eclaireurs", mientras que en EE.UU. existieron dos grandes hombres que colaboraron en la creación de los "Boy Scouts of America": Ernest Thompson Seton (Jefe Scout Nacional) y Daniel Carter Beard (Comisionado Scout Nacional), éste último reconocido francmasón que fue iniciado en la Logia "Mariner´s" Nro 67 de Nueva York (NY) y más tarde se afilió a la Logia "Cornupia" Nro 563 de Flushing (NY). Existe una condecoración masónica que lleva su nombre para los Boy Scouts of America

Según William Hillcourt, dos presidentes norteamericanos colaboraron activamente con la obra de Baden Powell. Uno de ellos, Theodore Roosevelt, es citado en el libro "Escultismo para muchachos" donde afirma ser "partidario de los juegos al aire libre, pues por lo que no siento simpatía alguna es por ese sentimiento erróneo que mantiene a los jóvenes entre algodones. El hombre acostumbrado a la vida al aire libre es siempre el vencedor en la lucha por la vida".

Roosevelt fue nombrado vicepresidente honorario de los "Boy Scouts of America" al ser fundada esta institución. En su agitada vida masónica, fue iniciado en la Logia "Matinecock Nº 806" de Oyster Bay (Nueva York), siendo un portavoz masónico en todo el mundo.

El otro presidente que abogó por la causa del escultismo fue William Taft, que se entrevistó con el Jefe Scout Mundial en 1912, prometiéndole total apoyo en la difusión de la organización en los Estados Unidos. Taft fue iniciado en 1909 en la ciudad de Cincinnati (Ohio) y se hizo fotografiar en varias oportunidades con el mandil masónico que perteneciera a George Washington.

¿ BP fue masón?

Esta pregunta no ha podido ser contestada aún. Lady Olave afirmó en una oportunidad que Baden Powell nunca fue masón, pero...¿es esto verdad?

Primero que nada debemos decir que no conviene para los intereses de la Iglesia Católica que BP sea masón y es justamente esta Iglesia quien ha intentado monopolizar el escultismo en muchos países. Si saliera a la luz la pertenencia de BP a la antigua Hermandad, ¿qué sucedería?

El catolicismo ha sido el enemigo más duro de la masonería y aún hoy "no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia, y los fieles que pertenezcan a ella se hallan en pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión", según una declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe en noviembre de 1983. (5). Lo cierto es que ante la falta de documentación que avale el espíritu masónico de BP, debemos analizar las similitudes entre el escultismo y la masonería (si es que las hay).

Algunos puntos de contacto entre ambas instituciones que podemos enumerar son los siguientes:

a) La promesa scout como una iniciación del aspirante (profano) en iniciado.
b) Uso y reiteración del número 3. En el escultismo existen tres principios y tres virtudes, mientras que en la masonería se habla de las tres luces y las tres luces menores. Los scouts poseen tres grados de adelanto (Tercera, Segunda y Primera Clase), mientras que en la masonería existen los tres grados simbólicos: aprendiz, compañero y maestro.
c) Los scouts y los masones estrechan la mano de una manera especial y simbólica.
d) Es significativo del uso del término "lobatos" (como ya dijimos) y toda una mística inspirada en un libro de neto contenido masónico, al igual que "Kim".
e) La ayuda al prójimo es una particularidad de ambas instituciones.
f) Se utiliza el término "Hermano Scout" o "Hermano Masón", dando a entender la existencia de una Hermandad Mundial.
g) La cadena fraternal (las manos enlazadas) existe en las dos organizaciones en algunos momentos trascendentes.

Dijo Baden Powell en un Congreso de Scouters celebrado en París en el año 1922: "El Movimiento scout representa una unión mundial de socorro fraternal, una asociación universal de amistad que no se detiene en las fronteras. Educados en la comprensión de que las naciones son hermanas, de que forman parte de una gran familia humana cuyos miembros deben ayudarse y comprenderse mutuamente , los jóvenes ciudadanos y ciudadanas de todas las naciones cesarán de mirarse como rivales y no alimentarán más que pensamientos de amistad y de estimación mutuas".

Esa vieja idea de cosmopolitismo es netamente masónica. Boucher afirmaba que "La patria del masón es la Tierra entera y no sólo el lugar donde ha nacido o se ha desarrollado"

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sábado, 17 de junio de 2017

El Ara

El Ara
Manuel Lino Vallejo

El término '''Ara''' se refiere a la palabra “altar” traducción del latín ''ara'' etimológicamente el vocablo Ara significa Altar o Piedra de los Sacrificios. En la logia, está representada mediante una figura prismática cuadrangular que lleva en lo alto un triángulo con tres luces, elevada sobre tres pequeñas gradas, cuyas caras miran hacia el Occidente, el Sur y el Norte respectivamente, sobre ella debe colocarse un cojín de forma triangular, tapizado en color rojo, ricamente adornado con flecos de color rojo y sobre este el libro de la ley.

Este monumento es la representación de la verdad que debe descubrir todo Masón por la perseverancia, el estudio y la constancia en la práctica de todas las virtudes. Las tres Luces que arden sobre el altar, simbolizan la Ciencia, la Virtud y la Fraternidad, siendo alegóricas del Sol, la Luna y el Ven.'. M.'., ya que del mismo modo que el sol ilumina de día y la luna la noche, el Ven.'. M.'. debe esforzarse para alumbrar con su sapiencia la inteligencia de los hermanos.

Se habla de Ciencia por que el masón es un hombre instruido, un estudioso que no se cansa de aprender, de Virtud porque no permite que ninguna mala pasión vibre en su corazón, es el ejemplo del esfuerzo por vencer a sus vicios, pasiones, malos hábitos, ya que no admite que en su cerebro nazca siquiera una idea de injusticia o de maldad, procura siempre la verdad y por su conducta y honradez, se muestra como un ejemplo, de Fraternidad por que debe en todo momento acudir con la mayor velocidad en nuestro socorro, protegernos hasta el último trance en peligro o enfermedad, por que nuestros corazones deben latir al unísono, guardando todos los secretos que nos confiamos así como defendernos presentes o ausentes y jamás permitir que nadie nos desacredite, en síntesis, ser útil a los demás sean o no sus HH.'.,ya nos lo enseña la liturgia del grado cuando dice ayudar en proporción a vuestros haberes al H.'. que necesite vuestra asistencia, porque todo hombre tiene derecho a vuestros buenos oficios, pero están primero los HH.'.porque la recompensa esta en su estimación y cariño.

El ara es, el símbolo de la tumba, hacia la cual camina el hombre sea rico ó pobre, ilustrado ó ignorante, es el final de su camino haya procurado a los largo de sus años de vida trascender o no, por que entre columnas, el masón representa al hombre que nace; pero ese hombre marcha hacia el ara. Todo esto esta relacionado con el tiempo que se debe trabajar. El aprendiz trabaja desde mediodía (cuando ve la luz, entre columnas) hasta medianoche (cuando muere). Se es masón desde el día en que recibe la luz, hasta el día en que se muere. El trabajo masónico es 100% alquimia porque cada uno debe aplicar los conocimientos y enseñanzas en su persona, el cambio es único y personal, para alcanzar la inmortalidad mediante la trasmutación que nos marca la institución, debemos dejar de ser la piedra bruta que carente de forma no sirve para nada, si no se transforma y toma una forma que le permita ser útil y embonar perfectamente dentro de la gran construcción que es la humanidad en donde cada quien ocupa el lugar que le corresponde por meritos propios.

Pero porque se considera al Ara una tumba, por que es el lugar en donde el candidato deposita durante su iniciación, sus pasiones, vicios, malos hábitos, imperfecciones como una ofrenda y sacrificio a la divinidad y ofrece los pensamientos de un corazón puro, limpio y sin mancha, es además la imagen de lo desconocido, espiritual y misterioso. La tumba es la obra levantada de piedra en que está sepultado un cadáver y que guardar celosamente un secreto, el cadáver somos nosotros que fuimos a morir al cuarto de reflexiones para salir a recibir la gran luz que esta antigua y honrosa institución ofrece a todo aquel se atreve a cruzar el umbral de sus templos al ser despojados de la venda que cubre nuestros ojos frente al Ara y el secreto que se guarda no es más que nuestro antiguo actuar para que no volvamos a caer en tratos amañados, corruptelas, engaños, mentiras, autocomplacencias, apatías, injusticias.

Espero que a mis QQ.'. y VV .'.HH.'. los primeros conocimientos sobre masonería que recibieron el día de su iniciación al dar los primeros pasos por el mundo masónico hayan quedado grabados en sus corazones como queda grabado un hierro candente en la piel, pero sobretodo para que no olviden que su comportamiento afecta a una institución milenaria que les brindo la oportunidad de encontrar un nuevo derrotero en su vida, porque las instituciones no fallan, quienes caen son los hombres que las integran y por su miopía, falta de tacto y ambiciones olvidan tan altos preceptos por así convenir a sus nefastos intereses.

