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sábado, 7 de marzo de 2015

MIGUEL DE CERVANTES Y LA INICIACIÓN

MIGUEL DE CERVANTES Y LA INICIACIÓN

Sirva esta entrada del blog para reivindicar el reconocimiento que los Masones de habla española tenemos pendiente de tributar al inmortal Miguel de Cervantes. Los anglosajones pronto supieron reconocer la presencia de la Iniciación en la obra de Shakespeare, de modo que en todos los países de habla inglesa aparece una Logia con el nombre del dramaturgo. Sin embargo, en el entorno de habla española parecemos ignorar el legado iniciático de figuras tan universales como Velázquez o Cervantes, con la única excepción de un puñado de hispanohablantes en suelo australiano que tuvieron el buen criterio de denominar Miguel De Cervantes Lodge a su Logia de Sydney, Australia, aunque esté por discernir si el propósito de estos Hermanos fue honrar a Cervantes como icono de su idioma o por la introducción de la Iniciación en el Quijote.


El paradigma imperante actual parece convertir en tabú todo aquello que parezca tener relación con la Iniciación. De hecho, buena parte de la Masonería actual parece más bien destinada a esconderla y negarla que no a buscarla, que es al fin y al cabo el objetivo de cualquier orden iniciática. La situación era notablemente distinta en el Siglo XVIII, donde, a pesar de la existencia de un entorno religioso férreo, la élite intelectual tenía más nociones de la Iniciación de lo que es habitual actualmente. No es por ello extraño que un adalid del catolicismo como Felipe II tuviese una notable biblioteca esotérica en El Escorial, o que posteriormente Velázquez concediese a la realidad iniciática tanto protagonismo en su obra pictórica.

La Cueva de Montesinos

Entrada y sección de la Cueva de Montesinos

Creo que cualquiera que se haya adentrado en el Quijote se habrá percatado de que el público al que se dirige Cervantes es un público distinto del masificado público actual. En pleno Siglo XVI el público era mucho más reducido, y necesariamente más elitista desde el punto de vista intelectual. Ello provoca que Cervantes se permita unas audacias inconcebibles hoy en día, que le llevan a jugar con el lector en una dinámica casi interactiva. Al adentrarnos en su obra conviene tener en cuenta no únicamente lo que dice, sino también a qué clase de público se dirige.

La obra cumbre de la lengua española no podía ignorar el tema de la Iniciación, de modo que Cervantes la plasma en un episodio de contenido simbólico complejo que ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones: la Cueva de Montesinos. Hoy en día nos encontramos demasiado alejados, tanto en el tiempo como culturalmente, del universo de Miguel de Cervantes, y por ello no pretenderemos interpretar toda la simbología de este episodio, pero si intentaremos mostrar las líneas en generales en las que el autor se basa.


Don Quijote es descendido a la Cueva de Montesinos.

Lo primero que llama la atención al leer el relato del descenso en la gran similitud que hay entre la forma en que descienden atado a Don Quijote y el ritual de Exaltación del Arco Real, en el que tiene lugar un episodio idéntico. En realidad, tanto en uno como en otro caso se está reproduciendo un antiquísimo patrón europeo de descenso a la gruta cuya primera versión conservada probablemente sea el descenso de Timarco al antro de Trofonio descrito por Plutarco, aunque la Odisea y la Eneida también narran sendos descensos a las cavernas. Una vez descendido a la cueva, Don Quijote debe optar entre la senda que lleva a la derecha o el camino que lleva a la izquierda. Esto es otra referencia a las estrechas sendas del la virtud y losamplios caminos del vicio, a los que el propio Cervantes hace referencia en el Capítulo VI de la obra. Del mismo modo llama la atención a la ubicación que otorga Cervantes a la cueva, pues mientras que Ossa de Montiel se encuentra en el extremo inferior de La Mancha, el autor dice que se encuentra en el corazón de La Mancha,otorgándole un peculiar cariz de ómfalos u ombligo del mundo (por cierto, la palabraOssa tiene la misma etimología que Huesa: era un lugar de enterramientos).



