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martes, 4 de noviembre de 2014

CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y DE PENSAMIENTO DE LA REPÚBLICA

CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y DE PENSAMIENTO DE LA REPÚBLICA

Sócrates no escribió jamás. Fueron sus discípulos Jenofonte y, sobre todo Platón, quienes hicieron posible la transmisión de su pensamiento. La escritura de Platón no está orientada a un público en general, sino a aquellos que van a ser dirigentes. A veces, se limita a reproducir artística y pedagógicamente aquellos diálogos que, en su mayor parte, fueron presididos por su maestro. Otras, crea él mismo esos diálogos, para dejar plasmada su filosofía de una manera dramática.

El texto que vamos a analizar se propone servir de base a la formación de los dirigentes que habrán de regir la polis. Estos dirigentes han de ser filósofos y habrán de conocer la Verdad auténtica de qué es la Justicia y qué es el Estado (Politeia o - traducido como “República”). Este conocimiento les permitirá llegar a participar no ya de cualquier cosa buena o de cualquier beneficio, sino del Bien en sí mismo, fuente de la verdadera felicidad.

La República es un texto que pertenece al período de madurez, se supone escrito entre los años 389 y 369 a.C. El escenario en el que se desarrolla el diálogo es la casa de Polemarco, hijo de Céfalo, un rico meteco conocido de Pericles. El edificio está situado en el puerto del Pireo. Allí se encuentran Céfalo, sus otros dos hijos Lisias y Eutidemo junto al sofista Trasímaco con dos de sus seguidores. Además están los dos interlocutores más señalados de este diálogo: Adimanto y Glaucón, hermanos de Platón. También figuran en el diálogo Nicerato, hijo del general Nicias, quien se opuso a la guerra con los espartanos frente al beligerante demócrata Cleón y que defendió la necesidad del conocimiento en los gobernantes, pero que no conseguía afrontar los problemas de Atenas. Este general será vencido en Siracusa y condenado por el gobierno de los Treinta., y otros más que sólo se mencionan con motivo de la invitación que Polemarco hace a Sócrates para que lo acompañe a su casa. Es significativa la presencia de cada uno de estos personajes. Pues, Céfalo y sus hijos tienen convicciones demócratas. Trasímaco fue un destacado sofista que plantea, de manera pragmática e implacable, aprovechar la propia fuerza y la debilidad del contrario para vencer (episodio de los sitiados de la isla de Melos en 415 a. J., Blackburn, p. 44). En cuanto a Glaucón y Adimanto, representan las posiciones de los oligarcas. En justicia creen que la polis debe estar dirigida por los aristoi (los mejores) y que al resto les cabe la sumisión. Glaucón planteará, afinando los planteamientos de Trasímaco, un reto de gran importancia para la filosofía moral: “demuéstranos que la moral, considerada en sí misma, con independencia de sus consecuencias, supone un beneficio para su poseedor, y que la inmoralidad supone un perjuicio”. (Blackburn, 55). En cuanto al otro hermano mayor de Platón, Adimanto, se presenta como un personaje casi intercambiable por Glaucón.


La Academia de Platón

La escena de Politeia (el gobierno de la polis, traducida por República) descrita en el diálogo no es real, se trata de una construcción fantástica en la que se pretende una unidad de tiempo y acción entre los personajes y sus discursos. En realidad, Platón empleó en esta obra 20 años y supone una reflexión muy crítica con la Grecia implicada en la Guerra del Peloponeso.

Antes, las polis griegas habían luchado contra los persas en las Guerras médicas. Y, durante estas guerras, Atenas y Esparta habían surgido como potencias emergentes, transformando sus tensiones internas en conflictos expansivos. Esparta Había emergido como potencia militar terrestre y Atenas como dueña de los mares, a la cabeza de la Liga de Delos. Esta circunstancia impuso una tendencia política equivocada según Platón. Pues la riqueza, el oro y la plata que trajo el mar supusieron la ruina de la polis. El interés crematístico por el comercio y la riqueza se impuso frente a la filía en la polis (hoy podríamos decir, cohesión social de la polis).

La guerra del Peloponeso ocultó la verdadera problemática que era interna. Produjo también una excesiva preocupación por el honor (la andreia), lanzando a la rivalidad y a la guerra. Mientras, se olvidaba la prudencia (sofrosine) y, con ella, los auténticos problemas de armonización interna de Atenas. Se trataron los problemas de la ciudad en clave de guerra exterior abandonando sus obligaciones para con la formación de sus gobernantes.


La confederación de Delos la componían muchas ciudades, y los tribunos participantes en ella, desde sus respectivas polis y medrando en sus intereses, consolidaron a Atenas como potencia imperialista. Es el glorioso siglo de Pericles. Pero, en esa expansión imperialista se halla el germen de su perdición. Platón ve que ese imperialismo lleva a un belicismo y a un interés netamente económico y que, bajo toda la retórica sofista que apoya las tesis del más fuerte, se olvidan las costumbres, el carácter autónomo y, en definitiva el ethos de la polis logrado por Solón (tío de Platón), el gran reformador de las leyes de Atenas.

La democracia ateniense se había consolidado al margen de la tradición y su poder es el producto de su triunfo imperialista, de su propio ejercicio victorioso del poder. A la base de la democracia no está la tradición griega arcaica -la heredada de Homero- ni la instaurada por Solón (tan alabada por Platón), sino el poder por el poder; eso sí, legitimado por la retórica y la persuasión sofística[1]. Esa es la posición pragmática de Trasímaco.

Desde entonces, lo que es guerra abierta y poderío descarnado hacia el exterior, contra otros pueblos, se convierte en lucha arribista en el interior de Atenas. Platón se da cuenta de cómo la guerra civil con los espartanos (griegos contra griegos) impone una primacía de la actitud guerrera y de la andreia (el arrojo y el honor) como virtud, en lugar de la sofrosine (de la prudencia y moderación).
A finales del siglo V, la guerra fría entre Esparta y Atenas se había calentado. Es cuando estalla la guerra del Pelonoponeso. Esta guerra dura 30 años. Al final, Esparta y su modelo agrario terrateniente vencen a Atenas. Y los aristócratas retornados instauran con apoyo de Esparta el gobierno atroz de los Treinta Tiranos[2], que tan solo dura unos meses. Suficientes, para sembrar el terror y la desolación. Algunos de los que dialogan con Sócrates están relacionados con ese gobierno (los hermanos de Platón Glaucon y Adimanto). Otros que se nombran con respeto, como Critias, que había estado al mando de los Treinta y era, además tío de Platón.

hoplita griego

También se nombra a Cármides. Ellos participaron, aunque Platón considera que lo hicieron por error, por no saber. Un error que les indujo a confundir la patrios politeia con la oligarquía, es decir creer que lo importante en un Estado es atender a la cabeza de la polis (a unos pocos, los mandatarios) en la creencia que a los otros sólo les corresponde la sumisión y la obediencia. Platón planteará que, si bien debe haber una cabeza directora (los filósofos), cada estrato social tiene su función en la ciudad y que todas las clases deben estar integradas armoniosamente mediante la dirección del pensamiento racional y las leyes. Platón no veía en la oligarquía la solución ni tampoco en la política beligerante que mantenía el demos, pues la una era el intento justo de unos pocos llamado al fracaso, y la otra era la injusticia pensada por muchos, a partir de una opinión distorsionada.

Tras esta guerra civil se reinstauró un gobierno democrático que no posee ya la base imperialista del tiempo de Pericles. Esta democracia restaurada es la que condena a Sócrates y la que es objeto de la más dura crítica de Platón. El periodo brillante de Pericles había dejado una estela ideal que hacía añorar la democracia. Pero, cuando Sócrates y Platón se oponen frontalmente a la democracia, ésta ya no es un régimen expansivo y victorioso, es tan sólo el residuo de un fracaso y ya no tiene perspectivas tras la derrota contra Esparta. Sus críticas abordan numerosos y variados aspectos relativos a este régimen político, pero casi todas coinciden en un punto: el igualitarismo democrático en el poder engendra irracionalidad. La injusticia de los muchos vence. La democracia no distingue, sino que trata de la misma manera a todos los ciudadanos, "distribuye la igualdad tanto a los que son iguales como a los que los que no son iguales".

Por ejemplo, en vez de adjudicar cargos y magistraturas atendiendo a la capacidad y a la preparación de los ciudadanos, concede la misma oportunidad de gobernar a todos indiscriminadamente tanto al capaz como al incapaz ("Las Leyes"). El resultado es el gobierno de los ignorantes. Y en "La República" explica en origen de la democracia por el triunfo de los pobres:

"Cuando los pobres, tras haber vencido a los ricos, matan a unos y destierran a otros y se reparten, por igual, entre los que quedan el gobierno y las magistraturas: éstas, por lo general, se adjudican por sorteo" (República VIII).


La libertad y la esclavitud

El error de los oligarcas implicados en el Gobierno de los Treinta fue un error, la debilidad del gobierno democrático un dirección antinatural. En el régimen democrático los filósofos se habían convertido en asalariados y sometido a la opinión del común. Dicho de otro modo, el saber había quedado hipotecado al interés y a la ignorancia de la mayoría. Además, los cargos eran por sorteo sin tener en cuenta la excelencia y la capacidad de quienes debían gobernar.

De la posición que mantiene Platón al respecto:

"¿Acaso tú, Melesias, obrarías de este modo? Si celebraras una reunión para deliberar acerca de la educación gimnástica de tu hijo, acerca de cómo debe ejercitarse, ¿harías caso, tal vez, a la mayoría de nosotros o más bien a quien hubiera sido instruido y adiestrado por un profesor de gimnasia?
- Evidentemente a éste, Sócrates.
- ¿Harías más caso a éste, a pesar de que somos cuatro?
- Seguramente.
- Según pienso, cuando ha de tomarse una decisión correcta se debe decidir atendiendo al saber y no a la mayoría." (Laques, 184D-E)

Y también critica la remuneración de los políticos profesionales: "He oído, -dice Sócrates en el Gorgias- que al establecer el salario para los cargos públicos, Pericles hizo a los atenienses perezosos, cobardes, charlatanes y avaros".

Por ello, Atenas se vio abocada a la guerra y, después, la debilidad a la que habían llegado las polis, había facilitado el dominio persa. Esta es la visión de Platón. Por si esto no fuera suficiente, el ejército con la guerra cambió estructuralmente de signo. La base ya no la formaban los hoplitas, sino la marina de guerra, cambio que había alentado la ambición de los belicistas y dejado la labor interior de la polis y la virtud que podía sostenerla (la prudencia) abandonadas.

Hacia el 387 casi toda Grecia está a merced de los persas y tan sólo un año después, en 386, Atajerjes II somete a Atenas. Un par de años antes, es cuando Platón Fundó la Academia. La República (la primera parte) servirá de manifiesto para una regeneración política y nos da idea de cuál sería el plan de estudios para los futuros dirigentes de la polis. Así, pues, cuando Platón concluye la República, Sócrates ya ha muerto, acusado y sentenciado por los demócratas. La hegemonía ateniense se ha perdido y la influencia macedónica se hace notar cada vez más. Platón está madurando sus ideas políticas y ya posee una clara delimitación sobre qué tipos de gobiernos[3], a su parecer, convienen y cuáles no.

