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domingo, 16 de agosto de 2020

ABRAHAM, EL SUMERIO


ABRAHAM, EL SUMERIO

La Biblia nos dice que Abraham, el patriarca, el hombre que forjó el destino de las tres principales religiones monoteístas de la actualidad, creció y se educó en Ur, nada menos que la “capital” de Sumer en su momento de mayor apogeo, el renacimiento sumerio de la tercer dinastía de Ur.

Gén.11.31. Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.

Gén.15.7. Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.

“Caldea” es el nombre con que se conoció en la Antigüedad la región situada en la media Mesopotamia, al establecerse en ella los caldeos, una tribu semítica que por su lengua se asume que están relacionados con los arameos.

Caldea y los países limítrofes

Posteriormente esta denominación se extendió a toda la región de Babilonia, pero solo debe llamarse Caldea a la zona extrema sudoriental de la parte meridional de la cuenca del Éufrates y el Tigris. El término ‘caldea’ proviene del latín Chaldaeus, y este a su vez del griego antiguo, y este, finalmente, del acadio kaldû.
Caldea, identificada como Shumir (Sumer), y los países limítrofes

Como debemos entender esta vinculación que delinea la Torá entre este pro-hombre y la civilización sumeria, siendo Abraham el primer patriarca de las principales religiones monoteístas de la actualidad, y Sumer, la primer civilización de la humanidad y acaso la más grandiosa?

Que clase de herencia tiene la cultura sumeria sobre la tradición monoteísta? Cuanto de las tradiciones actuales quizás tengan su origen en la lejana Ur de Sumer?

El contexto de la Ur de Abraham

El renacimiento sumerio es un período que comprende los años entre la caída del Imperio acadio y el período de las dinastías amorritas de Isín y Larsa, entre los siglos XXII AEC y XXI AEC. Dentro de esta etapa destacan los años de la llamada Tercera Dinastía de Ur o Ur III, por darse en estos una nueva hegemonía que abarcaría toda Mesopotamia, con la ciudad de Ur a la cabeza. Tras la caída del Imperio acadio las ciudades sumerias recuperaron su independencia, y pese a la irrupción de los nómadas gutis, quienes provocaron continuos saqueos, arrasaron ciudades y campos y dificultaron el comercio, el fin del imperio no conllevó un período de decadencia.

Ekishnugal (ziggurat de Ur)

De acuerdo a la Lista Real Sumeria, respecto de la tercer dinastía de Ur: “Renacimiento Sumerio”

Ur-Nammu de Urim: 18 años gobierna hacia el 2111 a. C.–2094 a. C. en la cronología mínima
Shulgi: 46 años gobierna hacia el 2093 a. C.–2046 a. C. en la cronología mínima
Amar-Sin de Urim: 9 años hacia el 2045-2037 a. C.
Shu-Sin de Urim: 9 años hacia el 2036-2028 a. C.
Ibbi-Sin de Urim: 24 años hacia el 2027-2003 a. C.

“Entonces Urim (Ur) fue derrotada y la realeza pasó a Isín”

Ur-nammu se dio a sí mismo el título de «rey de Sumer y de Acad», que si bien no se conocen con precisión los límites de sus dominios, se han encontrado inscripciones suyas en numerosas ciudades sumerias —Nippur, Lagash, Uruk, Larsa, Eridu y Ur. No fue un rey con carácter expansionista, no intentó construir un gran imperio como Sargón y sus sucesores. En lugar de eso se dedicó a unir las ciudades de Mesopotamia central y meridional, y a una intensa labor de reformas en la administración y construcción de infraestructuras.
Ur-nammu (ca. 2112–2004 B.C.)

Durante su reinado se redactó el llamado código de Ur-Nammu, se unificó la jurisprudencia, se fijó la equivalencia entre las diferentes monedas existentes, se excavaron nuevos canales de riego y se abrieron nuevas rutas comerciales. Se reconstruyeron los templos destruidos en las invasiones de los Guti y se edificaron nuevos santuarios, especialmente en la capital, Ur. Edificó un zigurat dedicado al dios de la luna sumerio, Nanna/Sin y nombró a su hija Ennirgalanna sacerdotisa de dicho templo. También engrandeció el templo de Enlil en Nippur. Las ciudades sumerias perdieron la autonomía de la que disfrutaban en otro tiempo y pasaron a estar bajo control directo del rey de Ur. Sus sucesores disfrutarían de años de prosperidad y estabilidad política, que aprovecharían para expandir las fronteras y crear el imperio de Ur.

Detalle estela de Ur-Nammu

El código de Ur-Nammu, que antecedió en trescientos años al código de Hammurabi, está estructurado de manera que a cada crimen le sigue un castigo específico, estructura copiada en códigos posteriores. Al contrario que el código de Hammurabí, cuya máxima popular es el ojo por ojo, el código de Ur-Nammu contempla compensaciones económicas en lugar de daños físicos como pago a ciertos crímenes. Sin embargo el asesinato, el robo, el adulterio y el rapto son considerados ofensas capitales que no admiten tal compensación.

Estela de Ur-Nammu

Es en este particular marco de prosperidad y estabilidad social, económica, judicial y política en el que emerge la figura del patriarca Abraham.

Un análisis histórico alternativo

A continuación, un extracto del capítulo XIII del libro “La Guerra de los Dioses” de Zecharia Sitchin. En el mismo, primero se sitúa temporariamente la cronología bíblica para luego intentar correlacionarla con la historia de Mesopotamia.

(…) El cautiverio del pueblo hebreo en Egipto fue de 400 años, lo que sitúa el acontecimiento entorno al 1833 a.C. (1.433 + 400). Luego en el Génesis 47:7-9: «Y José llevó a Jacob, su padre, y lo presentó ante el faraón… Y el faraón le dijo a Jacob: ‘¿Qué edad tienes?’, y Jacob le dijo al faraón: ‘Los días de mis años son ciento treinta’». Jacob, por tanto, nació en 1963 a.C. Ahora bien, Isaac tenía sesenta años de edad cuando nació Jacob (Génesis 6:26); e Isaac le nació a su padre Abraham cuando éste tenía 100 años (Génesis 21:5). Así pues, Abraham (que vivió hasta los 175 años) tenía 160 años cuando nació su nieto Jacob. Esto sitúa el nacimiento de Abraham en el 2123 a.C.

El siglo de Abraham -los cien años que van desde su nacimiento hasta el nacimiento de su hijo y sucesor, Isaac- fue, por tanto, el siglo que presenció el auge y la caída de la Tercera Dinastía de Ur. Nuestra lectura de los relatos y la cronología bíblica sitúa a Abraham justo en medio de los trascendentales acontecimientos de aquellos tiempos -no como un mero observador, sino como participante activo.

En la Biblia no se da ninguna explicación a la partida de Ur, ni tampoco se dice el momento, pero podemos suponer las respuestas si relacionamos su partida con los acontecimientos de Mesopotamia en general y de Ur en particular. Sabemos que Abraham tenía setenta y cinco años cuando, más tarde, fue de Jarán a Canaán. Por lo que se sugiere en la narración bíblica, la estancia en Jarán debió ser larga, y nos ofrece la imagen de un Abraham joven y recién casado cuando llega a Jarán. Si, según nuestros cálculos, Abraham nació en 2123 a.C, tendría diez años cuando Ur-Nammu ascendió al trono de Ur y cuando a Nannar se le confió la administración de Nippur. Y tendría 27 años cuando Ur-Nammu murió en el campo de batalla.

El año de la caída de Ur-Nammu fue el 2096 a.C. ¿No pudo ser el año en que, bajo el impacto del acontecimiento o como consecuencia de él, Téraj y su familia dejaron Ur en dirección a un destino lejano, Jarán, el Ur lejos de Ur? A lo largo de todos los años que siguieron, con el declive de Ur y la inmoralidad de Shulgi, la familia permaneció en Jarán.

Después, súbitamente, el Señor actuó de nuevo: Y Yahveh le dijo a Abram: «Vete de tu país y de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré»… Y Abram partió, tal como le había dicho Yahveh, y Lot se fue con él. Y Abram tenía setenta y cinco años cuando dejó Jarán. Tampoco aquí se nos da razón alguna para tan crucial mudanza. Pero la pista cronológica es de lo más reveladora. Abraham tenía 75 años de edad en el 2048 a.C. -¡el mismo año de la caída de Shulgi!

Debido a que la familia de Abraham (Génesis 11) era la continuadora directa del linaje de Sem, se ha considerado a Abraham como semita, aquél cuyo origen, herencia cultural y lengua son semitas, a diferencia (en la mentalidad de los expertos) de los súmenos no semitas y de los posteriores indoeuropeos. Pero, en un sentido bíblico original, todos los pueblos de Mesopotamia eran descendientes de Sem, tan «semitas» como «sumerios».

