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lunes, 8 de mayo de 2017

La Madre Tierra. La Diosa Madre de los Mil Nombres

La Madre Tierra. La Diosa Madre de los Mil Nombres
MARIA ALBA


Madre de los mil nombres, madre de los mil siglos, madre de todos y de todo, la Madre Tierra y su equivalencia como Diosa Madre es un tema que aparece en muchas mitologías. El ancestral mito animista de una Madre Tierra como un organismo viviente es común en las creencias de muchas culturas a lo largo de la historia.. Los pueblos agradecían a la naturaleza, en su conjunto, los bienes que esta les otorgaba. No se solía discernir entre el mundo vivo y no vivo, por cuanto para ellos toda la naturaleza lo era

Las primeras representaciones simbólicas femeninas del Paleolítico (período que comenzó hace unos 2,5 millones de años (en África) hasta hace unos 10 000 años) son de carácter religioso. Antes de la revolución patriarcal, la mayor parte de las deidades humanas eran femeninas. En todo el mundo antiguo, desde Asia Menor al Nilo y desde Grecia al Valle del Indo abundan las estatuillas de la figura femenina desnuda, en diferentes posturas, de la diosa sostenedora y abarcadora de todo.

La moderna arqueología viene descubriendo continuamente testimonios de la presencia de la Diosa entre la Humanidad desde los primeros tiempos. Se han hallado diversas figuras pequeñas y, a menudo, corpulentas, en el transcurso de excavaciones arqueológicas del Paleolítico Superior, siendo quizás la más famosa la Venus de Willendorf (hacia el 22 000 a. C.)


La venus de Willendorf, representa a la fertilidad y data del neolítico. Los senos y el abdomen se han exagerado intencionalmente con propósitos simbólicos: se trata de la gran diosa madre.

Las imágenes más antiguas a través de las cuales los seres humanos dieron forma a una idea son las denominadas Venus o Diosas-Madre. Su presencia se extiende por toda Europa, Asia, África, Australia, América. Esto es realmente significativo, manifiesta una idea con gran arraigo entre las personas de todo el mundo hace más 30.000 años (probablemente es muchos miles de años más antigua), una idea que se fue diversificando y adaptando a las necesidades del momento, pero manteniendo sus signos distintivos comunes. Esa diosa madre primigenia es partenogenética, osea engendradora de vida a partir de si misma. La Gran Diosa era reina del cielo y madre de los otros dioses que se derivaron de ella.

Hace unos doce mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman “revolución neolítica” o “revolución agrícola”. También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres, de la recolección. La aparición de la agricultura, que potencia la tradicional tarea de la mujer, acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora pasa a un primer plano. Se instituye el matriarcado.

Según Karen Armstrong (2005), la revolución neolítica había hecho que el género humano tomara conciencia de una energía creadora que invadía todo el cosmos. Al principio era una fuerza sagrada indiferenciada que convertía la tierra en una manifestación de lo divino: “Pero la imaginación mítica tiende a hacerse más concreta y circunstancial. Al igual que la adoración del cielo había conducido a la personificación del dios del cielo, la maternal y nutritiva tierra se convirtió en la Diosa Madre”.

“Las culturas más antiguas de la humanidad llegaron a la conclusión de que la vida surgía, se perdía y volvía a aparecer en un ciclo incesante (como les daban a entender las distintas fases de la luna, el renacimiento de la serpiente,…). Entendieron que todos los elementos componentes de la naturaleza sin excepción (plantas, árboles, rocas, montes, agua, viento, sol, luna, estrellas, mar…) eran seres vivientes como el ser humano mismo, puesto que todos esos elementos tomaban parte de igual manera en el ciclo de vida, muerte y regeneración. En el marco de este pensamiento animista, concluyeron que la naturaleza en su conjunto era una mujer/madre generadora de vida y crearon la gran metáfora que ha marcado el pensamiento del ser humano hasta nuestros días. Hoy en día está plenamente documentado que esta metáfora de natura/mujer es patente en todo el arte neolítico a través de miles y miles de imágenes”. Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”.