Sócrates toma la cicuta


R. Poratti nos resume la situación:

“Platón vuelve dos veces más a Sicilia, donde en 367 ha accedido al poder el hijo o sobrino de Dionisio, del mismo nombre. La primera vez llamado por Dion, que lo entusiasma con que el joven tiene inclinaciones filosóficas y puede convertirse en el gobernante con que sueña la Academia. Pero las aficiones filosóficas de Dionisio II resultan superficiales para el gusto de Platón, que siente que el joven tirano lo quiere sólo para prestigiarse. Además, Dionisio está celoso de Dion, a quien expulsa, reteniendo al filósofo. Unos cuatro años más tarde Platón, que queda envuelto en las intrigas de Dion, hace un último viaje con la promesa del tirano de salvar la situación de éste a cambio de su visita, pero Dionisio no cumple y Platón tiene que ser rescatado por sus amigos de Tarento. Platón no vuelve más a Sicilia, pero Dion, con una blanda desaprobación del viejo filósofo8, organiza desde la Academia, junto a otros compañeros, una expedición armada para derrocar a Dionisio II, y de hecho logran tomar el poder. Siguen años confusos, en los que Dion enfrenta un retorno de Dionisio y a sus propios secuaces, hasta que es él mismo asesinado por un ateniense. Todos los personajes de este drama un tanto sórdido están en conexión con Platón, quien dirige las Cartas VII y VIII a los partidarios de Dion, que han recuperado el mando, casi como una explicación. La historia siciliana seguirá su curso. Dion y Platón no lograron instaurar un gobierno filosófico, pero sí liquidar el polo de poder de los tiranos de Siracusa, tal vez poco de acuerdo con las sublimes exigencias ético-políticas del filósofo pero efectivo, y que de perdurar hubiera quizás permitido a los griegos de Sicilia y al mundo griego en general una oportunidad distinta frente al horizonte en el cual aparecería finalmente Roma.

Platón vivirá todavía hasta el 347. A su muerte, a los 81 años, está trabajando en Las Leyes, su último gran intento de reformular el problema de la Ciudad, que lo obsesionara toda su vida.” (p.7)

El gobierno de la polis es, ante todo, para Sócrates y para Platón, un saber que implica el ejercicio de ciertas virtudes (areté). Areté significa excelencia de una capacidad, en primer término referida a una capacidad técnica, por ejemplo la del artesano. Pero, con Platón, va a cobrar un sentido moral, que es el que ha llegado hasta nosotros. En Platón la areté es virtud moral. Se trata de la capacidad para la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto.

Atenas no pudo aplicar esta utopía, pero los siglos venideros no dejaron de mirar a este texto para orientarse en la construcción de los Estados[4]. Esta ciudad, mítica para Occidente, intentará años más tarde reemprender su curso de antiguo esplendor, pero con la caída de Siracusa y Tarento, quedará definitivamente aislada, estancándose en su decadencia hasta la llegada del imperio macedónico con Alejandro Magno en el 323. Para entonces Platón ya había muerto y su sobrino Espeusipo le había sucedido en la dirección de la Academia .

Los estudios de la Academia tendrían que ver con el conjunto de disciplinas necesarias para la formación de los filósofos gobernantes, tal como se presentan en el libro VII de la República: la aritmética (522 c), la geometría (526 c), astronomía (528 e), música (531 a-c), y dialéctica (532-537). Y en la Academia, por él fundada, tiene la intención de crear los cuadros políticos necesarios la reforma del Estado. Este es el objetivo último del diálogo La República. Y para este objetivo es clave la dialéctica, concebida como el arte de pensar ligado al lenguaje, como una gramática de las ideas, elaboración técnica de los conceptos y de sus relaciones.

La dialéctica es el primer campo de investigación de la Academia, la forma suprema de la actividad pedagógica (discusión, discurso, argumentación). Sin embargo, Platón opina que su enseñanza antes de los treinta años podría ser muy perjudicial.

El otro campo importante de investigación lo constituyó la construcción matemática-astronómica del cosmos. La Academia se convirtió en la sede de la matemática griega donde brillaron hombres como Teeteto y Eudoxo de Cnido (400-347). En su frontispicio figuraba la siguiente inscripción: «Nadie entre aquí sin saber geometría». El estudio de las diferentes partes de las matemáticas (geometría, aritmética y teoría de los números) constituía la propedéutica necesaria a la dialéctica. La astronomía no era entendida como una disciplina del fenómeno astral, sino como una geometría de los astros, como una estereometría que lleve a la aplicación de las proporciones y a la explicación de los astros en sí (República, 529 c-e). En la investigación astronómica brillaron hombres como Eudoxo, Calipo (fl. 344) y Heráclides Póntico (390-310). Pero tampoco se descuidaron otros campos de investigación. Espeusipo, sobrino y sucesor de Platón en la Academia, era un escritor voluminoso en historia natural, y los trabajos biológicos de Aristóteles pertenecen en su mayor parte a su período académico, inmediatamente posterior a la muerte de Platón. La Academia era también particularmente activa en jurisprudencia y legislación: Eudoxo y Aristóteles escribieron leyes para Cnido y Stagira.

2. RESUMEN DE LA REPÚBLICA: Guía de los libros VI y VII

El contenido de esta obra lo podemos resumir de la manera siguiente:

Sócrates, regresando del Pireo se halla con Polemarco, quien lo instiga a ir a su casa. Una vez en casa de Polemarco, Sócrates se encuentra con Céfalo, padre de Polemarco, al cual lo ve muy viejo. El filósofo hijo de Sofronisco, curioso al respecto de la vejez, le pregunta por ella y Céfalo la elogia señalando que ésta ha amortiguado la intensidad de algunas pasiones y que la misma vejez es un estado de reposo y de libertad de los sentidos. Muchos no toleran la vejez, dice Céfalo, pero tolerarla depende del carácter, no de la edad. Sócrates insinúa que las riquezas de Céfalo influyen para que él goce tranquilamente de la vejez, pero el viejo sofista aclara que la posesión de riquezas ayuda a no engañar involuntariamente ni a mentir, pudiendo así pagar todas las deudas a los dioses y a los hombres para salir libres y justos del mundo terrenal. Es en este momento donde empieza el problema de la justicia, si acaso o, posiblemente, no.

LIBRO I, Se trata de un libro escrito con anterioridad al resto. Comienza planteándose el tema de la justicia. Primero, como “decir la verdad y devolver a cada uno lo que de él hemos recibido”. Las contradicciones llueven: por ejemplo, decir la verdad o devolver un arma al amigo que ha enloquecido. Otro argumento en boca de Polemarco afirma: “la justicia es devolver a cada uno lo suyo”, entendiendo esto, como “darle lo apropiado o conveniente”. Esta proposición rápidamente se traduce, por el sentido común de entonces, en “hay que hacer siempre el bien y no el mal a los amigos y devolver al mal a los enemigos.”

La revolución socrática propone una novedad de incalculable trascendencia: “hay que hacer el bien en todo caso”.

Sobre la venganza había estado construida la heroicidad homérica, y a veces, el acto vengativo no solo era un acto de justicia, sino de auténtica obligación religiosa (en Medea, por ejemplo). De ahí que la propuesta socrática rompa el sentir común, para introducir una nueva perspectiva moral.

En todo el texto juega un papel importante la noción griega de areté. La justicia es una areté humana. Areté es lo propio de quien es “muy bueno” (aristos) en alguna capacidad; teché y areté juegan en el mismo ámbito. Lo novedoso, al usar el vocablo areté en este sentido, será construir la moral como una techné, como una técnica enseñable, como una técnica para capacitar en la dirección política.

Esta idea de contemplar la virtud como algo enseñable y no heredado rompe con la tradición de que los hombres excelentes (aristoi), los de mayor capacidad para gobernar no lo han aprendido, sino que lo poseen porque sus antepasados también la poseyeron. Con esta consideración, la Academia no aparece como un bastión de los aristócratas (de los que se desengañó con el gobierno de los Treinta, a cuyo frente se hallaba su tío Critias, un brillante sofista), sino como un núcleo de discusión y elaboración crítica para la construcción de un Estado justo.

LIBRO II al IV. (Pertenece al bloque acabado hacia el 375 a. J., es decir del II al X). Ya ha escrito el Fedón, en donde desarrolla la teoría del alma. Trata de las tres clases sociales y de la paideia (enseñanza de los guardianes: la gimnástica y la música. (La música en Grecia incluía la poesía).

Esta educación incluye la sobriedad y salud del cuerpo "pues, es vergonzoso necesitar la medicina por efecto de la molicie o el género de vida" y por tanto, el ejercicio para todos los miembros de la polis de la virtud de la moderación (sophrosyne: "cierto orden y dominio de los placeres y pasiones por el que se llama a uno dueño de sí mismo"). En especial los guardianes han de ser valerosos, pero prudentes. El alma justa será aquella, en que lo irracional y concupiscible no intenten gobernar, sino que por el contrario se modere y se someta a la guía de la parte más sabia con el valeroso auxilio del ánimo (tymos).

LIBRO V. Plantea un comunismo sobre la propiedad y las mujeres en los gobernantes, también la necesidad de la eugenesia. A las mujeres hay que darle "más o menos" la misma crianza, habrá una comunidad de hijos y mujeres. "Las mujeres de las clases superiores serán comunes para todos esos hombres (...) y los hijos serán igualmente, y ni el padre conocerá a su hijo ni el hijo al padre". Habrá que criar sólo a la prole de las mejores parejas, "sin que nadie lo sepa, excepto los gobernantes" para evitar discordias.

Además de liberar a la mujer de la esclavitud doméstica, la desaparición de la familia facilitaría el más alto interés de la polis, pues nada desune tanto como los sentimientos particulares, los egoísmos compartidos.

LIBRO VI. El verdadero filósofo. El filósofo verdadero, quien lo es por desarrollo de sus cualidades naturales y no por profesión, sentirá el deseo exigente de conocer lo que realmente es (lo que nace, lo que acaba y lo que permanece), odiará lo falso y amará lo verdadero y, para entregarse al placer del alma (justicia y sabiduría), se alejará de los del cuerpo.

Será mesurado (sofrosine), empleándose en armonizar internamente la polis, manteniéndose libre de toda avidez de riqueza y de toda mezquindad. No temerá la muerte ni se aferrará a la vida, pues no es valiente quien práctica la belicosidad, sino quien es prudente y hace lo que conviene en cada momento, llegando a arriesgar la vida si es necesario. Pero el filósofo debe evitar que la política de la guerra se imponga en la ciudad destruyendo la filía entre los ciudadanos (hoy diríamos la cohesión social). El arrojo viril, la andreia, será pues una virtud secundaria.

La objeción de Adimanto de que los filósofos pueden caer en la ineptitud político-práctica si sólo se dedican a la dialéctica es tomada en serio por Platón. Pero hace contestar a Sócrates con el símil del barco conducido por el patrón o los marineros. Sócrates les invita a imaginar un navío en el que hay un patrón, más corpulento y fuerte que los demás, pero un poco sordo, corto de vista y con conocimientos náuticos parejos a su vista y a su oído. Este patrón representa a los líderes del poder ciego del demos, que no escuchan a los hombres sabios y se conducen por la fuerza. Aman la guerra y descuidan los asuntos internos de la polis.

Mientras, los marineros, la polis, el pueblo se enzarzan luchas intestinas como marineros sin patrón. Sócrates, afirma que en un momento determinado los marineros, que piensan que el arte de navegar (esa techné tan particular que sería la politeia) no necesita de estudio, deciden tomar el mando de la nave. Para lograrlo dejan impedido al honrado patrón y se ponen a mandar en la nave apoderándose de lo que hay en ella. Al mismo tiempo comienzan a llamar hombre de mar (filósofo) a todo aquel que se da arte en ayudarles en tomar el mando por medio de la persuasión o fuerza hecha al patrón y censuran como inútil al que no lo hace. Con estas palabras, Platón, estaría aludiendo muy críticamente a quienes aprovechan su capacidad retórica (los sofistas), para engañar al pueblo. Al final del Símil, Sócrates, pide a los presentes que, aun aceptando que los filósofos verdaderos son, según la gente, inútiles para regir la ciudad, comprendan que la culpa de su inutilidad no se debe a ellos mismo sino a los que piensan que la ciudad no debe servirse de ellos.