No existe nada en la Biblia que sugiera, como algunos expertos han empezado a sostener, que Abraham y su familia fueran amoritas (es decir, semitas occidentales) que llegaron como inmigrantes a Sumer para volver después a su lugar de origen. Por el contrario: todo indica que se trataba de una familia enraizada en Sumer desde sus comienzos, una familia que, súbitamente, tuvo que desarraigarse de su país para mudarse a una tierra extraña. Las correspondencias entre los dos acontecimientos bíblicos y las fechas de dos importantes acontecimientos sumerios -y de otros más por venir- nos indican una conexión directa entre todos ellos. ¡Abraham no aparece como el hijo de unos inmigrantes extranjeros, sino como el vastago de una familia directamente implicada en los asuntos de estado sumerios!

Los expertos, en su búsqueda de respuestas a la pregunta de «¿Quién fue Abraham?», se han aferrado a la similitud entre su designación como hebreo (Ibrí) y el término Hapiru (que en Oriente Próximo se pudo transformar en Habiru), que es como los asirios y los babilonios de los siglos xvm y XVII a.C. llamaban a las bandas de saqueadores semitas occidentales. A finales del siglo xv a.C, el jefe de una guarnición egipcia en Jerusalén pidió refuerzos a su rey para defenderse de los Hapiru. Y los expertos se han aferrado a todo esto como evidencias de la hipótesis de que Abraham era un semita occidental. Sin embargo, muchos expertos dudan, y piensan que este término no denota un grupo étnico en absoluto, preguntándose si esta palabra no sería un sustantivo descriptivo que significara, simplemente, «merodeadores» o «invasores».

La idea de que Ibri (evidentemente, del verbo «cruzar») y Hapiru tengan algo que ver, entraña problemas filológicos y etimológicos sustanciales. Cuando Abraham se ve involucrado en la Guerra de los Reyes, no sólo se maneja como un comandante manejando un ejercito, sino que también se niega a recibir su parte del botín. Ésta no es la conducta de un bárbaro merodeador, sino la de una persona de elevadas normas de comportamiento. Al llegar a Egipto, Abraham y Sara son llevados a la corte del faraón; en Canaán, Abraham acuerda tratados con los gobernantes locales. No es ésta la imagen de un nómada que saquea las poblaciones de otros; es la imagen de un personaje de elevada reputación, hábil en la negociación y en la diplomacia.

A partir de estas consideraciones, Alfred Jeremías, por entonces un importante asiriólogo y profesor de historia de la religión en la Universidad de Leipzig, anunció en la edición de 1930 de su obra maestra Das Alte Testament im Lichte des Alten Orients que «en su constitución intelectual, Abraham era sumerio». Jeremías amplió esta conclusión en un estudio de 1932 titulado Der Kosmos von Sumer. «Abraham no era un semita babilónico, sino sumerio». Y sugirió que Abraham encabezó a los Fieles cuya reforma buscaba elevar a la sociedad sumeria a niveles religiosos más altos. Estas ideas resultaban audaces en una Alemania que estaba presenciando el auge del Nazismo, con sus radicales teorías. Los posteriores trastornos y la Segunda Guerra Mundial cortaron cualquier debate sobre el tema. Lamentablemente, la línea que Jeremias discerniera ya no se ha vuelto a tomar. Sin embargo, todas las evidencias bíblicas y mesopotámicas nos dicen que Abraham fue, sin duda, sumerio.

El Antiguo Testamento nos proporciona, de hecho (Génesis 17:1-16), el modo y el momento en que Abraham se transformó, de noble sumerio, en un potentado semita occidental, tras la alianza establecida con su Dios. En un ritual de circuncisión, su nombre sumerio AB.RAM («Amado del Padre») se cambió por el acadio/semita Abraham («Padre de una Multitud de Naciones») y el de su esposa SARAI («Princesa») se adaptó al semita Sarah. Fue entonces, a los 99 años de edad, cuando Abraham se convirtió en «Semita».

¿No resulta ingenuo pensar que, para su misión en Canaán, para el nacimiento de una nación, y para el gobierno de todas las tierras desde la frontera de Egipto hasta la frontera de Mesopotamia, el Señor eligiera a alguien al azar, designara a cualquiera que circulara por las calles de Ur?

La joven con la que se casó Abraham llevaba el nombre-epíteto de Princesa; dado que era hermanastra de Abraham («En verdad, es mi hermana, la hija de mi padre, pero no la hija de mi madre»), podemos dar por seguro que, o bien el padre de Abraham, o bien la madre de Sara, eran de ascendencia real. Del hecho de que la hija de Harán, el hermano de Abraham, llevara también un nombre real (Milkha -«Regia»), se deduce que los antepasados reales provenían del padre de Abraham. Así pues, la familia de Abraham debía pertenecer al selecto grupo de la aristocracia sumeria, con poder y capacidad de influencia en los asuntos de estado. No sólo era una familia que podía reivindicar ser descendiente de Sem, sino que también dispondrían de registros familiares que remontarían su linaje a través de generaciones de primogénitos: Arpakshad, Shélaj y Héber; Péleg, Reú y Serug; Najor, Téraj y Abraham; ¡los registros históricos de la familia se remontaban en el tiempo nada menos que tres siglos!

¿Qué significan los nombres-epíteto? Si Shélaj («Espada») nació, como dice el capítulo 11 del Génesis, 258 años antes que Abraham, tuvo que nacer en 2381 a.C. Es decir, la época de los conflictos que llevaron a Sargón al trono en la nueva capital Agadé («Unida»), para simbolizar la unificación de las tierras y una nueva era. Sesenta y cuatro años después, la familia llamó a su primogénito Péleg («División»), «pues en sus días la tierra se dividió». De hecho, fue la época en la que Sumer y Acad se separaron tras la intentona de Sargón de llevarse suelo sagrado de Babilonia, con su posterior muerte. Pero más interesante resulta el significado del nombre de Héber, y la razón para habérselo puesto al primogénito en el 2351 a.C, y de la cual proviene el término bíblico Ibri («hebreo»), por el cual se identificó a Abraham y a su familia. El nombre Héber proviene de la raíz de una palabra que significa «cruzar»: el sufijo bíblico «i», cuando se aplica a una persona, significa «nativo de»; Gileadi significaba nativo de Gilead, etc. Del mismo modo, Ibri significaba nativo de un lugar llamado «Cruce»; y ese, precisamente, era el nombre sumerio de Nippur: NI.IB.RU -el Lugar del Cruce, el lugar donde la rejilla antediluviana se cruzaba, el Ombligo de la Tierra original, el antiguo Centro de Control de Misiones.

La caída de la n al pasar del sumerio al acadio/hebreo era algo frecuente. Al decir que Abraham era un Ibri, la Biblia simplemente quiere decir que Abraham era un Ni-ib-ri, ¡un hombre de origen nippuriano! Los expertos han interpretado el hecho de que la familia de Abraham emigrara de Ur a Jarán como que Ur era también el lugar de nacimiento de Abraham; pero eso no lo dice la Biblia en ninguna parte. Al contrario, cuando se le ordena a Abraham que vaya a Canaán y deje por las buenas sus pasadas moradas, se hace una relación de tres cosas separadas: la casa de su padre (que estaba entonces en Jarán); su país (la ciudad-estado de Ur); y su lugar de nacimiento (que en la Biblia no se identifica). Nuestra hipótesis de que Ibri identifica a un nativo de Nippur resuelve el problema del verdadero lugar de nacimiento de Abraham. Tal como indica el nombre de Héber, fue en su época -mediados del siglo xxiv a.C- cuando podría haberse iniciado la conexión de la familia con Nippur.

Nippur no fue nunca una capital real; más bien, fue una ciudad consagrada, el «centro religioso» de Sumer, que es como los expertos la calificarían. También fue donde se confiaron los conocimientos astronómicos a los sumos sacerdotes, y de ahí el lugar donde tuvo su origen el calendario -la relación entre el Sol, la Tierra y la Luna en sus órbitas. Los expertos reconocen que los calendarios de la actualidad se derivan del calendario original nippuriano. Todas las evidencias demuestran que el calendario nippuriano tuvo sus inicios hacia el 4000 a.C, en la era de Tauro. Y aquí nos encontramos con otra confirmación del cordón umbilical que conectaba a los hebreos con Nippur: el calendario judío sigue contando los años a partir de un enigmático comienzo en el 3760 a.C. Se supone que esta cuenta se establece «desde el principio del mundo»; pero lo que realmente querían decir con ello los sabios judíos es que éste es el número de años que han pasado «desde que comenzó la cuenta [de los años]». Suponemos que se refieren a la introducción del calendario en Nippur.

En los ancestros de Abraham nos encontraríamos entonces con una familia sacerdotal de sangre real, una familia encabezada por un sumo sacerdote nippuriano que era el único al que se le permitía entrar en la cámara más profunda del templo, para recibir allí las órdenes de la deidad y trasmitírselas al rey y al pueblo. A este respecto, el nombre del padre de Abraham, Téraj, resulta muy significativo. Los eruditos bíblicos, buscando pistas tan sólo en el entorno semita, consideran que los nombres, como los de Harán y Na-jor, son meros topónimos (nombres que personifican lugares), y sostienen que tuvo que haber ciudades con estos nombres en el centro y norte de Mesopotamia. Los asiriólogos, investigando en la terminología acadia (por ser la primera lengua semita), sólo pudieron descubrir que Tirhu significaba «un objeto o vasija para propósitos mágicos».