Así que sea nuestro desempeño en el medio el que nos desenvolvemos lo que nos den la distinción, el reconocimiento, la burla o el descredito, que sea nuestro pensar, decir y hacer los que den cuenta de nuestra buena o mala formación masónica, recordar lo que dice la Biblia “ por sus frutos los reconoceréis” que hablen bien o mal de la masonería y se nos acuse de muchas cosas no importa, esta es una institución que ha sabido resistir los mil y un embates de la intolerancia religiosa, del comunismo que la consideraba un grupo de elitistas, del capitalismo que la consideraba un grupo de refugiados y resentidos en malas condiciones económicas, pero lo que sea de nuestra persona por estar dentro de esta antigua y honrosa institución si importa, porque no van a decir que somos esto o lo otro, sino que van a agarrar parejo y se dejaran decir que todos los masones somos así, en nuestras manos esta la buena o mala definición que se forme la sociedad de nosotros y deje de considerarnos unos resentidos o desestabilizadores de la sociedad. Que el ego abandone nuestro quehacer masónico, para poder avanzar en la metamorfosis que la institución pregona, la sociedad civil demanda y nosotros tenemos la obligación de alcanzar en bien general de la Orden, de la humanidad, nuestros talleres en lo particular y nuestras familias en lo personal.

Finalmente dejo el siguiente texto de Pablo VI, para la reflexión personal “No desprecies el recuerdo del camino recorrido. Ello no retrasa vuestra carrera, sino que la dirige; el que olvida el punto de partida pierde fácilmente la meta”.

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viernes, 16 de junio de 2017

Las instituciones religiosas en tiempos de Jesús

Las instituciones religiosas en tiempos de Jesús

Resulta difícil presentar por sí mismas las instituciones religiosas de Israel, ya que toda la existencia judía, econó­mica, social y política, está marcada por la religión. Ya hemos visto, por ejemplo, la importancia económica que tenía el templo. Recogeremos aquí algunos de los datos más conocidos sobre el templo, la sinagoga y las fiestas religio­sas.
EL TEMPLO

El templo es en todos los aspectos el centro de Israel. El primer edificio fue construido por Salomón y destruido cuando la toma de Jerusalén por Nabucodonosor en el año 587 a.C. El segundo templo, reconstruido al volver del des­tierro e inaugurado en el año 515, era mucho más modesto. Fue levantado de nuevo por Herodes sobre bases comple­tamente nuevas. A veces se designa la historia judía entre el 583 a.C. y el 70 p.C. con el nombre de periodo del segundo templo.
LA CONSTRUCCIÓN

Escuchemos la descripción que nos hace Josefo de este templo de Herodes:

«En el aspecto exterior de la construc­ción no se ha omitido nada para impresionar el espíritu ‑y la vista. En efecto, como estaba recubierto por todas partes con espesas placas de oro, ya desde el amanecer reflejaba la luz del sol con tanta intensidad que obligaba ‑a quienes lo miraban a apartar los ojos como se apartan de los rayos solares. Para los extranjeros que llegaban, se presentaba a lo lejos como una montaña nevada, pues donde no estaba cubierto de oro lo estaba con mármol blanquísimo. En la cima estaba erizado de puntas de oro afiladas para impedir que se posaran las aves y ensuciaran el techo» (De bello judaico, V, 222‑224).

Esta expresión de magnificencia es la que nos dan todos los testigos oculares. Es verdad que el contemporáneo de Jesús debería quedar deslumbrado cuando, llegado a la cima de una colina, descubría la ciudad y en el medio una torre de 50 m. de alta (equivalente a un edificio de 15 pisos), plantada en una inmensa planicie de 480 m. de larga por 300 m. de ancha, que dominaba sobre el resto dala ciudad y que estaba rodeada de un muro, verdadera fortaleza. Penetremos en esa planicie: tienen acceso a ella los judíos y los paganos. Vemos dos inmensos pórticos ó patios rodeados de columnatas, en donde están instalados los comerciantes de bueyes, corderos, palomas, aceite y ‑harina necesarios para el culto[1], así como los cambistas: en efecto, la moneda Oficial del templo sigue siendo la que se acuñó en tiempos de Alejandro Janeo (103‑76 a.C:), con el mismo peso que la de Tiro (por eso se le llama también moneda tiriana). El centro de esa planicie está algo elevado sobre los demás: unas estelas o lápidas escritas en griego y en latín prohíben el paso a todos los incircuncisos, so pena de muerte. Su­biendo unos escalones, se llega a la terraza central sobre la que está construido el templo. Dan acceso al mismo nueve puertas monumentales, cuatro al norte, cuatro al sur y una al este; estas puertas estaban recubiertas totalmente de oro y plata, lo mismo que sus montantes y dinteles; pero una de ellas que daba hacia fuera del santuario, en bronce de Corinto, sobrepasaba ampliamente en valor a las otras de­coradas de oro y plata. Cada portón tenía dos puertas de 30 codos de alto cada una (=15 m.) y 15 de ancho», (Josefo, De bello judaico, V, 201‑202). Esta puerta corintia es sin duda la puerta hermosa de Hech 3,2.Se pasa a continuación al patio de las mujeres, luego al de los hombres y finalmente al de los sacerdotes, que rodea al altar de los sacrificios. Detrás de esté altar se levanta el templo propiamente dicho, una especie de cubo que mide 50 m. de longitud, de anchura y de altura. En el interior, la sala llamada el Santo tenía en el centro el altar de los perfumes, a la izquierda la mesa de los panes de la proposición o de la ofrenda, a la derecha el candelabro dalos siete brazos. El Santo dalos santos estaba completamente vacío (en el templo de Salomó n, destruido en el año 587, contenía el arca dala alianza); está separado del Santo, no por una pared, sino por una doble cortina (el velo del templo); sólo el sumo sacerdote penetra en él, con gran temor, una vez al año, el día de la fiesta de la expiación: es el lugar dala presencia del Señor.

Adosados a las paredes del templo hay varios edificios anejos: la sala del sanedrín, almacenes para la leña, el vino, el aceite destinado al culto, la sala del tesoro…

También se habla de varios elementos decorativos, como los racimos de uvas de oro de la altura de un hombre en el frontispicio y de los numerosos tapices y tejidos preciosos llegados de los países más remotos.

EL CULTO

Cuando Josefo nos habla dalos mármoles blancos como la nieve y del oro resplandeciente, seguramente, adorna un poco su descripción, a no ser que los sacerdotes (los únicos que podían penetrar en el interior del templo) limpiasen regularmente las paredes; en efecto, el altar es un foco continuo de polución atmosférica. No hay más que ver hoy los altares de nuestras iglesias: aquel altar cuadrado de 25 m. de lado y 7,5 de alto, al que se sube por unas escaleras, se parece mucho a un incinerador o a un horno crematorio sin sistema de recuperación ni de filtro de humos, ya que lo esencial del culto consistía en .quemar animales enteros (holocaustos) o al menos sus vísceras y su grasa (sacrificios por el pecado y sacrificios de comunión). Lo único que no se quemaba era la piel, que se convertía en propiedad de los sacerdotes. En cuanto al fuego, se utilizaba leña relativa­mente preciosa junto con el incienso, cuyo perfume debería atenuar el olor de la carne carbonizada.

Todos los días se inmolaban como ‑sacrificio perpetuo­ de Israel a su Dios 2 corderos añejos: uno por la mañana y otro por la tarde. El emperador romano mandó además que se sacrificaran (¿a su propia costa?) otros 2 animales ‑no sabemos cuáles‑, uno por él y otro por el imperio. Señale­mos de pasada una diferencia enorme: mientras que todos los demás pueblos tienen que inmolar al emperador, aquí se le ofrece a Dios un sacrificio por él. No conocemos el ritual exacto de estos sacrificios oficiales: si oficia un solo sacer­dote, designado por suerte, es probable que asistieran los demás sacerdotes de servicio y que intervinieran los levitas y los músicos.

Durante el resto de la jornada, se sucedían los sacrificios privados: tampoco en este caso conocemos su cifra, pero debían ser numerosos, sobre todo durante el verano (época de los viajes) y especialmente durante las grandes peregrinaciones. Si Herodes decidió agrandar el templo el año 20 a C, fue desde luego por razones políticas: deseaba agradar al pueblo. Pero los judíos no habrían aceptado esta decisión que tuvo que plantearles no pocos problemas de orden ritual y dificultades para el mantenimiento del culto, si aquello no hubiera respondido a unas necesidades efectivas. Hech 21, 26 supone que era necesario concertar previamente la fecha para el sacrificio; es verdad que Hech 20, 16 sugiere que Pablo llegó en el momento crítico de las peregrinaciones, pero lo cierto es que los sacerdotes tenían seguramente tarea.