Acrópolis de Atenas

La filosofía en sí misma no es la culpable de que el común de la gente piense que los filósofos son malos e inútiles. Para demostrarlo Sócrates afirma que un hombre de bien debía reunir una serie de cualidades. De entre ellas serían de destacar la dedicación a la búsqueda de la verdad, el odio a la mentira, la templanza, la facilidad para aprender y una buena memoria. Pues bien, Sócrates se pregunta extrañado cómo es posible que alguien tenga las cualidades descritas y, sin embargo, sea considerado no sólo inútil sino también malo. Para explicarlo, afirma que es preciso examinar las causas que nos expliquen el porqué una naturaleza filosófica se corrompe.

Sócrates distingue dos causas de corrupción, una de ellas resulta de la corrupción de un alma bien dotada; la otra de la vileza innata de filósofos. Los individuos a los que la naturaleza les ha dotado de grandes capacidades, si estas no se educan en el bien acaban pervirtiéndolas. Los grandes delitos y la maldad refinada no nacen de las naturalezas inferiores sino de almas nobles que han sido viciadas por una mala educación. Y es que, según Sócrates, los grandes bienes y los grandes males son siempre realizados por naturalezas fuertes.

Pero hay aún una fuerza mayor responsable de la corrupción de las naturalezas auténticamente filosóficas. Con ello se refiere a la coacción material que algunos educadores utilizan cuando son incapaces de persuadir con las palabras y que consiste en hacer uso de multas y penas de muerte para atemorizar. Esta violencia es propia de las tiranías. Señala que en este contexto resulta tan difícil que surjan verdaderos filósofos que, si existen, sólo sería explicable por la intervención de la fortuna.

Otra causa de corrupción a quienes bien podrían ser filósofos auténticos es la existencia de los filósofos-asalariados (sofistas). Según él no enseñan otra cosa sino los mismos principios que el vulgo expresa a sus reuniones (lo que el pueblo quiere oír). Lo que sucede es que califican sus enseñanzas de Filosofía.

Sócrates acepta la afirmación de Adimanto acerca de que los filósofos son unos inútiles para el gobierno de la ciudad. Pero afirma que, a pesar de ello, los males de la misma no podrían desaparecer si no se acepta que tales filósofos deberían ser los regentes de la misma. Para contestar a esta aparente contradicción decide servirse de una comparación.

Sócrates, se sirve del símil del guardián que cuida de una criatura grande y poderosa y de la cual se aprende bien sus instintos y humores sabiendo así como tratarla. Según Sócrates, sería un gran error considerar su saber sobre tal criatura como una ciencia pues la base del mismo sólo se sustenta en la familiaridad superficial del trato con tal animal. Y es que, afirma Sócrates, tal singular educador sería incapaz de dar ningún tipo de explicación esencial del porque tal criatura es buena o mala; limitándose a decir, por ejemplo, que lo malo es aquello a lo que ella le molesta.

Sócrates compara al educador, que llega a conocer los instintos de la criatura grande y poderosa descrita anteriormente, con aquellos que califican de ciencia (episteme) al saber que es capaz de aprender el temperamento y los gustos de la multitud. En este contexto, Sócrates, critica la costumbre existente en Atenas de someter al juicio del vulgo la calidad de, por ejemplo, una poesía. Afirma que la dinámica de este tipo de concursos es lo que hace que la “necesidad diomedea” fuerce a la larga a tener que hacer lo que tal vulgo alaba o rechaza.

Platón escribe:

“Esta necesidad diomedea, impide la capacidad de búsqueda, y por tanto la de crítica. En la medida que la multitud sostiene que existen las cosas bellas, pero no es capaz de admitir la belleza en sí, la multitud es incompetente para el cultivo de la filosofía. Un hombre infortunado por la adulación de esta plebe, creerá henchido de insensatez y hará oídos sordos al que se le acerque y ponga de relieve su ignorancia, ineptitud, y le instigue a adquirir la sabiduría aplicándola al trabajo de encontrar la verdad en sí misma. Este hombre acosado por los intereses del pueblo que pretende atraerlo hacia sí, no podrá ser filósofo de ningún modo”.

Por cierto al hablar de la necesidad diomedea, Sócrates, parece estarse refiriendo a un episodio de la guerra de Troya (robo estatua de Palas) protagonizado por Ulises y Diómenes. Troya fundada bajo el signo de este Paladio, sólo podía ser tomada si se sacaba la estatua de la ciudad. Ulises hizo suya este aviso de los Hados y junto con Diómedes robó la estatua.

Atenea y Diómedes

Según Sócrates el vulgo estaría, por tanto, incapacitado para reconocer lo bello en sí. Ello explica porqué vituperan a los auténticos filósofos. Lo mismo sucede con los particulares que conviven con la plebe y desean agradarle. En este contexto, Sócrates, ve muy difícil que una naturaleza auténticamente filosófica pueda perseverar hasta el fin en su menester. Y es que si un alma así llega a descollar desde pequeño, sus parientes y conciudadanos intentarán servirse de él para sus propios fines. Es evidente que Platón, al hablar del alma joven que llega a descollar, estaba pensando aquí en la figura Alcibíades.

Según Sócrates un alma joven, como la descrita anteriormente, al ser presionada de este modo por familiares y conciudadanos, acabaría por henchirse de irrealizables esperanzas creyendo que podría ser capaz de gobernar a helenos y bárbaros. Además, si alguien se le acercara y le dijera tranquilamente la verdad haciéndole ver que no tiene razón y que va por un camino equivocado, es de esperar que no le hiciera caso. Pero, aún en el caso, que atendiera a sus palabras y se dejara arrastrar hacia la filosofía, es evidente que todos intentarían por todos los medios convencerle para que no se deje influir por ese alguien, al que, por otro lado, no tendrán reparos en atacar con acechanzas privadas y con calumnias. En tales condiciones, las posibilidades de que una naturaleza bien dotada pueda llegar a ser un verdadero filósofo son muy remotas. Por todo ello, aquellos que por naturaleza son más afines a la práctica de la filosofía acaban por apartarse de ella dejándola solitaria y célibe; y así, mientras llevan una vida no adecuada ni verdadera, la filosofía es asaltada por hombres indignos que la deshonran como si la filosofía fuera una hetera.

Sócrates habla también de los hombrecillos que, después de observar como la filosofía está abandonada, se ponen contentos, como prisioneros que, escapados de su encierro, hallasen refugio en un templo; y se abalanzan hacia la filosofía desde sus escondrijos. En definitiva, según Sócrates, el lugar que por naturaleza pertenecería a los verdaderos filósofos es ocupado por las imágenes falsas de la filosofía verdadera que practican personajes que se abalanzan sobre ella abandonando sus oficios naturales. Es muy posible que Platón esté aludiendo aquí a personajes como Diógenes el cínico el cual se dedicó a la filosofía abandonando su oficio cambista.

Sócrates compara a estos personajes que se abalanzan sobre la filosofía abandonando sus oficios naturales con un calderero calvo y rechoncho que ha ganado algún dinero logrando la liberación y que decide casarse con la hija de su antiguo dueño porque es pobre y está sola. En este símil la hija pobre y sola representa a la filosofía. Se pregunta también acerca del tipo de prole que puede engendrar esta pareja (calderero-hija pobre). Y afirma que, necesariamente, ésta tendrá que ser degenerada y vil y que sus opiniones y pensamientos nunca pondrán ser nobles ni tendrán que ver con la verdadera inteligencia. Define tales pensamientos como falacias.

Diógenes el Cínico

A continuación, Sócrates, hace referencia al pequeñísimo número de personas dignas de tratar con la filosofía. De este pequeño número destaca a algunos caracteres nobles y bien educados que permanecen fieles a la filosofía por no tener quien les pervierta al encontrarse aislados en el destierro.

Según Sócrates aquellos que pertenecen al pequeño grupo que gusta de la dulzura y la felicidad de la filosofía llega a percibir con claridad que nadie hace nada juicioso en política y se dan cuenta que la multitud está loca. Ante esta situación quien ama la sabiduría llega a sentirse como acorralado entre bestias feroces y por ello decide, en relación con la política, permanecer quieto y no dedicarse más que a sus cosas, dándose por satisfecho si puede él pasar limpio de injusticia y de impiedad por esta vida. Sócrates, sin embargo, no piensa que este modo de vida sea el que produce los mejores resultados ya que si tales naturalezas pudieran desarrollarse en un régimen adecuado la ciudad se haría más grande, y al salvarse el auténtico filósofo, se salvaría también la comunidad.

A continuación, Sócrates, afirma que ya se hablado bastante sobre las razones por las que la filosofía ha sido injustamente atacada. Por su parte, Adimanto, señala que él tampoco tiene más que añadir a lo dicho. Después pregunta a Sócrates acerca de cuál de los gobiernos actuales considera cómo el más adecuado a la verdadera filosofía. Sócrates le contesta que, de momento, no hay entre los de ahora ningún sistema político que convenga a las naturalezas filosóficas y que, por eso se tuercen y alteran. Afirma que les sucede lo mismo que a las simientes exóticas. Según Sócrates estas simientes, cuando son sembradas en un suelo extraño, acaban degenerando y siendo vencidas por él, siéndole imposible mantener su fuerza peculiar. Pues bien, según Sócrates, lo mismo les sucede a las naturalezas auténticamente filosóficas cuando viven en un sistema político que no se acomoda a ellas. Por ello, si se quiere que estas naturalezas florezcan de modo excelente, entonces la ciudad debería adoptar una conducta totalmente opuesta. Tal modificación de conducta debería consistir en que el estudio de la filosofía se acomodara para ser entendida y practicada en la juventud y en la madurez.

Sócrates hace referencia entonces al pequeñísimo número de personas dignas de tratar con la filosofía. De este pequeño número destaca a algunos caracteres nobles y bien educados que permanecen fieles a la filosofía porque se les ha aparecido una señal demoniaca.

Adimanto, aun aceptando que Sócrates habla con vehemencia y convencimiento, afirma creer que la mayor parte de las personas no aceptarán de buen grado una dedicación tan amplia al estudio de la filosofía. Sócrates afirma que no le sorprende en absoluto que el vulgo no crea lo que acaba de decir ya que nunca han visto realizado en la práctica, lo que podía significar para una ciudad si decidiera implantar el tipo de educación que él acaba de proponer. Afirma que tampoco han sido oyentes lo suficientemente asiduos de discusiones hermosas y nobles en que, sin otras miras, lo que se busca es el conocimiento en sí.

En definitiva, Sócrates, señala que no habrá jamás ninguna ciudad ni gobierno perfectos, ni tampoco ningún hombre que lo sea, hasta que, por alguna necesidad impuesta por el destino, se lleven a cabo una de las dos posibilidades siguientes: o bien que los pocos filósofos, a los que llaman malos e inútiles, se ocupen de los asuntos de la ciudad; o bien que, por obra de alguna inspiración divina, se apodere un verdadero amor hacia la verdadera filosofía de los guardianes. Según Sócrates, si ha existido, existe o existirá un sistema de gobierno como el descrito en la República, entonces es que necesariamente se ha hecho dueña del estado la Musa filosófica.

El sistema político que él propone ni es imposible que exista ni es irrealizable. Para poder llevarlo a cabo, además de la existencia de naturalezas auténticamente filosóficas y de una ciudad que cambie de postura ante su valoración de la filosofía, sería necesario que el vulgo intentara deshacer sus prejuicios en contra del amor a la ciencia (episteme).

Pero, la culpa de la mala valoración que se tiene acerca de la filosofía no reside tanto en los prejuicios del vulgo como en aquellos intrusos que irrumpen indebidamente en ella, se insultan y enemistan mutuamente y no tratan en sus discursos más que de cuestiones personales comportándose así de la manera menos propia de un filósofo. Sabemos que por estas palabras se sintió claramente ofendido y aludido Protágoras.

Sócrates afirma que el auténtico filósofo convive con lo divino y lo ordenado. Ello implica que si en algún momento siente la necesidad de intentar implantar en la vida pública y privada de los hombres aquello que él ve arriba, lo lógico sería esperar una buena creación práctica de toda clase de virtudes colectivas. Pues bien, si el vulgo es consciente de todo ello, ya no se irritarían en contra de ellos ni los considerarían malos e inútiles sino como dibujantes que copian de un modelo divino.