Pero si recurrimos a la lengua sumeria, nos encontraremos con que el signo cuneiforme de Tirhu procedía directamente del de un objeto que recibía el nombre sumerio de DUG.NAMTAR -literalmente, «El Que Dice el Destino»- ¡el que anunciaba los oráculos! Téraj, por tanto, podría haber sido un Sacerdote de Oráculos, designado para acercarse a la «Piedra que Susurra», para escuchar las palabras de la deidad y comunicarlas (con o sin una interpretación) a la jerarquía laica. Era ésta una función que asumiría posteriormente el Sumo Sacerdote israelita, que era el único al que se le permitía entrar al Santo de los Santos, aproximarse al Dvir («Hablador»), y «escuchar la voz [del Señor] que le habla desde fuera del revestimiento que hay sobre el Arca de la Alianza, de entre los dos Querubines». Durante el Éxodo israelita, en el Monte Sinaí, el Señor proclamó que su alianza con los descendientes de Abraham significaba que «seréis para mí un reino de sacerdotes». Era una afirmación que reflejaba el estatus de los propios ascendientes de Abraham: el sacerdocio real.

Por inverosímiles que puedan parecer estas conclusiones, están completamente de acuerdo con las prácticas sumerias según las cuales los reyes nombraban a sus hijas e hijos, y a menudo a sí mismos, para posiciones de sumo sacerdocio, con la consiguiente mezcolanza de linajes reales y sacerdotales. Las inscripciones votivas encontradas en Nippur confirman que los reyes de Ur tenían en mucha estima el título de «Piadoso Pastor de Nippur», y que realizaban allí funciones sacerdotales; y el gobernador de Nippur (PA.TE.SI NI.IB.RU) era también el Principal UR.ENLIL («Principal Servidor de Enlil»). Algunos de los nombres que llevaban estos VIPs regio-sacerdo-tales se parecían al nombre sumerio de Abraham (AB.RAM), comenzando también con el componente AB («Padre» o «Progenitor»); como ocurre con AB.BA.MU, que fue el nombre de un gobernador de Nippur durante el reinado de Shulgi.

No es pues ninguna exageración suponer que una familia tan estrechamente relacionada con Nippur como para que se les llamase «nippurianos» (es decir, «hebreos»), sostuviera sin embargo una elevada posición en Ur, pues esto concuerda completamente con las circunstancias reales que imperaban en Sumer en la época que hemos indicado; pues fue por entonces, por los tiempos de la III Dinastía de Ur, cuando, por vez primera en los asuntos divinos y en la historia de Sumer, se les confió a Nannar y al rey de Ur la administración de Nippur, combinando así las funciones religiosas y seculares.

Así, pudo suceder que, cuando Ur-Nammu subió al trono de Ur, Téraj se trasladara con su familia desde Nippur a Ur, quizás para servir de enlace entre el templo de Nippur y el palacio real de Ur. Su estancia en Ur se prolongó hasta el fin del reinado de Ur-Nammu, y fue a su muerte cuando la familia dejó Ur para ir a Jarán. No se dice en ninguna parte qué es lo que la familia hizo en Jarán; pero, si tenemos en consideración su linaje real y su estatus sacerdotal, debieron pertenecer a la jerarquía de Jarán. La familiaridad con la que, más tarde, trataría Abraham a algunos reyes, nos sugiere que debió tener algo que ver con las relaciones exteriores de Jarán; y su amistad con los hititas que vivían en Canaán, renombrados por su experiencia militar, puede arrojar luz sobre la cuestión de dónde adquirió Abraham esa competencia militar que con tanto éxito empleó en la Guerra de los Reyes.

Ur-Nammu otorgando un título de gobernador (ensi) a Ḫašḫamer

A lo largo de los ignominiosos años del reinado de Shulgi, la familia de Téraj permaneció en Jarán. Después, a la muerte de Shulgi, llegó la orden divina de partir hacia Canaán. Téraj era ya bastante viejo, y Najor, su hijo, se quedaría con él en Jarán. El elegido para la misión era Abraham -para entonces, un hombre maduro de 75 años. Era el año 2048 a.C, y marcó el comienzo de 24 años fatídicos -los 18 años que abarcan los reinados, repletos de guerras, de los dos sucesores inmediatos de Shulgi (Amar-Sin y Shu-Sin) y los 6 años de Ibbi-Sin, el último rey de Ur.

Tras una corta estancia en el Negev, Abraham atravesó la península del Sinaí y llegó a Egipto. Evidentemente, no eran unos vulgares nómadas, cuando a Abraham y a Sara se les llevó al palacio real. Según nuestros cálculos, debió ser hacia el 2047 a.G, cuando los faraones que gobernaban entonces el Bajo Egipto (al norte), se enfrentaban al fuerte desafío que representaba el príncipe de Tebas, en el sur, en donde se consideraba a Amén como dios supremo. Tan solo podemos suponer los asuntos de estado -alianzas, defensas conjuntas, órdenes divinas- que debieron tratar el asediado faraón y el Ibri, el general nippuriano. Cuando llegó el momento de regresar al Negev, Abraham fue acompañado por un gran séquito de hombres del faraón. «Y Abraham se fue de Egipto, él y su mujer y Lot con él, hasta el Negev». Él era «rico en rebaños» de ovejas y ganado vacuno para comer y vestir, así como de asnos y camellos para sus rápidos jinetes.

Con la sincronización de fechas y acontecimientos bíblicos y sumerios que proponemos, se obtiene la siguiente secuencia y apoya cada factor de tiempo relatado en la Biblia:

2123 a.C. Abraham nace en Nippur, hijo de Téraj.
2113 a.C. Ur-Nammu entronizado en Ur, se le da la custodia de Nippur. Téraj y su familia se trasladan a Ur.
2095 a.C. Shulgi asciende al trono tras la muerte de Ur-Nammu. Téraj y su familia se van de Ur a Jarán.
2055 a.C. Shulgi recibe los oráculos de Nannar, envía tropas elamitas a Canaán.
2048 a.C. Muerte de Shulgi. A Abraham, con 75 años de edad, se le ordena partir hacia Canaán.
2047 a.C. Amar-Sin («Amarpal») asciende al trono de Ur. Abraham sale del Negev hacia Egipto.
2042 a.C. «Los reyes cananeos derivan su fidelidad a «otros dioses». Abraham vuelve de Egipto con un cuerpo de élite.
2041 a.C. Amar-Sin lanza la Guerra de los Reyes.

lunes, 10 de agosto de 2020

Una tablilla babilónica esconde la tabla trigonométrica más antigua del mundo


Una tablilla babilónica esconde la tabla trigonométrica más antigua del mundo


El arqueólogo que inspiró el personaje de Indiana Jones, el estadounidense Edgar Banks, descubrió hace un siglo en Irak una enigmática tablilla babilónica repleta de números cuneiformes. Tras un siglo de debates matemáticos, investigadores australianos develan ahora su secreto: se trata de una tabla trigonométrica de hace 3800 años, la más antigua conocida hasta la fecha, que enseña como hacer cálculos trigonométricos sin ángulos y con una precisión sin precedentes.

Dos investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW, Australia) han analizado una famosa tablilla de arcilla babilónica, datada entre entre 1822 y 1762 AEC, y han descubierto que se trata de la tabla trigonométrica más antigua y precisa del mundo. Posiblemente los antiguos escribas matemáticos la utilizaban para realizar los cálculos necesarios para levantar templos, palacios, canales y otras construcciones.


La tablilla babilónica Plimpton 322 presenta cuatro columnas (separadas por tres hendiduras) y 15 filas de números cuneiformes, pero seguramente tuvo más porque está fragmentada. / UNSW/Andrew Kelly

El estudio confirma que los babilonios se adelantaron en más de mil años a los griegos en la invención de la trigonometría (el estudio de los triángulos) y muestra un sofisticado y antiguo conocimiento matemático que había permanecido oculto hasta ahora.

La tablilla, denominada Plimpton 322, fue descubierta en la primera década del siglo XX, en lo que ahora es el sur de Irak (antiguo reino de Sumer), por el diplomático, arqueólogo, académico y comerciante de antigüedades Edgar J. Banks, el personaje real en el que se basó otro de ficción mucho más popular: Indiana Jones.

En esta tablilla aparecen grabadas, con la escritura cuneiforme de la época, una serie de cuatro columnas y 15 filas de números que siguen un sistema sexagesimal (de base 60). Las cifras describen una secuencia de 15 triángulos rectángulos, que van reduciendo su inclinación y se van “aplanando” fila tras fila.

Basándose en estudios previos y observando que el borde izquierdo de la arcilla está roto, los investigadores plantean que Plimpton 322 tuvo originalmente seis columnas y probablemente debía estar formada por 38 filas de caracteres cuneiformes.