El israelita que quería ofrecer un sacrificio empezaba comprando, en la entrada del templo, el animal o los anima­les que deseaba ofrecer, así como la harina y el aceite necesarios prácticamente para las ofrendas. Luego entraba en el segundo recinto y pasaba al patio de Israel. Se pre­sentaba a un sacerdote, reconocible por su vestidura espe­cial (traje de lino blanco). Este le llevaba entonces, a través del patio de los sacerdotes que se podía atravesar en estas circunstancias, hasta el pie del altar. Si en el A.T. era el propio oferente el que degollaba personalmente a la víctima, parece ser que en el siglo I de nuestra era esta función correspondía al sacerdote, excepto en el rito del cordero pascual, inmolado por el cabeza de familia, ya que todo el pueblo, según Filón, se veía elevado aquella tarde a la dignidad sacerdotal. Luego el animal era despojado de su piel, despedazado y utilizado cada uno de los trozos según las prescripciones de la ley. Estos ritos van acompañados de plegarias y bendiciones, que no conocemos. Una mujer .o una persona incircuncisa pueden también ofrecer sacrifi­cios, pero les está prohibida la entrada en lo más íntimo del templo, por lo que no pueden acompañar y ayudar al sacer­dote.

LOS CIRCULOS DE SANTIDAD

Hemos hablado hasta ahora de lugares concretos, de patios (de las mujeres, de los israelitas…) o de límites bien precisos. Estas delimitaciones se basan, más profunda­mente, en la concepción judía de la santidad. En plan es­quemático, podríamos decir que, para lsrael, sólo Dios es el santo, el puro, el separado, el perfecto; por naturaleza, el hombre y la creación en general son lo profano, lo impuro, lo vulgar, lo imperfecto. Por simple proximidad o contacto, cada uno es capaz de comunicar una parte de lo que es; por eso el hombre puede comunicar su impureza a su seme­jante, pero n o su santidad. Dios, al contrario, comunica su santidad a todo lo que se le acerca, una santidad cada vez más difusa y más débil a medida que uno se aleja de él. Podría representarse esto bajo la forma de unos círculos concéntricos.

En el centro está el lugar sagrado por excelencia, el sitio en donde Dios hizo descansar su gloria (1Rey 8,10): el Santo de los santos. Viene luego el Santo, donde pueden penetrar los sacerdotes. Está luego el altar en el que se ofrecen todos los sacrificios y el espacio entre el altar y el Santo, estricta­mente reservado para los sacerdotes. Luego el patio de los sacerdotes al que tienen acceso los sacerdotes, incluso aunque no sean aptos para el culto (inválidos de cualquier clase). En quinta y sexto lugar vienen los hombres adultos de Israel y las mujeres. Finalmente, están los paganos. Estos círculos a su vez se inscriben en un contexto más amplio: alrededor del templo, el espacio sagrado por excelencia, está la ciudad de Jerusalén; luego el país de Israel y final­mente el resto del universo.

Según su estado, circunciso o sin circuncidar, puro o impuro, el hombre puede ir avanzando más o menos por estos ‑grados» de santidad: mientras permanezca dentro de los límites que sede han asignado, no hay ningún problema; pero si los traspasa, su impureza “profana” el sitio en el que ha entrado indebidamente y rompe el equilibrio querido por el Señor. Del mismo modo, cuando Jesús toca a un leproso para Curarle, pretende purificarlo, darle su santidad, mien­tras que para los judíos no hace más que contagiarse de su impureza.
La sinagoga

El templo es el lugar que polariza toda la vida religiosa, política y económica de Israel. Pero en la vida cotidiana hay otra institución ‑la sinagoga‑ de enorme importancia. Hay solamente un templo al que se sube en contadas ocasiones (una vez al menos en la vida si se reside fuera de Palestina), pero la aldea más pequeña tiene su sinagoga; allí es en el fondo donde se forja la mentalidad y la piedad del israelita.

Lo mismo que el término iglesia, la palabra sinagoga representa dos realidades: la reunión de los creyentes para la oración y el edificio material en donde se celebra esa reunión. Hech 16, 13 sugiere que el edificio es secundario respecto a la reunión.

LA REUNIÓN

Los orígenes de esta clase de reuniones no los conoce­mos más que por algunas fuentes literarias que se muestran especialmente oscuras en éste punto. Parece ser que hay que buscar este origen en tiempos del destierro de Babilonia (587 al 538 a.C.). Aquel desastre nacional fue una prueba muy dolorosa para la fe de Israel, que provocó incluso la apostasía de muchos: la destrucción del templo y la desapa­rición del culto les parecían la prueba de que los dioses babilonios eran más fuertes que el Dios de Israel. Pero otros judíos, preparados por la predicación de Jeremías y sobre todo de Ezequiel, que vivió con ellos deportado con los demás, descubrieron un sentido a lo que estaban viviendo: Dios no abandona a su pueblo, quiere purificarlo. Sise ha suspendido el culto oficial, sigue siendo posible la medita­ción sobre los acontecimientos pasados y presentes y la oración al Señor. Los creyentes empiezan entonces a reu­nirse donde pueden para reavivar mutuamente su fe. Los sacerdotes ocupan ciertamente un papel importante y, en compensación, todo este esfuerzo de reflexión contribuye ampliamente a la formación de la .tradición sacerdotal» y a la intensa actividad literaria de la época. A veces se reúnen para esta reflexión en la playa junto a un río, cerca de la ciudad donde viven los deportados (Sal 137, 1).

¿Continuó la costumbre de celebrar estas reuniones al volver a Palestina? Se ocuparon en primer lugar de recons­truir el templo y de restaurar el culto. Pero, incluso en Palestina, el movimiento sinagogal parece ser que se desa­rrolló bajo el impulso de Esdras y Nehemías; la descripción que nos ofrece este último (Neh 8) es un buen ejemplo de estas reuniones. Por su parte, los judíos que quedaron en Babilonia y los que se dispersaron por el mundo (la diás­pora) sintieron también la necesidad de reunirse, a fin de mantener su fe en el Señor y de afirmar su conciencia de pertenecer al pueblo elegido. El movimiento se generalizó y en el siglo I de nuestra era cada comunidad judía tenía su sinagoga; las ciudades como Jerusalén, Roma, Alejandría o Antioquía tenían un gran número (480 en Jerusalén según la tradición rabínica). Por esta época se cree que esta institu­ción es tan antigua como el propio pueblo (Hech 15, 21).

El desarrollo del culto se centra en la oración y en la meditación de las escrituras. Se empieza recitando el Shema, el credo del pueblo de Israel compuesto de tres pasajes bíblicos: Dt 6, 4‑9; 11, 13‑21; Núm 15, 37‑41. Se afirma así de antemano fa unicidad de Dios y el vínculo tan estrecho que lo une a su pueblo. Vienen luego algunas oraciones, proclamadas por el responsable del oficio y a las que el conjunto de asistentes se asocia respondiendo “Amén”. Se refieren a la vez a las necesidades de la vida corriente y a la gran Ilusión del pueblo: la instauración de la era mesiánica. El Talmud nos ha transmitido la oración llamada Shemoné Esré (o Dieciocho bendiciones), pero a este libro le gusta codificar elementos que no siempre per­tenecen al siglo l; algunas de estas bendiciones son cierta­mente posteriores a la destrucción del templo y tampoco son idénticas las dos versiones de está plegaria, por lo que cabe preguntarse si en el siglo l habría sólo un esquema de oración más que un texto fijo.

Viene luego la lectura de la palabra de Dios. Se trata siempre de un texto de la Torah (nuestro Pentateuco). No se trata de recitar el texto de memoria (por miedo a olvidarse de una sola palabra del texto sagrado), sino que hay que leerlo, en el texto hebreo. Pero como muchos judíos no conocen esta lengua, el lector tiene que pararse detrás de cada versículo y otro miembro de la comunidad lo traduce al arameo. Esta traducción es a veces literal, pero otras mu­chas veces es una paráfrasis para relacionar el texto con otros pasajes bíblicos o introducir toda una interpretación teológica: esto el tárgum. Todos los judíos varones de más de doce años pueden leer la Torah. Sin duda hay cierta libertad para escoger el pasaje que hay que leer, pero cuando se acercan las fiestas se buscan los textos que hablan de aquella solemnidad. La lista de trozos para cada sábado no se fijará hasta mucho más tarde.

A continuación viene la lectura de un pasaje de los profetas, según los mismos principios pero con mayor posi­bilidad de elección. Es frecuente que el texto profético se escoja en función de la lectura de la Torah, pero la codifica­ción fue todavía más lenta en establecerse. Antes o después de esta lectura tiene lugar la predicación, que puede hacer cualquier judío adulto. Consiste de ordinario en una paráfra­sis explicativa del texto bíblico, con una buena dosis de citas hechas fuera de todo contexto y de toda consideración de orden histórico. Estos comentarios son a la vez una exalta­ción y una glorificación del altísimo, una formación teoló­gica dada a todo el pueblo y una invitación a vivir según la ley. Con esto termina el oficio.