(El símil del filósofo pintor) Adimanto pregunta a Sócrates acerca de la clase de dibujo que acaba de aplicar como símil a los auténticos filósofos. Sócrates le contesta que esos filósofos deberían actuar como el dibujante que quiere crear algo nuevo en su tablilla. Por ello, lo primero que deberían de hacer es limpiarla, después esbozar en ella un plan general de gobierno, después dirigir su mirada tanto al mundo de las virtudes ideales como al mundo de las virtudes reales, es decir, tanto al modelo divino de virtud como al modelo humano de virtud. Y es que, según Sócrates, existen algunos hombres en dónde se hallan presentes esas virtudes ideales. Por eso, Sócrates afirma que Homero consideraba a algunos hombres como divinos y semejantes a los dioses.

Los pintores-filósofos poco a poco irán creando una obra hermosa y agradable a los ojos de los dioses pero también de los hombres. Y es que, señala Sócrates, si en esos momentos se le explica correctamente al vulgo el contenido y el significado de tal obra, parece evidente que no se irritarán en contra de esos pintores de gobiernos, sino que se quedarán tranquilos al comprender que sus autores son amantes del ser y de la verdad así como afines a lo más excelente. Por ello ya no se alterarían cuando alguien les dijera que no cesarían los males de la ciudad y de los ciudadanos hasta que se haya realizado en la práctica el sistema que ahora se ha forjado en la imaginación y hasta que la clase de los filósofos no llegue a ser dueña de las ciudades.

Mientras que el convencimiento de Adimanto sobre lo dicho por Sócrates es relativo, el de éste es absoluto.

A continuación, Sócrates, señala que queda por también por estudiar el tipo de enseñanzas y de ejercicios así como las distintas edades en que se aplicaran a cada uno de los guardianes elegidos para gobernar el Estado. Afirma también que todo esto significa volver a tratar de algo que parecía ya finalizado como es la cuestión que se refiere a la educación de los guardianes-perfectos. En este contexto, Sócrates, recuerda algo tratado anteriormente en la República, sobre tal educación, y en dónde se decía que debían ser sometidos a pruebas de placer y de dolor.

Sócrates recuerda también que ya se había establecido en el diálogo, que aquellos guardianes, que saliesen de las pruebas tan puros como el oro acrisolado al fuego, deberían ser nombrados gobernantes y concederles honores y recompensas tanto en vida como después de la muerte. Lo que sucede es que ahora se ha llegado en el diálogo a descubrir algo nuevo (lo que hace tener que volver a tratar sobre la educación de los guardianes) y que se refiere a que es necesario designar como perfectos guardianes a los filósofos.

Sócrates señala que es muy difícil encontrar muchas personas que reúnan cualidades para ser guardianes absolutamente perfectos. Y es que, según él, tales guardianes deberían estar dotados de unas cualidades que generalmente existen en los mejores pero de forma desmembrada. Aquellos que reúnen facilidad para aprender, no suelen poseer, al mismo tiempo firmeza y, aquellos que son constantes e inconmovibles en medio de los peligros guerreros, no suelen poseer, al mismo tiempo, gusto por la sabiduría.

Los guardianes perfectos deberían participar justa y proporcionalmente de las dos cualidades descritas anteriormente; de lo contrario no se le deberían dotar de una educación especial ni concederles honores y magistraturas. Por ello, Sócrates, propone probarlos de nuevo con todo tipo de trabajos, peligros y placeres. Pero, además, habría que hacerles ejercitarse en muchas disciplinas con el objeto de observar si son capaces de poder soportar las presiones del vulgo. Deberían, además, ser personas acostumbradas a rodear por lo más largo, es decir, a no estar dispuestos a pasar por alto cuestiones que han sido analizadas superficialmente. En caso de que no lo hicieran, jamás llegarían a dominar el conocimiento más sublime. No accederían a un conocimiento superior incluso al saber sobre las virtudes analizadas anteriormente. Adimanto, extrañado, le pregunta si no son acaso aquellas virtudes las más sublimes y cómo es posible que exista algo más grande todavía que la justicia, la templanza, el valor y la prudencia.

Sócrates le responde que sí existe, y que tal conocimiento nos permite ver el todo con mayor perfección. Cuando Adimanto le pregunta acerca de cuál es ese tipo de conocimiento, Sócrates responde que se trata de algo que anteriormente ya le ha dicho. Ese conocimiento más sublime, que asociado a la justicia y a las demás virtudes las hace útiles y beneficiosas, es el conocimiento de la idea de Bien.

Con el objeto de analizar la naturaleza de tal idea, Sócrates, comienza criticando la concepción filosófica de aquellos que identifican tal ideal con el placer, como parece que era el caso de Aristipo. Critica también la de aquellos otros ilustrados que identifican tal idea con el conocimiento, como parece que era el caso de Antístenes. Tales “filósofos” se dirigen a las gentes acusándolas de que no conocen lo que es bien, para, a continuación, hablar de él como si tales gentes lo conocieran, lo que es una grave contradicción. Por su parte, los que identifican el bien con el placer también se contradicen, pues es evidente que existen placeres buenos y placeres malos. Ahora bien, si ello es así, entonces el bien sería, a su vez, el mal.

Con respecto a lo justo y lo bello hay muchos que optan por la apariencia, pero con respecto a lo bueno todos buscan la realidad desdeñando la apariencia. Por naturaleza, el alma obra siempre persiguiendo el bien. En este contexto, afirma que es necesario no permitir que los más excelentes ciudadanos, a quienes se va a confiar el gobierno de la ciudad, permanezcan en la oscuridad con respecto al bien. Adimanto, que se muestra de acuerdo con las palabras de Sócrates, le interroga y exige que no se contente con criticar lo que otros dicen acerca de bien, sino que defina lo que él piensa que es. Sócrates se muestra reacio a contestar a lo planteado por Adimanto señalando que sobre el tema del bien sólo tiene opinión y no conocimiento, y que las opiniones sin conocimiento son todas defectuosas y propias de personas ciegas. Adimanto le contesta que él y los presentes se conforman con que les hable sobre el bien del mismo modo que anteriormente les habló acerca de las virtudes. Sócrates, a regañadientes, acepta el invite afirmando que, de momento, no va hablar de lo que pueda ser lo bueno en sí sino de lo que denomina como el hijo del bien.

Para comenzar su análisis, Sócrates, pide a los presentes ponerse de acuerdo en algo que anteriormente se había establecido, es decir, admitir la existencia de muchas cosas a las que llamamos buenas y hermosas, pero también admitir que existe lo denominado bueno en sí y bello en sí. En definitiva, Sócrates, y con el objeto de analizar la naturaleza del denominado como hijo del bien, pide a los presentes que tengan en cuenta la diferencia existente entre las cosas que se definen como múltiples y la unidad de la idea con la que cada una de esas cosas se corresponde y que, Sócrates, denomina como “aquello que es”.

Sócrates afirma que lo múltiple es algo no concebido sino visto, y por el contrario, afirma que las ideas son algo no visto sino concebido. Establece a continuación una diferencia entre los distintos elementos de la percepción. Por ejemplo, afirma que vemos a través de la vista y oímos a través del oído. Pero hace también referencia a un tercer elemento, en ausencia del cual, sería imposible que la vista pudiera ejercer su función. Ese tercer elemento es identificado como la luz.

Ahora bien, el dios del cielo productor de la luz, por medio de la cual vemos nosotros y son vistos los objetos con la mayor perfección posible, es el sol. Y señala que el ojo es el elemento de la percepción que más se parece al sol, pues el poder de la visión, presente en los ojos, parece como algo dispensado por el sol en forma de una especie de emanación.

Sobre la base del símil del sol, Sócrates, pretende aclarar lo que él piensa que es la naturaleza del denominado como hijo del bien. Por eso afirma que el sol (como sinónimo del hijo del bien) se comporta en el mundo sensible de un modo muy parecido a cómo se comporta el bien en sí (padre) en el mundo de lo inteligible. Por ejemplo, del mismo modo que -en el mundo visible- el sol es quien permite que el órgano más parecido a él (ojo) pueda ejercer su función cuando dirige su mirada a zonas iluminadas y únicamente percibir sombras cuando la dirige a zonas oscuras o no iluminadas; así también, en el mundo inteligible el bien en sí permite al órgano más afín a él, es decir, al alma, cuando dirige su mirada a la zona iluminada por la verdad y el ser, conocer lo verdadero; mientras que si pone su atención en zonas no iluminadas por el bien únicamente tendrá opinión.

Al mismo tiempo, Sócrates, se sirve de la comparación con el sol para señalar que, del mismo modo que en el mundo sensible diferenciamos entre ojo que ve y aquello que es visto (objetos físicos), también en el mundo inteligible hay que diferenciar entre el alma que conoce y aquello que es conocido (ideas). Y, por otra parte, del mismo modo que en el mundo sensible diferenciamos entre la luz y el sol, en el mundo inteligible hay que diferenciar entre la verdad y el bien.

Deduce también del símil del sol que, del mismo modo que en el mundo visible el sol es la causa del nacimiento y generación de las cosas, y, a su vez, el mismo sol no es generado; en el mundo inteligible la causa de la generación de la verdad es el bien, el cual es la causa del mundo de las ideas y, en relación con ellas, algo superior. Sobre la base de lo expuesto en relación este símil del sol como hijo del bien, Sócrates, afirma a continuación que pueden distinguirse dos tipos de realidades; una que reina en el ámbito de lo sensible y la otra en el de lo inteligible. A partir de ahí pide a los presentes que se imaginen un línea cortada en dos segmentos desiguales. Ello dará lugar a la descripción platónica del símil de la línea. A través de ella, Sócrates, intentará exponer, en relación con la educación de los filósofos-guardianes, que existen distintos grados de conocimiento.


Sócrates compara a través de este símil la claridad con la verdad. Habla de dos formas generales de conocimiento: la ciencia (episteme) y la opinión (doxa). Dentro del ámbito de la opinión se encuentran la creencia (pistis) y la imaginación (eikasía). El nivel más bajo de conocimiento estaría la imaginación, el conocimiento de lo concreto sensible. Algunos creen que el conocimiento consiste en esto, en saber de cosas concretas y sensibles.

(Símil de la línea) En la línea, el segmento de lo inteligible se corresponde con la secuencia episteme –dianoia-noesis. La geometría sería objeto de la dianoia y las ideas de la noesis. De hecho, Aristóteles afirma que Platón pensaba que las matemáticas trataban de particulares inteligibles. Eran realidades, a diferencia de las cosas sensibles, eternas e inmutables. Las ideas, además, serían universales inteligibles que no necesitan el apoyo de las hipótesis sensibles para ser comprendidas.

LIBRO VII. Desarrolla plenamente el tema central, que ya había anticipado en el libro VI: La educación del filósofo.

514ª-521c Mito de la caverna.

El libro VII comienza con la descripción de otro símil: el mito de la caverna. Sócrates lo describe inmediatamente después y como clara continuación del símil de la línea. En este contexto pide a Glaucón que compare con la siguiente escena que va a describir el estado con que, respecto a la educación y a la falta de ella, en que se halla nuestra naturaleza.

Imagina –señala Sócrates- una especie de caverna subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz exterior y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, se encuentra la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior; entre el fuego y los encadenados existe un camino situado en alto; a lo largo del camino ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de los cuales exhiben aquéllos sus maravillas. A lo largo de la paredilla del tabiquillo unos hombres transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la paredilla, estatuas o animales hechos de piedra y de madera. Además entre estos porteadores unos van hablando y otros están callados.