El protagonismo de las cuerdas no es menor al que se observa en la Masonería tradicional, donde la cuerda es un elemento omnipresente: en el Grado de Aprendiz es la Soga que el Candidato lleva en su cuello. En el Grado de Maestro es la Lienza, y en el Arco Real son las cuerdas de que se sirve el Candidato para descender a cripta (en el Grado de Compañero no aparece, pues se trata de un Grado de génesis tardía). La presencia de la cuerda es un recordatorio del elemento más socorrido de la Iniciación, mencionado en el Eclesiastés:

Acuérdate de Él antes que se rompa el cordón de plata, se quiebre el cuenco de oro, se rompa el cántaro junto a la fuente, y se haga pedazos la rueda junto al pozo.
Eclesiastés 12:6 

A título particular, he de decir que otro elemento que me llamó la atención es la secuencia que se produce durante el descenso de Don Quijote a la Cueva, en el siguiente párrafo:

Iba don Quijote dando voces que le diesen soga y más soga, y ellos se la daban poco a poco; y cuando las voces, que acanaladas por la cueva salían, dejaron de oírse, ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga y fueron de parecer de volver a subir a don Quijote, pues no le podían dar más cuerda. Con todo eso, se detuvieron como media hora, al cabo del cual espacio volvieron a recoger la soga con mucha facilidad y sin peso alguno, señal que les hizo imaginar que don Quijote se quedaba dentro, y creyéndolo así Sancho, lloraba amargamente y tiraba con mucha priesa por desengañarse; pero llegando, a su parecer, a poco más de las ochenta brazas, sintieron peso, de que en estremo se alegraron.


El hecho de que me llamase la atención se debe a que la secuencia esfuerzo - comodidad - esfuerzo es un tópico muy antiguo de la Iniciación. Walter Leslie Wilmshurst lo comentaba al explicar cómo era el corredor que lleva a la Cámara del Rey en la Gran Pirámide: primero un pasaje muy bajo que obliga a recorrerlo penosamente agachado (que Wilmshurst relaciona con el esforzado Grado de Aprendiz). A continuación viene una parte de mayor altura que se puede recorrer cómodamente erguido (que Wilmshurst relaciona con el Grado de Compañero, mucho menos oneroso en términos de purificación), para finalmente tener que acometer un esfuerzo supremo y tener que introducirse por una angosta apertura que transforma ese momento en un auténtico parto (y que Wilmshurst relaciona con el momento del Tercer Grado). Realmente me pregunto si esa forma de mostrar la dinámica de Don Quijote en la cueva, desde la perspectiva de los que quedaron fuera, no sería un guiño a los lectores versados en la Iniciación.

Son interesantes también las expresiones que emplea Sancho Panza, quien le dice antes de descender: "Dios te guíe, otra vez, y te vuelva libre, sano y sin cautela a la luz desta vida". Al salir de la cueva Sancho lo acoge con estas palabras: "Sea Vuesa Merced muy bien vuelto, Señor Mío, que ya pensábamos que se quedaba allá". Si recordamos que para los antiguos la iniciación suponía una conversión (metanoia), comprenderemos que la expresión "muy buen vuelto" no puede ser más acertada. Sea como fuere, el Ingenioso Hidalgo permanece en el interior de la cueva "como media hora", saliendo de ella "con muestras de estar dormido". Al despertar, "mirando a una y otra parte como espantado" exclama: "Dios os lo perdone, amigos; que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún ser humano ha visto ni pasado. En efecto, acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño, se marchitan como la flor del campo".

Don Quijote es despertado a su salida de la cueva.

En la narración del Quijote este descenso a los infiernos es más bien una visión de los Campos Elíseos. Cuando Sancho y el primo del licenciado intentan despertar a Don Quijote, sacudiéndole, le suplican que les diga " lo que en aquel infierno había visto". "Infierno le llamáis" -contesta don Quijote- "Pues no le llaméis ansi porque no lo merece, como luego veréis". 