Ternas pitagóricas mucho antes de Pitágoras

“Esta tablilla lleva desconcertando a los matemáticos desde hace más de 70 años, porque se dieron cuenta de que contiene un patrón especial de números llamado terna pitagórica”, explica uno de los autores, Daniel Mansfield, de la Escuela de Matemáticas y Estadística de la UNSW en Sidney,

Una terna pitagórica es una lista de tres números enteros positivos: a, b y c, donde se cumple que a2 + b2 = c2. Un ejemplo sencillo son los números enteros 3, 4 y 5, pero los valores que presenta Plimpton 322 a menudo son considerablemente mayores, como los que refleja en su primera fila, donde aparece el triplete 119, 120 y 169.

El nombre de esta terna se deriva del teorema de Pitágoras, que para un triángulo rectángulo establece que el cuadrado de la hipotenusa (lado opuesto al ángulo recto) es la suma de los cuadrados de los otros dos lados.

“Los babilonios conocían los triples pitagóricos mucho antes de que naciera Pitágoras, como se puede ver en esta y otras tablillas”, señala Mansfield a Sinc, y destaca: “Además nos enseñan cómo hacer trigonometría sin usar los ángulos, una trigonometría mucho más simple que no requiere conceptos avanzados como ángulos o números irracionales”.

La desconocida trigonometría que describe la tablilla para los triángulos rectángulos se basa en ratios o relaciones, no en ángulos ni círculos. Según los autores, es una obra matemática fascinante que demuestra el genio de sus creadores: “La tablilla no sólo contiene la tabla trigonométrica más antigua del mundo, sino que también es la única completamente precisa, debido al diferente enfoque babilónico de la aritmética y la geometría”.

El estudio, que se publica en Historia Mathematica (la revista oficial de la Comisión Internacional de Historia de las Matemáticas), apunta la predilección de los babilónios por la precisión de los números, y compara la tablilla con la llamada tabla de senos de Madhava (construida en el siglo XIV por este matemático y astrónomo indio), demostrando que Plimpton 322 es una tabla trigonométrica “exacta y potente”. Las tablas trigonométricas permiten usar la información de un lado de un triángulo rectángulo para determinar la de los otros dos.

Hasta ahora se consideraba al astrónomo griego Hiparco, que vivió alrededor del año 120 AEC, como el padre de la trigonometría, y a su ‘tabla de cuerdas’ como la tabla trigonométrica más antigua. “Pero Plimpton 322 precede a Hiparco en más de 1000 años”, insiste el otro autor, el profesor Norman Wildberger, quien considera que gracias a esta tablilla se abren nuevas posibilidades no sólo para la investigación matemática moderna, sino también para la educación matemática: “Nos ofrece una trigonometría más simple, más precisa, que tiene claras ventajas sobre la nuestra”.
El mundo antiguo enseñando algo nuevo

“Esto significa que tiene gran relevancia para nuestro mundo moderno”, añade Mansfield por su parte. “La matemática babilónica puede no haber estado de moda durante más de 3000 años, pero hoy tiene posibles aplicaciones prácticas en topografía, gráficos por ordenador y en el campo de la educación. Es un raro ejemplo del mundo antiguo enseñándonos algo nuevo”.


El profesor Daniel Mansfield enseña la tablilla Plimpton 322, que se conserva en la Biblioteca de Manuscritos y Libros Raros de la Universidad de Columbia, en Nueva York. / UNSW/Andrew Kelly

“Plimpton 322 era una herramienta poderosa que podría haber sido utilizada en la topografía de los campos o para los cálculos arquitectónicos en la construcción de palacios, templos o pirámides escalonadas”, aventura Mansfield, aunque reconoce a Sinc que, en realidad, “es difícil decirlo con seguridad, porque nuestra ventana a ese mundo es muy pequeña: sólo podemos echar un vistazo y decir lo que parece ser”.

En cualquier caso, los autores descartan que, como se pensaba hasta ahora, la tablilla sirviera simplemente para que los profesores de la época comprobarán las soluciones de los estudiantes a la hora de resolver problemas de ecuaciones cuadráticas.

Se cree que la tablilla Plimpton 322 procede de la antigua ciudad sumeria de Larsa (a unos 250 km al sur de Bagdad), y actualmente se conserva en la Biblioteca de Manuscritos y Libros Raros de la Universidad de Columbia en Nueva York.

“Existe un tesoro de tablillas babilónicas como esta, pero sólo se ha estudiado una parte. El mundo matemático está empezando a descubrir que la antigua, aunque muy sofisticada, cultura matemática de los babilonios todavía tiene mucho que enseñarnos”, concluye Wildberger.

Fuente: SINC


Referencia bibliográfica:

Daniel Mansfield, N.J. Wildberger, “Plimpton 322 is Babylonian exact sexagesimal trigonometry”. Historia Mathematica, agosto de 2017

lunes, 13 de julio de 2020

Los dioses y los hombres en Sumeria

Los dioses y los hombres en Sumeria
CARLOS MAZA GOMEZ

✅ Teorías ancestrales relacionadas con los sumerios - | Catrinamagica

Una de las obligaciones del rey, en tanto disfrutaba de una comunicación privilegiada con los dioses, era la de interpretar sus deseos e intenciones. Todo ello no lo hacía de modo directo, ya que no compartía la misma naturaleza que ellos, sino mediante la interpretación de los signos que ofrecían. Estos signos estaban en la naturaleza por cuanto éste era el hogar de los dioses. Había pues que observar señales muy variadas, el movimiento de los astros, alteraciones en el cauce de los ríos, el vuelo de los pájaros, etc. Naturalmente, como pasaba con el culto diario, esta labor no era siempre ejercida por el rey en persona sino que había de delegar estas funciones en un grupo de sacerdotes.

“Al rey mi señor, tu siervo Balasi: saludos al rey mi señor. Que Nabu y
Marduk bendigan al rey mi señor.
En cuanto a lo que el rey escribió, ‘Algo está sucediendo en los cielos: ¿te has
dado cuenta?’. En cuanto a mí respecta mis ojos están fijos. Yo pregunto:
‘¿Qué fenómeno he dejado de ver (o) de comunicar al rey? ¿He dejado de
observar algo que no pertenece a su destino?’. En cuanto a la observación del
sol acerca de lo que el rey mi señor escribió -éste es el mes para observar el
sol, lo vimos dos veces: el 26 de Marheshran (y) el 26 de Kislev, conseguimos
observarlo. De este modo conseguimos observar el sol durante dos meses. En
cuanto a ese eclipse de sol del que habló el rey, no ha habido eclipse. El 27
miraré de nuevo y presentaré (un informe). ¿Para quién teme desgracia el rey
mi señor? No tengo información alguna”. (Frankfort, 1998, p. 275).

La relación de los mesopotámicos con sus dioses está presidida por la incertidumbre. Los dioses no se sujetaban a razón humana alguna y, por tanto, eran difíciles de prever en sus comportamientos. Ello no significa que fueran caprichosos sino que resultaban incomprensibles. La única manera de prever la desgracia que un dios preparaba sobre una persona o un pueblo era mediante la interpretación de signos, la adivinación de los mismos. Si los augurios dictaban que una desgracia caería sobre el país, crecía la incertidumbre. Podía ser que el rey hubiera faltado a alguno de sus deberes ceremoniales pero también podía tratarse de un ataque contra su persona por parte de un dios malintencionado en cuyo caso, la obligación del pueblo era proteger al rey. Se utilizaban en tales casos complicados ceremoniales donde el rey podía ayunar muchos días, o bien celebrarse actos en torno a una estatua real o su manto.

En caso extremo se llegaba a colocar durante cien días un rey “de repuesto” mientras el verdadero se ocultaba. Al cabo de ese tiempo y, con grandes honores, el rey falso era sacrificado a los dioses y el verdadero volvía a tomar los símbolos reales de su mando.

Hay dos aspectos que señalar en esta vertiente social de la relación del mesopotámico con los dioses que ya han sido apuntados líneas arriba. En primer lugar, la interpretación de signos y, en segundo, la protección de las personas ante los ataques de un dios. Respecto a esto último, sólo cabe mencionar la importancia de la magia y los conjuros en la mentalidad oriental antigua por cuanto se sometía a la persona en peligro a complicados rituales. Sin embargo, lo más importante en el estudio presente es la interpretación de signos.

Como se ha comentado, se pueden interpretar signos de la naturaleza. En lo que se refiere a la observación de los astros, ello está en la base de la confección de listas detalladas de los movimientos astrales y en una naciente e importante astronomía. Sin embargo, si la naturaleza no proporciona los signos oportunos ello no significa que un ataque divino no esté en marcha. Debido a esta nueva incertidumbre el mesopotámico era partidario de estimular la producción de signos mediante algunas acciones propias. El procedimiento más conocido era las extispicina o análisis de las vísceras de animales sacrificados en las ofrendas a un dios. De entre ellas el análisis del hígado era la preferida (hepatoscopia):

“Al rey mi señor, tu siervo Adad-shum-usur: Saludos al rey mi señor, que
Nabu y Marduk bendigan al rey mi señor.
Todo está bien por lo que respecta a los dignatarios del palacio posterior. En lo
concerniente a la vesícula biliar de lo que escribió mi señor, ‘¿Está torcida?’.
El firme lóbulo del hígado estaba doblado. La vesícula biliar había caído abajo.
Esta posición no es favorable. Lo que tendría que estar arriba estaba colocado
abajo. Durante dos días un líquido salía (de ahí). Es una buena señal. ¡Anímese
el rey!” (Frankfort, 1998, p. 277).