Pues bien, Sócrates afirma que parece evidente que tales prisioneros no han visto otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente de ellos. Ello implica que no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

A continuación –continúa Sócrates- examinemos que pasaría si uno de los prisioneros fuera liberado de sus cadenas, es decir, curado de su ignorancia, y conforme a naturaleza iniciara una ascensión (retorno a la verdadera naturaleza del alma) y salida de la caverna (lugar antinatural y prisión del alma). Cuando uno de ellos fuera desatado habría que obligarle a levantarse y volver el cuello. También tendría que aprender a andar y mirar a la luz lo que implicararía dolor en los ojos y en las piernas. Además se sentiría perplejo y confuso al ir descubriendo, al volver la cara a objetos más reales, que lo que veía antes no eran más que sombras de otra realidad. Si, por otro lado, se le obligara a fijar la vista en la luz misma es evidente que le dolerían todavía más los ojos e intentaría escaparse volviéndose hacia los objetos que puede contemplar considerando a éstos más claros que los que le muestran.

Por último, si se lo llevan de allí a la fuerza y le obligan a recorrer las áspera y escarpada subida arrastrándole hasta la luz del sol, parece evidente que tendría los ojos tan llenos de luz que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas. Para ello necesitaría acostumbrarse. Así lo que vería más fácilmente serían, ante todo las sombras; luego las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y, más tarde, los objetos mismos. Después de esto, le sería más fácil contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver directamente y, de día, el sol. Al final, sin embargo, sería capaz de ver el propio sol en su propio domino y tal cual es. A partir de ahí, el mismo colegiría que el sol es quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que vemos. Es evidente también, señala Sócrates, que cuando se acordara de su anterior habitáculo y de la ciencia que allí hay, así como de sus compañeros de prisión, se consideraría feliz por haber cambiado y sentiría compasión por ellos. Ahora bien, supón, afirma Sócrates, que se le ocurre volver a la caverna para ocupar de nuevo el mismo asiento que había dejado.

Es evidente que, ahora, se le llenarían los ojos de tinieblas como a quien súbitamente deja de ver la luz del sol. Pero, además, si le diese por intentar convencer a sus compañeros de que lo veían eran únicamente sombras de otra auténtica realidad, no sería de extrañar que se rieran y burlaran de él e, incluso, si se ponía muy pesado, le dieran muerte. A continuación el mismo Sócrates se encarga de hacer una interpretación del significado del mito de la caverna que acaba de relatar. Señala que la vivienda-prisión es sinónimo del mundo visible; la luz del fuego que hay en la caverna lo compara con la luz del sol.

En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, representa la ascensión del alma hacia la región de lo inteligible. En el mundo inteligible lo último que se percibe es la idea del bien. Una vez percibida hay que colegir que ella es la causa de lo todo lo recto y lo bello que hay en las cosas. Además ha engendrado –como su hijo- en el mundo visible a la luz y al soberano del tal mundo, es decir, al sol (hijo del bien) y, en el mundo inteligible, es el bien es el soberano y productor de la verdad y del conocimiento. Afirma también que el que quiera proceder correctamente en la vida privada y pública debe necesariamente que ver a tal idea de bien.

A continuación, Sócrates, afirma que no sería de extrañar que aquellos que han llegado a este punto no quieran ocuparse en asuntos humanos ya que sus almas tenderían siempre a permanecer en las alturas. Además no sería de extrañar que al pasar de las contemplaciones divinas a las miserias humanas se mostraran torpes, ridículos y poco acostumbrados a las tinieblas que ahora les rodean lo que haría que les resultara sumamente difícil, por ejemplo, discutir en los tribunales acerca de las sombras de lo justo o de las imágenes de las que son ellas reflejo. Y es que, señala Platón, son dos las maneras y dos las causas por las cuales se ofuscan los ojos: al pasar de la luz a las tinieblas y al pasar de las tinieblas a la luz.

En este contexto, Sócrates aprovecha para atacar a aquellos que proclaman (sofistas) poseer el arte de la educación lo que les permite proporcionar ciencia al alma que no la tiene, del mismo modo que si infundieran vista a un ciego. Sócrates niega que el alma sea ciega. Lo que sucede es que puede estar mal enfocada, es decir, vuelta hacia lo que nace y perece. Se trataría de hacerla girar hacia la contemplación del ser e incluso la parte más brillante del ser, que es aquello que se denomina como el bien. Para ello se necesita de un arte (dialéctica) que descubra la manera más fácil y eficaz para que éste órgano se vuelva; pero ello no quiere decir, como piensan los sofistas, que haya que infundirle visión, sino únicamente el procurar que se corrija. Y es, afirma Sócrates, que las virtudes del alma pueden incluso producirse mediante la costumbre y el ejercicio; sin embargo, la virtud de conocimiento parece que es algo fijo y divino. Ello no quiere decir que en nosotros, una mala educación, no la pueda hacer girar hacia abajo, es decir, hacia el mundo de la gula y otros apetitos semejantes. Pero también es cierto que una buena educación puede hacer que el alma vuelva su cara hacia lo verdadero.

Pues bien, después de conseguir, mediante la educación, que el alma de los auténticos gobernantes vuelva su cara hacia la verdad sería labor de los fundadores de la ciudad el obligar a las mejores naturalezas que lleguen al conocimiento de la luz, viendo el bien después de realizar la ascensión, a que no se queden en lo alto y accedan a bajar de nuevo junto a los antiguos compañeros de la caverna. Y eso –contra lo que objeta Glaucón- no significaría perjudicarles pues, como ya se ha establecido anteriormente (419ª), no tiene sentido una ciudad en donde exista únicamente una clase que goce de particular felicidad sino que eso tiene que sucederle a la ciudad entera. Por todo ello, a los mejores dotados para la filosofía debería obligárseles con palabras razonables a bajar uno tras otro a la vivienda de los demás y acostumbrarse a ver en la oscuridad.

Una vez acostumbrados es evidente que verían infinitamente mejor que los de allí ya que conocerían la luz de lo que todo lo que ven es imagen. Y la conocerían porque habrían ya contemplado la verdad con respecto a lo bello y a lo justo y a lo bueno. Y así, continúa Sócrates, la ciudad podría vivir a la luz del día y no entre sueños. Ante la posibilidad -planteada por Glaucón- de que pudieran desobedecer, Sócrates, afirma que sería algo imposible porque son hombres justos. Ahora bien, lo que también es evidente, afirma, que participarían en los asuntos de la ciudad como algo inevitable y nunca como amantes del poder.

LIBRO VIII y IX. Sobre las constituciones injustas y sus correspondientes tipos imperfectos de vida humana. La timocracia (de Tymos, ánimo), que como ocurría en Esparta valora sobre todo el ánimo y la gloria, se produce si la ignorancia de los gobernantes no tiene en cuenta la eugenesia y permite la degeneración, la ineptitud y la discordia. "El impulso de la pasión domina la racionalidad y, saliendo de la órbita privada en la que se engendra, contagia a aquellos que se encuentren unidos por vínculos de compañerismo. La timocracia aparece sobre todo en la casta militar." (ibid., Lledó) El hombre timocrático es ambicioso, obstinado "ajeno a las masas", duro con los esclavos...[5]". E imperceptiblemente se pasa a la oligarquía. "En la oligarquía gobiernan los ricos, sin participación alguna del pobre en el poder. El amor a la riqueza se hace insaciable y no respetará la ley ni la virtud. Tal régimen tiene como secuela el hombre democrático[6]. El apetito de placer y la licencia de la oligarquía además de apartar de la vida pública disuelven muchas fortunas, fomentas las envidias, multiplican las intrigas y los pobres acaban por pensar que sólo su cobardía mantiene a los ricos en el poder, con lo que se acaba en un espíritu de rebelión. Por último la tiranía, pues el ansía de libertad disuelve el gobierno democrático: El padre acaba temiendo al hijo, el maestro al discípulo y "como todo exceso tiende a cambiar a su contrario" la demasía libertad da paso a la esclavitud. Lo que sigue es la servidumbre del tirano que "destruye las vidas y gusta de la sangre de sus hermanos, "convertido de hombre en lobo", en el más odioso y vil de los regímenes políticos. Así pues:

Monarquía - Aristocracia/ Timocracia - Oligarquía/ Oligarquía -Democracia y por último, como degeneración de ésta, la Tiranía.

LIBRO X. Sobre la escatología, en especial sobre la "salvación del alma". La muerte tan sólo destruye el cuerpo; en cuanto al alma, el mal que le es propio -la injusticia- la pervierte, pero no la destruye. Sólo el alma justa puede esperar y aspirar al Bien[7].