El Romance de Durandarte y Belerma

Belerma es un personaje creado por los juglares del Siglo XVI que viene a representar el arquetipo de la Dama ideal, de modo que protagoniza numerosos romances. En el relato Oh, Durandarte, dos primos, Durandarte y Montesinos vuelven de una batalla. Durandarte está muy malherido y está a punto de morir. Pero antes de fallecer, Durandarte se acuerda de su amada, Belerma, a la que había estado cortejando durante siete años, y ahora que ella le hacía caso, el moría. Durandarte le pide a su primo Montesinos que cuando muera le saque el corazón y se lo entregue a Belerma, ya que así su amor estará siempre con ella. Durandarte muere y Montesinos le cava una tumba, pero antes de enterrarlo, cumple la promesa que le hizo, le saca el corazón con una daga y lo envuelve en una tela para entregárselo a Belerma.


La manera en que narra Cervantes lo que acontece en esta curiosa experiencia es una curiosa mezcolanza de referencias literarias y humor. El guión básico está extraído de una gran obra iniciática: La Eneida, de Virgilio. Don Quijote ve a Dulcinea encantada en el mismo lugar que Eneas contempla a Dido. El lector versado en La Eneida deduciría entonces de manera refleja que ese lugar sería el infierno, pero Don Quijote se apresura a afirmar que no es el infierno, sino un lugar maravilloso. Del mismo modo Cervantes da la vuelta al relato de Virgilio cuando afirma que salen cuervos y pájaros de la gruta, pues en el caso de Virgilio...

(...) abre una profunda caverna su vacío inmenso, (...) y las aves no pueden tender las alas y surcar impunemente los aires por allí, (de donde viene que los griegos hayan dado el nombre de Aornos a este lugar).



Eneas, como Ulises antes que él y Don Quijote siglos más tarde, desciende a la caverna del infierno. La indiferencia que Dido muestra ante el dolor de Eneas se ve reproducida en la que ahora muestra Dulcinea ante Don Quijote, pero si en el caso de Eneas la aparición de Dido es dramática, pues aparece sangrando, cuando finalmente Dulcinea se aparece al caballero andante lo hace para ¡pedirle doce reales, mientras Don Quijote dice que solo tiene cuatro!

Ovidio

En la época de Cervantes, Ovidio era apreciado entre otras cosas por el hecho de que su versificación estaba muy unida con una narración dinámica, pero era apreciado además por la ironía de sus textos al hablar de los misterios y los tesoros poéticos y filosóficos que encierra la mitología. Las transformaciones de Durandarte y Belerma, Dulcinea, Montesinos, Merlín y todos los caballeros andantes que habitan la cueva de Montesinos, responden a las mutaciones que imperan en las Metamorfosis, donde Lineo se transforma en Lince, Níove es convertida en piedra, unos labriegos en ranas, etc., de modo que Cervantes juega con el cambio de estado que sufren los personajes por raptos alucinatorios o encantamientos, aunque nuevamente vuelve a introducir el humor:

-¿Y los encantados comen?- dijo el Primo-. "No comen -respondió don Quijote-, ni tienen excrementos mayores; aunque es opinión que les crecen las uñas, las barbas y los cabellos. "¿Y duermen por ventura los encantados, señor?" -preguntó Sancho-. No por cierto -respondió don Quijote; a lo menos en estos tres días que yo he estado con ellos ninguno ha pegado el ojo; ni yo tampoco.

La procesión de doncellas en la cueva de Montesinos.

Otro aspecto a tener en cuenta para un correcto entendimiento del episodio es el discurso del primo, que por momentos va exponiendo puntos de vista de Virgilio, Ovidio, y de otros autores contemporáneos de Cervantes a los que este contesta e incluso ridiculiza, como Virgilio Polidoro de Urbino o Villén de Vieda,. La inesperada alusión a la invención de los naipes pretende mofarse de Villén de Viedma, quien en su Suplemento a la invención de las antigüedades de Virgilio Polidoro pretende atribuirse la invención de los naipes.


