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sábado, 27 de diciembre de 2014

Estudios místicos (3 de 31) – La Materia (1 de 2)

Estudios místicos (3 de 31) – La Materia (1 de 2)

El espíritu

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No parece razonable comenzar el estudio de la materia hablando del Espíritu; pero pronto comprenderá que no lo es tanto. Sobre todo cuando se le explique la terminología empleada. Debe usted saber que la terminología empleada suele ser diferente en cada escuela de misterios sin embargo, en el fondo, se refieren a lo mismo. Con todo, es cierto que existen diferencias de concepto con respeto a los conceptos profanos.
La mayoría asocia el Alma y el Espíritu como equivalente, como palabras que hacen referencia a lo mismo pero usando expresiones o términos diferentes. Para los místicos son términos diferentes asociados a entes diferentes. Preste mucha atención a todo esto porque del correcto conocimiento de la terminología dependerá la correcta interpretación de estas líneas ya que será la que yo utilizaré por simple lógica.
Para el místico el ser humano es trinitario, si bien algunas escuelas lo llevan a ser septenario. Sin embargo un estudio profundo permite siempre reducirlo a tres entes ya que algunos son subdivisiones de otro mayor; pero dado que no me planteo un curso acelerado de conocimientos en los diferente tipos de escuelas de misterios y esotéricas, me limitaré a la división más simple de comprender, la del hombre trinitario.
Existe una Energía Universal que envuelve a toda forma material, ya sea animada o inanimada, responsable de “la forma” de esa materia. Esa energía es lo que denominaremos Espíritu. La ciencia afirma que sobre la materia actúan cuatro fuerzas: cohesión, adhesión, atracción y repulsión. Sin embargo, desde el punto de vista místico comete el error de confundir los efectos con las causas que los produce ya que esas cuatro fuerzas no son más que diferentes manifestaciones del Espíritu, de la Energía Universal. La ciencia no comprende aún que la multiplicidad de todo lo terrenal posee un solo origen en una Unidad Cósmica intangible, invisible a lo material e infinita.
CohesiónAtracción entre moléculas que mantiene unidas las partículas de una sustancia.
AdhesiónLa adhesión es la propiedad de la materia por la cual se unen y plasman dos superficies de sustancias iguales o diferentes cuando entran en contacto, y se mantienen juntas por fuerzas intermoleculares.[1]
AtracciónFenómeno físico que hace que dos objetos tiendan a juntarse a unirse, por ejemplo los imanes cuando se enfrentan polos opuestos
RepulsiónFenómeno contrario al a atracción
Es fácilmente comprensible que el término Espíritu, para el esoterista o místico, no posee ningún sentido teológico [2]. Para entendernos mejor, no hace referencia al Alma, como sucede normalmente, que ambos son sinónimos. El Espíritu es la energía que impregna todo lo material; el Alma es una Energía Cósmica independiente del mundo material y que anima a cada ser humano.
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Explicado de otro modo, la energía Espíritu da a la materia – a toda la materia – la forma bajo la cual la conocemos; por lo tanto está presente desde en el más minúsculo grano de polvo hasta en el planeta más lejano de la galaxia. Es responsable de la forma física del cuerpo del hombre al mantener en equilibrio las cuatro fuerzas con las que se manifiesta (cohesión, adhesión, atracción y repulsión). Al morir, la fuerza repulsiva toma el control y por ello nuestro cuerpo físico se desintegra.
Por lo tanto, debe quedar claro que Alma y Espíritu son entes, energías, muy diferentes; aunque ambas son energías, el Alma es independiente del mundo material y no se encuentra en la materia inanimada mientras que el Espíritu es la esencia del mundo material y se encuentra en toda la materia.