Sergio Hinojosa

Psique y Eros

Notas:
[1] En las primeras obras, Sócrates, su maestro, entabla en las calles diálogo como un sofista más, aunque manteniendo su posición de sabio. Los sofistas se han extendido por toda Grecia y proponen un estilo de enseñanza y de saber que se opone frontalmente a las convicciones de Sócrates y también, por ende, de Platón. El "sophistés" es aquél que practica la "sophía" (sabiduría) y ante todo era aquél que inauguraba un nuevo ejercicio: la primera aparición en la historia de los profesionales de la enseñanza, centrada ésta fundamentalmente en la retórica. Hay que tener en cuenta que la retórica era el arma fundamental en la Grecia democrática para el ejercicio del poder y para la legitimación del mismo en el ágora (plaza pública). Pues bien, Sócrates no considera moralmente bueno una enseñanza en la que se atienda sobre todo al medio (retórica) y se olvide el fin, que es el bien y la verdad. El filósofo ha de enseñar la verdad porque ésta es bella y buena y no debe malgastar el tiempo en pulir el habla y la escritura de aquellos que sólo quieren saciar sus apetitos olvidándose de lo que es bueno para los ciudadanos.
[2] J.M. BLAZQUEZ Y OTROS Historia de Grecia Antigua. Ed. Cátedra, Madrid, 1989. p. 559-562. “En efecto, en muchos lugares Lisandro expulsó a los partidarios de Atenas e impuso regímenes oligárquicos, al mismo tiempo que como órganos de poder colocaba a las comisiones de diez personas que en unión de los jefes militares espartanos (harmostai), si había en el lugar guarnición espartana, ejercían el poder.
Pero en Atenas el sentimiento democrático del pueblo pese a todos los reveses estaba demasiado arraigado como para que esos conjurados, por iniciativa y riesgos propios, impusieran burdamente un cambio institucional. Lisandro regresó de Samos el día en que se reunía la Asamblea Popular, a la que dio protección con sus tropas. En ella Dracontides propuso nombrar un comité de treinta miembros encargados de revisar las leyes y redactar una <> y mientras tanto se encargarían del gobierno provisional” (…)
“Se promulgó una ley de acuerdo con la cual, cualquiera de los Treinta podía condenar a muerte y confiscar los bienes, sin otra forma de proceso, a cualquier ciudadano que no estuviese inscrito en la lista de los 3000 y, sólo a éstos, se les garantizaba un juicio ante la Boulé. La persecución subsiguiente obedecía a motivaciones políticas, pero sobre todo de índole económica. Muchos ricos ciudadanos y metecos, es decir extranjeros residentes en la ciudad, fueron procesados y perdieron sus propiedades. (…) Todo ateniense y meteco se sintió amenazado; muchos emprendieron la huida buscando la salvación en el exilio. Pero ni siquiera éste era seguro. Los espartanos conminaron a las ciudades a detener a los exiliados y a devolverlos a los Treinta. (…) En la misma Tebas, los exiliados constituyeron un grupo de setenta que bajo el mando de Trasíbulo se apoderaron por sorpresa de la localidad de File, en el norte del Ática. Los Treinta enviaron contra ellos la caballería y a los 3000, pero no obtuvieron resultado alguno…Los Treinta empezaron a temer y, con vistas a procurarse plazas seguras a donde retirarse, si la ocasión lo requería, visitaron Eleusis y Salamina, haciendo un censo de las personas más pudientes de ambas localidades, y los arrestaron. Reuniendo luego la Asamblea de los Tres Mil, propusieron su ejecución Pero enseguida Trasíbulo y sus exiliados entraron en el Pireo (…) Contra ellos movilizó Critias a la guarnición espartana, la caballería y las fuerzas de la ciudad. En el asalto sufrieron un fuerte descalabro. Algunos murieron, entre ellos Critias. La situación resultaba confusa. Trasíbulo dominaba el Pireo, los otros la ciudad, aunque algunos cabecillas como Critias habían perecido. La Asamblea de los Tres Mil se reunió para deliberar: unos eran partidarios de una reconciliación con las gentes que ocupaban el Pireo, otros, los más comprometidos con los Treinta, exhortaban a continuar la lucha; pero la mayoría dio por terminado el régimen de terror de los Treinta, que buscaron refugio en Eleusis…” (…)
“Pero a la altura del 403 a. de C. los éforos, lo mismo que el rey Pausanias, se mostraban recelosos de la preeminencia con que Lisandro actuaba. El rey, junto con los éforos afectos a él y el ejército, se acercaron a Atenas para trabajar en pro de la reconciliación de los oligarcas moderados de la ciudad y los demócratas del Pireo. Ambos bandos enviaron emisarios a Esparta con la esperanza de poner fin a la guerra civil. Esparta fue sensible al problema y envió a 15 personas para que ayudasen a Pausanias a conseguirlo. La paz se restableció en el Ática mediante el compromiso de las dos partes. Eleusis quedaba como una ciudad separada de Atenas en manos de los oligarcas. A ella podían trasladarse, dentro de un tiempo prudencial, todos los que lo deseasen. La ciudad de Atenas y el Pireo constituían una única comunidad. (…) No había revanchismo, pero quedaban pendientes las reformas de corte democrático. Los atenienses nombraron unos legisladores encargados de la revisión de las leyes. Esta comisión actuó entre el 403 y el 400. Se compuso un nuevo código de leyes que se inscribieron públicamente en los muros de la stoa.”
[3] <<"La historia griega es contemplada desde el libro VIII de la República como un mosaico coloreado alternativamente por las formas de gobierno que describe Platón. En el libro IV ha aludido a la monarquía como forma positiva de gobierno: "Cuando hay un hombre que solo sobresale entre los demás gobernantes, se llamará monarquía; mas si son muchos, aristocracia. Dices la verdad, -afirmó-. Pero esto nada priva para que la forma de gobierno sea única -observé- . Porque, ya sea uno, ya sean muchos los que gobiernen, no se alterarán las leyes fundamentales de la ciudad, si se mantienen la educación y la instrucción de que hablamos." (Rep.IV). Desglosada del libro VIII, en donde va a analizar Platón las causas de las contradicciones entre los regímenes y los principios de su corrupción, la monarquía, con su variante plural, la aristocracia, "de nombre agradable", constituye la forma más perfecta: "la monarquía, sujeta al yugo de unas buenas normas escritas que denominamos leyes, es la mejor de las seis constituciones; pero sin leyes, es la que hace la vida más penosa e insoportable" (Político 302d-e). Esta primacía monárquica no es, para Platón, el sueño de un pasado desaparecido e imposible, al no existir ya las condiciones sociales que lo sustentaron, sino que promociona el libre imperio del nomos. Para que no aparezca la tiranía, forma degenerada del monarca, necesita éste el control de las leyes. El sometimiento total de la sociedad al imperio indiscriminado de la ley establece, entre los hombres, el vínculo de una solidaridad abstracta y, por ello, eficiente, en la que se coordinan las tensiones que provoca la inevitable diversificación social. La monarquía, al moverse en este universo legal, teórico, es la forma pura de gobierno que fomenta el dominio de lo racional en el hombre, el control de las ideas.>> (E. LLedó, Introducción a las obras de Platón Ed. Aguilar)
[4] En el Renacimiento europeo, el texto de la República será texto de referencia para la creación de las utopías políticas. La obra en conjunto de Platón fue dada a conocer al mundo occidental por el renacentista italiano Marcilio Ficino (1483-84). Posteriormente, en la construcción del Estado moderno y fundación de las naciones, los teoricos del Estado (Hobbes, Montesquieu, Rousseau, Locke, etc,) tendrán que contar con esta aportación fundamental.
[5] Máxime cuando los esclavos de que se trata son griegos, procedente de la guerra del Peloponeso.
[6] Hay que pensar en esa democracia sin perspectivas que al poco de ser restablecida, conduce a la muerte a Sócrates.
[7] Este tema de la inmortalidad del alma constituirá el núcleo central de su diálogo “Fedón”.

http://jingshenfengxi.blogspot.com/2008/10/contexto-histrico-social-y-de.html

viernes, 31 de octubre de 2014

Anasazi Kivas

Anasazi Kivas

Kivas Normal "" Pequeño "," Regular "o"

Vamos a comenzar con las casas de pozo, una característica arquitectónica de siglos de antigüedad del suroeste americano. Casas Pit eran casas de la gente, donde cocinaban y comían, dormían, hacían ropa y armas, y, de hecho, hicieron todo lo necesario para la vida comunal actividad espiritual-incluyendo familia y amigos. La casa en boxes fue el hogar (Lekson 1994: 17) La casa hoyo excavado en la foto de abajo, que se encuentra en el borde del cañón en Mesa Verde en Colorado, es el anillo de árbol de fecha a 674. madera carbonizada da evidencia de que la estructura original fue destruida por el fuego, un evento muy común.

Imagínese la casa: los polacos para apoyar el techo de paja y techo de barro se encajan en cuatro agujeros cerca del muro de boxes. En el centro está el pozo de fuego inmediatamente debajo de una abertura en el techo que es a la vez el agujero del humo y la única entrada. Muy cerca se encuentra un sipapu, un pequeño agujero en el suelo que simboliza la apertura en el techo del Tercer Mundo a través del cual las personas salieron a la presente Cuarto Mundo, según la leyenda Hopi. Hay un conducto de ventilación en un lado, separado del fuego por una pantalla de piedra de fuego, pero está cargado de humo casi insoportable en el interior-una muy buena razón para pasar el mayor tiempo posible al aire libre. El hollín se ha acumulado en las paredes y el techo, el calor ha secado los palos y paja .... y luego una chispa vuela desde el fuego central. Algunos miembros de la familia a escapar, otros no.


Lo que los arqueólogos llaman un Anasazi "unidad de pueblo" que se incluye, además de la casa propia fosa, varias estructuras que se encontraban sobre el suelo: trasteros, que evolucionaron gradualmente en la vivienda;zonas de estar y de trabajo abiertas cubiertas por un techo de paja; y, por supuesto, un basurero, el lugar para ollas y rotos otra descartados o desgastado artículos-incluyendo a las personas. Con frecuencia, el basural sirvió como cementerio, que es una de las razones algunos arqueólogos creen que al menos algunos basurales, en particular aquellos en grandes casas, eran simbólicamente más que montones de basura.

Con el tiempo, ya que el pueblo nivel de la superficie se amplió, actividades mundanas se llevaron a cabo sobre el suelo, pero la casa en boxes mantuvo el foco central de la casa unidad; todavía era "hogar." Podríamos llamarlo el salón o, quizás más probable, la habitación, el lugar familiar donde la familia o familias se reunieron para (algunos tipos de trabajo), de juego, y rituales. Por cerca de 100 años estas habitaciones Anasazi redondas han sido llamados "kivas" por los arqueólogos. 

Al igual que "Anasazi", "Kiva" (derivado de una palabra Hopi significa "sala ceremonial"), es un término adoptado por los arqueólogos-en este caso para la ronda de principios del siglo XX, a menudo, al menos parcialmente subterráneo, habitaciones disponibles en ruinas Anasazi . Era lógico suponer que la casa pit había "evolucionado" en el centro de la solidaridad ceremonial de la kiva pueblo histórico. Y luego, para completar el círculo, la función ceremonial de kivas-en la actualidad Hopi, Taos, Zuni, y otros pueblos informado-lo que seguramente pasaba en las habitaciones ronda de los "antiguos". Y tal vez lo hizo. Pero tal vez no lo hizo.

Cuando miré hacia abajo desde la cima de la meseta en Pueblo Bonito y vi kivas lado kivas en la parte superior de kivas yo no podía dejar de preguntarse lo que podría ser el uso de tantos tan juntos. La pregunta se enmarca en mi mente por un párrafo de tipo pequeño que había leído unos días antes en un folleto de información, proporcionada por el Servicio de Parques, acerca de otro sitio Anasazi: Los kivas en Mesa Verde fueron cámaras subterráneas que pueden compararse a las iglesias de tiempos posteriores. Sobre la base de la práctica moderna Pueblo, Puebloans ancestrales pueden haber utilizado estas salas para llevar a cabo ritos de sanación o para orar por la lluvia, suerte en la caza, o buenas cosechas. (En una visita posterior a Cliff Palace en Mesa Verde escuché a un guardabosques del Servicio de Parques con confianza explicar que kivas eran "antiguas iglesias Puebloan.")

¿Las personas que construyeron estos edificios increíbles realmente necesitan esa cantidad de "iglesias"? Incluso los pequeños pueblos de la península de la Florida, que cuentan con media docena de iglesias de varias denominaciones, al menos, los pusieron en la calle el uno del otro. Finalmente algo de sentido comenzó a surgir para mí como resultado de los comentarios de Colorado arqueólogo Stephen Lekson, que cree que los kivas "probablemente no eran estructuras ceremoniales, sino más bien la última manifestación de la larga tradición de las casas de pozo" ( Lekson 1999: 24; 1986: 6 ). En otras palabras, esas habitaciones circulares alineados en filas en el ala este de Pueblo Bonito no puede haber sido kivas (principalmente habitaciones para la ceremonia) en absoluto. Ellos pueden haber sido mucho más cerca de ser casas de pozo. Probablemente bonitas casas de lujo de pozo, sino casas de pozo sin embargo.

Grandes Kivas

Grandes Kivas eran estructuras ceremoniales. Estas enormes públicas edificios, lo que podría dar cabida a cientos de personas, sólo eran superficialmente similares a la casa a cielo / kivas. No sólo eran mucho más grandes que contenían rasgos distintivos, algunos de los cuales podrían ser llamados "muebles empotrados."

Gran Kiva, 
Chetro Ketl

Las características de este Gran Kiva en Chetro Ketl, media milla al este de Pueblo Bonito, son típicos del Chaco Grandes Kivas.



Excavación por el Museo de Nuevo México en los años 1920 y '30 reveló que el Chetro Ketl Gran Kiva (62,5 pies de diámetro) es en realidad dos kivas, una encima de la otra (Vivian y Reiter, 1965: 27). El diagrama de la derecha representa una combinación de los dos, mientras que, en la fotografía de la izquierda, una indicación de la kiva anterior es visible como un pozo entre la caja de fuego y la bóveda a su derecha.

Veamos ahora algunos de los rasgos distintivos del Chaco Grandes Kivas:

Estar pits. Estas grandes agujeros albañilería forrados redonda celebrada originalmente enormes troncos de árboles que sostenían el techo, que pesaba varias toneladas. Por debajo de los enormes troncos de los pozos eran varios discos de piedra arenisca (algunos ahora se ven en el piso de la kiva excavado), lo que impidió efectivamente a la liquidación de las ayudas y, por lo tanto, del techo. (Recuerde que estos enormes árboles se llevaron parte de los bosques a decenas de kilómetros de distancia.)

Caja de fuego Criado.

Bóvedas. La función de estas grandes cajas de piedra ha sido muy debatido. ¿Eran pozos de fuego adicionales? o quizás viveros para la creciente forzada de frijoles y maíz? o (la explicación actualmente favorecidas) tambores de pie? o sudatories (baños de vapor)? (Vivian y Reiter 1965: 92f). Sea cual sea su función, bóvedas como estos están definiendo las características de Gran Chaco Kivas.

Bancos . Los bancos de mampostería que siguen la curva de las paredes podrían haber sido utilizados para el asiento pero el aforo puede haber sido un uso secundario. Por el contrario, los bancos forman parte del soporte estructural para los muros y / o como plataformas para distintos tipos de decoración de interiores.