Ya que soy manchego, discúlpeseme la vanidad de poner una foto mía a los 22 años en los campos de Albacete, de donde procedo (el peculiar saturado de esta foto tomada con cámara de carrete se debe al sol abrasador del verano). Tras 16 años de vivir en la Comunidad Valenciana, donde el entorno es más amable, creo que he tomado progresivamente conciencia de lo ásperos que son los campos de La Mancha para el ser humano. Creo que jamás leí una descripción tan acertada de La Mancha como la escrita por Benito Pérez Galdós:

Don Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; tierra surcada por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha de parecer obra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace locos a los cuerdos, aquel campo sin fin, donde se levanta el polvo de imaginarias batallas, produciendo al transparentarse la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades, que hace más rara y extraordinaria la presencia de un hombre, o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien lo ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales molinos de viento, los cuales no necesitaban sino hablar, para asemejarse a colosos inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.

Bailén, de Benito Pérez Galdós.

Don Quijote y Sancho Panza, por Antonio Mingote.

http://www.masoneriaantigua.blogspot.com.es/2014/07/miguel-de-cervantes-y-la-iniciacion.html

viernes, 16 de mayo de 2014

LA EVOLUCIÓN DE LOS RITUALES ANTIGUOS

LA EVOLUCIÓN DE LOS RITUALES ANTIGUOS

Del mismo modo que los arqueólogos dividen la historia en unos períodos que permiten manejarla de forma práctica y que reflejan el desarrollo de conocimiento, tales como la Edad de Piedra, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro, etc., vamos a contemplar la evolución de los rituales masónicos dividiendo su historia en una serie de etapas. Es evidente que estos períodos de tiempo tienen límites difusos y que, por lo general, se superponen en el tiempo; lo que no obsta para que esta división artificial nos facilite la tarea de aproximarnos a su desarrollo. Vamos a considerar las siguientes etapas: etapa operativa, etapa de la taberna, etapa moral, etapa de las lecturas y etapa de estandarización. A ello tenemos que añadir las aportaciones de los Modernos, y algunos detalles importados de las asociaciones esotéricas, tan en boga entre la aristocracia del Imperio Británico durante la época de formación de los rituales actuales.

La etapa operativa, como su nombre indica, hace referencia al período en que el ritual se hallaba en las manos de los masones operativos. Independientemente de cuál sea la teoría que se emplee para explicar el origen de la Masonería, resulta claro que los rituales masónicos tienen su origen remoto en las prácticas ritualizadas de las Logias operativas escocesas de finales del Siglo XVII y principios del XVIII, aunque estas también son el fruto de una lenta evolución cuyo origen se encuentra aún más atrás en el tiempo. La liturgia practicada entonces era mucho más sencilla que las actuales, pero ya contenía una serie de elementos que se perpetuarían, como son las palabras asociadas a los pilares, la obligación de mantener el secreto, la postura del juramento u obligación, los Cinco Puntos, y rudimentos de la forma de la Logia, así como de ciertos contenidos y simbolismo. Del mismo modo, nuestros antepasados operativos nos legaron todo un cuerpo de historias legendarias y de tradiciones no específicamente rituales que han ayudado mucho a configurar los usos actuales.

La etapa de la taberna hace referencia al período en que los masones especulativos se reunían en salas alquiladas en las tabernas para degustar un ágape, durante el cual trabajaban una serie de preguntas y respuestas que eran interrumpidas por elaborados brindis y, en ocasiones, canciones. En este sentido, los masones seguían la pauta de otras muchas organizaciones, bastante comunes en el entorno anglosajón durante el Siglo XVIII, que celebraban igualmente iniciaciones y ceremonias en torno a un banquete. En esta época se introducen otros elementos como son el trazado del suelo (que realizaban con una pasta caliza, borrando con una fregona los trazos al final) y buena parte de la imaginería y mobiliario actuales. Durante este período se producen también unos grandes adelantos conceptuales en la Masonería, pues aparecen en los rituales dos elementos fundamentales: el grado de Maestro, y el Santo Arco Real de Jerusalén, con lo que la estructura iniciática de la Masonería es por fin culminada. Las iniciaciones se llevaban a cabo, o bien en otro salón, o bien en el mismo lugar, dejando en el centro la mesa alargada. Cuando los hermanos se encontraban sentados en la mesa, el Venerable Maestro se sentaba en un extremo (la literatura irlandesa lo documenta con sombrero de copa y una capa de color morado sobre los hombros), mientras que en el otro extremo se encontraban los Vigilantes (de donde procede la costumbre, en algunos ritos, de que ambos Vigilantes se sitúen en el Occidente).