Después de la revolución del Neolítico, es la diosa femenina la que recorre el mundo, lucha contra la muerte y obtiene el sustento de la raza humana. La Madre Tierra, según Karen Armstrong (2005), se convierte en un símbolo del heroísmo femenino en unos mitos que, en última instancia, hablan de equilibrio y armonía restablecidos. La Diosa simbolizaba la vida y la fertilidad de las mujeres y de la tierra, pero su adoración presenta numerosas variaciones según las épocas y los lugares. Por ejemplo, en numerosos cultos la Diosa Naturaleza no es una Madre Tierra que alimenta, sino un personaje implacable, vengativo y exigente, según la antropóloga Armstrong:

“Los nuevos mitos Neolíticos siguieron obligando a la gente a afrontar la realidad de la muerte. No eran bucólicos idilios, y la Diosa Madre no era una deidad dulce y consoladora, porque la agricultura no se experimentaba como una ocupación pacífica y contemplativa. Era una batalla constante, una lucha desesperada contra la esterilidad, la sequía, el hambre y las violentas fuerzas de la naturaleza, que también eran manifestaciones de un poder sagrado. (…) La reproducción humana era sumamente peligrosa, tanto para la madre como para el hijo. Del mismo modo, la labranza de los campos sólo se lograba tras un duro y agotador trabajo”.

En Mesopotamia, la Diosa Madre no es redentora, sino causante de dolor y muerte. Su viaje es una iniciación, un rito de transformación que se nos exige a todos. En Sumeria, Innana desciende al mundo de los muertos para encontrarse con su hermana, un aspecto soterrado e insospechado de su propio ser. Según Armstrong, en muchos mitos de este período, un encuentro con la Diosa Madre constituye la aventura definitiva del héroe, la iluminación suprema.

Cada cultura, cada religión de los pueblos antiguos, adoró una representación de la Diosa Madre, representante de la estrella Spica , la principal de la constelación de Virgo desaparecía en el horizonte el 15 de agosto, fecha que coincidía con la recogida de la cosecha de trigo seco y maduro, Spica (La espiga) volvía aparecer el 8 de septiembre coincidiendo con el momento de la siembra. La Diosa Madre se asociaba a la estrella Spica, los cristianos adoptaron las fechas de los cultos paganos pero a través de su simbolismo, así la festividad de la Asunción de la Virgen se celebra el 15 de agosto y su nacimiento el 8 de septiembre.

Muchas culturas antiguas adoraron deidades femeninas como parte de sus panteones que encajan con la concepción moderna de «diosa madre». Las siguientes son ejemplos: Tiamat en la mitología sumeria, Ishtar (Inanna) y Ninsuna en la caldea, Astoret en Canaán, Tanit para los cartagineses, Astarte para los fenicios en Siria, Isis o Hator en Egipto y Afrodita en Grecia, por ejemplo.

La diosa Isis, pintura mural, ca. 1360 a. C. ( F/W)

Su culto se propagó por todos los pueblos del Mediterráneo, resistiendo la expansión del cristianismo durante el Imperio romano hasta que fue prohibido en tiempos de Justiniano I, en el año 535

EL relato más inspirado de toda la literatura antigua aparece en el Asno de oro, escrito por Lucio Apuleyo en el siglo II d.C.; se trata de la primera novela en latín, en la de Lucio invoca a Isis desde las profundidades de su tristeza, tras lo cual, aparece ella y le dice:

“Aquí me ves, Lucio, en respuesta a tu plegaria. Sepas que soy madre y naturaleza universal, señora de todos los elementos, principio primordial de los tiempos, soberana de todas las cosas espirituales, reina de la muerte, de los oceános, y también reina de los inmortales, la única manifestación de todos los dioses y diosas, mi gesto manda sobre las alturas resplandecientes del cielo, la saludable agua del mar y los secretos lloros del infierno. Aunque soy adorada en muchos aspectos, y conocida por nombres innumerables… los troyanos, que fueron los primeros que nacieron en el mundo, me llaman Pesinuntica, madre de los dioses, los atenienses, naturales y allí nacidos, me llaman Minerva cecrópea, y también los de Chipre, que moran cerca de la mar, me nombran Venus Pafia, los arqueros y sagitarios de Creta, Diana, los sicilianos de tres lenguas me llaman Proserpina, los eleusino, la diosa Ceres antigua y otros me conocen como Juno, otros Bellona, otros Hectes, otros Ranusia pero los egipcios que se destacan en el aprendizaje y culto antiguo, me llaman por mi nombre verdadero… Reina Isis.

