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domingo, 6 de julio de 2014

LA LEYENDA MASONICA DE HIRAM ABIFF (3 de 3)


LA LEYENDA MASONICA DE HIRAM ABIFF (3 de 3)
Herbert Oré Belsuzarri.

Se habla de Iblis, pero no se ha explicado con claridad quién es él. Es poco conocida aún por investigadores especializados la filiación directa de los iniciados herméticos y masónicos a su propia Tradición. Muchos de ellos conocen su origen cainita y la figura de Tubalcaín sin que puedan fijar con claridad esta genealogía espiritual supra cósmica y por lo tanto no humana[1].

 

Cuenta una vieja historia que  “al comienzo de los tiempos, hubo dos dioses que se repartieron el universo, Adonaí, que era el amo de la materia y del elemento tierra, e Iblis (Eblis, Samael, Lucifer, Prometeo, Baphomet) el amo del espíritu y del fuego, dios de la luz. El primero crea al hombre a partir del barro y lo anima. Iblis y los Elohim (dioses menores), que no quieren que el hombre sea esclavo de Adonaí, despiertan su espíritu y le dan inteligencia y capacidad de comprensión. Mientras Lilith se convertía  en amante de Adán (primer hombre) y le enseñaba el arte del pensamiento, Iblis seducía a Eva y la fecunda y junto con el germen de Caín, deslizaba en su seno una chispa divina (según las tradiciones talmúdicas, Caín nació de los amores de Eva e Iblis y Abel de la unión de Eva y Adán).

En efecto Caín no es hijo como Abel de Adán y Eva, sino del mensajero de la Luz, Eblis, o Lucifer en la tradición bíblica, que fecundó a aquélla; así Abel hijo de la pareja humana es fruto de la tierra, mientras que Caín es un ser espiritual nacido de la Luz y por lo tanto engendrado por los efluvios celestes y sin padre terrenal conocido. Como se ve claramente, la generación de Abel, que se corresponde por otra parte con el nomadismo, el tiempo y el pastoreo, es distinta a la de Caín, que se vincula con el espacio, la agricultura, el uso del intelecto de manera práctica en el sentido del dominio de la naturaleza, en especial en lo que toca al arte y la ciencia de la construcción. Bajo este aspecto, Caín es un hijo "contranatura" con respecto a la "naturalidad" propia de la especie representada por Abel.

En el relato del génesis bíblico, es fácil imaginar cómo tendría que terminar semejante irrupción cósmica, la continuidad de la nada interrumpida por la presencia de un dios vanidoso y su nefasta creación, un ser ingenuo y servil con un destino incierto, puesto en  un recién creado paraíso. Resultaba ser una criatura sin lógica existencial, a menos que su meta haya sido servir a su Dios eternamente, sin iniciativa propia, algo que claramente no ocurrió por la intromisión de alguien.

Es una historia infantil sin precedentes, Lucifer irrumpe en su paraíso de inocencia y la frágil criatura humana peca al instante y es expulsada del Edén. Los miembros de la siguiente generación, todavía en los arrabales del jardín, todavía en pañales, como se dice, empiezan a matarse entre sí. Y para arreglar este entuerto, no satisfecho con el dolor acontecido, ve como amenaza una tormenta en el horizonte del porvenir, sabiendo que su creación y el destino de ésta, se le escapaba de sus manos. A ese dios no se le ocurre otra solución que la de enviar a su propio hijo a una muerte cruenta bajo el pretexto de redimir al hombre en la cruz, nueva estrategia de chantaje emocional, pero ahora ampliada a escala planetaria. Está claro que todo se algo salió fuera del plan inicial, el hombre ahora razona y decide su destino, entonces entra el eterno oportunismo de Adonaí, y le llama a esa acción humana “libre albedrio”, algo que nunca supuso implementar, algo que no debió ocurrir, por eso maldijo a quién rompió las cadenas de la ignorancia.

Toda historia siempre tiene dos puntos de vista y está en nuestra tolerancia religiosa y recepción intuitiva aceptarla o no, pero es curioso que en el seno de la contrariedad arquetípica, la iglesia cristiana aún no encuentre una sana y convincente explicación para el origen del mal, tampoco logra convencer, por qué era pecado el conocimiento para el dios que rige la creación.

Ese pues es el pecado de Iblis: dar al hombre conocimiento. Y el pecado de Adán y Eva, recibir el conocimiento. A Iblis se le expulso del cielo y a Eva y Adán se les expulso del paraíso. Esa pues es la historia de la serpiente y la manzana que comió Eva y Adán.

La humanidad ha vivido del fruto del conocimiento, desde que fue expulsado Adán, hemos avanzados a través de los siglos gracias a la inventiva y creatividad humana, algo que para el dios de Lot era el pecado original, sin embargo el hombre aún arrastra una pesada carga, se trata de todo ese miedo y el gran respeto impuesto originalmente a Adán y su descendencia, temor que ha servido, en lo político y lo religioso, para mantener al hombre en permanente sensación de falta con respecto a su “Creador”.

A lo largo de estos años, el hombre de fe, vive postrado e hincado de rodillas, canta alabanzas a una autoridad pronta a la ira y da gracias si los males que lo asolan no sobrepasan los inherentes a la ya de por sí precaria condición humana, derivados de vivir en una frágil morada temporal de carne corruptible, destinada inevitablemente, a la enfermedad, la decrepitud, la soledad y la muerte, la propia o la aún más dolorosa, la de sus seres amados.