La etapa moral de mediados del Siglo XVIII contempla la introducción del simbolismo moral y la instrucción en las ceremonias. Se profundizó en muchos símbolos existentes para ofrecer lecciones científicas y morales, y el simbolismo del Templo de Salomón comenzó a invadir los Grados de Compañero y Aprendiz. Es un hecho curioso pero constatable que, conforme se iban introduciendo elementos moralizantes, se iba descristianizando paulatinamente la Masonería, lo que probablemente se debiese a los nuevos aires ilustrados, así como a la voluntad de evitar discrepancias religiosas entre los creyentes de distintos religiones en el interior de las Logias; lo que no fue óbice para que se aumentaran las referencias al Antiguo Testamento. Desde el punto de vista ritual, los dos elementos más importantes que subsisten de esta época son la Lección de Caridad y la explicación de las Herramientas de cada grado; el Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás adquieren ya su significado actual.

La etapa de las lecturas vio como surgían en el contexto de habla inglesa una serie de nombres todavía hoy conocidos: Preston, Webb, Finch, etc. Estos preceptores de ritual desarrollaron sus versiones particulares del mismo, dándole a estas lecturas de contenido moral y simbólico una presencia y complejidad de la que hasta entonces habían carecido. Quizá convenga no confundir las lecturas con las planchas actuales: la palabra “lectura” se aplicó durante la primera mitad del Siglo XVIII al catecismo dialogado que se recitaba por turnos en la mesa, el cual fue sustituido paulatinamente por extensos textos que debían memorizarse y declamarse en Logia, que es a lo que llamamos “lectura” actualmente. Posteriormente, en el contexto continental, derivó en las planchas. El paso intermedio entre los preceptores lectores y la popularización de la plancha como herramienta de trabajo masónico fue el hecho de que el recitado de las lecturas se encomendase específicamente a los Stewards o Auxiliares, razón por la cual en Francia se les denominó Expertos, tras lo cual la plancha que conocemos hoy en día fue introduciéndose paulatinamente.

El auge de las lecturas tuvo dos consecuencias: en primer lugar, hizo necesario el unificar los rituales; y en segundo lugar, dada la extensión de las mismas, que imposibilitaba el poder memorizarlas asistiendo únicamente a las Logias de Instrucción, se hizo imperativo imprimirlas. Hasta entonces, las dos únicas versiones impresas de los rituales se había debido a motivaciones espurias (Masonry Dissectedy The Three Distinct Knocks). Ahora sería necesario imprimir los rituales debido a su extensión y publicar manuales.
Grabado inglés del Siglo XVIII en el que se representa la Iniciación
de un Candidato en casa de un noble.

UNA TENIDA DE FINALES DEL SIGLO XVIII

Para que nos hagamos una idea de cómo era la Masonería a finales del Siglo XVIII, conviene que conozcamos cómo transcurría una Tenida típica en esta época.

Los Hermanos se reunían en la habitación del banquete y abrían la Logia. Una vez que los Hermanos se habían sentado, el Venerable se sentaba en un extremo de la mesa con las Tres Grandes Luces dispuestas sobre la mesa ante él. Ambos Vigilantes se sentaban en el extremo opuesto de la mesa, con sus columnas, que representaban los dos pilares, dispuestos igualmente sobre la mesa. Junto a las Tres Grandes Luces se disponían sendas velas, o bien se ponía una junto al Venerable y otras dos junto a los Vigilantes. Sobre la mesa se disponían Herramientas de cantero. El resto de oficiales se sentaban alrededor de la mesa de modo semejante a las posiciones, hoy en día, del Rito de Emulación.