Como esta acción litúrgica n o lleva consigo ningún ele­mento sacrificial, el sacerdote no ocupa en ella ningún lugar determinado, a no ser mediante una bendición que tiene lugar al final dala primera parte y que normalmente sala reservaba a él. Si no hay presente ningún sacerdote, lo sustituye el presidente de la reunión.

Cualquier judío puede leer y hacer el comentario…, pero no todos lo hacen. El pequeño artesano o el campesino que ha estado trabajando duro toda la semana carece muchas veces de la competencia necesaria para hablar y se siente feliz de ceder su sitio a alguna persona más competente (un escriba) o a alguien que esté de paso: quizás ese forastero tenga una explicación mejor o una presentación diferente. Pero prácticamente son los escribas y los fariseos los que

Hay en Israel tres fiestas que tienen un papel muy im­portante; son momentos en que el pueblo se reúne para manifestarla solidaridad de sus miembros y para celebrar las grandes intervenciones del Señor, el liberador de su pueblo: son las tres fiestas de peregrinación, pascua, pente­costés y tiendas (o tabernáculos). Tres veces al año irán todos los varones en peregrinación al lugar que el Señor se elija: por la fiesta de los ácimos, por la fiesta de las semanas y por la fiesta datas chozas (o tiendas)» (Dt 16, 16). Parece ser que estas fiestas fueron inicialmente celebraciones rela­cionadas con el ritmo de la naturaleza: en primavera, los nómadas ofrecen a los dioses los corderos primogénitos (pascua) y los campesinos sedentarios las primicias de la cosecha de cebada (fiesta de los ácimos); la fiesta de las semanas se sitúa en el verano, al terminar la recolección de trigo, y la de las tiendas en otoño, al acabar de recogerlos frutos. Con el correr de los años, estas fiestas fueron “histo­ricizadas”, esto es, fueron puestas en relación con un acontecimiento histórico, como veremos con cada una de ellas.

En el siglo I, cada una de estas tres fiestas duraba una semana entera, sin contar los días de viaje que duraba a veces cuatro días de ida y cuatro de vuelta para los que animan esas reuniones de oración. Estolas permite propa­gar sus ideas y acrecentar su influencia en el pueblo. Sin la sinagoga, no habrían tenido nunca el prestigio y la impor­tancia que tenían.

Para celebrarla oración en común se necesita que haya por lo menos diez hombres adultos libres; si no, no se celebra. Esta prescripción le ha valido a veces a un esclavo judío la liberación anticipada: era necesario alcanzar el nú­mero mínimo que estaba prescrito.

LOS EDIFICIOS

La sinagoga es generalmente un edificio rectangular orientado hacia el templo. Lo esencial del mobiliario se compone de un armario en el que se guardan cuidadosa­mente los rollos dala Torah y dalos profetas. Algunas tienen bancos de piedra a lo largo de las paredes; ordinariamente sin embargo se sentaban en el suelo o permanecían de pie. Mt 23,6 alude a algunos asientos reservados para los perso­najes más notables, pero no hay testimonios de ello en ningún otro documento. Las mujeres y los niños están se­parados de los hombres, a veces por una simple barrera de madera; otras veces se construye una tribuna para las mu­jeres. Las sinagogas de los siglos II y III de nuestra era tienen las paredes ricamente adornadas y el suelo está hecho de mosaicos, pero no sabemos si serían así también las del siglo I.

Este edificio se aprovechaba todo lo posible, y no sólo para los oficios del sábado; se convirtió pronto en lugar de educación para los niños y jóvenes; en muchas aldeas se tenía allí la escuela; en los centros más importantes se construían salas de clase alrededor de la habitación central. En Jerusalén se han encontrado las ruinas de la sinagoga de los alejandrinos, que servía para acoger a los peregrinos que venían de baños. Por eso la sinagoga podía tener dimensio­nes muy variables. Pero siempre fue “la casa de la ense­ñanza”.

¿A quién pertenecía aquel edificio? Habitualmente, por lo visto, a la comunidad local; todos participaban en su cons­trucción y en su mantenimiento. Pero a veces era también propiedad de un individuo o la construía una persona parti­cular, para entregársela luego a la comunidad. Esto explica en parte las diferencias de amplitud y de ornamentación de las mismas.

Los que vivían en la alta Galilea viajaban a pie, en caravana, for­mando grupo los peregrinos de una o varias aldeas: así era más fácil evitarlas malas sorpresas de los bandidos.

Sería utópico pensar que todos los judíos hacían efecti­vamente las tres peregrinaciones. Desde luego, no las ha­cían los dala diáspora; en cuanto a los campesinos galileos, es poco probable que las hicieran todas, teniendo en cuenta los gastos de tiempo y de dinero y que al menos los ácimos y las tiendas calan en pleno período de recolección, que era más tardía en Galilea que en Judea. Por eso la fiesta más frecuentada era la pascua.

LA FIESTA DE PASCUA

Con esta fiesta agraria iba unido el recuerdo de la liberación de Egipto. Luego, en el curso dalas edades, se celebró con esta ocasión el “aniversario” de los grandes aconteci­mientos fundadores y liberadores de Israel: la creación del mundo, la realización de la promesa de descendencia a Abrahám, la liberación de Egipto y la (futura) liberación mesiánica (véase el »poema de las cuatro noches», sacado del tárgum del Éxodo y citado en Los salmos y Jesús (Cuadernos bíblicos, 25, 10).

Durante la pascua, se reunían 180.000 peregrinos en una ciudad que contaba según algunos 25.000 habitantes y pro­bablemente de 45.000 a 50.000.’ Como no todos estos pere­grinos podían alojarse en la ciudad santa, se ensanchaban sus límites en esta circunstancia y se englobaban en ellos las aldeas de los alrededores.

En la tarde del 14 de Nisán, los cabezas de familia (familia en sentido estricto ‑o grupo de 10 a 15 personas, incluidos mujeres y niños) venían al templo con un cordero para inmolarlo. Como n o habla sitio suficiente en el patio de los israelitas para acoger a todo el inundo, se organizaban tres «servicios»: se ponían en fila ante los sacerdotes que tenlas la misión de recoger la sangre de los animales para llevarla a su casa, desollaban al animal y lo asaban. Entre­tanto, la esposa quitaba de la, casa todo cuanto pudiera parecerse a pan fermentado (o sea, hecho con levadura) y preparaba una especie de galletas sin levadura y unas «hier­bas amargas» (ensaladas distintas). Comenzaba entonces el banquete de la fiesta. El día del éxodo habían cenado aprisa (Ex 12, 11), pero ahora cenaban echados en divanes según la moda romana. En aquel banquete era de rigor beber vino; si alguno era demasiado pobre para comprarlo, el templo le daba con qué llenar las cuatro copas reglamentarias. Entre­tanto, la familia cantaba los salmos del Hallel (Sal 113‑118), acompañados por las bendiciones recitadas por el padre de familia o quien ocupaba su lugar sobre las copas de vino.

Los niños, sorprendidos ‑o fingiendo sorpresa‑ por este banquete extraordinario celebrado siendo ya de noche ce­rrada, preguntaban: «¿A qué se debe todo esto? ¿En qué se diferencia esta noche de las demás?». Entonces el padre explicaba el sentido de los diversos ritos y hablaba sobre todo de las intervenciones de Dios en favor de su pueblo.

No tenemos datos sobre los actos que se celebraban en la semana siguiente: eran días de regocijo ante el Señor, durante los cuales todo el mundo se esforzaba en consumir los productos del segundo diezmo; en el recinto del templo se celebraban reuniones de oración por el estilo de las celebraciones sinagogales, con lecturas relacionadas directamente con la fiesta y más desarrolladas que de ordinario. Muchos peregrinos se aprovechaban para ofrecer sacrificios de comunión, para oír a los famosos rabinos explicando algún pasaje de la ley o dando algún consejo jurídico. La animación era tan grande que el procurador romano, preo­cupado continuamente del orden, dejaba su residencia de Cesarea para venir a controlar de cerca la situación; desde la fortaleza Antonia (donde residía, a n o ser que se albergara en el antiguo palacio de los asmoneos) estaba en primera fila para observarlo que pasaba en los patios del templo e intervenir ante el menor tumulto. La presencia del procura­dor y de las fuerzas de policía era más necesaria durante la pascua y las demás fiestas de peregrinación por el hecho de que solían acudir también personalidades políticas o diplo­máticas a la ciudad santa: Herodes Antipas (cf. Lc 23, 7), Agripa, un oficial superior de la reina de Etiopía (cf. Hech 8, 27), la reina de Adiabene que se hizo construir una tumba en la periferia de Jerusalén… Estas reuniones populares eran igualmente favorables para los golpes de mano de los zelo­tes. Josefo nos indica que los principales signos precursores de la revuelta judía en el año 66 tuvieron lugar precisamente con ocasión de las peregrinaciones.

