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sábado, 12 de mayo de 2012

¿MASONERIA O GEMOLOGIA?


¿Masonería o gemología?

Publicado el 07 julio 2011 por Ritofrancesmoderno
piedra bruta
En ocasiones se usa en demasía el mazo, sin cincel. De este modo se maltrata la piedra, con riesgo de quebrarla. Demasiada voluntad y más bien poco tino o discernimiento, yo creo que todo depende del amor que le tengamos a la propia piedra bruta: si no nos apreciamos, le damos mazazos sin cincel o la dejamos estar. Pero el buen masón acaricia la piedra bruta, aprecia sus aristas… luego, discierne y desbasta. Pienso que las aristas en sí hay que considerarlas de cara a encajar con el resto de piedras. No se desbasta la piedra bruta por el gusto de desbastarla, sino para que encaje en el conjunto del edificio. A veces, veo en masonería que demasiados pretenden desbastar la piedra bruta por puro narcisismo espiritualista, pero no podemos olvidar que somos constructores y que si desbastamos la piedra es sólo y exclusivamente para que encaje en el edificio.
Perdón por la sintaxis acelerada: extracto de una interesante conversación que mantuve anoche con un Hermano. En ella, se aprecian intuiciones fundamentales que conviene no perder de vista para trabajar en Francmasonería, pues somos constructores, no gemólogos.
Usar el mazo sin cincel indica apresuramiento, vehemencia, pasión incontrolada. Todo esto no conduce sino a la autodestrucción.
Trabajamos la piedra no para convertirla en preciosa –no es ese nuestro objeto-, sino para que encaje con el resto de piedras, en un edificio que es conjunto.  El cuidado que pone el Aprendiz en la talla de su piedra no es privativo del primer grado, sino que atañe a todos: también Compañeros y Maestros han de trabajar su piedra.
Los masones nos trabajamos interiormente, por vía de iniciación, y lo hacemos de manera diferente a como se trabajan el monje o el iniciado de otros caminos y escuelas. Nos labramos para encajar en una construcción, de manera que el trabajo sobre nosotros mismos no se agota en nuestro interior, sino que será completo extramuros de nuestras propias narices: construyendo el Templo universal de la humanidad.
Retazos, en fin, de una conversación veraniega, fraterna y realista.

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