Si había algún candidato esa noche, era preparado en una habitación anexa, mientras se trazaba en el suelo la disposición de la Logia simbólica. La ceremonia podía tener lugar en otra sala, o bien en la misma sala del ágape, alrededor de la mesa; pero lo normal es que tuviese lugar en una sala distinta, con los oficiales de la Logia permaneciendo de pie. Dentro del trazado de la Logia simbólica se encontraban los oficiales principales, las velas, y una mesa sosteniendo la Biblia. Una vez que el Candidato era introducido, era presentado, realizaba las circunambulaciones, tomaba su Obligación, y era investido con el grado. El trazado del suelo era explicado al Candidato, tras lo cual era borrado con una fregona y la habitación era devuelta a su aspecto previo.

De vuelta a la sala del ágape, el Candidato era vuelto a vestir, y era sentado en el extremo NE de la mesa, donde el Venerable le pronunciaba una exhortación y le explicaba las herramientas de su grado, tras lo cual se servía la cena. Durante la cena se procedía a la serie de preguntas y respuestas, que los Hermanos respondían por turnos, mientras realizaban profusos brindis. Finalmente se cerraba la Tenida, quedándose los más irreductibles a beber con el resto de Hermanos y el tabernero. Así era una Tenida en la segunda mitad del Siglo XVIII.

LOS MODERNOS

Pero la segunda mitad del Siglo XVIII va a contemplar también cómo se desarrolla un nuevo tipo de Masonería que creará unos usos totalmente distintos: los Modernos.

Hasta ahora hemos visto tres maneras de trabajar en Masonería: en primer lugar, por medio de preguntas y respuestas que se memorizaban con la práctica oral, que es el sistema que empleaban los masones operativos. En segundo lugar, por medio del ritual, y en tercer lugar por medio de las lecturas declamadas. Actualmente podemos encontrar estos tres modelos en cualquier representación del Tercer Grado: las preguntas y respuestas para pasar del Segundo al Tercer Grado, y en la instrucción propia del grado; el ritual en la primera parte de la ceremonia, y finalmente la Historia Tradicional.

Sin embargo, la particular idiosincrasia de la Masonería Moderna iba a introducir ex novo unos procedimientos hasta ahora desconocidos. En el Ritual de Bristol, el primer ritual moderno que se conserva (excepción hecha de Masonry Dissected), y que por el desarrollo del Tercer Grado podemos datar hacia 1760, en las notas preliminares aparecen dos líneas a las que rara vez se presta atención, pero que marcan una diferencia fundamental con el modo de trabajar antiguo: “Debe procurarse que el Candidato piense por sí mismo, y los Diáconos no deben apuntarle las respuestas. En caso de duda consúltese al Director de Ceremonias”. Los que hemos podido trabajar en ritos de ambas tradiciones sabemos que este es un rasgo específico de la Masonería moderna, mientras que en Emulación, York, Escocés Estándar e Irlandés, es siempre el Diácono el que apunta al Candidato las respuestas, al punto de que el único momento de la Tenida en que el Candidato dispone de libertad para responder por sí mismo es en el instante en que debe aceptar si toma o no la Obligación, permitiéndosele así echarse atrás si tal fuese su deseo. Otros detalles sumamente importantes que aparecen por primera vez en este ritual son las preguntas escritas previas a la admisión del Candidato (origen del Testamento Filosófico), la Copa de la Amargura, el Círculo de Espadas y algunas originalidades que no han perdurado, tales como dar un golpe de gong en el momento en que el Candidato ve la luz, o el florido texto que se decía con motivo del citado Círculo de Espadas: “El Círculo de Espadas que os rodea representa también la universalidad de la Masonería, pues donde quiera que la voluntad de la Providencia os envíe, ya residáis en la civilizada Europa, visitéis el hielo de las regiones del norte, languidezcáis bajo la arena sin caminos del desierto africano, atraveséis los bancos del Nilo, el Ganges, el Eúfrates o el Mississippi, o moréis en los inconmensurables páramos habitados por tribus indias, allende el Atlántico, o entre los árabes errantes, o los nómadas tártaros, o entre los lejanos chinos; o incluso, sí, en el mismo campo de batalla, en todas partes encontraréis un Hermano, el cual os saludará en el lenguaje universal de la Masonería”. Preston, que pertenecía a los Modernos, introdujo también las alusiones del Segundo Grado a los sentidos, las artes liberales y los órdenes arquitectónicos.