Yo soy la madre natural de todas las cosas, señora y rectora de todos los elementos, la progenie inicial de los mundos, poseedora de los poderes divinos, reina de todo lo que hay en el Infierno, señora de todos los que viven en el Cielo, que se manifiesta única y bajo una sola forma en nombre de todos los dioses y diosas. Dispongo a mi voluntad de los planetas del cielo, los saludables vientos de los mares y los omninosos silencios del infierno; mi nombre, mi divinidad, se adora por todo el mundo y de diversas maneras, con costumbres variables y bajo muchos nombres”

El culto a la Diosa, tanto en Roma como en Grecia, pervivió con gran vigor hasta los primeros siglos de nuestra era, hasta el momento de expansión del Cristianismo y de la adopción de los cultos egipcios por el mundo romano.

La devoción a la Virgen Negra tiene su principio en la creencia de los pueblos primigenios de venerar a la madre tierra. En la veneración de aquellas divinidades paganas de la fecundidad se adoraban las piedras negras caídas del cielo (meteoritos) como generadoras de vida. El color negro no alude aquí a los terrores asociados a la noche, sino a las entrañas de la tierra, al seno de la tierra, a la prieta materia prima donde se gestan los ciclos vegetales y la vida en general.

En la mitología griega, el Arquetipo de la Gran Madre estuvo representado por Gea o Gaia (Tierra), personificando a la Madre Tierra. quien fue la primera creación cósmica tras el Caos inicial y madre de todas las cosas. Entre los himnos homéricos (siglos VII-VI a. C.) hay uno dedicado a la diosa madre llamado «Himno a Gea, Madre de Todo».

“Cantaré a la Tierra, madre de todas las cosas, bien cimentada, antiquísima, que nutre sobre la tierra, todos lo seres que existen.”

En su “Teogonía” Hesíodo relata cómo, después del Caos, surgió Gaia «la de amplio pecho», y con ella la creación de los dioses del Olimpo. Posteriormente fue sustituida por su hija Rea -a veces también llamada Cibeles- en las culturas del Egeo, Anatolia y el antiguo Oriente Próximo. La diosa frigia Cibeles fue adorada en Roma como Magna Mater, la ‘Gran Madre’ e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, Es fácil confundir a Deméter con Gea, su abuela, y con Rea, su madre, o Cibeles. Demeter junto a su hija Perséfone eran los personajes centrales de los misterios eleusinos pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la diosa primigenia era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron, la ‘Señora de los Animales’, o simplemente Potnia, la ‘Señora’.

En África era Mag. Haumea y su hija Pele en Hawai. Madre Serpiente para los aborígenes australianos, también llamada «Serpiente Arco Iris». Umay o May es la diosa madre de los túrquicos siberianos. Se la representa con sesenta trenzas doradas, que parecen rayos de sol. Se cree que una vez fue idéntica a la Ot de los mongoles.

En América, la divinidad existía bajo los nombres de Pachamama para los Incas; Ñuke Mapu para los Mapuches; Ixchel, la Hera del panteón Maya; Coatlicue para los Aztecas; la Nuna de los esquimales; Tacoma de los Salish; Maka Ina de los Siux Oglalas; Iyatiku de los Keres y Kokyang Wuthi de los Hopis, además de otros muchos.