Polaridades y vibraciones

Toda energía posee una polaridad. La polaridad puede ser positiva o negativa, teniendo en cuenta que los términos positivo y negativo no se usan como bueno o malo, mejor o peor, sino para establecer una correlación, así por ejemplo, si se tratase de números, el 4 es más positivo que el cero, pero más negativo que el 10. La norma general nos dice que cuanto más material es una energía más negativa es la misma y cuanto más espiritual más positiva. En virtud de todo ello, la energía del Espíritu posee una polaridad negativa y el Alma una polaridad positiva. Por otra parte, para poder unirse el Espíritu y el Alma en el hombre es necesaria la colaboración de otra energía o fuerza que los místicos denominan Fuerza Vital; la cual es positiva respeto al Espíritu pero negativa con respeto al Alma.
Alma y Espíritu representan dos polos diferentes de la vida terrenal; representan la dualidad presente en todo ser vivo .Es la fusión de ambas lo que permite la encarnación del Alma en el Cuerpo.
Al ser el Espíritu una energía presente en todo lo material, la diferencia entre un objeto y otro radica únicamente en la expresión, en la combinación de los elementos empleados por el Espíritu para crearlos; es decir, las partículas subatómicas que componen toda las sustancias materiales. Aunque este punto precisaría mucho más espacio que este para ser tratado a profundidad, con el fin de que entienda el concepto inicial piense que toda la materia se forma con átomos y estos con protones, electrones y neutrones; la diferencia final entre un hombre y una simple piedra, en lo material, es la diferente forma en la cual el Espíritu ha combinado esos tres elementos. Evidentemente la cosa no es así en realidad, ya que protones, electrones y neutrones se conforman por otras sustancias[3], pero el concepto en sí mismo es correcto.
espiritu03Como usted ya sabe, la energía ni se crea ni se destruye; solo se transforma. Por ello, el Espíritu, como energía que es, es indestructible. El Espíritu siempre está preparado para condensar y crear materia a partir de los “ladrillos esenciales de la materia” si se cumplen las condiciones necesarias para ello. Es cierto que podemos variar la forma de la materia como cuando tallamos una madera o el granito; pero ello no destruye al Espíritu, solo hemos modificado su aspecto usando el poder de las cuatro fuerzas del Espíritu: cohesión, adhesión, atracción y repulsión. Algo puede ser destruido desde el punto de vista físico como al romper un vaso contra el suelo; pero es imposible destruir la esencia energética que lo componía. En el caso del vaso, esa energía se ha dividido en varios fragmentos de cristales que tendremos buen cuidado de recoger antes de que nos riñan por haberlo roto.
Quizás no se haya dado cuenta, pero el punto anterior posee un importancia transcendental desde el punto de vista místico porque nos dice que todos los elementos que componen la materia son inmortales. Cuando se disgregan desaparece el objeto material que formaban, un hombre, un pez, un árbol, una piedra; pero estos elementos quedan libres en el Universo disponibles para dar forma a un nuevo objeto material bajo el control y guía del Espíritu.
Llegados a este punto, usted ya sabe que el Espíritu es una energía que abarca todo el Universo, de polaridad negativa respecto al Alma e indestructible pero ¿Cómo actúa en el entorno y como se presenta?
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La respuesta no es en forma de las cuatro fuerzas que ya conoce; ellas son efectos del Espíritu no el Espíritu en si mismas; el Espíritu es una energía vibratoria que se propaga más o menos rápido y más o menos intensamente en virtud de las leyes que afectan a toda vibración. Lo que debe asimilar perfectamente es que el Espíritu vibra e impregna permanentemente el Universo manteniéndolo en vibración. Recuerde el tercer principio hermético del Kybalion: “Nada reposa, todo se mueve; todo vibra[4] La vibración del Espíritu, del Alma, la vibración del Cósmico es tan elevada en frecuencia que la percibimos como reposo, pero no es cierto, es la vibración infinita en el caso del Cósmico.
Toda la materia vibra por efecto del Espíritu tanto interna como externamente. La vibración interna es la encargada de mantener el equilibrio entre las fuerzas que dan forma a la materia; si fuera posible modificar la frecuencia interna de la materia e igualarla en todos los objetos no podríamos diferenciar un objeto del otro. Es más, si conociésemos las frecuencias de las formas materiales y fuéramos capaces de modificarlas a voluntad podríamos convertir una piedra en un árbol con solo modificar su frecuencia vibratoria. Parece increíble pero es real en lo absoluto. Recuerde que todo lo material está formado por los mismos elementos combinados en las proporciones adecuadas para cada forma material; son las diferentes frecuencias vibratorias, actuando sobre el equilibrio de las cuatro fuerzas del Espíritu (cohesión, adhesión, atracción y repulsión) lo que produce una u otra forma material al variar las proporciones de los elementos. Piense en un cocinero que posee harina, azúcar y levadura, en virtud del uso que haga de las proporciones creará diferentes tipos de pan, del mismo modo, el creador combina los diferentes componentes que posee para crear todas y cada una de las ideas de su pensamiento.