En todo caso, el sacerdote examina todos estos signos como presagios del peligro que ha de venir. Dada la importancia de los asuntos en juego el examen es muy detallado y comporta la actividad continuada de numerosas generaciones. Así, se encuentran tratados de considerables proporciones, particularmente a lo largo del primer milenio, tanto sobre este análisis de las vísceras como sobre la lecanomancia o interpretación de las formas que dejan las gotas de aceite sobre un tazón de agua, la de los sueños, de considerable importancia, sobre todo si el que soñaba era el rey. Así se fueron redactando listas de grandes proporciones sobre la posición de los astros así como sobre el significado de la misma. Como para las demás técnicas, los resultados siempre se presentaban bajo la fórmula “Si..., entonces...” que no representa una relación de causalidad entre una cosa y otra, desde luego, sino una relación de signo y significado.

“Si el día tercero (se observa) una penumbra lunar por ambos lados: los reyes
permanecerán lejos.
Si (la penumbra) se hace visible tres veces seguidas mes por mes: habrá nubes,
caerá la lluvia.
Si una estrella cae el día treinta: el rey no conseguirá atrapar a su enemigo”.
(Sanmartín y Serrano, 1998, p. 95).

sábado, 11 de julio de 2020

El rey y los dioses en Sumeria

El rey y los dioses en Sumeria.
CARLOS MAZA GOMEZ.

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Ya se ha comentado el hecho de que, según la tradición sumeria, el consejo de dioses confió en uno concreto, Marduk, para que les uniera a todos ellos defendiéndoles del ataque del Caos. Desde ese punto de vista, la realeza no es natural a los hombres sino un cargo que los dioses conceden. Como afirma la “Lista real sumeria”, la realeza es algo que bajó del cielo (Sanmartín y Serrano, 1998). Así pues, la autoridad, la legitimidad en tal puesto, proviene siempre del favor de los dioses que al igual que lo otorgan a un hombre pueden concedérselo a otro. De este modo, el rey mesopotámico siempre habrá sido elegido por los dioses y, por tanto, pertenece a la única dinastía legítima. Ello obligaba a que, cuando alcanzaba el trono un hombre de oscuro pasado, como fue Sargón al vencer a Lugalzagesi, se viera obligado a demostrar a través de una relación detallada cuál era su origen. Habitualmente, el antecedente más antiguo se hacía irrebatible al adjudicárselo a algún héroe mítico de imposible comprobación. Inmediatamente, esto comportaba que la dinastía derrocada era ilegítima y por tanto merecedora de la derrota.

En los tiempos protodinásticos se utilizaban los términos “amado” o “hijo” de los dioses para referirse a los reyes aunque ello no comportaba filiación alguna ni una naturaleza divina de los mismos. Los reyes eran hombres que ostentaban un cargo de naturaleza divina pero lo era el cargo, no ellos. Por eso el favor de los dioses podía cambiar si el rey olvidaba el favor concedido, si no llevaba el culto adecuadamente o no respondía a sus deberes como debía. El hecho de que se era rey por la gracia de los dioses se ve reflejado perfectamente en el himno que Lipit-Istar, rey de Isin, se dedica:

“Soy el hijo amado del divino Enlil;
en su templo Ki’ur me entregó el cetro.
Soy la delicia de la divina Ninlil;
en su templo Gagissu’a me fijó un buen destino ...
Yo soy aquél a quien el divino Luna (nanna)
miró con cariño;
él me habló amistosamente en Ur...
Yo soy aquél a quien el divino Enki abrió el oído;
él me entregó la realeza en Eridu”
(Sanmartín y Serrano, 1998, p. 59).

Sin embargo, es necesario destacar que hubo algunos que parecen haberse arrogado dicha naturaleza divina, al modo en que los faraones de Egipto se transformaban en dioses a su muerte. Este es el caso de Naram-Sim de Akkad o del rey Sulghi de Ur III. Sin embargo, los datos son algo incompletos y no se puede afirmar con total certeza su defensa de la divinidad del rey.

Habitualmente, los dioses venían precedidos en su denominación de un signo cuneiforme. Además, en la iconografía se les representaba con una tiara provista de cuernos a lo que hay que añadir, claro es, que se le rendía culto en los templos. En la estela de la victoria de Naram-Sim (figura 3) aparece el rey de gran tamaño y ostentando el símbolo divino de una tiara con cuernos. Además, se lee en una inscripción:

“Puesto que él colocó los cimientos de su ciudad bajo amenaza, su ciudad lo
solicitó como dios de su ciudad Akkade, de Istar en Eanna, de Enlil en Nippur,
de Dagan en Tuttul, de Ninhursag en Kes, de Enki en Eridu, de Sin en Ur, de
Samas en Sippar (y) de Nergal en Kutha, y construyó su tempo en Akkade”
(Postgate, 1999, p. 318).

Se cita así incluso la construcción de un tempo a él dedicado. Sin embargo, ha de observarse que su divinidad sólo se refiere a constituirse en dios de una ciudad, algo así como garante de su bienestar y esplendor. En el caso de Sulghi parece existir también el culto al mismo rey y su nombre se menciona repetidamente en el lugar habitual de los dioses. Incluso en una inscripción llega a autotitularse “dios del país”, pero sin embargo su iconografía le representa de forma humana sin los atributos divinos.

Por todo ello puede pensarse que la divinización de los reyes tuvo una naturaleza muy concreta con la que garantizarse la tutela sobre todo el territorio mesopotámico o sobre algunas ciudades. Incluso se puede afirmar que estos intentos de divinización real fueron esporádicos y no terminaron de hacerse definitivos ni duraderos. El rey, por tanto, fue siempre un hombre elegido por los dioses para llevar a cabo las funciones antes reseñadas pero que no compartía la naturaleza de estos dioses, siempre inaccesibles a los hombres.

sábado, 23 de mayo de 2020

El descenso de Ishtar. La importancia de recrear el mito en nuestra propia creación espiritual.

El descenso de Ishtar. La importancia de recrear el mito en nuestra propia creación espiritual. 


Hace algunos años, escuché hablar de Inanna y su relación arquetípica con la Ishtar babilónica. Sabía agrandes rasgos el juego importante que cumple en la psiques este mito en cuanto a enfrentar, asumir y sacar a la luz las sombras de nuestro ser y personalidad. Sin embargo, jamás me había detenido a pensar cómo actúa un mito a nivel de simbolismo y de sanación del alma. Hasta hace poco vivenciaba los ritos míticos desde la perspectiva analítica y como estudiosa de la mito-arqueología, pero este ensayo (fruto de una experiencia personal) tiene como finalidad mostrar las áreas a sanar cuando uno se enfrenta al mito-rito “El descenso de Ishtar”. Basado en el rito de la FOI (Fellowship of Isis)

Despojarse de la ilusión y buscar lo esencial: (Las 7 puertas del inframundo).

Ishtar es la diosa de la fertilidad, fecundidad, la salud, el amor, los placeres, el sexo y en algunos casos, de la guerra. Ella es la más preciosa perla. Con ella el cielo queda adornado y bello. Tiene todo lo que cualquier mortal y deidad desea. Sin embargo, debe hacer el descenso e incluso morir. Al principio parte como la forma de salvar a su amado; sin embargo, se descubre a ella misma y a su gran capacidad de amor. Cuando ella baja al inframundo, la tierra se seca y se entristece. Nada produce, todo pierde belleza y fuerza. A ella no le importa nada más. No le importan los otros, solo Su Amor (manifestado en el otro, su pareja).

A nivel psíquico muchos hemos vivido el descenso cuando nos enfrentamos a procesos de quiebre en nuestras vidas. Procesos que son un crecimiento casi obligado. Incluso cuando nos enfermamos y nos enfrentamos a una depresión. Sin embargo, la importancia de vivir este rito es que ya no miramos desde la perspectiva médica, sino una forma consciente del alma para sanar mejor que nunca y crecer no solo como personas, sino crecer en el camino iniciático y espiritual.

El descenso de la Diosa significa encontrarse con la muerte. Y descubrirse desnuda e indefensa. Es ahí donde descubre su verdadera miseria y posterior grandeza.

En la primera puerta debe entregar la corona, que es símbolo de la iluminación, la mente y el espíritu. Se relaciona esto con el 7° chakra y descubro que la corona impide que la verdadera iluminación llegue a nuestras vidas. A veces nos afanamos en los títulos de grandeza, en título de maestros espirituales. Necesitamos del ego y del reconocimiento de los demás. Lo encontramos válido y nos ayuda a sentirnos importantes. Nos definimos desde los estudios y logros y no somos capaces de hablar desde nuestra desnudez, desde nuestra esencia. ¿Quiénes realmente somos?.