PENTECOSTES

Como dice su etimología griega, esta fiesta empezaba 50 días después de Pascua (cf. Dt. 26,9). El libro del Éxodo la llama fiesta de la siega (Ex 23,16) o de las semanas (34,22). Mediante una ligera variación vocálica, algunos la convir­tieron en la fiesta de los juramentos. En efecto, con su celebración se relacionó la alianza del Sinaí; parece ser que ya en el siglo I de nuestra era se había convertido en la fiesta de la renovación de la alianza (no es una casualidad que el autor de los Hechos sitúe en ese día la venida del Espíritu Santo).

En los comienzos de la era cristiana, los diversos grupos religiosos no estaban de acuerdo sobre la fecha de su celebración, dé forma que algunos como los fariseos termi­naban la fiesta en el momento en que la comenzaban los esenios o el autor del libro de los secretos de Henoc.

LAS TIENDAS

Para Josefo, es «la más santa y la mayor de las solemni­dades judías» (Antiquitates judaicae, V111, 10). Tiene también un origen rural, cómo las anteriores: celebra el final de las cosechas y tiene todas las apariencias de una fiesta de la vendimia con la alegría y el peligro de embriaguez que ello supone. «Pero el Levítico (23,43) señala una evolución y la relaciona con la historia: esta fiesta tiene que recordar que Dios hizo habitar a los hijos de Israel bajo tiendas a su salida de Egipto. La dedicación del templo de Salomón coincidió con esta fiesta (1Rey 8, 65‑66), dándole de este modo una relación especial con el santuario; lugar de la presencia y de la protección divina. Según el tárgum, las tiendas tenían que recordar a las nubes protectoras de la epopeya del desierto. Esdras (3. 4) nos dice que los repatriados celebraron esta fiesta apenas vieron restaurado el altar, incluso antes de que se pusieran los fundamentos del nuevo templo; Nehemías (8, 13‑18) describe una celebración según el ritual de Lev 23, 40‑43, con la lectura diaria de la Torah (cf. Dt 31, 10).

Esta fiesta era la más espectacular de todas; para cele­brarla, cada familia tenía que construir en los alrededores de Jerusalén una choza de ramaje en donde vivir durante una semana. Algunos ritos eran muy populares, como la proce­sión de los sacerdotes todas las mañanas hasta Siloé, acompañados de todo el pueblo con palmas (los lulay), al sonido del shofar (un cuerno largo de carnero que servía de coro), la libación del agua sobre el altar (cf. Jn 7,37), quizás para pedirla vuelta de las lluvias, la procesión alrededor del altar y la iluminación de los cuatro grandes candelabros de oro en el patio de las mujeres (cf. Jn 8, 12) que iluminaban a toda la ciudad.

OTRAS FIESTAS

Al lado de estas tres grandes fiestas de peregrinación había otras como el Yom Klppur o día de las expiaciones (célebre luego por la «guerra del Kippur» en 1973). Se celebraba unos días antes de la fiesta de las tiendas. No era un día de regocijo, sino más bien de tristeza y de ayuno; se le pedía a Dios que borrase todas las faltas de su pueblo; durante 24 horas se abstenían de todo alimento, y se reunían en el templo donde el sumo sacerdote realizaba solemne­mente el rito de la expiación por sus pecados y por los de todo el pueblo. Era el único día del año en que el sumo sacerdote tenía que presidir la liturgia (excepto si era im­puro, pero para evitarlo lo tenían encerrado toda la semana anterior), el único día en que penetraba en el Santo de los santos para depositar allí un incensario y derramar sobre la piedra que había servido antiguamente de soporte al arca de la alianza la sangre del carnero ofrecido en holocausto por los pecados ocultos de todo el pueblo y los suyos propios; el día finalmente en que se conducía solemnemente al desierto al macho cabrío Azazel, portador de todos los pecados de Israel. Los ritos, ya descritos en Lev 16, están abundante­mente comentados y amplificados en la literatura antigua. Señalemos que la teología de la carta a los hebreos está construida sobre este rito (cf. Cuadernos bíblicos, 19).

Rosh Hashana es la fiesta del año nuevo. Se celebraba diez días antes del Yom Kippur. Es una fiesta austera para preparar la celebración del perdón.

La Dedicación o Hanukhah, en diciembre, celebraba el aniversario de la purificación del templo después de la victoria de Judas Macabeo en el 164 a.C. (1Mac 4). Josefo la llama «la fiesta de las luminarias» (cf. J n 10, 22).

Los Purim o las suertes conmemoran la liberación del pueblo que se narra en el libro de Ester. Se convirtió en algo equivalente a nuestro «carnaval».
El sábado

Las festividades del Señor» (Lev 23, 4) son literalmente las citas anuales que Dios tiene con su pueblo para santifi­car el tiempo. El sábado tiene esta misma función, pero con un ritmo semana.

Su origen es muy complejo. Los legisladores sacerdo­tales que lo codificaron definitivamente durante el destierro (Lev 23, 3; Ex 31, 12‑17) unieron dos instituciones, distintas en su origen, pero muy antiguas las dos: un día de fiesta semanal y un día de paro obligado (en los textos antiguos ‑Ex 23, 12; 34‑21‑ no se le llama sábado a este día de descanso). ¿Por qué este ritmo de siete días? Parece estar ligado al calendario lunar de los antiguos semitas del sur de Mesopotamia, donde el mes no dependía de las fases de la luna, sino de su posición según la constelación en que se encontraba ésta al amanecer.

El valor religioso del sábado se desarrolló en dos direc­ciones. Una insiste en el aspecto humanitario y social: el hombre, especialmente el esclavo, necesita descansar; este aspecto liberador del sábado guarda relación con la libera­ción concedida por Dios en el éxodo (Dt5, 14‑15; Ex 23,12). El sábado se relaciona además con la creación: Dios el séptimo día cesó (literalmente, hizo sábado), dejó de inter­venir (Ex 20, 11; Gén 2, 2‑3).

La práctica del sábado se fue codificando con el tiempo, tendiendo a veces a convertirse en una especie de absoluto que esclavizaba al hombre. Jesús no hizo más que devol­verle su sentido primitivo cuando declaró: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (M c 2, 27).

LA ORACION DIARIA

Por la mañana, antes de comenzar la faena, y por la tarde los hombres adultos tenían que rezar. Vueltos hacia el tem­plo de Jerusalén, recitaban una oración de bendición, luego el Shema y las primeras y últimas de las Dieciocho bendi­ciones o Shemoné Esré que ciertamente estaban ya en uso (cf. Cuadernos bíblicos 25, 56‑58).

Para el pensamiento judío, Dios sólo actuó durante seis días, el séptimo cesó en su actividad, concediendo el hombre la libertad para construir el mundo; llegará el día octavo en que Dios consume su obra. No es una casualidad el que los musulmanes celebren el día sexto (el viernes: Dios sólo lo hace todo), los judíos el séptimo (el sábado: espacio de libertad concedido al hombre para obrar) y los cristianos el octavo (domingo: Dios ha empezado ya a consumar su obra por medio de Jesús, su mesías).

LOS GRUPOS POLITICO‑RELIGIOSOS

Después de la caída de Jerusalén en el año 70 IC, el judaísmo sobrevivió gracias a los fariseos; fueron sus tradi­ciones las que estructuraron la ley judía hasta nuestros días. Por eso se tiende a veces a proyectar esta situación al período anterior al año 70, pensando que ocurría lo mismo en la época de Cristo. Los evangelios corren el peligro de reforzar esta tendencia; es verdad que hablan de los sadu­ceos, de los herodianos, de los samaritanos y señalan que uno de los discípulos, Simón, tenía el sobrenombre de ze­lote, pero los únicos adversarios serios de Jesús, en el plano doctrinal, siguen siendo los fariseos. Esta simplificación no recoge toda esa ebullición de ideas que diversificaba enton­ces al judaísmo. Josefo, por su parte, nos habla de tres «sectas» (o corrientes de ideas) para presentarnos efectiva­mente a cuatro: fariseos, saduceos, esenios y zelotes.

De hecho, resulta muy difícil definir estos grupos. En efecto, por una parte el judaísmo se acomodaba bastante bien alas divergencias más o menos importantes entre sus miembros, con tal que mantuvieran unas cuantas verdades esenciales y ciertas prácticas. Así, por ejemplo, en Jerusalén los discípulos de Jesús parece ser que fueron bien conside­rados bastante tiempo, como si siguieran formando parte del pueblo judío: conservaban la fe en el Dios único, se apoya­ban en las escrituras, seguían rezando en el templo (Hech 3, 1); formaban entonces, dentro del judaísmo, una especie de nueva tendencia que se designa en cierta ocasión como la secta de los nazarenos (Hech 24,5). Por otra parte, la doctrina de estos grupos nos es poco conocida: la de los fariseos se nos ha transmitido en textos que fueron escritos mucho más tarde; el pensamiento de los saduceos sólo nos ha llegado a través de las críticas de sus adversarios; los movimientos bautistas se desarrollaron entre las capas po­pulares que no suelen dejar literatura: sólo los esenios, a partir del descubrimiento de algunos de sus manuscritos a partir de 1947, nos ofrecen algunos documentos, pero que muchas veces son de acceso difícil.