El hecho de “no ver” las vibraciones no implica que no existan. La música no son más que ondas que percibe nuestro oído; no las vemos, pero están ahí. Además, en este ejemplo, al escuchar una música que nos gusta o inspira no solo escuchamos sino que sentimos una sensación agradable en nuestro cuerpo. Esto se debe a que nos armonizamos con la frecuencia de esa música. El impacto no se limita a la percepción objetiva sino que influye en nuestra Alma. Esto pone en evidencia que el ser humano posee una consciencia capaz de sentir y armonizarse con las frecuencias abriéndonos las puertas hacia la transcendencia por medio de la armonización con el Cósmico.
La causa de todo ello son las vibraciones externas. Al vibrar internamente toda la materia se produce una emisión a transmisión externa que alcanza a otras formas materiales e interactúan con las propias del objeto alcanzado. Las vibraciones más “groseras” son detectadas por nuestra consciencia objetiva a través de los sentidos; las más sutiles y espirituales las detecta el Alma al armonizarse con ellas, al resonar con ellas.
Dado que nosotros vibramos como todo lo material, toda frecuencia que nos alcanza influye y modifica nuestra frecuencia y de ahí que podamos transcender la materia y comunicarnos con otras formas de materia a través de los medios ya descritos e, incluso, armonizarnos con el Cósmico. Pero nos estamos alejando del tema de estudio, volvamos al mismo para explicar más profundamente como percibimos y como interpretamos las vibraciones del espíritu… pero eso será en la próxima entrega de esta serie.
Próxima entrega: Estudios místicos (4 de 31) – La Materia (2 de 2)
Notas
[1] Es vital diferenciar entre la cohesión y la adhesión, así que debe tener claro que la cohesión es la fuerza de atracción entre partículas adyacentes dentro de un mismo cuerpo, mientras que la adhesión es la interacción entre las superficies de distintos cuerpos.
[2] La mayoría de los que me leen asocian Teología con religión católica. En realidad la Teología es el estudio de Dios, independientemente de la religión que se profese, evidentemente existe una teología cristiana, que no es más que una adaptación al crisitianismo de la teología; y lo mismo sucede con otras religiones. Según los diccionarios podemos decir que la teología (del griego θεος theos, ‘Dios’, y λογος logos, ‘estudio’, ‘razonamiento’) es el estudio y conjunto de conocimientos acerca de la divinidad. Este término fue usado por primera vez por Platón en su obra “La República” para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos. Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones con dos significados:
  • Teología al principio como denominación del pensamiento mitológico inmediatamente previo a la Filosofía, en un sentido peyorativo, y sobre todo usado para llamar teólogos a los pensadores antiguos no-filósofos .
  • Teología como la rama fundamental y más importante de la Filosofía, también llamada filosofía primera o estudio de los primeros principios, más tarde llamada Metafísica por sus seguidores y que para distinguirla del estudio del ser creado por Dios, nace la filosofía teológica que se la denomina también teodicea o teología filosófica.
[3] No es mi intención liar al lector con términos y conceptos físicos que en el fondo nos llevarían a la misma idea planteada en el texto; pero aquellos que quieran aprender algo más, aquí va la teoría física actual. Cuando John Dalton postuló su teoría atómica consideró que los átomos eran indivisibles y por tanto en cierto modo partículas elementales. Los avances en el conocimiento de la estructura atómica revelaron que los átomos no eran ni mucho menos indivisibles y estaban formados por partículas más elementales: protones, neutrones y electrones. El estudio de las partículas que forman el núcleo atómico, reveló que estas no eran elementales, sino que estaban formadas por partículas más simples. Los neutrones, protones y otras partículas compuestas como el resto de hadrones y los mesones. Tanto los hadrones como los mesones están constituidos por partículas más pequeñas, llamadas quarks y antiquarks y “nubes” de gluones que los mantienen unidos.
La lista de partículas subatómicas que actualmente se conocen consta de centenares de estas partículas subatómicas, situación que sorprendió a los físicos, hasta que fueron capaces de comprender que muchas de esas partículas realmente no eran elementales sino compuestas de elementos más simples llamados quarks y leptones que interaccionan entre ellos mediante el intercambio de bosones. En el modelo estándar, que refleja nuestro estado de conocimiento sobre los constituyentes últimos de la materia, los quarks, los leptones y los bosones de intercambio se consideran partículas elementales, ya que no existe evidencia de que a su vez estuvieran formados por otras partículas más “pequeñas”.
[4] El tercer Gran Principio Hermético – el Principio de la Vibración – encierra la verdad de que el movimiento se manifiesta en todo el Universo. Nada está en reposo, todo se mueve vibra y circula. Este principio hermético fue reconocido por algunos de los primitivos filósofos griegos, quienes lo expusieron en sus sistemas. Pero después, durante siglos enteros, quedó olvidado, salvo por los seguidores de las doctrinas herméticas.
La doctrina hermética no afirma solamente que todo está en movimiento constante, sino que las diferencias entre las diversas manifestaciones del poder universal se deben por completo al diferente modo e intensidad vibratoria.
http://iluminando.org/2014/12/25/estudios-misticos-3-de-31-la-materia-1-de-2/

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