Por igual mueren los justos y los pecadores, los temerosos a la ira de dios y los que buscan su propio destino, los ricos y los pobres, los niños o los ancianos, los ganadores y los perdedores, en suma todos los humanos, y por esta razón desde época inmemorial el hombre busca la inmortalidad que le es esquiva.

Eblis, el Espíritu de Luz, es pues el antecedente de una gran dinastía, que se reproduce de modo paralelo a las genealogías de los hombres comunes. Sin embargo, este Espíritu de la Luz, o Lucifer, ha sido siempre odiado por estos últimos, que sin poder comprenderlo se han vuelto contra él de modo radical, a tal punto que en el Corán se lo equipara con el mismo Satán. Por eso es que Caín corrió la misma suerte y sobre sus espaldas se descargó la furia no sólo de Adán sino también de su madre Eva y su hermano Abel, es decir de toda su familia meramente humana, y es por ese motivo que Caín tuvo que asesinar en defensa de su auténtico linaje a su medio hermano Abel.

La salida del jardín del Edén originó un cambio de ciclo, de recolector el hombre cambió a agricultor y posteriormente a ganadero, gracias al conocimiento el hombre ya no dependía para saciar su hambre de los avatares de la naturaleza, podía ahora cultivar lo que necesitaba y guardar sus excedentes para cuando los necesitara.

Eblis o el Espíritu o Ángel de Luz, en el Corán, se dice que fue denigrado por dios por no querer obedecer a Adán, un simple humano[2], y por ese motivo expulsado del Paraíso constituyéndose en un espíritu que da origen a la estrella Polar al desprenderse el brillante luminoso que tenía sobre su frente y que esa misma condensación de la Luz, llamada Estrella Polar, como se ha dicho, es también la residencia espiritual del auténtico Rey del Mundo, el Agartha; estos últimos símbolos, o mejor realidades espirituales, son los que han guiado a los auténticos iniciados de este Manvántara, a la descendencia de Eblis, o Iblis, a la cual pertenecen tanto Enoch y Hermes, como Hiram Abiff, constructor del Templo de Salomón. 

La Biblia nos cuenta también que la Reina de Saba, Balkis, quiso conocer Jerusalén; una vez allí la reina negra rechazó al más sabio de los reyes y se enamoró del oscuro Hiram del que no conocía su ascendencia. En este sentido debemos señalar dos puntos: uno, que en el libro de Salomón "El Cantar de los Cantares" se menciona directamente a una amada negra, que se supone con toda razón es la Sabiduría, y su relación con el color de la piel de Balkis, Reina de Saba, y en segundo lugar, que de este último pueblo, primero judío, luego cristiano, y posteriormente también con vínculos con el islam nace la secta de los sabeos que tenía como inspirador al profeta Idris, identificado con el dios Hermes. Igualmente, en el siglo XII, en el mismo Islam otra agrupación de fieles importante se dice que tenían a Eblis como su patrono y deidad protectora por el hecho de que este no había querido reverenciar a Adán, personaje exclusivamente humano al que sentía inferior a su propia categoría. En este caso se trata de la orden Adawiyah de la cual derivan los Yazidis o Yezidis del islam Kurdo, todos ellos emparentados entre sí.

Como se puede ver, se trata de una diferencia entre los iniciados, representados por Eblis o Iblis, el Espíritu de la Luz, y los meros profanos, hijos terrenos de Adán y Eva; de dos razas absolutamente diferentes, una de ellas intelectual y la otra simplemente profana. Esta diferencia se encuentra impresa desde el principio de este ciclo en la esencia misma del cosmos y que su pugna no podrá cesar por la envidia nacida de la incomprensión de los simples mortales en contra de los hijos del Espíritu, que no ha de terminar hasta el fin de este gran ciclo, siendo los primeros múltiples y emparentados con la religión, y los últimos -los hijos de la Luz- escasos y asociados con la metafísica. Es decir, lo horizontal y lo vertical, o lo cuantitativo y lo cualitativo.



[1] En las tradiciones sumerias, de donde la biblia toma una serie de ellas, especialmente las que están en el Génesis, nos dicen que había dos dioses sumerios enfrentados: Enlil y Enki. Enki es el creador de adán y el salvador de Noé, es el dios que enseño al hombre la ciencia, las artes y cuanto conocimiento tiene el hombre luego del diluvio. Por otra parte Enlil es un dios que aborrecía al humano, el que quiso desaparecerlo aprovechando el diluvio, es el dios de Abraham conocido también como Yahvhe, el mismo que increpó a Enki después del diluvio por haber salvado a la familia de Noé, y este al ser preguntado, porque lo hizo, respondió: Porque es mi hijo.
[2] En el Coran Sura 38 Sad:
71. Cuando tu Señor dijo a los ángeles: "Voy a crear a un mortal de arcilla 
72. y, cuando lo haya formado armoniosamente e infundido en él de Mi Espíritu, ¡caed prosternados ante él!" 
73. Los ángeles se prosternaron, todos juntos, 
74. salvo Iblis, que se mostró altivo y fue de los infieles. 
75. Dijo: "¡Iblis! ¿Qué es lo que te ha impedido prosternarte ante lo que con Mis manos he creado? ¿Ha sido la altivez, la arrogancia?" 
76. Dijo: "Yo soy mejor que él. A mí me creaste de fuego, mientras que a él le creaste de arcilla". 
77. Dijo: "¡Sal de aquí! ¡Eres un maldito! 
78. ¡Mi maldición te perseguirá hasta el día del Juicio!" 
79. Dijo: "¡Señor, déjame esperar hasta el día de la Resurrección!" 
80. Dijo: "Entonces, serás de aquéllos a quienes se ha concedido una prórroga 
81. hasta el día del tiempo señalado". 

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