Hablaremos aquí sobre todo de las cuatro sectas presentadas por Josefo, antes de añadir algo sobre los samari­tanos y los bautistas.

UN POCO DE HISTORIA

El origen de los cuatro primeros grupos se relaciona más o menos con la época macabea. Ya hemos presentado esta historia (cf. p. 11); recordemos sólo algunos detalles.

Del 333 al 198 a.C., los judíos viven en paz bajo el dominio de los láguidas de Egipto. En el 198, el rey seléu­cida de Antioquía. Antíoco III, se apodera de Israel y quiere helenizarlo. El mundo griego se les presentaba a algunos judíos como una iluminación: era una invitación a salir del ghetto en que estaban confinados (1Mac 1,11), a vivir de otra manera, a comerciar con el imperio griego… Pero el pueblo, temiendo que desapareciese la fe con sus costum­bres, no siguió a estos nuevos profetas. El autoritarismo de Antíoco IV, que quiso imponer la religión griega, prohi­biendo la circuncisión y las prácticas judías, provocó la sublevación de Matatías en el año 167. El año 166, uno de sus hijos, Judas llamado el Macabeo (¿el Martillo?) le suce­dió, reconquistó el templo y lo purificó en el 164 (fiesta de la dedicación). Pero la guerra continuó largo tiempo en el terreno de las armas y de la diplomacia. El año 160, Jonatán sucede a su hermano Judas y en el 143 otro hermano, Simón, toma el relevo. El 142, logra obtener la independen­cia de Israel. Asesinado en el 134, su hijo Juan Hircano toma el poder y funda la dinastía asmonea. El año 104, le sucede su hijo Aristóbulo; un año después, otro de sus hijos, Ale­jandro Janeo (103‑76), toma el título de rey. Del 76 al 67, reina su esposa Alejandra, hasta que alcanza la mayoría su hijo Aristóbulo 11(67‑63). Las disensiones entre Aristóbulo y su hermano Hircano II fueron la causa de la intervención romana en Palestina (cf. p. 15).

Pero hemos de volver sobre un suceso fecundo en con­secuencias. En el año 152, llevaban siete años sin sumo sacerdote. Desde la época de David–Salomón, el sumo sa­cerdote era escogido de la descendencia de Sadoq (2Sam 8, 17; 1Rey 2,35). La legitimidad estaba ligada ala pertenencia a esta dinastía sadócida. Pues bien, en el 175, el sumo sacerdote Onías III había sido eliminado por Antíoco IV y había muerto asesinado en el destierro. Su hermano Jasón obtuvo el puesto mediante una buena cantidad de dinero, pero pronto fue sustituido por Menelas, un oscuro sacer­dote; luego fue elegido Alkima, descendiente de Aarón. Cuando murió en el 159, nadie lo sustituyó. Fue entonces cuando Jonatán, el jefe de la resistencia armada, logró también en el 152 que lo nombrara sumo sacerdote Alejan­dro Balas, un pretendiente al trono de Antioquía. Jonatán era de clase sacerdotal, pero no sadócida; por eso los apegados a la tradición consideraron ilegítimo su sacerdo­cio. Fue sin duda en esta ocasión cuando algunos judíos piadosos empezaron a separarse de los macabeos (Cf.: más adelante fariseos y esenios). Después de Jonatán, sus suce­sores siguieron acumulando los dos poderes civil y religioso.

Así, pues, las cuatro grandes sectas nacieron en medio de estas circunstancias tan turbulentas. Al principio, todos los judíos piadosos estaban unidos en torno a la familia de los macabeos por un motivo religioso: habían rechazado valientemente la Apostasía que les quería imponer Antíoco IV y que algunos habían aceptado, abandonando las costum­bres judías y recurriendo incluso a la cirugía para hacer desaparecerla circuncisión, signo de la pertenencia a lsrael (1Mac 1, 13‑15). Para los creyentes, ese abandono de la alianza y de su signo visible no podía menos de acarrear la maldición de Dios, esto es, toda una escalada de castigos que llevarían hasta la pérdida de la tierra santa, tal como habían anunciado los profetas y como había demostrado ya antes el destierro. Como indica bien 2Mac 6, 12‑17, al enviar el castigo inmediatamente después de las primeras aposta­sías, Dios evitó que todo el pueblo apostasiase y que fuera profanada la alianza una vez más.

Pero, lo que está claro a nivel de los principios para quienes, con. Matatías, «sienten celo por la ley y quieren mantenerla alianza» (1Mac 2, 27), no resulta tan claro en concreto: ¿exige la fidelidad a la ley un inmovilismo abso­luto? .Y si se admite cierta evolución, ¿a dónde se llegará? Aquí es donde los grupos empiezan a separarse.

LOS SADUCEOS

Su nombre parece estar relacionado con Sadoq: «los saduceos se consideran como los que tienen el sacerdocio legítimo, en la línea de Ez 40,46, que es lo que también reivindican los hijos de Sadoq de Qumran. Se les puede considerar como los descendientes del sacerdocio y de la aristocracia de la época macabea, benévolos con el hele­nismo y fieles a la dinastía asmonea. Aparecen como un grupo organizado bajo Juan Hircano (135‑104) e intervienen continuamente en la vida política del país, sobre todo por medio del sumo sacerdote y del sanedrín.

En su origen, por tanto, eran los caudillos de la resisten­cia contra los impíos, pero para asegurar la victoria de su causa tuvieron que buscar apoyos en el exterior, especialmente entre los romanos, negociando con sus directos ad­versarios, con tal de poder salvar al pueblo de la matanza. Estos contactos los abrieron ala civilización griega, que no era del todo mala y que sobretodo era la de sus amos. La historia de los asmoneos y del grupo saduceo que los sostiene muestra cómo van creciendo cada vez más en lujo y en aficiones helenísticas; esto se ve sobre todo en el comer­cio entre Grecia y Palestina, comercio importante, ya que de lo contrario no habría recibido Hircano II como signo de reconocimiento la corona de oro de Atenas, que levantó además su estatua dentro de la ciudad. Tampoco Jonatán desechó la corona de oro que le ofreció Alejandro Balas al nombrarle sumo sacerdote, convirtiéndolo de este modo en amigo fácil de manejar (1Mac 10, 65‑20).

En el plano religioso, son ellos los que tienen poder en el templo y por tanto en el culto, y en el sanedrín, hasta el año 76 a.C., fecha de la muerte de Alejandro Janeo. Al final de su vida, éste comprendió que era peligroso gobernar apoyán­dose en un solo partido y le pidió a Alejandra que dejara sitio al partido de los fariseos. Alejandra hizo entrar en el sanedrín a algunos escribas que pronto acapararon todo el poder religioso. Los saduceos ya no podrán reaccionar del todo, dado que su jefe, el sumo sacerdote, depende total­mente del poder civil (los asmoneos, luego Herodes y el procurador romano) y por eso no cuentan con simpatías entre el pueblo.

La fe saducea, porto que sabemos, se explica muy bien en este contexto: están muy apegados al Pentateuco, pero sólo a él; sospechan de los profetas y prescinden de los escritos, considerándolos como herejía que trajo todas las tradiciones nuevas, influidas por las civilizaciones circun­dantes y promovidas por los fariseos. Insisten en mostrar su fidelidad al Dios de los padres y de la alianza, fidelidad que les viene muy bien para justificar su estilo de vida. En efecto, niegan la resurrección, apoyándose en el concepto tradicio­nal de una retribución inmediata y material: ellos poseen la riqueza y el poder, porque Dios les bendice y son ellos los justos. Aceptar un juicio y una retribución después de morir sería perderla seguridad: es angustioso vivir en un mundo donde «los primeros serán los últimos».

Josefo (que es fariseo, y no los quiere), dice que «es para ellos una virtud disputar contra los maestros de la sabiduría que siguen» (Antigüedades, 18, 16): cuanto más concreta y limitada es la ley, mayores el terreno en donde no se aplica, en donde se goza de plena libertad. Encontramos una apli­cación concreta de este principio en las reglas de pureza: los saduceos creen que sólo son válidas dentro del recinto del templo. Esto tiene dos consecuencias: se está libre de ellas fuera del servicio del templo y son libres para tratar con los paganos (véase, al contrario, la actitud de los fariseos: Mc 7, 3‑4); la pureza, y por tanto la santidad, está reservada a los que están frecuentemente en el templo, o sea, a los jefes de los sacerdotes; el pueblo no está prácticamente afectado por estas reglas y se le puede pedir toda clase de cosas y de servicios, especialmente prestaciones personales.