“Pachamama Santa Tierra” Óleo. Alberto, Javier Luis. 2.005

Las comunidades contemporaneas quechuas y aimaras de los Andes Centrales de América del Sur, sostienen con fuerza el culto a la gran deidad incaica Pachamama como núcleo del sistema de creencias de actuación ecológico-social. La religión centrada en la Pachamama se practica en la actualidad en forma paralela al cristianismo, al punto tal que muchas familias son simultáneamente cristianas y pachamamistas. El culto a Pachamama es masivo en las áreas rurales y pequeños pueblos y ciudades, encontrándose también entre los emigrantes andinos a las ciudades medianas y grandes, incluso Buenos Aires y el sur de la Argentina.

Los dioses creadores son, en general, masculinos. Sin embargo, parte de la obra de la creación es delegada en diosas con bastante frecuencia.

Entre los Keres de los EEUU, por ejemplo, Utsiti, el dios creador que hizo al mundo a partir de un coágulo de su propia sangre, envía a su hija Iatiky y a su hermana para hacer que la tierra sea fértil. Iatiky, envía a su hijo para que conduzca al pueblo hasta este mundo. Posteriormente, la diosa y su hermana cantan la canción de la Creación, esparciendo semillas e imágenes de su canción que van sacando de una cesta que les ha dado la Mujer araña.

Mahimata, es un término que significa literalmente ‘madre tierra. En el contexto de las religiones de la India, el culto a la diosa madre puede seguirse hasta los orígenes del vedismo (la religión anterior al hinduismo). En el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.) existe la diosa Áditi, la madre de todos los dioses. También se presenta el concepto de la Tierra como diosa madre. En la posterior literatura puránica (desde el siglo III a. C.) se alude a la diosa madre con varios nombres, como Durga, Deví, Maya, Párvati. ‘

La deidad ctónica tiene también su lado destructivo -o autorregulante- como podemos presenciar en los terremotos, inundaciones, tsunamis, o en las manifestaciones violentas de la divinidad femenina, como la ambivalente y vigente diosa hindu Kali, la santa patrona de la ciudad de Calcuta, en su templo se hacen sacrificios de animales en su honor. Quizá fue en India en donde el culto a la hembra eterna fue más fuerte. Allí se la adora de diversas formas bajo la denominación de Mahadevi (plurar), la gran diosa. Devi es la esposa de Shiva y es adorada como la misericordia de Parvati o Uma como la feroz y vengativa Durga o Kali. .

Los rituales hindúes del sacrifico humano ante Kali ignoraban al individuo; eran disciplinas destinadas a inspirar y consumar una espiritualidad de devoción impersonal a los arquetipos mitológicos del orden social.


En el marco del hinduismo, Kali es una de las diosas principales. Kali es la diosa de la muerte y la destrucción, pero también es la diosa de la regeneración y la liberación.. Es la diosa terrible y sanguinaria, pero también la mujer madre que da la nueva vida a costa de su sacrificio.

La asociación entre placer y dolor no se limita a la India. La gran diosa Ishtar de la antigua Mesopotamia también reunía en sí misma a la diosa del amor y de la guerra. Esta dualidad se recoge en el poema de Gilgamesh porque en primer lugar, lo desea y cuando este lo rechaza, le hace sufrir una terrible venganza. Y la arcaica Hécate, dueña del caldero de la vida, que se mantiene actualizada como hechicera en las religiones neopaganas como la Wicca.

La Madre Tierra y la diosa parturienta se fusionaron en el cristianismo con la Virgen María; así, no es sorprendente que en los países católicos su culto supere incluso al de Jesucristo. En ella existe aún una conexión con el agua vital y los milagrosos manantiales curativos, con los árboles y las flores, con los frutos y las cosechas; desde la transformación de Isis en la Virgen Maria, vemos como la Gran Diosa Madre reaparece en el panteón metamórfico de los arquetipos y del inconsciente colectivo, como una veta tierna y luminosa . Tonantzin sincretizada en la Virgen de Guadalupe,. O la diosa Yemayá de la religión africana yoruba que se adapta en Cuba con la Virgen de Regla o en Venezuela con la Virgen del Valle en rituales de la Santería. En España se rinde culto a numerosísimas vírgenes negras, entre ellas la Virgen de Atocha, la de Guadalupe en Extremadura, la de Montserrat en Cataluña, la Virgen de Regla en Cádiz.