Yo también me he sentido así y hasta hace poco no me había dado cuenta que he vivido a partir de las opiniones ajenas y he dejado de lado mi verdadera conexión con la divinidad y conmigo. Muchos de los que hemos iniciado un camino mágico espiritual partimos por esta primera puerta. La verdad, es bueno llegar a ella ojalá lo más pronto posible, pero sea cual sea el tiempo en que nos toque vivir el descenso, siempre hay que enfrentarse a nuestras sombras.

En la 2° puerta Ishtar debe entregar sus pendientes. Aquellos son el medio para escuchar la voz de las Deidades. Se relaciona con el 6° chakra. Con la percepción extrasensorial y con los dones paranormales. Muchas veces nuestros oídos están muy ocupados para escuchar la voz interior. Traspasar esta puerta significa enfrentarse a nuestras sombras sin apoyo. Con humildad aunque tengamos la capacidad de hacer y vivir la magia. Equilibrar nuestros hemisferios cerebrales para no perder el norte mientras descendemos.

En la 3° puerta, Ishtar debe entregar el collar de su pectoral. Lo define ella como el calor de su corazón. Es el 4° chakra y nos relaciona con el mundo. Con nuestra capacidad de amar y ser amados. Generalmente amamos a la pareja, a los hijos, a la familia, amigos y mascotas; pero nos olvidamos del amor incondicional. De amar la naturaleza, de amarnos a nosotros mismos, de ayudar a los otros con amor fraterno y sin prejuicios. Sacarse el pectoral es dejar al descubierto el corazón para amar sin miedo. Permitir que nuestro corazón aprenda a expresar sentimientos y vivir nuestros afectos con honestidad.

En la 4° puerta, la Diosa entrega las pulseras que significan la magia. ¿Por qué la magia habría de estar en las manos? Creo que a través de las manos transmitimos nuestro poder, nuestro deseo. Son ellas las que tocan y transforman el mundo. Con ellas transmitimos el amor o el rechazo. Con ellas construimos un mundo mejor y por sobretodo, con ellas podemos dirigir nuestra energía para lograr nuestros propósitos. Ayer me planteé qué sería de mi vida sin la magia. ¿Me sentiría segura en mi autoestima o en mis propósitos? ¿Sería yo capaz de caminar segura por la vida sin este apoyo? ¿Cuál sería mi fuerza? Pues yo misma me respondí y creo que eso le pasó a la Diosa. Solo se tenía a ella misma.

En la 5° puerta, la Diosa entregó el cinturón y se relaciona con el 3° chakra. Con la voluntad y la fuerza para hacer cosas. El control de las emociones para equilibrar nuestra vida. La Diosa entregó su voluntad en manos de otros. Nuestra voluntad debe ser manejada por nosotros unida a la divinidad. No debemos entregar la voluntad a otras personas. Porque esas otra personas te hacen perder tu poder personal. Creo que la Diosa entregó su voluntad a la Deidad de la muerte/vida y eso la empoderó, aunque ella al principio no lo notara.

En la 6° puerta se hace entrega de las tobilleras y con eso entrega su divinidad. Lo relaciono con el 1° chakra. El quedar al descubierto tiene solo el amor para caminar segura por la vida. Por qué creo esto. Porque las tobilleras significaban tener piel alados como lo hacen los dioses. Con eso queda toda su humanidad al descubierto y no tiene poderes sobrenaturales para defenderse, solo el amor. El amor te hace más divino y sobrenatural que cualquier poder mágico de la deidad. El amor va tomando fuerza hasta convertirse en su principal aliado. Es por amor que ella logra devolver a Tammuz a la vida. Con amor y transparencia. Honestidad y cariño. Y un amor trabajado o procesado en el primer chakra nos habla de una persona segura de sí misma, confiada en la vida y que pisa fuerte al caminar por los caminos que sean necesarios.

Finalmente llegamos a la 7° puerta en donde Ishtar debe entregar el velo (recordar que el velo en medio oriente significa guardar tu inocencia sexual). Lo relaciono con el 2° chakra que es el sexual pero no ve solo la sexualidad. Este centro energético nos permite crear vida, crear amor, crear y defender nuestros proyectos. Definirse frente al mundo desde el yo soy. Ella protegía su inocencia y la mostraba solo a su amado, pero la inocencia es más allá que un velo.

Metafóricamente y de forma iniciática el velo también relaciona con el misterio de los Dioses y del Universo. Entonces ella como Diosa quedó expuesta y pudo ver su verdad. El mundo también lo vio. Es ahí que ella, al estar completamente desnuda nota que para tener vida y ser completa en ella misma tiene que unir las luces y las sombras. Sí, porque el universo también está constituido con luces y sombras. No solo es Ishtar como Reina del cielo y como perla preciosa. También es Ishtar cuando está desnuda y conoce sus carencias. Con luces y sombras es Diosa del amor, la fertilidad, del placer. Porque ha logrado unir, sanar y ampliar su horizonte y visión. Se hace conocedora del funcionamiento del universo. Ahí, cuando no tiene nada ocurre la muerte/vida de la iniciación del rito. Para ascender debe llegar a lo más hondo solo acompañada de un gran amor por ti. La Diosa resucita a la nueva vida. Nosotros con Ella.

Cuando vuelve a subir toda gloriosa y bella, ya no será la misma, ni su compañero tampoco. Se fusionan, se engrandecer, se complementan y muestran su verdadera luz. Aunque estén adornados y le hayan devuelto sus poderes, ellos son poderosos, bellos y amados por ser ellos.

A nivel de psiquis, después del rito se unen ambas fuerzas complementarias en uno mismo y la persona ya no volverá a ser la misma de antes. El ascenso puede tomar su tiempo. No importa. Ya sabemos que cada paso ahora de la escalera al cielo, está siendo un peldaño a nuestro propio reino.

jueves, 31 de enero de 2019

La señora de la mañana

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La señora de la mañana


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

¡Consejera honorable, Ornamento del Cielo, Júbilo de An!
Cuando el dulce sueño ha finalizado en la alcoba,
Tú apareces como brillante luz del día.
Cuando todas las tierras y la gente de Sumeria se reúnen,
Aquellos que duermen sobre los tejados y aquellos que duermen cerca de las murallas,
Cuando entonan tus alabanzas, y te traen sus inquietudes,
Tu estudias sus palabras.
Tu rindes un cruel juicio contra el malhechor;
Destruyes al perverso.
Ves con ojos amables al íntegro;
A ése le das tu bendición.
Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
Inanna, la Señora de la Mañana, es radiante.
Yo entono tus alabanzas, sagrada Inanna.
La Señora de la Mañana es radiante sobre el horizonte.

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miércoles, 30 de enero de 2019

La señora del atardecer

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La señora del atardecer


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

Al final del día. La Estrella Radiante, la Gran Luz que llena el cielo,
La Señora del Atardecer aparece en los cielos.
El pueblo de todas las tierras eleva sus ojos hacia ella.
Se purifican los hombres; se lavan las mujeres.
El buey en su yugo muge en su honor.
Las ovejas remueven el polvo en su redil.
Todas las criaturas vivas de la llanura,
Las criaturas de cuatro patas del altiplano,
Los lozanos jardines y huertos los juncos verdes y los árboles,
Los peces de la profundidad y las aves de los cielos –
Mi Señora los apresura a sus lugares de descanso.
Las criaturas vivas y el pueblo numeroso de Sumeria se arrodillan ante ella.
Los elegidos por las ancianas preparan grandes platones de comida y bebida para ella.
La Señora se refresca en la tierra.
Hay una gran alegría en Sumeria.
El joven hace el amor con su amada.
Mi Señora mira en dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
Inanna, la Señora del Atardecer, es radiante.
Yo canto tus alabanzas, sagrada Inanna.
La Señora del Atardecer está radiante sobre el horizonte.

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lunes, 28 de enero de 2019

La sagrada

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La sagrada

Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Toca los dulces tambores – ala.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!
Toca el tambor sagrado y los tímpanos.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!”
Toca el arpa sagrada y los tímpanos.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo “¡Salve!” a Inanna, ¡Primogénita de la luna!
Los prostitutos peinan su cabello.
Decoran sus nucas con pañuelos multicolores.
Se engalanan con los mantos de los dioses sobre sus hombros.
El hombre y la mujer virtuosos marchan ante ti.
Sostienen el arpa que mitiga a su lado.
Los que siguen llevan el cincho de la espada.
Empuñan la lanza en sus manos.
El pueblo de Sumeria en procesión.
Las mujeres adornan su lado derecho con ropajes de hombre.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!
Los hombres adornan su lado izquierdo con ropajes de mujer.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!
El pueblo compite con riatas de salto y cuerdas coloridas.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Primogénita de la Luna!
Los hombres jóvenes, quienes portan aros, cantan en tu honor.
Las doncellas y las sacerdotisas de los grandes peinados caminan en tu honor,
Portan la espada y el hacha de doble filo.
Los sacerdotes kurgarra que ascienden elevan sus espadas en tu honor.
El sacerdote, que cubre su espada con sangre, rocía sangre,
Rocía sangre sobre el trono y la sala de la corte.
¡El tambor tigi, el tambor sem, y el pandero ala resuenan!
En los cielos la Sagrada aparece sola.
Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
Ella mira con dulce sorpresa toda la tierra
Y al pueblo de Sumeria, tan numeroso como ovejas.