En el siglo l de nuestra era, los saduceos representan un triste papel: desde Pompeyo, Roma les ha quitado el poder político y una parte del poder religioso (el sumo sacerdote ya no es escogido por Dios, hereditariamente, sino por el emperador y su legado); los fariseos les han despojado de lo que les quedaba de autoridad; incluso en su propio terreno, en el culto, tienen qué seguirlas propuestas de los fariseos debido a la presión del pueblo.

Sin embargo, orgullosos de su condición de nobles, parecen haber llegado hasta el final en su preocupación por el bien del pueblo tanto como por su propio provecho; Josefo nos lo demuestra interviniendo muchas veces por el pueblo ante los procuradores o contra éstos ante el empera­dor. Es verdad que tienen conciencia de que su prosperidad va ligada ala suerte del pueblo: son los primeros en querer apagar todo motín popular que pudiera acarrear represalias.

Fueron también los principales responsables de la muerte de Jesús (cf. Jn 11,49‑50).Fue sin embargo uno de ellos el que ocasionó la catástrofe del año 70, al interrumpir en el año 66 el sacrificio por el emperador. La única razón de ser que les quedaba, el templo, se hundió en el año 70, y con él también ellos se hundieron.

LOS ZELOTES

Sólo después de la insurrección judía del año 66 p.C., llama Josefo «zelotes» a los que antes había llamado «ban­didos» o «bandoleros». Reconoce sin embargo que existían ya como «secta» (ala que no nombra) o grupo organizado desde el año 6 p.C., cuando Judas el Galileo lanzó un movimiento revolucionario contra el censo organizado por Quirinio de los bienes de los judíos, con fines fiscales. Este reconocimiento tardío como «secta» señala claramente la resignación de los responsables judíos: por aquella época, sólo los violentos podían salvarlo que constituía la razón de ser de Israel.

Pero de hecho, como tendencia, este movimiento extre­mista hunde sus raíces en la historia antigua del pueblo. S u nombre zelote procede de una palabra griega que significa sentirse celoso de… Ya en la época del Éxodo, se nos habla del sacerdote Fineés celoso de Dios (Núm 25, 6‑13); este movimiento se desarrolló en la época macabea y a partir de entonces «todos los textos nos describen a unos zelotes del mismo tipo: rigoristas violentos que, como Fineés, Elías, Jehú y Matatías, ejecutan sin piedad a quienes consideran infieles a la ley de Moisés. Para los zelotes de la guerra judía, el enemigo no son ya los judíos apóstatas, sino los romanos y sus colaboradores. Asistimos sin duda a un cambio provo­cado por una nueva situación».

Tanto en el plano de las acciones concretas como en el de las motivaciones más hondas, se trata del mismo movi­miento a través de estos siglos: esas personas se muestran muy quisquillosas porta santidad del tempo y el respeto ala ley, seguros de que Dios está con ellos; en efecto, el Señor ha dado una tierra a Israel, pero en cambio n o tolera en ésa tierra santa ninguna falta, ninguna transgresión, ni por parte de. los judíos ni por parte de los infieles.

Los judíos pueden faltar a su fidelidad religiosa; en ese caso, los zelotes Intervienen, con la bendición de los sacer­dotes, para un linchamiento inmediato (podría ser un ejem­plo de ello la muerte de Esteban: Hech 6, 12s). También pueden faltar a su fidelidad política, buscando p4ctos con el ocupante, los romanos, en vez de fiarse sólo de Dios. Tam­bién entonces reaccionan los zelotes, con gran disgusto de Josefo.

Los no judíos, sobre todo los ocupantes, tienen que ser eliminados, sobre todo sise muestran duros con el país (con el censo) o si se burlan de las instituciones religiosas; un acto desvergonzado de un soldado romano y la destrucción por el fuego de un rollo de la ley por culpa de otro provoca­ron, por los años 50 p.C., varios motines que desembocaron en guerra abierta. La última provocación fue el saqueo del templo por el procurador Floro (Cf., p. 58).

De esta forma, mientras que los saduceos y sus amigos asmoneos traicionaban la causa religiosa de los macabeos aliándose con los peores enemigos de su fe, los zelotes eran los campeones de la ortodoxia y del integrismo. Era Imposi­ble el consenso entre las dos tendencias y sus divergencias se muestran tanto en el plano geográfico como en el social: los zelotes tienen su origen en Galilea, donde pueden fácil­mente buscar refugio en cuevas y escondrijos; suelen ser muy pobres. Los saduceos mandan en Judas y sobre todo en Jerusalén y son gente bien acomodada.

Religiosamente, los zelotes tienen una confianza abso­luta en Dios y en las instituciones queridas por él: el templo y la ley. Están convencidos de que con sus acciones de «limpieza de los impíos», apresuran la llegada de su reino, de su mesías; Dios es el único señor, pero él no actúa solo y tiene necesidad de los hombres; cuanto más celosos sean de él, incluso en el plano político y en el temporal, tanto mejor.

LOS FARISEOS

Los fariseos entran concretamente en la historia bajo Alejandro Janeo (103‑76); se atreven a oponerse a aquel rey‑sumo sacerdote que les reprochaba su influencia sobre el pueblo; así comenzó una guerra civil de seis años en la. que miles de judíos fueron crucificados por su propio rey. Pero los fariseos salieron victoriosos (cf. p.60) y fueron muy influyentes bajo el reinado de Alejandra.

Pero sus orígenes deben buscarse aún más lejos; se les relaciona con el grupo de los hassidim y con el sacerdote Esdras. Los hassidim eran los judíos piadosos (tal es el significado de la palabra hebrea) que, durante la restaura­ción nacional llevada a cabo por Esdras, creían que no bastaba con reconstruir el templo, las murallas y la ciudad de Jerusalén, sino que había que construir además una vida espiritual capaz de animar aquellas piedras, basada en el estudio de la ley para conocer la voluntad de Dios y en la oración. Estos hassidim fueron los que recogieron, quizás los que crearon, numerosos salmos.

Cuando la crisis macabea, estos piadosos parece que no estaban unánimes entre sí; al principio se pusieron al lado de Matatías, pero ya en tiempos de Judas Macabeo algunos dejaron el movimiento, pues a sus ojos la lucha de Judas tenía un carácter más político que religioso.

Vemos que se dibujan entonces las diferencias entre las tres grandes corrientes judías: Los saduceos siguen una actividad política de compromiso‑con el vencedor, para recuperar todo cuanto puedan los zelotes rechazan todo compromiso y luchan activamente por expulsar al ocupante; los fariseos, cercanos ideológicamente a estos últimos, rehúsan el compromiso político activo y creen que el pueblo y el país alcanzarán su salvación con su piedad y el estudio serio de la ley. Así, por ejemplo, aceptan al sumo sacerdote Alkima, a pesar de su formación helenista, porque con él pueden reanudarse los sacrificios rituales en el templo y de esta forma se honra de nuevo a Dios.

Esta actitud de respeto ante el sumo sacerdote, sea el que sea, ligada a una desconfianza frente al poder político, continuará siendo característica de los fariseos. Cuando llegó Pompeyo a oriente, le pidieron el 63 a.C. que arbitrase entre Hircano II y, Aristóbulo II, el pueblo «pidió que no le dieran un rey, pues su tradición era obedecer a los sacerdotes del Dios a quien honraban; que esos hombres (Hir­cano y Alistóbulo), descendientes de los sacerdotes, habían querido inducir al pueblo a cambiar de gobierno para redu­cirlo a la esclavitud» (Antigüedades judías, 14, 4). Esta dele­gación del pueblo era de hecho la de los fariseos. Más tarde, Herodes el Grande no consiguió que prestasen juramento de alianza con él.

Los fariseos, hombres piadosos, conocían bien la ley, se esforzaban ante todo en vivirla ellos mismos y consideraban como obligación suya difundirla a su alrededor, tal como lo hacían sobretodo en la sinagoga. Es una pena que se les haya caricaturizado como hipócritas; no hemos de tomar al pie de la letra a Mt 23: es un texto polémico que sin duda firmarían muchos fariseos, conscientes ellos mismos de su imperfección.

Su recelo del poder y su preocupación por la educación de las masas les dieron a los fariseos una influencia enorme entre el pueblo, hasta el punto de que los jefes tenían que seguir siempre sus consejos; el sumo sacerdote tenía que someterse a su decisión, incluso en un acto tan estricta­mente religioso como el acceso al Santo de los santos el día del Kippur. Herodes el Grande parece ser que tuvo más consideración con ellos que con los saduceos: cuando subió al trono, liquidó a muchos de sus adversarios, pero se contentó con imponer una multa a los fariseos que le nega­ban el juramento. En el siglo I de nuestra era, si los procuradores parecen ser más bien pro‑saduceos, los fariseos encuentran seriamente apoyo en los reyes Agripa; dada su influencia en el sanedrín, fueron verdaderamente los defen­sores del pueblo y se presentan como el primer partido tanto político como religioso.