Los nichos o criptas. No toda Gran Kivas tenían nichos en las paredes y los que sí puede haber tenido varios usos para ellos. En la menor de las Grandes Kivas en Chetro Ketl había diez nichos sellados cada uno de los cuales contenía un collar de cuentas y colgantes de color turquesa. Pero en otros Grandes Kivas se especula que los nichos podrían haber sido los estantes abiertos, altares especializados, o quién sabe qué.

Somthing que pensar: ¿Podría ser que los kivas en pueblos de hoy en día "evolucionaron", no desde casas de pozo, sino de grandes kivas (Lekson 1988: 230)

http://www.abrock.com/InterimReports/Kivas/Kivas.html

miércoles, 29 de octubre de 2014

LA KIVA COMO CAVERNA INICIATICA

LA KIVA COMO CAVERNA INICIATICA


Gran Kiva en el Cañon del Chaco (sudoeste de Estados Unidos)

La kiva, el recinto subterráneo ceremonial y sagrado de los indios hopiatribuido al ancestral culto Anazasi, contiene en su centro, el elemento mas sagrado de toda esa estructura considerada mítica y celeste; se trata del sipapu o sipá’puni un pequeño orificio situado en el centro del piso de la kiva que representa la salida a un nuevo mundo. A éste, se asocia un rito secreto. aún vigente entre los Hopi y otras parcialidades denominado Wúwuchim que tiene lugar cada cuatro años en una kiva con forma de cúpula. y es tal vez el rito más importante correspondiendo a lo que ha sido denominado simbólicamente como la “salida de la caverna”. 

Curiosamente el vocablo kiva aparece en numerosos pueblos antiguos y en remotas latitudes con similares funciones y estructuras equivalentes; tal como ocurre en la “ki-ba” sumeria, incluyendo el “si-pú” análogo a la noción de sipá’pu en las naciones del suroeste de Norteamérica.

Según Oscar Freire en :"La Kiva tradicional - Una imagen de la morada celeste "la kiva es el “lugar” desde y donde el chaman o el anciano más sabio pronuncia “la Palabra primordial” y “mueve la rueda”, siempre en torno de un principio fijo, y que involucra todos los acontecimientos de la comunidad: el ciclo ritual, el orden social y las fases agrícolas. De esta manera, la palabra en la transmisión oral, los símbolos y los ritos animan la organización social, el paisaje físico y las técnicas de construcción dando perfecta coherencia al sentido de la existencia, es decir, ordenando las cualidades o vocaciones en función de abarcar simultáneamente, sin confundirlos, los “rituales de integración”, comunales o de un carácter “social” dirigidos a todos los integrantes de cada grupo y aquellos propiamente “iniciáticos” dirigidas a las organizaciones respectivas y que requieren cualificaciones de otro orden; por ende, orientando entre la multitud de relaciones que se desprenden del tiempo, del espacio y de las cosas. En palabras resumidas, se trata de la constitución de un mundo sagrado donde cada aspecto de la vida cotidiana, el interior de la vivienda o el centro ritual evocan simultáneamente a la misma matriz fundamental, al Centro del Mundo y al Eje del Universo. Así, la tradición oral, como en este caso, instituye a la palabra una cualidad mediadora en perfecta armonía con la Idea y el objeto." 

"Es importante acentuar "-agrega Freire- "la diversidad jerárquica de significaciones que comporta la imagen de la kiva, ya sea esta subterránea o semisubterránea, de forma redonda o cuadrada en consonancia con el respectivo orden de funciones y aplicaciones que se subordinan al principal sentido anagógico (que se halla contenido en la lengua sagrada) tal como pueden ser la interrelación con las plazas, el paisaje y el estadio mismo “donde se vive” establecidos como el Centro del Mundo y congruentemente orientados al Eje del Universo cual puede ser prefigurado simultáneamente por el “Arco Iris” o la “escalera”, es decir, aquellas imágenes que simbolizan el medio para“la salida del cosmos”. Bajo estos mismos patrones de “centro” y de ”eje” el entorno de la kiva sirve para la conmemoración de los ancestros y linajes, los oficios del Consejo de ancianos o la reunión de los hombres para debatir cuestiones de toda índole. 

La constatación de ello surge donde pueda verse una kiva dentro del contorno de una kiinsonvi (plaza) con su escalera sobresaliendo por un agujero cuadrado y sobrepasando el nivel del suelo en su tradicional representación tanto delCentro del Universo (Túwanasavi en lengua hopi) como del “Lugar del Surgimiento” comportando como decíamos el sipá’puni (matriz o pequeño agujero en el piso de la kiva) en clara homologación de una caverna “iniciática” cuyas funciones y realidades, continúan, según algunos hopis , siendo conocidas y transmitidas por ciertos ancianos secretos mediante los dictados de su kataimatoqve (ojo espiritual). "

(Extractado de :"La Kiva tradicional - Una imagen de la morada celeste" - de Oscar Freire) 

La kiva es una habitación circular excavada en el suelo y recubierta de un techo. En parte bajo el nivel del suelo, se bajaba por una pequeña escalera para practicar el culto o reunir al consejo del pueblo. En el centro se encendía una hoguera y el humo se escapaba por un tubo de ventilación con deflector. Las kivas más grandes podían contener varias centenas de personas sentadas en taburetes de piedra.

En las kivas se realizan las fiestas religiosas reservadas a los hombres de los anasazi, hopi e indios pueblo relacionadas con los ciclos agrícolas. Las grandes kivas del Cañón del Chaco tenían un diámetro de 18 metros y estaban subdivididas en partes según los puntos cardinales.(Wikipedia)

http://puri-aprendiendovida.blogspot.com/2011/11/la-kiva-como-caverna-iniciatica.html