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domingo, 27 de enero de 2019

Poderosa tempestad atronadora

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Poderosa tempestad atronadora


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

Orgullosa Reina de los Dioses Terrestres, Suprema entre los Dioses Celestes,
Poderosa Tempestad Atronadora, viertes tu lluvia sobre toda la tierra y todo el pueblo.
Tú haces que el cielo truene y la tierra tiemble.
Gran Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?
Resplandeces como el relámpago sobre las tierras altas; lanzas tus teas a través de la tierra.
Tu mandato ensordecedor, silbando como el Viento del Sur, desgaja las grandes montañas.
Pisoteas al desobediente como un toro salvaje; cielo y tierra tiemblan.
Sagrada Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?
Tu grito aterrador que desciende de los cielos devora a sus víctimas.
Tu mano trémula hace que el calor del medio día revolotee hacia el mar.
Tu acecho nocturno de los cielos hiela la tierra con su brisa sombría.
Sagrada Inanna, las riveras de los ríos se desbordan con las crecidas olas de tu corazón...
En el séptimo día cuando la luna creciente llega a su plenitud,
Te bañas y rocías tu cara con agua bendita.
Cubres tu cuerpo con las largas vestimentas de lana de la realeza.
Te amarras el combate y la batalla a tu costado;
Los atas a un cincho y los dejas reposar.
En Eridu recibiste los me del Dios de la Sabiduría,
El Padre Enki te obsequió los me en su recinto sagrado en Eridu.
Él puso la realeza y la divinidad en tus manos.
Subes los escalones de tu trono sublime.
Te sientas en él en toda tu majestad
A tu lado, Dumuzi, tu amado esposo.
Los dioses de la tierra, deseando oír su destino, vienen ante ti.
Ante ti, los dioses de cielo y tierra se arrodillan.
Las criaturas vivientes y la gente de Sumeria vienen ante ti.
Atrapas con tu mirada al pueblo de Sumeria,
Y queda preso en tu sagrado yugo.

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sábado, 26 de enero de 2019

La sagrada sacerdotisa del cielo

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La sagrada sacerdotisa del cielo


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

Digo, “¡Salve!” a la sagrada que aparece en los cielos!
Digo “¡Salve!” a la Sagrada Sacerdotisa del Cielo!
Digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!
¡Antorcha Sagrada! ¡Llenas el cielo de luz!
¡Aclaras el día al amanecer!
Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!
¡Majestuosamente abrumadora Señora de los Dioses Annuna!
¡Llenas los cielos y la tierra de luz!
Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Primogénita de la Luna!
Poderosa, majestuosa, y radiante,
Brillas resplandeciente en la tarde,
Aclaras el día al amanecer,
Te yergues en los cielos como el sol y la luna,
Se conocen tus portentos tanto arriba como abajo,
Por la grandeza de la sacerdotisa sagrada del cielo,
¡A ti, Inanna, yo te canto!

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jueves, 24 de enero de 2019

El retorno

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El retorno


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

Se elevó un lamento en la ciudad:
“Mi Señora llora amargamente a su joven esposo.
Inanna llora amargamente a su joven esposo.
¡Ay su esposo! ¡Ay su joven amor!
¡Ay su morada! ¡Ay su ciudad!
Dumuzi fue capturado en Uruk.
No se bañará más en Eridu.
No se enjabonará más en el recinto sagrado.
No tratará a la madre de Inanna como a su propia madre.
Ya no cumplirá su dulce faena
Entre las doncellas de la ciudad.
Ya no competirá con los jóvenes de la ciudad.
Ni elevará su espada más alto que los sacerdotes kurgarra.
Grande es el dolor de quienes se enlutan por Dumuzi.”
Inanna lloró por Dumuzi:
“Se ha ido mi esposo, mi dulce esposo.
Se ha ido mi amor, mi dulce amor.
Mi amado ha sido llevado de la ciudad.
O, ustedes, moscas de la llanura,
Mi amado desposado me ha sido arrebatado
Antes que pudiera envolverlo con un sudario adecuado.
El toro salvaje ya no vive.
El pastor, el toro salvaje no vive ya.
Pregunto a las colinas y los valles:
‘¿Dónde está mi marido?’
Les digo:
‘Ya no puedo llevarle comida.
Ya no puedo servirle bebida.’
El chacal yace en su lecho.
El cuervo habita en su corral.
¿Me preguntan sobre su chirimía?
El viento ha de tocarla para él.
¿Me preguntan sobre sus dulces cantos?
El viento los ha de cantar por él.”
Sirtur, la madre de Dumuzi, lloró por su hijo:
“Mi corazón toca la chirimía del duelo.
En un tiempo mi muchacho paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está cautivo.
En un tiempo Dumuzi paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está preso.
La oveja entrega a su borrego.
La cabra entrega a su cabrito.
Mi corazón toca la chirimía del duelo.
¡O llanura traicionera!
En el lugar donde él una vez dijo
‘Mi madre preguntará por mí,’
Ahora no puede mover sus manos.
No puede mover sus pies.
Mi corazón toca la chirimía del duelo.
Quisiera ir con él,
Quisiera ver a mi niño.”
La madre caminó hacia el lugar desolado.
Sirtur caminó hacia donde yacía Dumuzi.
Miró al toro salvaje asesinado.
Lo miró a la cara. Dijo:
“Mi niño, el rostro es el tuyo.
El espíritu ha huído.”
Hay duelo en la morada.
Hay dolor en las cámaras interiores.
La hermana vagaba por la ciudad, llorando por su hermano.
Geshtinanna vagaba por la ciudad, llorando por Dumuzi:
“¡O mi hermano! ¿Quién es tu hermana?
Yo soy tu hermana.
¡O Dumuzi! ¿Quién es tu madre?
Yo soy tu madre.
El día que amanecerá para ti también amanecerá para mí.
El día que tú veas yo también veré.
¡Yo hallaré a mi hermano! ¡Yo lo reconfortaré!
¡Yo compartiré su destino!”
Cuando ella vio el dolor de la hermana,
Cuando Inanna vio el dolor de Geshtinanna,
Le habló con suavidad:
“La morada de tu hermano ya no existe.
Dumuzi fue arrebatado por los galla.
Yo te llevaría donde él,
Pero no conozco el lugar.”
Entonces apareció una mosca.
La mosca sagrada rodeaba el aire sobre la cabeza de Inanna y dijo:
“Si yo te dijera dónde está Dumuzi,
¿Qué me darías?”
Inanna dijo:
“Si me dices,
Te permitiré frecuentar las cervecerías y las tabernas.
Te permitiré residir en medio de la conversación de los sabios.
Te permitiré residir en medio de los cantos de los trovadores.”
La mosca habló:
“Levanta tus ojos hacia las orillas de la llanura,
Levanta tus ojos hacia Arali.
Ahí encontrarás al hermano de Geshtinanna,
Ahí encontrarás al pastor Dumuzi.”
Inanna y Geshtinanna fueron a las orillas de la llanura.
Encontraron a Dumuzi llorando.
Inanna tomó a Dumuzi de la mano y dijo:
“Irás al inframundo
La mitad del año.
Tu hermana, por que así lo ha pedido,
Irá la otra mitad.
En el día en que seas llamado,
Ese día serás tomado.
El día en que Geshtinanna sea llamada,
Ese día tu serás liberado.”
Inanna puso a Dumuzi en manos del eterno.
¡Sagrada Ereshkigal! ¡Grande es tu fama!
¡Sagrada Ereshkigal! ¡Entono tus alabanzas!

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miércoles, 23 de enero de 2019