La Diosa Madre juega aún con muchos nombres en la Vieja Europa, como la báltica Ragana, la rusa Baba Yaga, la polaca Jedja, la servia Mora, Morava, o la irlandesa Morrígan, lo cual demuestra que no fue borrada del mundo mítico. En la mitología vasca aún pervive la presencia de una diosa llamada Mari; también existía la figura de la diosa Amalur (en idioma euskara, literalmente ‘madre Tierra’).

Dana o Danu es una antiquísima diosa céltica que dió nombre a varios de los más importantes ríos de Europa: Danubio (latín Danuvius; húngaro Duna; alemán Donau); Don, Dnieper y otros. Diosas con el nombre de Danu aparecen también en Rusia y en la India. En el Ríg-Veda el nombre de la diosa Danu significa «corriente» y «las aguas del cielo». La diosa irlandesa Anann, a veces conocida como Dana o Danu, tiene un impacto como diosa madre, a juzgar por el Dá Chích Ananncerca de Killarney (Condado de Kerry). La literatura irlandesa nombra a la última y más favorecida generación de dioses como ‘el pueblo de Danu’ (Tuatha de Dannan).

“Erce, Erce, Erce, Madre de la tierra” Fórmula de encantamiento de origen anglosajón.

Las diosas de la Vieja Europa aparecen en narraciones populares, creencias y canciones mitológicas. En la mitología nórdica, la Gran Madre estuvo representada por la misma madre de Thor, quien era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. A pesar de la demonización de la diosa, sus recuerdos pervivieron en cuentos de hadas, ritos y costumbres, incluso en distintas lenguas. Las colecciones de cuentos, como los alemanes de Grimm, son ricas en motivos prehistóricos que describen las funciones de esta Diosa del Invierno, Frau Holla (Holle, Hell, Holda, Perchta, etc…).

Las historias de doncellas cisnes y pájaros parlantes de los cuentos de hadas provienen de estos tiempos. La Diosa Pájaro que une el cielo y la tierra, la lluvia y los manantiales y la antropomorfa Diosa Donante de Vida como guardiana del bienestar familiar y antecesora de la humanidad, pervive como un Hada que también se transforma con la forma de un ánade, un cisne o un carnero que trae suerte o fortuna; como profetisa, es un cuclillo y, como Madre Primitiva, aparece bajo la forma de un ciervo sobrenatural (mitología irlandesa) o de un oso (griega, báltica y eslava).

Como explica la investigadora Bárbara Walker:

A la tierra se le han dado miles de nombres femeninos (Asia, África, Europa) que corresponden a distintas manifestaciones de una misma Diosa. Diversos países llevaban el nombre de alguna antepasada o de otra manifestación de la Gran Madre: Libia, Rusia, Anatolia, Lacio, Holanda, China, Jonia, Acadia, Caldea, Escocia (Scotia), Irlanda (Eriu, Erin, Hera), fueron sólo unos pocos. Cada nación dio a su territorio el nombre de su propia Madre Tierra.

OTRAS FUENTES:
WIKIPEDIA
EL MITO DE LA DIOSA EN LAS ERAS INDOEUROPEA Y CRISTIANA por Marija Gimbutas
Marija Gimbutas “Diosas y dioses: de la vieja Europa (7000-3500 a. C.” (Ed. Istmo. Madrid 1991)
LA VIEJA EUROPA Y LA DIOSA NEOLÍTICA
Josu Naberan – La vuelta de Sugaar – Donostia : Basandere, 2001
“The Woman’s Encyclopedia of Mythos and Secrets” de Barbara Walker (Harper & Row, San Francisco, 1983)
Campbell, Las máscaras de dios, vol 1. Mitologia occidental

https://santuariodelalba.wordpress.com/2014/03/30/la-diosa-madre-de-los-mil-nombres/

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