Salidos del pueblo, los fariseos quieren estar separados de él (ése es realmente el sentido de su nombre); les parece demasiado ignorante de la ley y sobre todo impuro, ya que no respeta suficientemente la ley de santidad, expresión misma de la voluntad de Dios. De esta ley de Moisés sólo una parte se puso por escrito; el resto fue transmitido oralmente por Moisés a los profetas y luego a los sabios o escribas (rabinos) gracias a una enseñanza esotérica que, en el siglo I, se fue haciendo cada vez más importante (cf. Cuadernos bíblicos 12). Esta ley oral tiene tanto o más valor que la escrita. Y en la medida en que se respeta a esta ley, oral y escrita, se adquieren los méritos necesarios para la salvación y para la venida del mesías que establecerá final­mente el reino de Dios, echando al mismo tiempo a los romanos y a todos los demás ocupantes.

El fariseísmo era el único movimiento suficientemente religioso para resistir a la catástrofe del año 70; en Yamnia, en la costa del Mediterráneo, será él el que haga renacer el judaísmo (cf. p. 61).

LOS ESENIOS

Su conocimiento se debe en gran parte al descubri­miento de los «manuscritos del mar Muerto a partir de 1947. Pero antes de que conociéramos su biblioteca, los conocían ya Josefo, Filón de Alejandría y Plinio el Viejo.

Su historia y sobre todo su origen no están aún total­mente en claro. Parece ser que durante la persecución macabea algunos descendientes de la familia de Sadoq, los hijos de Sadoq», se refugiaron en el desierto; después de una crisis en el interior del grupo, los más tibios volvieron a su casa y los fervorosos se fueron a Qumrán, donde se encontraron con los primeros desterrados de la persecu­ción. Esta fusión de laicos desterrados y de sacerdotes sadócidas explicaría su organización, muy jerarquizada, que sitúa a los sacerdotes, hijos de Sadoq, en un lugar insusti­tuible en todos los grados.

Tampoco son claros algunos puntos importantes de su vida; durante mucho tiempo se creyó que no se casaban, pero se ha encontrado allí un tratado del matrimonio y se han excavado tumbas de mujeres… ¿Vivían todos en Qum­rán, o en otras comunidades cerradas, o también «en el mundo»?

Lo cierto es que eran más escrupulosos todavía que los fariseos en su apego alas reglas de pureza y absolutamente tradicionales en varios puntos: rechazaban el calendario seléucida y seguían el antiguo (esto explica que no celebra­ran la pascua en la misma fecha que el judaísmo oficial). Para ser puros, se bañaban varias veces al día y sobre todo renunciaban a ir al templo, demasiado manchado a sus ojos desde que se cambió el calendario y los sumos sacerdotes dejaron de ser sadócidas. Preferían sustituirlos holocaustos por la santidad de su vida, aguardando a que Dios quisiera restablecer el culto y el templo en su pureza original.

Se consideraban como el ejército sagrado de Dios, que había de combatir en la tierra y aniquilar a todos los impíos, en el momento en que Dios diera la señal; en aquel mo­mento, los ángeles del cielo combatirán también contra los demonios en un combate escatológico que asegurará la victoria final de Dios, la destrucción de todos los impíos y el triunfo de los santos. Quieren estar siempre ritualmente dispuestos para esta guerra santa, pero a diferencia de los zelotes no quieren comprometerse mientras Dios no dé la señal.

Estos esenios son, como indican Josefo y Plinio, un grupo muy cerrado, pero seductor para los judíos que quie­ren entregarse por completo a Dios. ¿Qué impacto político tuvieron sobre la sociedad judía del siglo I? Lo ignoramos totalmente, excepto el hecho de que en la guerra del 66‑70 están con los zelotes (¿habría llegado el «signo» de Dios?). Desaparecieron en la tormenta.

LOS HERODIANOS

Si los evangelios no hablan de los esenios, citan a veces a los herodianos (vgr. Mc 3,6), desconocidos por otra parte. Es cierto que Herodes el Grande, luego Antipas en Galilea y los dos Agripa no pudieron reinar sin tener un grupo de partidarios y de amigos que vivían probablemente como sus príncipes, al estilo judío en Palestina y como romanos fuera de ella, en la corte y en su vida privada. Seguramente se mostraban muy atentos a todo cuanto pudiera serlo pare­cer) un movimiento mesiánico, capaz de comprometer su poder.

LOS MOVIMIENTOS BAUTISTAS

En el siglo I de nuestra era se supone en Palestina la existencia de movimientos de «despertar religioso». Como se desarrollaron entre el pueblo sencillo, no han dejado huellas en la literatura. Parece ser que se caracterizaron por el deseo de proponer a todos ‑y no sólo a algunos‑ la salvación, incluso a los pecadores y a los paganos (cf. Lc 3, 7‑14).El bautismo, inmersión en el agua, hecho una vez para siempre (lo cual le distingue de los ritos de purificación de otras sectas) era un rito realizado con vistas al perdón de los pecados.

Se conocen sobretodo dos grupos bautistas: el que se agrupa entorno a Juan denominado el bautista y que duró bastante tiempo (cf. Hech 18, 25; 19, 1‑5), hasta el punto de que los cristianos se sintieron obligados a polemizar contra él; y el grupo que nació en torno a Jesús, que había sido bautizado a su vez (Jn 3, 22; 4, 1‑2). Este último grupo quedará evidentemente transfigurado por completo por la persona de Jesús. Al lado de estos dos grupos organizados, se debieron multiplicar entre el pueblo las prácticas bautis­tas. Todavía en nuestros días los mandeanos conservan la supervivencia de esos grupos.

Este movimiento se caracterizaba también por la repulsa del templo y de los sacrificios sangrientos. ¿ En qué medida participó Jesús de estas ideas?.

LOS SAMARITANOS

Aunque no pertenecen propiamente hablando al judaísmo ni constituyen una secta judía, los samaritanos tie­nen que ser considerados como una comunidad caracterís­tica del ambiente palestino de aquella época.

Se les podría caracterizar a la vez por su proximidad y su oposición al judaísmo. Tanto y más todavía que los judíos, los samaritanos son los hombres de la ley, representada por los cinco libros del Pentateuco; siguen sus prescripciones con todo rigor en lo que atañe, por ejemplo, a la circunci­sión, al sábado y a las fiestas. Su liturgia y su literatura religiosa celebran al Dios único, a su intérprete Moisés, la liberación de Egipto, la revelación del Sinaí. Pero, por otra parte, se manifiesta una divergencia fundamental con los judíos en el hecho de que rechazan los demás libros del A.T. y sobre todo en su negativa a reconocer a Jerusalén como metrópoli religiosa y al templo de Salomó n como santuario central.

Para ellos, el verdadero santuario de la tierra santa y el único lugar de culto legítimo es el monte Garizín, que se eleva sobre la ciudad de Siquén. En la cumbre de esta montaña es donde celebran las grandes fiestas, especialmente la pascua según el ritual de Ex 12. El Garizín, lugar de la bendición según Dt 11,29 y 27, 12, se menciona además en un segundo mandamiento que figura en la versión sama­ritana del decálogo. Se trata de una de las raras variantes del Pentateuco samaritano en relación con el texto recibido.

Hay también un mesianismo entre los samaritanos, que esperan al Taheb, el que ha de venir. No se trata de un descendiente de David, como el mesías judío, sino de una especie de nuevo Moisés, el profeta de Dt 18,15, que vendrá a ponerlo todo en orden al final de los tiempos.

Es difícil señalar con certeza la historia de los orígenes de esta comunidad. Según el relato de 2Rey 17, después de la caída del reino del norte y de la toma de Samaría el 721, los asirios deportaron a uña parte de los habitantes y esta­blecieron en aquellas tierras colonos mesopotámicos. Estos habrían fundado, con ayuda de un sacerdote local, un culto sincretista. Aunque la tradición samaritana sitúa la ruptura todavía antes, cuando Siquén fue abandonada por Silo, hoy se piensa más bien que es más tardía la constitución de esta «secta» samaritana. Cabe pensar también en la vuelta del destierro, en la época de Zorobabel y de Nehemías, o en el momento de la conquista de Alejandro; fue entonces, según el historiador judío Flavio Josefo, cuando los samaritanos construyeron un templo en el monte Garizín.

Las relaciones solían ser bastante tensas entre Jerusalén y Samaría, pero dentro de una estrecha comunidad de des­tino. Se siguieron manteniendo ciertos vínculos y se ejer­cieron influencias recíprocas entre judíos y samaritanos; por otra parte, éstos están en ciertos aspectos más cerca de los saduceos que de los fariseos. Pretenden serlos herederos de las tribus del norte que permanecieron fieles a la fe de Moisés. Su oposición al templo de Jerusalén pudo acercar­los a los esenios y a ciertas corrientes del cristianismo primitivos.

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