El sueño de Dumuzi

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El sueño de Dumuzi


Por Samuel Noah Kramer y Diane Wolkstein
Traducción de Ofelia Iszaevich

Su corazón se llenó de lágrimas.
El corazón del pastor se llenó de lágrimas.
El corazón de Dumuzi se llenó de lágrimas.
Dumuzi tropezaba a través de la llanura, llorando:
“¡O llanura, eleva por mí un lamento!
¡O cangrejos en el río, duélanse!
¡O ranas en el río, llámenme!
¡O mi madre Sirtur, llora por mí!
Si ella no encuentra los cinco panes,
Si no encuentra los diez panes,
Si no conoce el día de mi muerte,
Tu, O llanura, dile, díselo a mi madre.
En la llanura, mi madre verterá lágrimas por mí.
En la llanura, mi pequeña hermana se lamentará.”
Se tendió a descansar.
El pastor se tendió a descansar.
Dumuzi se tendió a descansar.
Cuando yacía entre brotes y juncos,
Soñó un sueño.
Despertó de su sueño.
Tembló por su visión.
Aterrado, se talló los ojos.
Dumuzi exclamó:
“Traigan...tráiganla...traigan a mi hermana.
Traigan a mi Geshtinanna, mi hermanita,
Mi escriba conocedora de las tablillas,
Mi cantante que sabe muchas canciones,
Mi hermana que conoce el significado de las palabras.,
Mi sabia mujer que conoce el significado de los sueños.
Debo hablar con ella.
Debo contarle mi sueño.”
Dumuzi hablo con Geshtinanna, y dijo:
“¡Un sueño! Mi hermana, escucha mi sueño:
Los juncos se elevan a mi alrededor; los juncos se espesan a mi alrededor.
Una única caña creciente tiembla por mí.
De un junco que crece gemelo, primero uno, luego el otro,
Es extirpado.
En un soto boscoso, el terror de los altos árboles se eleva a mi alrededor.
Vierten agua sobre mi sagrado corazón.
El fondo de mi mantequera se desprende.
Mi copa se cae de su clavija.
Mi cayado de pastor ha desaparecido.
Un águila atrapa a un borrego del corral.
Un halcón atrapa a un gorrión sobre la barda de juncos.
Mi hermana, tus cabras arrastran sus barbas de lapislázuli sobre el suelo.
Tus borregos rascan la tierra con patas dobladas.
La mantequera yace silente, no hay leche que se vierta.
La copa yace en añicos; no hay más Dumuzi.
El corral se entrega a los vientos.”
Geshtinanna dijo:
“Mi hermano, no me cuentes tu sueño.
Dumuzi, no me cuentes tal sueño.
Los juncos que se elevan sobre ti,
Los juncos que se engrosan a tu alrededor,
Son tus demonios, que te persiguen y atacan.
El junco solitario que tiembla por ti
Es nuestra madre; ella llevará luto por ti.
El junco que crece gemelo, del cual, primero uno, luego el otro,
Es extirpado, Dumuzi,
Es tú y yo; primero uno, luego el otro, será extirpado.
En el soto boscoso, el terror de los altos árboles que se eleva a tu alrededor
Son los galla; ellos descenderán sobre ti en el corral.
Cuando el fuego se apague sobre tu corazón sagrado,
El corral se convertirá en la morada de la desolación.
Cuando el fondo de tu mantequera se desprenda,
Serás aprehendido por los galla.
Cuando tu copa se caiga de su clavija,
Caerás al suelo, sobre las rodillas de tu madre.
Cuando tu cayado de pastor desaparezca,
Los galla causarán que todo se marchite.
El águila que atrapa al borrego en el redil
Es el galla que te arañará las mejillas.
El halcón que atrapa al gorrión sobre la barda de juncos
Es el galla que trepará la barda para llevarte.
Dumuzi, mis cabras arrastran sus cuentas de lapislázuli por el polvo.
Mi cabello se arremolinará en el cielo por ti.
Mis borregos rascan la tierra con las patas dobladas.
O Dumuzi, laceraré mis mejillas de dolor hacia ti.
La mantequera yace silente; no se vierte leche.
La copa yace en añicos; ya no hay Dumuzi.
El corral es entregado a los vientos_____”
Apenas hubo dicho estas palabras
Cuando Dumuzi exclamó:
“¡Mi hermana! ¡Rápido, sube la colina!
No vayas despacio con pasos nobles.
¡Corre, hermana!
Los galla, odiados y temidos por los humanos,
Vienen en barcos.
Cargan madera para atar las manos;
Cargan madera para atar el cuello.
¡Corre, hermana!”
Geshtinanna subió la colina.
El amigo de Dumuzi fue con ella.
Dumuzi gritó:
“¿Los ves?”
El amigo gritó:
“Ahí vienen;
Los galla grandes que cargan madera para atar el cuello,
Vienen por ti.”
Geshtinanna gritó:
“¡Rápido, hermano!
Esconde tu cabeza en el pastizal.
Tus demonios vienen por ti.”
Dumuzi dijo:
“Mi hermana, no reveles a nadie mi escondite.
Mi amigo, no reveles a nadie mi escondite,
Me esconderé en el pastizal.
Me esconderé entre las pequeñas plantas.
Me esconderé entre las grandes plantas.
Me esconderé en las zanjas de Arali.”
Geshtinanna y el amigo de Dumuzi respondieron:
“Dumuzi, si revelamos tu escondite,
Que nos devoren tus perros,
Tus perros negros de pastoreo,
Tus perros majestuosos de realeza,
¡Que nos devoren tus perros!”
Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:
“Ustedes, galla, que no tienen madre ni padre,
Ni hermana, hermano, esposa ni hijo,
Ustedes que revolotean sobre cielos y tierra como celadores,
Que se cuelgan al lado del hombre,
Que no muestran preferencias,
Que no distinguen el bien del mal,
Dígannos,
¿Quién ha visto jamás el alma de un hombre amedrentado
Vivir en paz?
No busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.
No busquemos a Dumuzi en la morada de su cuñado.
Busquemos a Dumuzi en la morada de su hermana, Geshtinanna.”
Los galla aplaudieron gozosos.
Fueron a buscar a Dumuzi.
Llegaron a la morada de Geshtinanna. Exclamaron:
“¡Muéstranos dónde se encuentra tu hermano!”
Geshtinanna no habló.
Le ofrecieron el obsequio del agua.
Lo rechazó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Lo rechazó.
Le acercaron el cielo.
Le acercaron la tierra.
Geshtinanna no habló.
Le desgarraron sus ropas.
Le vertieron alquitrán en su vulva.
Geshtinanna no habló.
Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:
“¿Quién ha conocido, desde el principio de los tiempos,
A una hermana que revele el escondite de su hermano?
Vamos, busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.”
Los galla fueron con el amigo de Dumuzi.
Le ofrecieron el obsequio del agua.
Él lo aceptó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Él lo aceptó.
Dijo:
“Dumuzi se escondió en el pastizal,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi en el pastizal.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió entre las plantas pequeñas,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas pequeñas.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió entre las plantas grandes,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas grandes.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió en las zanjas de Arali.
Dumuzi cayó en las zanjas de Arali.”
En las zanjas de Arali, los galla atraparon a Dumuzi.
Dumuzi empalideció y lloró.
Exclamó:
“Mi hermana me salvó la vida.
Mi amigo me causó la muerte.
Si el hijo de mi hermana se pierde en las calles,
Que el niño sea protegido – que el niño sea bendecido.
Si el hijo de mi amigo se pierde en la calle,
Que se pierda – que el niño sea maldito.
Los galla rodearon a Dumuzi.
Ataron sus manos; ataron su cuello.
Golpearon al esposo de Inanna.
Dumuzi elevó sus brazos al cielo, a Utu, el Dios de la Justicia,
Y exclamó:
“O Utu, tú eres mi cuñado,
Soy el marido de tu hermana.
soy quien llevó comida al recinto sagrado.
Soy quien llevó obsequios nupciales a Uruk.
Besé los labios sagrados,
Y bailé sobre las rodillas sagradas, las rodillas de Inanna.
Convierte mis manos en manos de gacela.
Convierte mis pies en pies de gacela.
Permíteme escapar de mis demonios.
Permíteme huir a Kubiresh!”
El compasivo Utu aceptó las lágrimas de Dumuzi.
Convirtió sus manos en manos de gacela.
Convirtió sus pies en pies de gacela.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó a Kubiresh.
Los galla dijeron:
“¡Vayamos a Kubiresh!”
Los galla llegaron a Kubiresh.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó hacia Belili la vieja.
Los galla dijeron:
“¡Vayamos con Belili la vieja!”
Dumuzi entró en la morada de la vieja Belili. Le dijo:
“Anciana. No soy cualquier mortal.
Soy el esposo de la diosa Inanna.
Sírveme agua.
Esparce harina para que yo coma.”
Después que la mujer sirvió el agua
Y esparció harina para Dumuzi,
Abandonó la casa.
Cuando los galla la vieron salir, entraron en la casa.
Dumuzi escapó de sus demonios.
Huyó al corral de su hermana, Geshtinanna.
Cuando Geshtinanna encontró a Dumuzi en el corral, lloró.
Llevó su boca cerca del cielo.
Llevó su boca cerca de la tierra.
Su pena cubrió el horizonte como una vestidura.
Se laceró los ojos.
Se laceró la boca.
Se laceró los muslos.
Los galla treparon la barda de juncos.
El primer galla golpeó a Dumuzi en una mejilla con un clavo cortante.
El segundo galla golpeó a Dumuzi con el cayado de pastoreo.
El tercer galla quebró el fondo de la mantequera,
El cuarto galla tiró la copa de su clavija,
El quinto galla destruyó la mantequera,
El sexto galla gritó:
“¡Levántate, Dumuzi!
Esposo de Inanna, hijo de Sirtur, hermano de Geshtinanna!
¡Levántate de tu falso sueño!
¡Tus ovejas fueron capturadas! ¡Y tus borregos!
¡Y tus cabras! ¡Y tus cabritos!
¡Despójate de la corona sagrada de tu cabeza!
¡Despójate de las vestimentas de me de tu cuerpo!
¡Que tu cetro real caiga al suelo!
¡Despójate de las sandalias sagradas de tus pies!
¡Desnudo, vienes con nosotros!
Los galla capturaron a Dumuzi.
Lo rodearon.
Ataron sus manos. Ataron su cuello.
La mantequera estaba silente. No había leche para verter.
La copa estaba quebrada. Ya no había Dumuzi.
El corral fue entregado a los vientos.

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