domingo, 26 de octubre de 2014

el simbolismo metafísico del mito platónico de la Caverna

el simbolismo metafísico del mito platónico de la Caverna

CIMG9308
(Ofrecemos a continuación otro capítulo de Joaquín Muñoz Travé, colgado en su blogMeditaciones del Día <http://meditacionesdeldia.wordpress.com/&gt;, procedente de su obra inédita Las Humanidades como método para el desarrollo del potencial humano en base a la aportación de José Olives Puig al mundo académico)
Para algunos, no basta con saber que el mundo está formado por símbolos y que éstos pueden ponernos en relación con unas realidades distintas a las visibles.
No, mediante la hermenéutica simbólica clásico tradicional, se pretende dar a conocer un método teórico-práctico[1] de desarrollo del potencial humano a través de los símbolosque es característico de las humanidades y que pretende utilizar a éstos como instrumentos de retorno a “la inmutable fuente oscura de donde surge toda luz y toda palabra”[2]como medios de realización espiritual, de desvelamiento de la verdad absoluta y de acceso a la visión de la realidad última cara a cara[3].
Este viaje iniciático[4], de liberación de una visión incompleta del mundo  y de uno mismo (basada en la exterioridad de las cosas)[5], es tratado por Olives mediante la remisión al mito de la caverna de Platón[6].
Para comprenderlo adecuadamente, propone transformar el habitual dibujo rectangular de aquélla en una imagen circular de la misma (que la asimila estructuralmente almandala) y recordar que la caverna, tradicionalmente, “es el lugar de iniciación en los antiguos misterios”[7].  De este modo percibiremos con mayor facilidad el simbolismo antropo-socio-cosmológico de la misma[8].
Figura 66
Olives:2006, 411
Al comienzo de la narración del mito dice Platón: “Imagínate, pues, a unos hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende a todo lo largo de la fachada; están allí desde su infancia y, encadenados de piernas y cuello, no pueden cambiar de sitio ni ver en otra dirección que hacia delante, porque las ligaduras les impiden volver la cabeza; el resplandor del fuego encendido lejos, sobre una altura, reverbera tras ellos; entre el fuego y los prisioneros hay una vereda ascendente; a lo largo de esta vereda figúrate un pequeño muro parecido a los pequeños tabiques que los que hacen farsas con marionetas ponen entre ellos y el público y por encima del cual lucen sus habilidades. (…) Entonces, figúrate a lo largo de ese pequeño muro a unos hombres que llevan utensilios de todas clases que sobresalen en la altura del muro, figuras de hombres y de animales, de toda clase de formas, talladas en piedra y en madera, y, como es natural, de entre los que las llevan, unos hablan, otros están callados. (…) ¿Piensas que en esa situación pueden ver de sí mismos y de sus compañeros otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que da frente a ellos? (…) ¿No piensas que creerían nombrar como objetos reales al nombrar las cosas [=las sombras] que verían? (…)  ¿No crees que cada vez que uno de los que pasaban se pusiese a hablar, pensarían que esa voz era emitida por la sombra que desfilaba? (…) Que a los ojos de esas gentes la realidad no podría ser otra cosa que las sombras de los objetos confeccionados?”[9].
Figura 67
Este punto de partida, gráficamente sintetizado por el dibujo de nuestro autor (Olives:2006, 413) describe -para Platón y para Olives- la situación de aquel ser humano que sólo percibe la exterioridad del símbolo, sin descubrir ni vivenciar lo simbolizado; el hombre que vive en el interior de la caverna sin plantearse que existe un maravilloso mundo fuera de ella; el hombre que no se pregunta por el origen ni el por qué de sí mismo ni de cuanto le rodea; el ser humano narcotizado que disfruta de un teatro de sombras y nunca se pregunta qué las causa ni por qué él es capaz de percibirlas.
En consecuencia, la primera fase del proceso de liberación de esta estrecha visión de la realidad consiste “en romper las cadenas y los grilletes para darse la vuelta y mirar hacia el interior de la caverna”[10], inversión de la mirada que recuerda a la raíz etimológica de intuición (intueor) que ya hemos citado anteriormente[11] y nos remite al órgano cognoscitivo que nos permitirá realizar ese viaje hacia la luz, esa recuperación de la memoria o recuerdo de lo primordial perdido pero latente en el fondo del ser, esa reminiscencia oanamnesis, ese despertar o iluminación: el acceso al intellectus[12].
Este desarrollo que, como iremos comprobando, es gradual o evolutivo, comienza por la toma de conciencia –en ocasiones espontánea, en ocasiones inducida- de que uno se encuentra preso de su propia mente, el principal enemigo de cada uno (según afirma Olives citando el diálogo entre Diógenes y Alejandro Magno que narra Dión de Prusa), auténtica cadena o grillete que le ata a uno a una visión muy sesgada de la realidad:  “¡Tú eres el peor enemigo de ti mismo: el más irreconciliable y el más temible, mientras seas tan vicioso y tan necio!  He aquí el hombre a quien menos conoces.  Porque no existe necio ni malvado alguno que se conozca a sí mismo”[13] .  Queda patente en esta cita la directa relación que se establece entre conocimiento y virtud en el pensamiento tradicional y, más concretamente, en su vertiente platónica:  el recto actuar se fundamenta en el recto pensar, por lo que el pecado –o el errar en el actuar, la decisión o acción que perjudica a nuestra naturaleza- es el fruto de nuestra ignorancia, de un conocimiento deficiente, de una apariencia que tomamos por real cuando no es más que una sombra del auténtico Bien.
Sin embargo, en el pensamiento clásico-tradicional se entiende que es éste un camino de doble sentido y que también la virtud (la fuerza interior que conduce al recto actuar[14]) es un requisito indispensable para alcanzar la sabiduría (el recto pensar o el conocimiento adecuado).  Ortodoxia y ortopraxis se precisan, la una a la otra, como causa y como efecto al mismo tiempo.
De hecho, parte de esta ortopraxis consiste en la exigencia humanística –hermenéutico simbólica- de volver la mirada hacia uno mismo como exigía Sócrates, de autoconocerse, dedescubrir lo simbolizado en el interior de cada uno.  Esto sólo puede lograrse trascendiendo el pensamiento (no renunciando a él)[15],  poniendo la mente al servicio del ser humano entendido como unidad, sin caer en un sometimiento esclavo a la razón (en base a que el haz de luz jamás podrá iluminar a la linterna que lo produce[16]).  Por tanto, habrá que autodescubrirse (o re-conocerse) explorando la propia conciencia (nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones[17]), pero superando la mera introspección psicológica para así introducirse en el ámbito de conciencia que Olives denomina “persona”.
A ésta “nunca podremos conocerla en el sentido que conocemos las cosas, los seres distintos de nosotros mismos, ni como conocemos los  rasgos de nuestra psicología o nuestra conducta.  En este sentido, nuestro ser, el «si mismo» es «incognoscible», pero, claro está, es perfectamente vivenciable, puesto que no somos otra cosa que él, y siempre lo hemos sido”[18].  El ser persona radica en esta vivencia de contemplarnos como espectadores de nosotros mismos, tomando conciencia de quiénes somos más allá de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y demás elementos cambiantes de nuestra identidad; consiste en disfrutar de encontrarnos en ese centro inmutable, en gozar de esa presencia que siempre hemos sido y que es el sustrato que permanece más allá de los cambios propios de la edad, del paso del tiempo y de la evolución personal.  Tomar consciencia de esa parte de nosotros mismos que permanece inalterable y presente es a lo que impropiamente llamamos el «desarrollo de la personalidad», y es el fundamento último de la buena vida[19], de la eudaimonia, de la vida feliz, digna y libre.
Para acceder a este nivel de conciencia que hemos denominado “persona” es preciso liberarse de los grilletes que le mantienen a uno con la mirada puesta en las sombras, en la apariencia, en lo cambiante, en lo que parece pero no es.  Esta liberación supone intuir que el mundo sensible no es el único existente, sino que es el reflejo de otro mundo arquetípico y dotado de mayor realidad; implica descubrir la dimensión simbólica de cuanto nos rodea y de nosotros mismos[20], acceder –a través de lo visible- a las ideas fuerza que se encuentran grabadas en el alma humana y en el Anima Mundi[21], superar la visión dualista, materialista o empirista del mundo que sólo otorga realidad a lo sensible-ilusorio y no se la reconoce a lo supra-sensible, que es ontológicamente más real y duradero[22]
Si prestamos atención, observaremos que es a partir del fuego -y de ese simbólico teatro de sombras- que el prisionero puede intuir el mundo intermediario que es representado, en la alegoría platónica, por la pasarela por donde desfilan los individuos portando los objetos que dan forma a las sombras que aparecen proyectadas en las paredes de la caverna.[23]
Es bajo la guía del intelecto –ayudado por la razón[24]- y mediante una serie de encadenamientos asociativos que no son arbitrarios pese a escapar a la lógica del pensamiento discursivo-dualista[25], que uno puede descubrir las sombras como símbolo,  accediendo de este modo a los arquetipos que le facilitarán una mejor comprensión de la estructura y dinámica del mundo y de sí mismo[26].
Cuando hablamos de la hermenéutica simbólica que propone Olives nos encontramos, por tanto, ante un proceso de talante plenamente humanístico, que exige conocer mínimamente las claves interpretativas y las referencias transmitidas tradicionalmente, pasar todo lo comprendido racionalmente por la criba del autoconocimiento[27] e identificarse con el símbolo, empatizar con él como el actor de teatro con su papel, hasta llegar a reconocer el arquetipo en uno mismo[28].  Sólo por esta vía puede accederse a todos sus beneficios, a su contenido y a su potencial gnoseológico y transformador de la personalidad.
Olives llama la atención sobre el hecho de que, cuando el prisionero vuelve la vista hacia el interior de la caverna y descubre la pasarela que hemos identificado con el mundo intermediario de los arquetipos, toma consciencia de que ha accedido a éstos partiendo de las sombras, y que éstas sólo son visibles y operativas como símbolo gracias al fuego central que él identifica con el entendimiento o intelecto[29].  Pero –nos recuerda- este “mirar hacia adentro” y descubrir el fuego no es un proceso sencillo. Quien inicia este viaje debe estar preparado para no sucumbir ante todas las dificultades y tropiezos que aparecerán a lo largo del camino, muchos de ellos procedentes de la propia mente, que ya se encontraba cómoda en su mundo de sombras.  Platón lo explica así: imagina “que uno de los prisioneros fuera liberado, que se le obligara a levantarse de pronto, a volver la cabeza, a andar, a levantar los ojos hacia la luz que le causarían dolor y, deslumbrándole, le impedirían mirar los objetos cuyas sombras veía poco antes. (…) ¿No crees tú que se vería muy en apuros y que los contornos que antes veía le parecerían mucho más verdaderos que los objetos que se le mostraban ahora?  Y si se le obligase a mirar la misma luz, ¿[no crees] que le dolerían los ojos y que rehuiría y los volvería hacia las cosas que puede mirar y que considera a éstas más visibles en realidad que las que ahora se le muestran?” [30].
Aunque intelecto y razón deberían ir de la mano para obtener una imagen fiel y completa de la realidad, a menudo ésta ocupa el lugar de la primera exigiendo una primacía o exclusividad que supone seguir con la mirada puesta en las sombras proyectadas sobre la pared.  Se trata de la opción más sencilla, más cómoda, pues supone mantener el status quo, no hacer cambios, dejarlo todo tal y como está, evitando así el esfuerzo de poner en marcha un sentido –el sexto sentido- que hasta entonces estaba dormido: el intellectus.
Superar esta tendencia es lo que se procura mediante la dialéctica, el método filosófico por excelencia que –a través de los símbolos, interior-exteriormente contemplados- nos pone en contacto directo con la verdad mediante una experiencia a-dual del mundo y de uno mismo propia de la intelección (noética) que gusta de la realidad al modo místico, empático, unitivo[31], que promueve el mejoramiento y transformación del ser humano[32], su autoconocimiento, la recuperación de su dignidad original[33], pero que debe saberse que –como todo nacimiento o renacimiento- puede producir “dolores de parto” (hecho que demuestra lo acertado de la expresión socrática “mayéutica” y lo recomendable, como veremos más adelante, de disponer de una “comadrona” en el “alumbramiento”; de un maestro que nos guíe en el camino de salida de la caverna[34]).
En mi opinión, es el valor que supone enfrentarse a estos “dolores de parto” –propios del tránsito de un mundo a otro, de un estado de ser a otro- lo que justifica suficientemente que se haya denominado a la dialéctica “la vía del héroe”[35].  Ésta supone un ascético camino teórico-práctico de perfeccionamiento humano a través del conocimiento de uno mismo y del mundo que puede obtenerse de los símbolos y de una modalidad suprarracional de pensamiento que implica “pensar en imágenes”[36].  Este “pensamiento imaginal” permite superar las limitaciones de la ratio, órgano cognoscitivo discursivo que, como tal,  se encuentra constreñido a las fronteras conceptuales propias de cada idioma o lengua.
Olives, al tratar sobre esta heroica vía, sobre la dialéctica platónica (a la que a lo largo de su obra asimila a la hermenéutica simbólica que él propone), la define –siguiendo literalmente a Platón- como “la operación especulativa de «leer a través», es decir: ver-más-allá de los conceptos, las imágenes, las palabras o los símbolos, para alcanzar –o mejor, vivenciar- el auténtico sentido, que siempre es una experiencia directa que va más allá de las formas y nos hace trascender el racionalismo y la mera lógica formal, superándolos.  Significa, como dice el griego, transitar gnoseológicamente de lo sensible (o visible) a lo inteligible (invisible), del mundo de las formas a la verdad en sí, la cual está más allá de toda forma”[37]; ir de la sombra al arquetipo y del arquetipo al astro rey, a la causa última de todas las cosas que el prisionero y sus compañeros veían en la caverna[38]
Llegados a este punto, resulta más sencillo retomar y comprender la idea principal del simbolismo del héroe: éste, como «semi-dios» que es, tiene una naturaleza humana pero goza también de la filiación divina y trascendente y, por tanto, está abierto a la participación consciente en el ser universal[39], le es posible acceder al sol, a la fuente de toda luz, al origen último de todas las sombras.
Ese es el objetivo final de las humanidades y de su metodología hermenéutico-simbólica y, para alcanzarlo, es preciso recurrir al estudio, a la contemplación y a la docencia.  Tres fases complementarias que integran lo que denominaremos “el proyecto pedagógico de las humanidades”; el camino hacia el centro de nosotros mismos; hacia el desarrollo de nuestra natural dignidad; hacia el despertar de la chispa divina que guardamos en nuestro interior y que nos convierte en templos vivientes, en sujeto y objeto de estudio, meditación y enseñanza.


[1] Cfr. Olives:2006-II, 23
[2] Chevalier:1995, 10
[3] Cfr. Olives:2006, 409  Este hecho justifica que podamos hablar, como veremos más adelante, de filosofía mística o del valor religioso de las humanidades (ver cáp. 4.f)
[4] Cfr. Olives:2006, 409
[5] Cfr. Olives:2006, 414.  En Olives:LD, 7 encontramos un texto mucho más explícito: “El hombre en su estado corriente vive esclavo del pensamiento-emoción, como encerrado en una caverna hecha de representaciones y proyecciones creadas por la mente individual y colectiva y, en consecuencia, relativamente ilusorias”.
[6] Nos recuerda nuestro autor que este mito es “casi imposible de comprender sin contar con las enseñanzas sobre el modelo tradicional del mundo y del hombre que en la Academia se transmitían de forma oral, al igual que las han transmitido las demás tradiciones sapienciales de todas las civilizaciones”.  Los escritos platónicos –nos recuerda- no son más que una incompleta tradición escrita que recoge valiosos fragmentos de antiguas enseñanzas tradicionales que proceden de múltiples fuentes (orfismo, pitagorismo, el legado sacerdotal egipcio, elementos caldeos y persas… etc.) y que no deben ser interpretados como un intento de construir un sistema filosófico al estilo moderno, sino como una profundización en aspectos concretos de un cuadro mucho más amplio que se da por conocido y asumido (Olives:2006, 408-409)
[7] Olives:2006, 414
[8] Cfr. Olives:2006, 410
[9] Platón:Rep, 514a-515c
[10] Olives:2006, 414
[11] Ver nota 200
[12] Olives:2006, 414
[13] Dión:Dis, 135-249
[14] Cfr. Olives:2006, 135 y 178
[15] Cfr. Olives:LD, 5
[16] Cfr. Olives:LD, 26
[17] Cfr. Olives:LD, 23
[18] Olives:LD, 26
[19] Cfr. Olives:LD, 26
[20] Cfr. Olives:2006, 415
[21] Cfr. Olives:2006-II, 60
[22] Cfr. Olives:2006, 415
[23] Cfr. Olives:2006, 415
[24] Cfr. Olives:2006-II, 60
[25] Cfr. Olives:2006-II, 120
[26] Cfr. Olives:2006-II, 60 y 121
[27] Cfr. Olives:2006-II, 120
[28] Cfr. Olives:2006-II, 121
[29] Cfr. Olives:2006, 416
[30] Platón:Rep, 515d-515e
[31] Cfr. Olives:2006, 195
[32] Cfr. Olives:2006, 432
[33] Cfr. Olives:2006, 196
[34] Sin embargo resulta muy interesante la puntualización que realiza el propio Olives al respecto: “En el «camino hacia la luz» uno cuenta con la ayuda de todos los que lo han recorrido antes (en distintos grados y niveles): maestros, escrituras, escuelas, enseñanzas, revelaciones…  Pero cada uno es quien debe realizar directamente el camino de conocerse a sí mismo, porque la luz principal y la guía máxima que podemos encontrar yace en cada uno de nosotros” (Olives:LD, 8)
[35] Olives:2006, 196
[36] Olives:2006-II, 123
[37] Olives:2006, 194
[38] Cfr. Platón:Rep, 514a – 518c
[39] Cfr. Olives:2006, 202
http://artedelaenergia.wordpress.com/2013/04/20/las-humanidades-iv-el-simbolismo-metafisico-del-mito-platonico-de-la-caverna/