No obstante, el particular universo de los Modernos es demasiado complejo como para extenderse en estas notas que no pretenden sino ofrecer unas líneas generales del desarrollo de los rituales.


En este grabado de William Hogarth se muestra al Venerable de su Logia, Sir Thomas de Veil, siendo conducido ebrio a su casa por el Retejador. A la izquierda, a un diácono se le ha roto la fregona con que borra los trazos del suelo. El nombre de la taberna, "La Jarra y las Uvas", es el lugar de encuentro, en Westminster, de la Logia nº 4 desde 1717 a 1723.

La etapa de estandarización estuvo marcada principalmente por los esfuerzos por crear un ritual uniforme. Antiguos y Modernos fueron unificados, y con el abandono de muchos procedimientos antiguos es cuando la Masonería empieza definitivamente a parecerse a lo que practicamos hoy en día.

Si hasta ahora la Masonería había sido una actividad sin marchamo de élite social, durante la etapa moralizante se subió notablemente el nivel de honorabilidad. El abuso de alcohol que tenía lugar en las Logias resultaba ya intolerable para la encorsetada y abstemia sociedad previctoriana del Imperio Británico, de modo que el alcohol fue abandonando las Logias, y con ello la relación de las Logias con las tabernas dejó de tener sentido. A partir de este momento comenzaron a alquilarse otra clase de locales, haciéndose todo tipo de probaturas con la disposición de la Logia, siguiendo supuestas tradiciones o respondiendo a determinados contenidos simbólicos.

Eliminar la mesa de las Logias tenía la innegable ventaja de que solucionaba el problema del alcohol, pero planteaba otra cuestión nueva en la que no se había reparado previamente: el catecismo de preguntas y respuestas que se repetía de manera salmodiante en cada ágape ya no tendría lugar, y ello implicaba un notorio menoscabo de información para los nuevos miembros. En Estados Unidos, donde se trabajaba en Rito de York, se optó por reforzar las lecturas; pero la Inglaterra posterior a 1813 siguió el patrón de los Modernos, enriqueciendo el ritual. El trazado de la Logia se concentró en los Tableros de Trazo, y las lecturas fueron cada vez menos empleadas. Poco después de la unión de Antiguos y Modernos se prohibió por completo la ingesta de alcohol en cualquier actividad masónica a cubierto, lo que hizo que en Inglaterra hubiese que optar por convertir el ágape en una actividad social con brindis, o bien en una lectura abstemia. Se optó por los brindis, aunque en realidad, en Rito de Emulación, el Ágape se sigue considerando como parte del ritual, siendo destinada a la discusión de temas diversos.

No es posible terminar de considerar la génesis de los rituales masónicos sin hacer referencia a otra fuente que ejerció una notable influencia en el desarrollo de la liturgia masónica. Se trata de los clubes esotéricos y espiritistas, tan populares durante los siglos XVIII y XIX en Inglaterra. La influencia de estos clubes llegó a través de los Modernos, más abiertos a los hábitos sociales de la capital del Imperio, de modo que cuando en la unificación de 1813 cobraron preeminencia los rituales antiguos, muchas de estas prácticas desaparecieron de Gran Bretaña, aunque sí se mantuvieron en el continente. Ejemplo de estas influencias son la Cadena de Unión, la circulación de palabras, la Tenida Fúnebre, o incluso un cierto temor reverencial que se plasmaba en la preocupación por ubicar de manera correcta el mobiliario o mantener en secreto todas las palabras clave. Hoy en día procuramos que los Hermanos no conozcan las palabras secretas sencillamente por evitar lo que sería una fractura en el método masónico. Pero aquellos masones ingleses eran hijos de su tiempo, y en esta época se atribuían propiedades mágicas a las palabras, por lo que se temía que una palabra mal empleada no solo provocase un anticlímax mágico, sino que quizá incluso pudiese desencadenar algún tipo de fuerza no controlada.

Alberto Moreno 

http://www.masoneriaantigua.blogspot.com.es/2013/07/la-evolucion-de-los-rituales-antiguos.html